Hay un silencio tibio
pegado al vidrio,
como si el mundo respirara más lento
del otro lado.
Las hojas caen
con la dignidad de quien se rinde
sin dejar de ser hermoso,
y en su descenso
parecen susurrar nombres
que ya nadie pronuncia.
Yo te pienso ahí,
entre ese aire dorado que se apaga,
como un recuerdo que no duele del todo,
pero insiste,
como la luz que se queda
cuando el sol ya se ha ido.
La tarde se deshace en tonos viejos,
en una nostalgia que no pide permiso,
y mi reflejo en la ventana
se mezcla con lo que fue
y con lo que ya no vuelve.
Hay algo en el otoño
que sabe a despedida sin palabras,
a cartas que nunca se enviaron,
a abrazos que quedaron
justo antes de ser.
Y sin embargo,
qué calma hay en esta caída,
qué extraña belleza en soltarlo todo
sin hacer ruido.
Miro hacia afuera
y es como mirarme por dentro:
ramas desnudas,
cielos cansados,
y un corazón
aprendiendo,por fin,
a dejar ir.
Pero en el fondo,
muy al fondo,
donde aún no llega el frío,
late una promesa pequeña,
casi invisible,
como si la vida,
incluso ahora,
se estuviera preparando
para volver.
Y de frente al espejo,
Montevideo,como yo,aprende a soltar.
Ⓜ️arcelo Rubéns Balboa ✍️
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