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viernes, 10 de noviembre de 2017

✔IX EL PARTIDO BOLSHEVIQUE DURANTE EL PERÍODO DE TRANSICIÓN A LA LABOR PACÍFICA  DE RESTAURACIÓN DE LA ECONONOMÍA NACIONAL☭ (1921-1925)

  ✔IX EL PARTIDO BOLSHEVIQUE DURANTE EL PERÍODO DE TRANSICIÓN A LA LABOR PACÍFICA  DE RESTAURACIÓN DE LA ECONONOMÍA NACIONAL☭

(1921-1925)

✔1. El País Soviético, después de la liquidación de la intervención armada y de la guerra civil. - Las dificultades del periodo de restauración de la economía Después de poner fina la guerra, el País Soviético comenzó a encarrilar la obra de edificación pacífica de la Economía nacional. Era necesario cicatrizar las heridas causadas por la guerra. Era necesario restaurar la Economía nacional derrumbada, poner en orden la industria, el transporte, la agricultura. Y esta obra de edificación pacífica hubo de acometerse en condiciones extraordinariamente difíciles. El triunfo de la guerra civil no se había arrancado fácilmente. El país estaba arruinado por los cuatro años de guerra imperialista y los tres años de lucha contra la intervención armada. En 1920, la producción global de la agricultura, comparada con la de antes de la guerra, era solamente de la mitad. Y téngase en cuenta que el nivel de la producción agrícola de antes de la guerra era el mísero nivel propio de la aldea rusa de los tiempos del zarismo. Además, el año de 1920 fue, en muchas provincias, un año de mala cosecha. La Economía campesina atravesaba por una situación difícil. Aun más desastrosa era la situación de la industria. La producción de la gran industria, en 1920, era casi siete veces menor que la de antes de la guerra. Las fábricas, en su mayoría, estaban paradas y los pozos mineros derrumbados e inundados. La metalurgia encontrábase en una situación especialmente difícil. Durante todo el año 1921, la fundición de hierro no pasó de 116.300 toneladas, lo que representaba, aproximadamente, el 3 por 100 de la producción de hierro fundido de antes de la guerra. Había una gran escasez de combustible. El transporte estaba deshecho. Las reservas de metal y de artículos manufacturados, con que contaba el país, estaban casi totalmente agotadas. Escaseaban de un modo alarmante los artículos de primera necesidad: el pan, las grasas, la carne, el calzado, las prendas de vestir, las cerillas, la sal, el petróleo, el jabón. Mientras duró la guerra, la gente se resignaba a soportar esta escasez, y a veces ni siquiera se apercibía de ella. Pero, al cesar la guerra, empezó a darse cuenta de pronto que esta situación era insoportable y a exigir que se le pusiese remedio inmediatamente. Los campesinos daban muestras de descontento. Bajo el fuego de la guerra civil, se había formado y consolidado la alianza político-militar entre los campesinos y la clase obrera. Esta alianza descansaba sobre una base concreta: el Poder Soviético había dado a los campesinos la tierra y les defendía contra los terratenientes y los kulaks; los campesinos suministraban a los obreros los artículos alimenticios con arreglo al sistema de la contingentación. Pero ahora, esta base era ya insuficiente. El Estado Soviético habíase visto obligado a incautarse, con el régimen de la contingentación, de todo el sobrante de la producción de los campesinos, por exigirlo así las necesidades de la defensa del país. Sin el régimen de la contingentación, sin la política del comunismo de guerra, no habría sido posible triunfar en la guerra civil. La política del comunismo de guerra había sido impuesta por la propia guerra, por la intervención armada. Mientras duró la guerra, los campesinos sometíanse a la contingentación y no advertían la escasez de mercancías, pero al terminar la guerra y ceder la amenaza de la vuelta de los terratenientes, empezaron a manifestar su descontento por la incautación de los productos sobrantes, por el sistema de la contingentación, y a exigir que se les suministrase mercancías en cantidad suficiente. Todo el sistema del comunismo de guerra llegó a chocar, como decía Lenin, con los intereses de los campesinos. El descontento empezaba a repercutir también en la clase obrera. El proletariado había llevado el peso principal de la guerra civil, luchando heroica y abnegadamente contra las legiones de los guardias blancos y los intervencionistas, contra el desastre económico y el hambre. Los mejores obreros, los más conscientes, los más abnegados y disciplinados, ardían en el entusiasmo de la lucha por el socialismo. Pero la desastrosa situación de derrumbamiento de la Economía repercutía también sobre la clase obrera. Las pocas fábricas y empresas industriales que aun trabajaban veían amortiguarse considerablemente su ritmo de trabajo. Los obreros veíanse obligados a hacer toda clase de oficios, fabricar encendedores y, con un saco al hombro, ir en busca de comestibles por los pueblos. Comenzaba a vacilar el fundamento de clase de la dictadura del proletariado; la clase obrera se iba diseminando, parte de los obreros emigraba a la aldea, dejaban de ser obreros, perdían su condición de clase. El hambre y el cansancio engendraban el descontento de una parte de los obreros. Ante el Partido, se planteaba la tarea de trazarse una nueva orientación respecto a todos los problemas de la vida económica del país, a tono con la nueva situación. Y el partido afrontó la tarea de trazarse esta nueva orientación respecto a los problemas de la edificación económica del país. Pero el enemigo de clase no dormía. Procuraba aprovecharse de la difícil situación por que atravesaba la Economía, procuraba aprovecharse del descontento de los campesinos. Estallaron sublevaciones de kulaks, organizadas por la guardias blancos y los socialrevolucionarios, en Siberia, en Ucrania, en la provincia de Tambov (la rebelión de Antonov). Empezaron a moverse los elementos contrarrevolucionarios de todas las calañas: mensheviques, socialrevolucionarios, anarquistas, guardias blancos y nacionalistas burgueses. El enemigo cambió los métodos tácticos de lucha contra el Poder Soviético. Comenzó a disfrazarse con los colores soviéticos y su consigna ya no era el viejo grito fracasado de "¡Abajo los Soviets!", sino el nuevo grito de "¡Por los Soviets, pero sin comunistas!". Una manifestación flagrante de la nueva táctica del enemigo de clase fue la sublevación contrarrevolucionaria de Cronstadt, que estalló en marzo de 1921, una semana antes de comenzar el X Congreso del Partido. Esta sublevación fue dirigida por guardias blancos, en contacto con los socialrevolucionarios, los mensheviques y representantes de Estados extranjeros. En los primeros momentos, los sublevados esforzáronse en encubrir con la pantalla "soviética" su aspiración de restaurar el Poder y la propiedad de los capitalistas y los terratenientes. Su consigna era: "¡Soviets sin comunistas!". La contrarrevolución pretendía aprovecharse del descontento de las masas pequeñoburguesas para derribar el Poder de los Soviets, bajo una consigna aparentemente soviética. Dos circunstancias contribuyeron a facilitar la sublevación producida en Cronstadt: el hecho de haber empeorado la contextura de clase de los marinos de las dotaciones de los buques de guerra y la débil organización bolshevique existente en aquella base naval. Los viejos marinos que habían tomado parte en la Revolución de Octubre se habían marchado casi en bloque al frente, donde se batieron heroicamente en las filas de Ejército Rojo. Entraron a servir en la flota nuevas quintas de marinos, no templados en la revolución. Estas nuevas quintas estaban formadas por campesinos típicos que venían directamente de la aldea y en los que se reflejaba el descontento de la población del campo por el sistema de la contingentación. Además, la organización bolshevique de Cronstadt encontrábase, por aquel entonces, muy quebrantada por toda una serie de movilizaciones para el frente. Estas circunstancias habían permitido a los socialrevolucionarios y mensheviques y a los guardias blancos penetrar subrepticiamente en Cronstadt y ganar esta base. Los sublevados hiciéronse dueños de la magnífica fortaleza, de la flota y de una enorme cantidad de armas y municiones. La contrarrevolución internacional cantaba victoria. Pero el júbilo de los enemigos del Poder Soviético era prematuro. Las tropas soviéticas redujeron rápidamente a los sediciosos. El Partido envió contra los sublevados de Cronstadt a sus mejores hijos, a los delegados del X Congreso, con el camarada Voroshilov a la cabeza. Los combatientes del Ejército Rojo marcharon contra Cronstadt, pisando sobre una delgada capa de hielo. El hielo se rompió y muchos de ellos perecieron ahogados. Hubo necesidad de lanzarse al asalto contra los fuertes casi inexpugnables de Cronstadt. Pero la bravura y la abnegación revolucionaria, el entusiasmo de aquellos hombres, dispuestos a dar su vida por el Poder Soviético, vencieron. Las tropas rojas tomaron por asalto la fortaleza de Cronstadt y la sublevación fue liquidada.

✔2. Discusión en el Partido acerca de los sindicatos. - El X Congreso del Partido. - Es derrotada la oposición. - Se pasa a la nueva política económica ("Nep"). Para el Comité Central del Partido, para su mayoría leninista, era evidente que, después de terminarse la guerra y de entrar en el periodo de edificación pacífica de la Economía, no había ya razón para mantener en pie el severo régimen del comunismo de guerra, impuesto por las circunstancias de la guerra y del bloqueo. El C.C. comprendía que había desparecido la necesidad de la contingentación, que era necesario sustituir este sistema por el del impuesto en especie, para dar al campesino la posibilidad de emplear como mejor le pareciese una gran parte del sobrante de su producción. Comprendía que esta medida permitiría levantar la agricultura, aumentar la producción de cereales y los cultivos técnicos necesarios para el desarrollo de la industria, activar la circulación de mercancías dentro del país, mejorar el abastecimiento de las ciudades y sentar una nueva base económica para la alianza entre los obreros y los campesinos. El C.C. dábase también cuenta de que la reanimación de la industria constituía una tarea de primerísimo orden, pero entendía que no era posible lograr esto sin interesar en ello a la clase obrera y a sus sindicatos, que para ganar a los obreros para esta causa era necesario convencerles de que el desastre económico era un enemigo tan peligroso para el pueblo como la intervención armada y el bloqueo, y de que el Partido y los sindicatos conseguirían, incuestionablemente, salir victoriosos de este empeño, siempre y cuando no actuasen sobre la clase obrera por medio de órdenes militares, siguiendo los métodos aplicados en el frente, donde era realmente necesario proceder de ese modo, sino por medio de la persuasión, por medio del convencimiento. Pero no todos los miembros del Partido pensaban como el C.C. Los grupos de oposición -los trotskistas, la "oposición obrera", los "comunistas de izquierda", los "centralistas democráticos", etc.- hallábanse en un estado de confusión y de vacilación ante el paso a los cauces de la edificación pacífica de la Economía. En el Partido había no pocos antiguos mensheviques, socialrevolucionarios, bundistas, "borotbistas"[1] y toda suerte de seminacionalistas de la periferia de Rusia. En gran parte, estos elementos se adhirieron a unos u otros grupos de oposición. Como no eran verdaderos marxistas ni conocían las leyes que rigen el desarrollo económico, ni tenían el temple de los militantes leninistas del Partido, estas gentes no hacían más que acentuar la dispersión y las vacilaciones de los grupos de oposición. Algunos de ellos entendían que no era necesario aflojar el severo régimen del comunismo de guerra, sino que, por el contrario, lo que hacía falta era "seguir apretando los tornillos". Otros opinaban que el Partido y el Estado debían desentenderse del problema de la restauración de la Economía nacional, dejándolo por entero en manos de los sindicatos. Era evidente que, ante este confusionismo, aparecerían, en ciertos sectores del Partido, gentes aficionadas a discutir, diversos "líderes" de la oposición, que pugnarían por arrastrar al Partido a un debate. Y así ocurrió, en efecto. La discusión comenzó por el problema del papel de los sindicatos, a pesar de que éste no era, por aquel entonces, el problema más importante en la política del Partido. El paladín de la discusión y de la lucha contra Lenin y contra la mayoría leninista del C.C. era Trotski. Con la mira de agudizar la situación, intervino en la reunión de comunistas delegados a la V Conferencia de los Sindicatos de toda Rusia, celebrada a comienzos de noviembre de 1920, sosteniendo la dudosa consigna de "apretar los tornillos" y "sacudir a los sindicatos". Exigía, además, que se procediese a la inmediata "estatificación de los sindicatos". Trotski era contrario al método de la persuasión de las masas obreras y abogaba por transplantar a los sindicatos los métodos militares. Era contrario al desarrollo de la democracia dentro de los sindicatos y a la provisión de los cargos sindicales por elección. En vez del método de la persuasión, sin el que sería inconcebible la actuación de las organizaciones obreras, los trotskistas preconizaban el método de la coacción escueta, del mando tajante. Allí donde se apoderaban de la dirección sindical, los trotskistas, con su política, no hacían más que provocar en los sindicatos conflictos, escisiones y discordias. Con su política, los trotskistas hacían que la masa sin partido se colocase frente a éste y sembraban la desunión de la clase obrera. La discusión acerca de los sindicatos tenía, en realidad, una importancia que trascendía con mucho del marco del problema sindical. Como más tarde había de señalar la resolución del Pleno del C.C. del Partido Comunista (b) de Rusia (17 de enero de 1925), de hecho la polémica giraba "en torno a la actitud que debía seguirse con los campesinos que se rebelaban contra el comunismo de guerra, en torno a la actitud que debía seguirse con la masa de obreros sin partido, y en general, en torno al método con que el Partido debía abordar a las masas, en un periodo en que la guerra civil se había terminado ya" ("Resoluciones del P.C. (b) de la U.R.S.S.", parte I, pág. 65). En pos de Trotski, intervinieron también otros grupos contrarios al Partido: la "oposición obrera" (Shliapnikov, Medveiev, Kolontai y otros), los "centralistas democráticos" (Sapronov, Drobnis, Boguslavski, Osinski, V. Smirnov, etc.) y los "comunistas de izquierda" (Bujarin y Preobrazhenski). La "oposición obrera" formulaba la consigna de entregar la dirección de toda la Economía nacional al "Congreso de productores de toda Rusia". Reducía a la nada el papel del Partido y negaba toda significación a la dictadura del proletariado en el terreno de la edificación económica. Contraponía los sindicatos al Estado Soviético y al Partido Comunista. Según ella, la forma más alta de organización de la clase obrera no era el Partido, sino que eran los sindicatos. En el fondo, la "oposición obrera" era un grupo de tipo anarco-sindicalista, contrario al Partido. El grupo del "centralismo democrático" (los desistas) reivindicaba la libertad más completa para la formación de fracciones y grupos dentro del Partido. Al igual que los trotskistas, los "centralistas democráticos" esforzábanse en socavar el papel dirigente del Partido dentro de los Soviets y de los Sindicatos. Lenin decía de ellos que eran la fracción "de los que chillaban más fuerte", y que su plataforma era socialrevolucionaria-menshevique. Para su lucha contra Lenin y el Partido, Trotski fue ayudado por Bujarin. Fue éste quien, en unión de Preobrazhenski, Serebriakov y Sokolnikov, creó un grupo "de tope". Este grupo defendía y encubría a los fraccionalistas más perniciosos: a los trotskistas. Lenin calificó la conducta de Bujarin como "el colmo de la descomposición ideológica". Poco después, los bujarinistas se unieron abiertamente con los trotskistas en contra de Lenin. Lenin y los leninistas dirigían, principalmente, sus tiros contra los trotskistas, en los que veían la fuerza cardinal de los grupos antibolsheviques. Acusaban a los trotskistas de confundir los sindicatos con organizaciones de tipo militar, haciéndoles ver que no era posible trasplantar a los sindicatos los métodos propios de aquellas organizaciones. Frente a la plataforma de los grupos de oposición, Lenin y los leninistas formularon la suya propia. En ésta se sostenía que los sindicatos eran una escuela de gobierno, una escuela de administración económica y una escuela de comunismo. Los sindicatos debían organizar toda su labor sobre la base del método de la persuasión. Sólo así podrían poner en pie a todos los obreros para la lucha contra el desastre económico y conseguirían interesarlos por la obra de edificación socialista de la Economía nacional. En la lucha contra los grupos de oposición, las organizaciones del Partido apretaron sus filas en torno a Lenin. La lucha adquirió un carácter especialmente agudo en Moscú. Era aquí donde la oposición concentraba sus principales fuerzas, ambicionando adueñarse de la organización del Partido en esta capital. Pero los bolsheviques de Moscú salieron resueltamente al paso de esto manejos de los fraccionalistas. También revistió caracteres agudos la lucha en las organizaciones del Partido en Ucrania. Bajo la dirección del camarada Molotov, que era, por aquel entonces, secretario del C.C. del Partido Comunista (b) de Ucrania, los bolsheviques ucranianos aplastaron a los secuaces de Trotski y de Shliapnikov. El Partido Comunista de Ucrania siguió siendo un baluarte fiel del Partido leninista. En Bakú, el aplastamiento de la oposición se organizó bajo la dirección del camarada Ordzhonikidse. En el Asia Central, fue el camarada Lázaro Kaganovich quien dirigió la lucha contra los grupos contrarios al Partido. Las organizaciones fundamentales de base del Partido se adhirieron a la plataforma leninista. El 8 de marzo de 1921, inauguró sus tareas el X Congreso del Partido. Asistieron a él 694 delegados con voz y voto, representando a 732.521 afiliados y 296 delegados con voz, pero sin voto. El Congreso hizo el balance de la discusión sobre los sindicatos y aprobó por una mayoría aplastante la plataforma leninista. En su discurso de apertura del Congreso, Lenin declaró que esta discusión representaba un lujo intolerable. Señaló que el enemigo hacía su juego con la lucha intestina y la discordia dentro del Partido Comunista. Dándose cuenta del enorme peligro que suponía para el Partido bolshevique y para la dictadura del proletariado la existencia de grupos fraccionales, el X Congreso consagró una atención especial al problema de la unidad del Partido. Acerca de este punto pronunció un informe Lenin. El Congreso condenó todos los grupos de oposición y señaló que esto grupos "de hecho, ayudan a los enemigos de clase de la revolución proletaria". El Congreso ordenó la inmediata disolución de todos los grupos fraccionales y encargó a todas las organizaciones que velasen rigurosamente por la ejecución de este acuerdo, saliendo al paso de toda actitud fraccional; bien entendido que el incumplimiento de los acuerdos del Congreso acarrearía la expulsión indiscutible e inmediata del Partido. El Congreso dio plenos poderes al Comité Central para que éste, en caso de infracción de la disciplina por parte de cualquiera de sus miembros y en caso de que resucitase o se permitiese cualquier fracción, aplicase cuantas sanciones de Partido fuesen necesarias, llegando incluso a expulsar del Comité Central y del Partido a quien infringiese sus acuerdos. Todas estas decisiones figuraban en una resolución especial "Sobre la unidad del Partido", redactada por Lenin y aprobada por el Congreso. En esta resolución, el Congreso llamaba la atención de todos los afiliados al Partido hacia el hecho de que la unidad y la cohesión dentro de sus filas, la unidad de voluntad de la vanguardia del proletariado era especialmente necesaria en un momento como aquel en que se celebraba el X Congreso del Partido, en que una serie de circunstancias contribuía a acentuar las vacilaciones existentes entre la población pequeñoburguesa. "Sin embargo -decíase en la resolución del Congreso-, en el Partido se habían revelado, ya antes de la discusión entablada en todas sus organizaciones acerca de los sindicatos, algunos signos de fraccionalismo, es decir, de formación de grupos con una plataforma especial y con la tendencia a constituir hasta cierto punto grupos aparte y con su disciplina propia. Es necesario que todo obrero consciente comprenda claramente el carácter pernicioso e inadmisible de todo fraccionalismo, el cual conduce inevitablemente, en la práctica, al quebrantamiento del trabajo fraternal y a los intentos acentuados y repetidos de los enemigos, que se infiltran siempre en las filas de un Partido gubernamental, con objeto de ahondar las disenciones dentro de éste y servirse de ellas para los fines de la contrarrevolución". Y en otro lugar de esta misma resolución, decía el Congreso: "Cómo los enemigos del proletariado se aprovechan de todas las desviaciones de la línea comunista, rigurosamente trazada, lo ha revelado de un modo bien tangible el ejemplo de la sublevación de Cronstadt, en la que la contrarrevolución burguesa y los guardias blancos de todos los países del mundo se mostraron de pronto dispuestos a acatar incluso la consigna del régimen soviético, con tal de derribar la dictadura del proletariado en Rusia, en que los socialrevolucionarios y la contrarrevolución burguesa, en general, se acogieron en Cronstadt a la consigna de la insurrección, simulando hacerla en nombre del Poder Soviético contra el Gobierno Soviético de Rusia. Estos hechos demuestran plenamente que los guardias blancos aspiran a disfrazarse y saben y disfrazarse de comunistas y hasta de gentes "más izquierdistas" aun que ellos, con tal de quebrantar y derribar el baluarte de la revolución proletaria en Rusia. Las hojas mensheviques que circularon en Petrogrado en vísperas de la sublevación de Cronstadt revelan asimismo cómo los mensheviques se aprovechaban de las discrepancias existentes dentro del Partido Comunista de Rusia, para empujar y apoyar de hecho a los sediciosos de Cronstadt, a los socialrevolucionarios y guardias blancos, aunque de palabra se hiciesen pasar por adversarios de los sediciosos y partidarios del Poder Soviético, del que, según ellos, sólo les separaba algunas diferencias de poca monta". La resolución indicaba que la propaganda del Partido debía explicar minuciosamente lo pernicioso y peligroso que era el fraccionalismo desde el punto de vista de la unidad del Partido y de la consecución de la unidad de voluntad de la vanguardia del proletariado, como condición fundamental para el triunfo de la dictadura proletaria. Por otra parte, la propaganda del Partido -decíase en la citada resolución del Congreso- debía explicar la peculiaridad de los novísimos métodos tácticos puestos en práctica por los enemigos del Poder Soviético. "Estos enemigos -señalaba la resolución-, convencidos del fracaso irremediable de la contrarrevolución bajo la bandera descarada de los guardias blancos, encaminan ahora todos sus esfuerzos, aprovechándose de las disensiones existentes dentro del Partido Comunista de Rusia, a pasar de contrabando la contrarrevolución por medio de la entrega del Poder a los grupos políticos más dispuestos, en apariencia, al reconocimiento del Poder Soviético" ("Resoluciones del P.C. (b) de la U.R.S.S.", parte I, págs. 373-374). Esta resolución indicaba, asimismo, que la propaganda del Partido "debía explicar también la experiencia de las anteriores revoluciones, en que la contrarrevolución apoyaba a los grupos pequeñoburgueses más próximos al partido revolucionario extremo, para hacer vacilar y derribar la dictadura revolucionaria, abriendo con ello el camino para dar en seguida el triunfo completo a la contrarrevolución, a los capitalistas y terratenientes". Íntimamente unida a la resolución "Sobre la unidad del Partido" se hallaba otra resolución "Sobre la desviación sindicalista y anarquista dentro de nuestro Partido", aprobada igualmente por el Congreso a propuesta también de Lenin. En esta resolución, el X Congreso condenaba la llamada "oposición obrera". El Congreso consideró que la propaganda de las ideas de la desviación anarcosindicalista era incompatible con el hecho de militar en el Partido Comunista y encarecía al Partido que luchase resueltamente contra esta desviación. El X Congreso tomó el importantísimo acuerdo de pasar del sistema de la contingentación al del impuesto en especie, de pasar a la nueva política económica ("NEP"). Este viraje del comunismo de guerra a la "nueva política económica" revela toda la sabiduría y la profundidad de visión de la política leninista. En el acuerdo del Congreso, se trataba de la sustitución del régimen de los contingentes por el del impuesto en especie. Este impuesto era menor que el de la contingentación. El tipo de impuesto debía hacerse público antes de la siembra de primavera. Los plazos de entrega del impuesto se señalaban con toda precisión. Todo lo que excediese del impuesto se dejaba a la libre y plena disposición del campesino, a quien se concedía libertad de vender estos productos. Al principio, la libertad de venta se traduciría -decía Lenin en su informe- en una cierta reanimación del capitalismo dentro del país. Será necesario consentir el comercio privado y autorizar a los particulares dedicados a la industria la apertura de pequeñas empresas. Pero no había por qué tener miedo a esto. Lenin entendía que una cierta libertad de circulación de mercancías estimularía el interés económico del campesino, incrementaría la productividad de su trabajo y elevaría rápidamente el rendimiento de la agricultura; que sobre esta base se restauraría la industria del Estado y se desalojaría al capital privado; que, después de acumular fuerzas y recursos, se podría crear una potente industria, base económica para el socialismo, y luego pasar resueltamente a la ofensiva, para destruir los restos del capitalismo dentro del país. El comunismo de guerra había sido el intento de tomar por asalto, atacando de frente, la fortaleza de los elementos capitalistas de la ciudad y del campo. En este ataque, el Partido había avanzado demasiado, exponiéndose al peligro de perder el contacto con su base. Ahora, Lenin proponía efectuar un pequeño repliegue, retroceder provisionalmente para acercarse a la retaguardia, pasar de la lucha por asalto al método más lento de cercar la fortaleza, para acumular fuerzas y luego lanzarse de nuevo al ataque. Los trotskistas y otros elementos de la oposición entendían que la NEP era, exlusivamente, una retirada. Esta interpretación favorecía sus intereses, ya que la línea que ello seguían era la de restaurar el capitalismo. Pero ésta era una interpretación de la NEP profundamente perniciosa y antileninista. En efecto: un año después de implantarse la NEP, en el XI Congreso del Partido, Lenin declaraba que el repliegue había terminado y lanzaba esta consigna: "Preparación de la ofensiva contra el capital privado" (Lenin, t. XXVII, pág. 213, ed. rusa). Los elementos de la oposición, que eran malos marxistas e ignorantes supinos en materia de política bolshevique, no comprendieron ni la esencia de la NEP ni el carácter del repliegue emprendido al iniciarse ésta. De la esencia de la NEP hemos hablado ya. Por lo que se refiere al carácter del repliegue, diremos que hay varias clases de repliegues. Hay momentos en que los partidos o los ejércitos se ven obligados a replegarse por haber sufrido una derrota, y en estos casos el ejército o el partido se repliega para salvarse y salvar sus cuadros con vistas a nuevos combates. No era esta clase de repliegue la que Lenin había propuesto al implantarse la NEP, ya que el Partido, no sólo no había sufrido una derrota ni estaba vencido, sino que, por el contrario, era él quien había derrotado a los intervencionistas y a los guardias blancos en la guerra civil. Pero hay también momentos en que un partido o un ejército victorioso, en su ataque, avanza demasiado, sin dejar asegurada una base en la retaguardia. Y esto constituye un peligro grave. En tales casos, un partido o un ejército experto siente generalmente, para no perder el contacto con su base, la necesidad de retroceder un poco, acercándose a su retaguardia, para establecer un contacto más fuerte con su base en ésta, asegurándose todo aquello que necesitan, y poder luego lanzarse de nuevo al ataque, con mayor seguridad y garantía de éxito. Esta clase de repliegue temporal era precisamente la que había aplicado Lenin, con la NEP. Informando ante el IV Congreso de la Internacional Comunista acerca de las causas a que había obedecido la implantación de la NEP, Lenin declaró paladinamente que "con nuestra ofensiva económica habíamos avanzado demasiado y no nos habíamos asegurado una base suficiente", razón por la cual había sido necesario efectuar un repliegue pasajero hacia la retaguardia consolidada. La desgracia de la oposición estaba en que no comprendía, en su ignorancia, ni la comprendió hasta el fin de sus días, esta característica peculiar que presentaba el repliegue de la NEP. El acuerdo del X Congreso acerca de la NEP aseguraba una sólida alianza económica entre la clase obrera y los campesinos para la edificación del socialismo. Esta finalidad fundamental perseguía también otro de los acuerdos del Congreso: el referente al problema nacional. El informe acerca de este punto corrió a cargo del camarada Stalin. Hemos acabado -dijo el camarada Stalin- con la opresión nacional, pero esto no basta. El problema consiste en acabar con la gravosa herencia del pasado, con el atraso económico, político y cultural de los antiguos pueblos oprimidos. Es necesario ayudarles a colocarse, en este respecto, al nivel de la Rusia central. El camarada Stalin señalaba, además, dos desviaciones contrarias al Partido en lo tocante el problema nacional; la del chovinismo absorcionista (gran ruso) y la del nacionalismo localista. El Congreso condenó ambas desviaciones como perniciosas y peligrosas para el comunismo y el internacionalismo proletario. Pero, al mismo tiempo, dirigió sus tiros, principalmente, ya que representaba el peligro fundamental, contra el chovinismo gran ruso, es decir, contra los vestigios y las supervivencias de la actitud que adoptaban ante las nacionalidades no rusas los chovinistas gran rusos bajo el zarismo. 3. Primeros resultados de la "Nep". - El XI Congreso del Partido. - Fundación de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. - Enfermedad de Lenin. - El plan cooperativo de Lenin. - El XII Congreso del Partido. La implantación de la NEP chocó con la resistencia de los elementos inestables del Partido. Esta resistencia venía de dos lados. Por una parte, actuaban los vocingleros de "izquierda", abortos políticos por el estilo de Lominadse, Shatskin y otros, quienes "demostraban" que la NEP era renuncia a las conquistas de la Revolución de Octubre, la vuelta al capitalismo, el hundimiento del Poder Soviético. Su ignorancia en materia de política y su desconocimiento de las leyes del desarrollo económico, incapacitaba a esta gente para comprender la política del Partido y les hacía caer en el pánico y fomentar a su alrededor un ambiente de desmoralización, de decadencia. Por otra parte, actuaban los capituladores manifiestos, de la calaña de Trotski, Radek, Zinoviev, Sokolnikov, Kamenev, Shliapnikov, Bujarin, Rykov y otros, que no tenían fe en la posibilidad del desarrollo socialista del País Soviético, se posternaban ante la "potencia" del capitalismo y, aspirando a fortalecer las posiciones de éste en el país de los Soviets, exigían que se hiciesen grandes concesiones al capital privado, tanto dentro del país como fuera de él, y que se le entregase una serie de puestos de mando del Poder Soviético en la Economía nacional, sobre la base de concesiones o de sociedades por acciones mixtas con participación del capital privado. Ni unos ni otros tenían nada que ver con el marxismo, con el leninismo. El Partido desenmascaró y aisló a unos y otros elementos, dando una réplica contundente a los sembradores de pánico y a los capituladores. Esta resistencia que se oponía a la política del Partido reiteraba una vez más la necesidad de depurar éste de los elementos poco firmes. En relación con esto, el C.C. desarrolló una gran labor de fortalecimiento del Partido, organizando en 1921 la depuración de sus filas. La depuración se llevó a cabo en asambleas públicas, con intervención de los sin partido. Lenin aconsejaba que se depure concienzudamente el Partido "...de los granujas, de los elementos burocratizados, de las gentes poco honradas, de comunistas vacilantes y de mensheviques que, aunque hubiesen revocado su "fachada", en espíritu seguían siendo mensheviques" (Lenin, t. XXVII, pág. 13, ed. rusa). Como consecuencia de esta depuración, fueron expulsadas del Partido, en conjunto, 170.000 personas, o sea cerca del 25 por 100 del total de afiliados. Esta depuración fortaleció considerablemente al Partido, mejoró su contextura social, reforzó la confianza de las masas en el Partido e hizo que aumentase su autoridad. La cohesión y el grado de disciplina del Partido crecieron. El primer año de aplicación de la nueva política económica puso de manifiesto la justeza de esta política. El paso a la NEP fortaleció considerablemente la alianza entre los obreros y los campesinos, sobre una nueva base. Aumentaron la potencia y la fortaleza de la dictadura del proletariado. Se liquidó casi totalmente el bandidaje de los kulaks. Después de la abolición del sistema de los contingentes, los campesinos medios ayudaron al Poder Soviético a luchar contra aquellas bandas. El Poder Soviético conservaba en sus manos todas las posiciones de mando de la Economía nacional: la gran industria, el transporte, los bancos, la tierra, el comercio interior y exterior. El Partido había conseguido un cambio decisivo en el frente económico. La agricultura comenzó a desarrollarse rápidamente. Manifestáronse los primero éxitos en el campo de la industria y del transporte. Se inició un avance, todavía muy lento en sus comienzos, pero indudable, en el terreno de la Economía. Los obreros y los campesinos sentían y veían que el Partido marchaba por el buen camino. En marzo de 1922 se reunió el XI Congreso del Partido. Asistieron a él 522 delegados con voz y voto, representando a 532.000 afiliados; es decir, menos que en el Congreso anterior. Los delegados con voz pero sin voto eran 165. La disminución de la cifra de afiliados se explica por la depuración de las filas del Partido, que ya había empezado. En este Congreso se hizo el balance del primer año de la nueva política económica. Los resultados obtenidos permitieron a Lenin declarar ente el Congreso: "Durante un año hemos retrocedido. Ahora, debemos declarar, en nombre del Partido: ¡Basta! El objetivo que perseguíamos con nuestro repliegue ha sido alcanzado. Este periodo toca a su fin o ha finalizado ya. Ahora, pasa a primer plano otro objetivo: reagrupar las fuerzas" (Lenin, t. XXVII, pág. 283, ed. rusa). Lenin señaló que la NEP era una lucha desesperada, una lucha a vida o muerte, entre el capitalismo y el socialismo. "¿Quién vencerá a quién?", así estaba planteado el problema. Para vencer, era necesario asegurar los lazos entre la clase obrera y los campesinos, entre la industria socialista y la economía campesina, desarrollando por todos los medios el intercambio de mercancías entre la ciudad y el campo. Y para esto, había que aprender a administrar, había que aprender a comerciar de un modo culto. En este periodo, el eslabón fundamental de la cadena de tareas que se planteaban al Partido era el comercio. Sin resolver este problema, era imposible desarrollar el intercambio de mercancías entre la ciudad y el campo, era imposible fortalecer la alianza económica entre los obreros y los campesinos, era imposible levantar la economía rural y sacar del marasmo a la industria. Por aquel entonces, el comercio soviético era todavía muy débil. El aparato comercial era muy flojo, los comunistas aún no tenía hábitos comerciales, todavía no conocían a fondo al enemigo -"nepman"[2]- ni habían aprendido a luchar contra él. Los comerciantes privados, los nepman, aprovechándose de la debilidad del comercio soviético, se apoderaron del comercio de los artículos manufacturados y de otras mercancías de fácil colocación. El problema de la organización de un comercio de Estado y de un comercio cooperativo adquiría una importancia inmensa. Después del XI Congreso cobró nuevas fuerzas la labor de tipo económico. Fueron liquidadas con éxito las consecuencias acarreadas por la mala cosecha. La Economía campesina iba rehaciéndose rápidamente. El funcionamiento de los ferrocarriles se perfeccionaba. Aumentaba sin cesar el número de fábricas y empresas industriales que trabajaban. En octubre de 1922, festejó un gran triunfo la República Soviética: el Ejército Rojo y los guerrilleros de Extremo Oriente limpiaron de intervencionistas japoneses la ciudad de Vladivostok, que era el único sector del territorio soviético ocupado aún por los invasores. Ahora, ya que todo el territorio del País Soviético estaba limpio de intervencionistas y que las tareas de la edificación del socialismo y de la defensa del país exigían que se fortaleciese todavía más la unión de los pueblos soviéticos, púsose a la orden del día el problema de aglutinar más estrechamente aún las Repúblicas Soviéticas dentro de una Unión de Estados. Era necesario unificar todas las fuerzas populares para la construcción del socialismo. Era necesario organizar enérgicamente la defensa del país. Era necesario asegurar el pleno desarrollo de todas las nacionalidades de la Patria socialista. Para conseguir esto, se imponía la necesidad de agrupar todavía más estrechamente a todos los pueblos del País Soviético. En diciembre de 1922 se celebró el primer Congreso de los Soviets de toda la Unión. En este Congreso, se fundó, a propuesta de Lenin y Stalin, la unión voluntaria y libre formada por los Estados de los pueblos soviéticos: la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (U.R.S.S.). Formaban parte de la U.R.S.S., en un principio, la República Socialista Federativa Soviética de Rusia (R.S.F.S.R), la República Socialista Federativa Soviética de Transcaucasia (R.S.F.S.T.), la República Socialista Soviética de Ucrania (R.S.S.U.) y la República Socialista Soviética de Bielorrusia (R.S.S.B.). Poco tiempo después, se constituyeron en el Asia Central tres Repúblicas Soviéticas independientes dentro de la Unión: las Repúblicas de Uzbekistán, Turkmenistán y Tadzhikistán. Todas estas Repúblicas se agruparon en la unión de Estados Soviéticos, la U.R.S.S., sobre la base de su libre voluntad, con derechos iguales y conservando cada una de ellas la facultad de abandonar libremente la Unión Soviética. La fundación de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas representaba un fortalecimiento del Poder Soviético y un gran triunfo de la política leninista-stalinista del Partido bolshevique respecto al problema nacional. En noviembre de 1922, Lenin intervino en el Pleno del Soviet de Moscú. Haciendo el balance de los cinco años de existencia del Poder Soviético, expresó su firme convicción de que "de la Rusia de la NEP saldría la Rusia socialista". Fue el último discurso que pronunció ante el país. En el otoño de 1922, el Partido experimentó una gran desgracia: Lenin cayó gravemente enfermo. Todo el Partido, todos los trabajadores, seguían, profundamente apenados, la enfermedad de Lenin. Todo el país estaba pendiente, con angustia, de aquella vida tan preciosa. Pero Lenin no interrumpió su trabajo, a pesar de la enfermedad. Estando ya gravemente enfermo, aun escribió una serie de artículos importantísimos. En estos artículos, que fueron los últimos, hacía el balance de la labor realizada y trazaba el plan de la construcción del socialismo en el País Soviético, mediante la incorporación de los campesinos a la obra de la edificación socialista. En este proyecto, Lenin destacaba su plan cooperativo, encaminado a sumar a los campesinos a la causa de la edificación del socialismo. Lenin veía en la cooperación en general, y en la cooperación agraria en particular, el camino, asequible y comprensible para millones de campesinos, por el que podía pasarse de la pequeña explotación individual a las grandes agrupaciones cooperativas de producción: los coljoses. Señalaba que el camino por el que debía marchar el desarrollo de la economía agrícola en el País Soviético era el de incorporar a los campesinos a la edificación socialista por medio de la cooperación, de ir infundiendo gradualmente en la agricultura los principios del colectivismo, comenzando por la esfera de la venta, para pasar luego a la esfera de la producción agrícola. Y ponía de manifiesto que, bajo el régimen de la dictadura del proletariado y de la alianza de la clase obrera con los campesinos, asegurada la dirección de los campesinos por el proletariado y con la existencia de una industria socialista, la cooperación para la producción, una cooperación bien organizada que abarcase a millones de campesinos, era el camino por el cual se podría construir en el País Soviético una sociedad socialista completa. En abril de 1923, se celebró el XII Congreso del Partido. Era el primer Congreso que se reunía, después de la toma del Poder por los bolsheviques, sin la presencia personal de Lenin. Tomaron parte en él 408 delegados con voz y voto, representando a 386.000 afiliados, es decir, a menos que en el Congreso anterior. Era el resultado de la persistente depuración de las filas del Partido, a consecuencia de la cual había sido expulsado de él un tanto por ciento considerable de afiliados. A este Congreso asistieron, además, 417 delegados con voz, pero sin voto. En los acuerdos tomados por el XII Congreso fueron tenidas en cuenta todas las indicaciones hechas por Lenin en sus últimos artículos y cartas. El Congreso salió enérgicamente al paso de todos los que interpretaban la NEP como un abandono de las posiciones socialistas, como una rendición de estas posiciones al capitalismo, de todos los que proponían entregarse a las garras de éste. Esto fue lo que preconizaron en el Congreso los adeptos de Trotski, Radek y Krasin. Estos proponían entregarse a merced de los capitalistas extranjeros, poner en sus manos, a título de concesiones, las ramas industriales de interés vital para el Estado Soviético. Proponían pagar las deudas del gobierno zarista, anuladas por la Revolución de Octubre. El Partido estigmatizó como traidoras estas propuestas de capitulación. No renunciaba a emplear la política de las concesiones, pero sólo en aquellas ramas y dentro de aquellos límites que resultasen ventajosos para el Estado Soviético. Ya antes del Congreso, Bujarin y Sokolnikov habían propuesto poner fin al monopolio del comercio exterior. Esta propuesta era también el resultado la interpretación de la NEP como la entrega de las posiciones soviéticas al capitalismo. Lenin estigmatizó entonces a Bujarin como defensor de los especuladores, de los nepman y de los kulaks. El XII Congreso rechazó resueltamente el atentado que se quería perpetrar contra la intangibilidad del monopolio del comercio exterior. El Congreso salió también al paso del intento de Trotski de imponer al Partido una política funesta con respecto a los campesinos. Señaló que no era lícito perder de vista el hecho del predominio que la pequeña Economía campesina tenía dentro del país. Y subrayó que el desarrollo de la industria, incluyendo la industria pesada, no debía chocar con los intereses de las masas campesinas, sino armonizar con ellos en interés de toda la población trabajadora. Estos acuerdos iban dirigidos contra Trotski, que preconizaba la edificación de la industria por medio de la explotación de los campesinos y que no reconocía, de hecho, la política de alianza entre el proletariado y los campesinos. Trotski proponía también el cierre de grandes fábricas como las de "Putilov", "Briansk" y otras, que interesaban a la defensa del país, pero que, según él, no eran rentables. El Congreso rechazó, indignado, la proposición de Trotski. A propuesta de Lenin, formulada por medio de una carta, el XII Congreso creó un órgano de fusión de la Comisión Central de Control y de la Inspección Obrera y Campesina. A este órgano se le asignó una misión de responsabilidad: velar por la unidad del Partido, fortalecer la disciplina del Partido y del Estado y perfeccionar por todos los medios el aparato del Estado Soviético. El Congreso consagró gran atención al problema nacional. Informó acerca de este punto el camarada Stalin, quien subrayó la significación internacional de la política soviética sobre el problema nacional. Los pueblos oprimidos del Occidente y del Oriente ven en la Unión Soviética el ejemplo de cómo se debe resolver el problema nacional. Señaló la necesidad de laborar enérgicamente por liquidar la desigualdad económica y cultural entre los pueblos de la Unión Soviética. E incitó a todo el Partido a luchar resueltamente contra las desviaciones en punto al problema nacional: contra el chovinismo gran ruso y contra el nacionalismo localista burgués. En el Congreso, fueron desenmascarados los portavoces de la desviación nacionalista y su política absorcionista con respecto a las minorías nacionales. Actuaban, por aquel entonces, en contra del Partido los portavoces de la desviación nacionalista georgiana: Mdivani y otros. Estos elementos eran contrarios a la creación de la federación transcaucásica y al fortalecimiento de la amistad entre los pueblos de Transcaucasia. Su actitud frente a las otras nacionalidades de Georgia era la de unos auténticos chovinistas absorcionistas. Expulsaban de Tiflis a todos los no georgianos, principalmente a los armenios, y habían dictado una ley, según la cual toda georgiana que contrajese matrimonio con un hombre de otra nacionalidad perdería si ciudadanía georgiana. Contaban con el apoyo de Trotski, Radek, Bujarin, Scrypnik y Rakovski. Inmediatamente después del Congreso, se convocó una Conferencia especial de militantes de las Repúblicas nacionales para tratar del problema nacional. En ella, fueron desenmascarados el grupo de los nacionalistas burgueses tártaros, Sultán-Galiev y otros, y el grupo de los portavoces de la desviación nacionalista en el Uzbekistán, formado por Faisula Jodzhaiev y otros. El XII Congreso hizo el balance de los resultados obtenidos en los dos años de la nueva política económica. Estos resultados infundían al espíritu vigor y seguridad en el triunfo final. "Nuestro Partido sigue siendo un Partido coherente, monolítico, resistente a los mayores virajes y que marcha hacia delante con las banderas desplegadas" -declaró en el Congreso el camarada Stalin. 4. La lucha contra las dificultades de la restauración de la economía nacional. - Recrudece la actividad de los trotskistas, con motivo de la enfermedad de Lenin. - Nueva discusión dentro del Partido. - Derrota de los trotskistas. - Muerte de Lenin. - La promoción leninista. - El XIII Congreso del Partido. Los primeros años de lucha por la restauración de la Economía nacional se tradujeron en éxitos considerables. Hacia 1924, se advertían los progresos en todas las ramas de la Economía. La superficie sembrada aumentó considerablemente a partir de 1921; la Economía campesina se iba fortaleciendo cada vez más. La industria socialista crecía y se desarrollaba. Registrábase un aumento numérico considerable de la clase obrera. Los salarios se elevaban. Los obreros y los campesinos comenzaban a vivir mejor y con más desahogo que en 1920 y 1921. Pero, a pesar de todo, se acusaban aún los resultados de una situación de desastre económico todavía no liquidada. La industria no había alcanzado aún el nivel de antes de la guerra y su desarrollo se hallaba considerablemente rezagado, en comparación con el incremento de las necesidades del país. Hacia fines de 1923, se registraba cerca de un millón de obreros parados; el lento desarrollo de la Economía nacional no permitía absorber y liquidar el paro forzoso. El comercio se desarrollaba con intermitencias, por razón de los precios extraordinariamente elevados de los artículos industriales, precios que imponían al país los especuladores y los nepman emboscados en las organizaciones comerciales soviéticas. En relación con esto, el rublo soviético empezó a experimentar fuertes oscilaciones y a bajar de valor. Todo ello contribuía a amortiguar el mejoramiento de la situación de los obreros y los campesinos. Hacia el otoño de 1923, se agudizaron algo las dificultades económicas, a consecuencia de las infracciones cometidas contra la política soviética de precios por los organismos industriales y comerciales. Entre los precios de las mercancías industriales y los productos agrícolas existía una fuerte desarmonía. Mientras que el precio del trigo era bajo, los precios de las mercancías industriales eran desmesuradamente elevados. Sobre la industria pesaban, por aquel entonces, muchos gastos no reproductivos y esto encarecía las mercancías. El dinero que los campesinos obtenían por la venta del trigo se depreciaba rápidamente. Por si esto fuese poco, el trotskista Piatakov, que ocupaba entonces un puesto en el Consejo Supremo de Economía Nacional, trazó a los militantes de las organizaciones económicas la norma criminal de extraer mayores ganancias de la venta de los artículos industriales, elevando desmesuradamente los precios, con el pretexto de fomentar la industria. En realidad, esta consigna, propia de un nepman, sólo podía conducir a un resultado: reducir la base de la producción industrial y socavar la industria. En estas condiciones, a los campesinos no les convenía adquirir artículos industriales y dejaban de comprarlos. De esto modo, se inició una crisis del mercado, que repercutió sobre la industria. Surgieron dificultades para el pago de los salarios, lo que provocó el descontento de los obreros. En algunas fábricas, los obreros menos conscientes abandonaban el trabajo. El Comité Central del Partido señaló el camino para superar todas estas dificultades y deficiencias. Se tomaron medidas para acabar con la crisis del mercado. Se introdujo una rebaja en los precios de los artículos de consumo popular. Se acordó implantar una reforma monetaria, adoptando un patrón firme y estable: el chervonez. Se normalizó el pago de los salarios. Y se esbozaron las medidas convenientes para desarrollar el comercio por medio de los organismos soviéticos y cooperativos, desalojando de él a todo género de mercaderes y especuladores. Había que poner manos a la obre con denuedo y uniéndose todos. Así era como pensaban y obraban los hombres fieles al Partido. Pero los trotskistas procedían de otro modo. Aprovechándose de la ausencia de Lenin, a quien su grave enfermedad tenía alejado del frente batalla, iniciaron una nueva agresión contra el Partido y contra su dirección. Decidieron que había llegado el momento indicado para derrotar al Partido y derribar su dirección. En su lucha contra el Partido, se aprovechaban de todo: de la derrota sufrida por la revolución en Alemania y en Bulgaria en el otoño de 1923, de las dificultades económicas existentes dentro del país y de la enfermedad de Lenin. Fue precisamente en este momento difícil para el Estado Soviético, en que el jefe del Partido se veía clavado en el lecho, cuando Trotski desencadenó su ataque contra el Partido bolshevique. Agrupando en torno suyo a todos los elementos antileninistas del Partido, amañó una plataforma oposicionista, plataforma que iba dirigida contra el Partido, contra su dirección y contra su política. A esta plataforma se le dio el nombre de "declaración de los 46 oposicionistas". En la lucha contra el Partido leninista, se unieron todos los grupos de la oposición: los trotskistas, los "centralistas democráticos", los restos de los "comunistas de izquierda" y de la "oposición obrera". En su declaración, estos elementos profetizaban una terrible crisis económica y el hundimiento del Poder Soviético y exigían, como única solución, la libertad de existencia de fracciones y grupos. Era una lucha encaminada al restablecimiento de las fracciones, que habían sido prohibidas por el X Congreso del Partido, a propuesta de Lenin. Los trotskistas no planteaban ningún problema concreto en torno al desarrollo de la industria o de la agricultura, al perfeccionamiento del régimen de circulación de mercancías dentro del país o al mejoramiento de la situación de los trabajadores. Esto, además, no les interesaba. Lo único que les interesaba era aprovecharse de la ausencia de Lenin para restablecer las fracciones dentro del Partido y socavar de este modo sus cimientos, minar su Comité Central. Inmediatamente después de la plataforma de los 46, se publicó una carta de Trotski, en la que cubría de cieno a los cuadros del Partido y dirigía toda una serie de nuevas calumnias contra éste. En esta carta Trotski repetía las viejas cantilenas mensheviques, que el Partido estaba cansado de oírle. Los trotskistas dirigían su agresión, primordialmente, contra el aparato del Partido, pues sabían que el Partido no puede vivir ni actuar sin un aparato fuerte. La oposición esforzábase en socavar, en derribar este aparato, en enfrentar a los afiliados al Partido con el aparato de éste; y a la juventud, con los viejos cuadros del Partido. En su carta, Trotski especulaba con la juventud estudiantil, con los jóvenes afiliados al Partido, que ignoraban la historia de la lucha de éste contra el trotskismo. Para conquistar a este juventud estudiantil, Trotski la adulaba, diciendo de ella que era "el barómetro más fiel del Partido", al mismo tiempo que hablaba de la degeneración de la vieja guardia leninista. Apuntando a los jefes degenerados de la Segunda Internacional, sugería ignominiosamente que la vieja guardia bolshevique marchaba por el mismo camino. Con sus gritos sobre la degeneración del Partido, Trotski intentaba encubrir su propia degeneración y sus designios antibolsheviques. Los dos documentos de la oposición, la plataforma de los 46 y la carta de Trotski, fueron distribuidos por los trotskistas en los radios y las células y puestos a discusión entre los afiliados del Partidos. El Partido fue retado por los trotskistas a una contienda. Se repetía, pues, lo que había ocurrido antes del X Congreso del Partido, con motivo de la discusión sobre la cuestión sindical: el Partido veíase arrastrado por los trotskistas a una discusión extensiva a todos sus afiliados. Y, a pesar de hallarse ocupado en problemas de carácter económico más importantes, el Partido aceptó el reto y abrió la discusión. La discusión se hizo extensiva a todo el Partido. Era una lucha enconada. La contienda adquirió caracteres especialmente agudos en Moscú. Los trotskistas aspiraban, ante todo, a apoderarse de la organización de la capital. Pero la discusión no les sirvió de nada a los trotskistas, como no fuese para poner de manifiesto su infamia. Fueron derrotados en toda línea, lo mismo en Moscú que en toda la Unión Soviética. Sólo votó por ellos un número reducido de células pertenecientes a Escuelas superiores y a organismos administrativos. En enero de 1924, se reunió la XIII Conferencia del Partido. En ella, pronunció un informe el camarada Stalin, haciendo el balance de la discusión sostenida en el Partido. La Confrencia condenó a la oposición trotskista, declarando que se trataba de una desviación pequeñoburguesa del marxismo. Los acuerdos de esta Conferencia fueron refrendados posteriormente por el XIII Congreso del Partido y por el V Congreso de la Internacional Comunista. El proletariado comunista internacional apoyaba al Partido bolshevique en su lucha contra el trotskismo. Pero los trotskistas no cesaron en su trabajo de zapa. En el otoño de 1924, Trotski publicó un artículo titulado "Las enseñanzas de Octubre", en el que intentaba suplantar el leninismo por el trotskismo. Este artículo era todo él una calumnia contra el Partido bolshevique y contra su jefe, Lenin. Todos los enemigos del comunismo y del País Soviético se aferraron a este librejo calumnioso. El Partido rechazó con indignación estas calumnias de Trotski contra la historia heroica del bolshevismo. El camarada Stalin desenmascaró la tentativa de Trotski de suplantar el leninismo por el trotskismo, señalando, en sus intervenciones, que "la misión del Partido consiste en enterrar el trotskismo, como corriente ideológica". En la obra de aplastamiento ideológico del trotskismo y de defensa del leninismo, tuvo una importancia extraordinaria el trabajo teórico del camarada Stalin "Sobre los fundamentos del leninismo", que vio la luz en 1924. Esta obra es una exposición magistral y una fundamentación teórica muy seria del leninismo, que pertrechó entonces y sigue pertrechando hoy a los bolsheviques del mundo entero con el arma aguzada de la teoría marxista-leninista. En la lucha contra el trotskismo, el camarada Stalin apretó las filas del Partido en torno a su Comité Central y lo movilizó para seguir combatiendo por el triunfo del socialismo en el País Soviético. El camarada Stalin supo demostrar que el aplastamiento ideológico del trotskismo era condición inexcusable para asegurar la prosecución de la marcha victoriosa hacia el socialismo. Haciendo el balance de este periodo de lucha contra el trotskismo, decía el camarada Stalin: "Sin aplastar al trotskismo, no es posible triunfar dentro de las condiciones de la NEP, no es posible conseguir la transformación de la Rusia actual en una Rusia socialista". Pero los éxitos de la política leninista del Partido se vieron ensombrecidos por la enorme desgracia que experimentaron el propio Partido y la clase obrera. El 21 de enero de 1924, murió en Gorki, cerca de Moscú, nuestro jefe y maestro, el fundador del Partido bolshevique, Lenin. La noticia de la muerte de Lenin afectó a la clase obrera del mundo entero como la pérdida más cruel. El día del entierro de Lenin, el proletariado internacional declaró un paro de cinco minutos en todos los trabajos. Pararon los ferrocarriles, se interrumpió el trabajo en fábricas y talleres. Los trabajadores del mundo entero acompañaron a la tumba, con el más profundo dolor, a su padre y maestro, a su mejor amigo y defensor, a Lenin. La clase obrera de la Unión Soviética respondió a la muerte de Lenin apretando todavía más sus filas en torno al Partido leninista. En aquellos días luctuosos, todo obrero consciente meditó acerca de su actitud ante el Partido Comunista, el Partido que ponía en práctica los mandamientos de Lenin. Al Comité Central del Partido llegaron miles y miles de declaraciones de obreros sin partido pidiendo su ingreso en el Partido bolshevique. El Comité Central, haciéndose eco de este movimiento de los obreros de vanguardia, admitió su ingreso en masa en el Partido y abrió las puertas de éste a la promoción leninista. Ingresaron en él los que estaban dispuestos a dar la vida por la causa del Partido, por la causa de Lenin. En poco tiempo, pasaron a engrosar las filas del Partido bolshevique más de 240.000 obreros. Se adhirió al Partido la parte más avanzada de la clase obrera, la más consciente y revolucionaria, la más audaz y disciplinada. Esta fue la promoción leninista de nuevos afiliados al Partido. La muerte de Lenin puso de manifiesto cuán estrechamente unido estaba el Partido bolshevique a las masas obreras y cuán entrañablemente querían éstas al Partido leninista. En el II Congreso de los Soviets de la U.R.S.S., celebrado en los días de duelo por la muerte de Lenin, el camarada Stalin pronunció, en nombre del Partido, un solemne juramento. En él dijo: "Nosotros, los comunistas, somos hombres de un temple especial. Estamos hechos de una trama especial. Somos los que formamos el ejército del gran estratego proletario, el ejército del camarada Lenin. No hay nada más alto que el honor de pertenecer a este ejército. No hay nada superior al título de miembro del Partido cuyo fundador y jefe es el camarada Lenin... Al dejarnos, el camarada Lenin nos legó el deber de mantener en alto y conservar en toda su pureza el gran título de miembro del Partido. ¡Te juramos, camarada Lenin, que ejecutaremos con honor este mandato!... Al dejarnos, el camarada Lenin nos legó el deber de velar por la unidad de nuestro Partido como por las niñas de nuestros ojos. ¡Te juramos, camarada Lenin, que ejecutaremos con honor también este mandato!... Al dejarnos, el camarada Lenin nos legó el deber de conservar y fortalecer la dictadura del proletariado. ¡Te juramos, camarada Lenin, que no escatimaremos esfuerzo para ejecutar con honor también este mandato!... Al dejarnos, el camarada Lenin nos legó el deber de afianzar, con todas nuestras fuerzas, la alianza de los obreros y campesinos. ¡Te juramos, camarada Lenin, que ejecutaremos con honor igualmente este mandato!... El camarada Lenin nos hablaba insistentemente de la necesidad de una alianza voluntaria y libre entre los pueblos de nuestro país, de la necesidad de su colaboración fraternal dentro del marco de la Unión Soviética. Al dejarnos, el camarada Lenin nos legó el deber de reforzar y extender la Unión de las Repúblicas. ¡Te juramos, camarada Lenin, que ejecutaremos con honor también este mandato!... Lenin nos indicó repetidas veces que el fortalecimiento del Ejército Rojo y su perfeccionamiento constituye una de las más importantes tareas de nuestro Partido. ¡Juremos, pues, camaradas, que no escatimaremos esfuerzo para fortalecer nuestro Ejército Rojo y nuestra Flota Roja!... Al dejarnos, el camarada Lenin nos legó el deber de permanecer fieles a los principios de la Internacional Comunista. ¡Te juramos, camarada Lenin, que no regatearemos nuestra vida para fortalecer y extender la unión de los trabajadores del mundo entero, la Internacional Comunista!". Tal fue el juramento del Partido bolshevique a su jefe, a Lenin, cuya obra perdurará a través de los siglos. En mayo de 1924, se celebró el XIII Congreso del Partido. Asistieron a él 748 delegados con voz y voto, representando a 735.881 afiliados. El enorme aumento de la cifra de afiliados al Partido, en comparación con la del Congreso anterior, tiene su explicación en las 250.000 altas, aproximadamente, de la promoción leninista. Los delegados con voz, pero sin voto, eran 416. El Congreso condenó unánimemente la plataforma de la oposición trotskista, definiéndola como una desviación pequeñoburguesa del marxismo, como una revisión del leninismo, y ratificó las resoluciones votadas por la XIII Conferencia del Partido "Sobre la obra del desarrollo del Partido" y "Sobre los resultados de la discusión". Partiendo de la tarea de reforzar la cohesión entre la ciudad y el campo, el Congreso indicó la necesidad de seguir desarrollando la industria, y en primer término, la industria ligera, subrayando, al mismo tiempo, la necesidad de imprimir un rápido desarrollo a la industria metalúrgica. El Congreso ratificó la creación del Comisariado del Pueblo de Comercio Interior y planteó a todos los organismos comerciales la tarea de dominar el mercado y desalojar de la órbita comercial al capital privado. El Congreso planteó la tarea de desarrollar el crédito del Estado a favor de los campesinos a bajo tipo de interés, desalojando de la aldea al usurero. Como tarea fundamental para la actuación en el campo, el Congreso destacó la consigna de desarrollar por todos los medios la cooperación entre las masas campesinas. Finalmente, el Congreso señaló la enorme importancia de la promoción leninista y llamó la atención del Partido hacia la necesidad de reforzar la labor de educación de los nuevos afiliados al Partido, y sobre todo de la promoción leninista, instruyéndolos en los fundamentos del leninismo. 5. La Unión Soviética hacia el final del periodo de restauración de la economía nacional. - El problema de la edificación socialista y del triunfo del socialismo en el País Soviético. - La "nueva oposición" de Zinoviev-Kamenev. - El XIV Congreso del Partido. - Hacia la industrialización socialista del país. El Partido bolshevique y la clase obrera llevaban ya más de cuatro años de lucha tenaz por la senda de la nueva política económica. La heroica labor de restauración de la Economía nacional tocaba a su fin. La potencia económica y política de la Unión Soviética crecía sin cesar. La situación internacional, por aquel tiempo, había cambiado. El capitalismo había hecho frente al primer asalto revolucionario de las masas después de la guerra imperialista. Había sido sofocado el movimiento revolucionario en Alemania, Italia, Bulgaria, Polonia y en otra serie de países. Los jefes de los partidos socialdemócratas oportunistas ayudaron a la burguesía a lograr esto. Se había iniciado un reflujo pasajero de la revolución. Se había iniciado una estabilización parcial y pasajera del capitalismo en el Europa occidental, un fortalecimiento temporal de sus posiciones. Pero la estabilización del capitalismo no había suprimido las contradicciones fundamentales que desgarran la sociedad capitalista. Por el contrario: la estabilización parcial del capitalismo venía a agudizar las contradicciones entre los obreros y los capitalistas, entre el imperialismo y los países coloniales, entre los grupos imperialistas de los diversos países. La estabilización del capitalismo preparaba una nueva explosión de estas contradicciones, gestaba nuevas crisis en los países capitalistas. A la par de la estabilización del capitalismo, se desarrollaba la estabilización de la Unión Soviética. Sin embargo, entre estos dos procesos de estabilización mediaba una diferencia radical. La estabilización capitalista presagiaba una nueva crisis del capitalismo. La estabilización de la Unión Soviética representaba un nuevo desarrollo de la potencia económica y política del país del socialismo. A pesar de la derrota sufrida por la revolución en los países occidentales, la situación internacional de la Unión Soviética seguía fortaleciéndose, aunque con ritmo más lento, ciertamente. En 1922, la Unión Soviética fue invitada a la Conferencia económica internacional que se celebró en la ciudad italiana de Génova. En la Conferencia de Génova, los gobiernos imperialistas, alentados por la derrota de la revolución en los países del capitalismo, intentaron hacer una nueva presión sobre la República de los Soviets, ahora bajo una forma diplomática. Los imperialistas formularon al país de los Soviets reivindicaciones insolentes. Exigían que fuesen devueltas a los capitalistas extranjeros las fábricas y empresas industriales nacionalizadas por la Revolución de Octubre y que se pagasen todas las deudas contraídas por el gobierno zarista. A cambio de esto, los Estados imperialistas prometían hacer al Estado Soviético algunos empréstitos. La Unión Soviética rechazó estas exigencias. La Conferencia de Génova fue infructuosa. También obtuvo la réplica adecuada la amenaza de una nueva intervención que representaba el ultimátum formulado por el ministro de Relaciones Exteriores de Inglaterra, Curzon, en 1923. Habiendo sondeado bien la firmeza del Poder Soviético y convencidos de su estabilidad, los Estados capitalistas fueron reanudando, uno tras otro, las relaciones diplomáticas con el país de los Soviets. En el transcurso del año 1924 se reanudaron las relaciones diplomáticas con Inglaterra, Francia, el Japón e Italia. Era evidente que el Poder Soviético había sabido conquistarse todo un periodo de tregua pacífica. Había cambiado también la situación dentro del país. El trabajo abnegado de los obreros y los campesinos, dirigidos por el Partido bolshevique, daba sus frutos. La Economía nacional se desarrollaba rápidamente. En el año económico de 1924-1925, la producción agrícola se acercaba ya al nivel de antes de la guerra, pues había alcanzado el 87 por ciento de este nivel. La gran industria de la U.R.S.S. arrojaba ya, en 1925, una producción de cerca de las tras cuartas partes de la producción industrial de antes de la guerra. En 1924-1925, el País Soviético pudo invertir ya en obras básicas 385 millones de rublos. El plan de electrificación del país se realizaba con éxito. Las posiciones de mando del socialismo en la Economía nacional se afianzaban. Se habían logrado éxitos importantes en la lucha contra el capital privado en la industria y en el comercio. El auge económico se traducía en un nuevo mejoramiento de la situación de los obreros y campesinos. La clase obrera crecía con ritmo acelerado. Los salarios aumentaban. Aumentaba también la productividad del trabajo. La situación material de los campesinos mejoraba considerablemente. En 1924-1925, el Estado obrero y campesino pudo consignar ya 290 millones de rublos para ayudar a los campesinos poco pudientes. El mejoramiento de la situación de los obreros y campesinos contribuyó a incrementar en fuertes proporciones la actividad política de las masas. La dictadura del proletariado se fortalecía. La autoridad y la influencia del Partido bolshevique iban en aumento. La restauración de la Economía nacional tocaba a su fin. Pero el país de los Soviets, el país en que se construía el socialismo, no podía darse por satisfecho con la restauración simple y pura de la Economía, con alcanzar simplemente el nivel de antes de la guerra. Este nivel era el de un país atrasado. Había que seguir avanzando. La larga tregua conquistada por el Estado Soviético garantizaba la posibilidad de proseguir la obra de edificación. Pero al llegar aquí, surgía con toda su envergadura el problema de las perspectivas, del carácter de nuestro desarrollo y de nuestra edificación, el problema de la suerte del socialismo en la Unión Soviética. ¿En qué dirección debía orientarse la edificación económica de la Unión Soviética, en la dirección del socialismo o en alguna otra dirección? ¿Debía y podía el País Soviético construir una Economía socialista, o estaba condenado a abonar el terreno para otra clase de Economía, para una Economía capitalista? ¿Era posible, en términos generales, construir una Economía socialista en la U.R.S.S., y en caso de que así fuese, era posible construirla ante la demora de la revolución en los países capitalistas y la estabilización del capitalismo? ¿Era posible construir una Economía socialista por la senda de la nueva política económica, que, al mismo tiempo que fortalecía y desarrollaba por todos los medios las fuerzas del socialismo dentro del país, daba también, por el momento, un cierto incremento al capitalismo? ¿Cómo había que construir una Economía nacional de tipo socialista? ¿Por dónde había que empezar esta obra de edificación? Todas estas preguntas se alzaban ante el Partido al terminar el periodo de restauración de la Economía nacional, y no como problemas teóricos ya, sino como problemas prácticos, como problemas que afectaban a la labor cotidiana de la edificación económica. Eran todas estas preguntas a las que había que dar respuestas claras y sencillas, para que los militantes del Partido y los dirigentes de las organizaciones económicas, los que construían la industria y la agricultura, y el pueblo todo, supiesen hacia dónde debían orientarse, si hacia el socialismo o hacia el capitalismo. Sin dar un respuesta clara a estas preguntas, toda la actuación práctica del Partido en el terreno constructivo sería una labor carente de perspectivas, una labor a ciegas, estéril. Y, en efecto, el Partido dio a todas estas preguntas una respuesta clara y definida. Sí -contestaba el Partido-, el País Soviético puede y debe edificar una Economía socialista, pues se dan en él todos los elementos necesarios para ello, para construir una economía socialista y para edificar una sociedad socialista completa. En Octubre de 1917, la clase obrera venció al capitalismo en el terreno político, instaurando su dictadura política. De entonces acá, el Poder Soviético ha tomado todas las medidas necesarias para destruir la potencia económica del capitalismo y crear las condiciones indispensables para edificar una Economía nacional de tipo socialista. La expropiación de los capitalistas y terratenientes; la conversión de las tierras, fábricas y empresas industriales, bancos y vías de comunicación, en propiedad de todo el pueblo; la implantación de la nueva política económica; la organización de una industria socialista de Estado; la aplicación del plan cooperativo de Lenin: he ahí las medidas adoptadas por el Poder Soviético. Ahora, la tarea fundamental consiste en desplegar por todo el país la obra de edificación de una nueva Economía, de la Economía socialista, dando el golpe de gracia con ello al capitalismo también en el terreno económico. Toda la labor práctica, toda la actuación del Partido bolshevique deben supeditarse al cumplimiento de esta tarea fundamental. La clase obrera puede hacer esto, y lo hará. Y la ejecución de esta tarea grandiosa debe comenzar por la industrialización del país. La industrialización socialista del país es el eslabón fundamental por el que hay que comenzar la magna obra de la edificación de una Economía nacional de tipo socialista. Ni la demora de la revolución en la Europa occidental ni la estabilización parcial del capitalismo en los países no soviéticos, podrán contener la marcha victoriosa de la U.R.S.S. hacia el socialismo. Y la nueva política económica sólo puede facilitar esta obra, pues ha sido implantada por el Partido precisamente para eso, para facilitar la edificación de los cimientos socialistas de la Economía nacional del País Soviético. Tal era la respuesta que daba el Partido a la pregunta acerca del triunfo de la edificación socialista en la Unión Soviética. Pero el Partido sabía que el problema del triunfo del socialismo en un solo país no se reducía a esto. La construcción del socialismo en la U.R.S.S. representa un grandioso viraje en la historia de la Humanidad y un triunfo de alcance histórico universal para la clase obrera y los campesinos de la U.R.S.S. Pero es, a pesar de todo, una incumbencia interior de la U.R.S.S. y representa solamente una parte del problema del triunfo del socialismo. La otra parte del problema la constituye su aspecto internacional. Fundamentando la tesis del triunfo del socialismo en un solo país, el camarada Stalin ha señalado más de una vez que es necesario distinguir entre los dos aspectos de este problema: el aspecto interior y el aspecto internacional. Por lo que se refiere al aspecto interior del problema, o sea a la correlación de clases dentro del país, la clase obrera y los campesinos de la U.R.S.S. podrán vencer plenamente en el terreno económico a su propia burguesía y construir una sociedad socialista completa. Pero queda el aspecto internacional de asunto, es decir, la órbita de las relaciones exteriores, la órbita de las relaciones entre el País Soviético y los países capitalistas, entre el Pueblo Soviético y la burguesía internacional, que odia al régimen soviético y buscará ocasión para desencadenar una nueva intervención armada contra el país de los Soviets, haciendo nuevas tentativas encaminadas a restaurar el capitalismo en la U.R.S.S. Y como éste es, por ahora, el único país del socialismo y los demás países continúan siendo capitalistas, seguirá existiendo en torno a la U.R.S.S. un cerco capitalistas, fuente del peligro de una nueva intervención armada del capitalismo. Claro está que, mientras existe el cerco capitalistas, seguirá también existiendo el peligro de una intervención capitalista. ¿Puede el pueblo soviético, con sus solas fuerzas, destruir este peligro exterior, el peligro de una intervención armada del capitalismo contra la U.R.S.S.? No, no puede. Y no puede, porque para acabar con el peligro de una intervención del capitalismo es necesario acabar con el cerco capitalista, y esto sólo es posible conseguirlos como resultado de una revolución proletaria victoriosa, por lo menos, en algunos países. De donde se deduce que el triunfo del socialismo en la U.R.S.S., triunfo que se acusa en la liquidación del sistema de la Economía capitalista y en la construcción del sistema de la Economía socialista, no puede, a pesar de todo, considerarse como un triunfo definitivo, mientras no desaparezca el peligro de una intervención armada extranjera y de los intentos de restauración del capitalismo, mientras el país del socialismo no esté garantizado contra este peligro. Y para acabar con el peligro de una intervención del capitalismo extranjero, es necesario acabar con el cerco capitalista. Es cierto que el pueblo soviético y su Ejército Rojo, mediante la política acertada del Poder Soviético, sabrán dar la contestación más adecuada a una nueva intervención capitalista extranjera, ni más ni menos que se la dieron a la primera intervención capitalista de los años 1918 a 1920. Pero esto, por sí solo, no quiere decir que con ello vaya a desaparecer el peligro de nuevas intervenciones capitalistas. La derrota sufrida por la primera intervención no acabó con el peligro de otra nueva, como lo demuestra el hecho de que la fuente de la que emana el peligro de nuevas intervenciones -el cerco capitalista- sigue existiendo. Tampoco el fracaso de una nueva intervención hará desaparecer el peligro de que se produzcan otras, mientras siga en pie el cerco capitalista. De aquí se desprende que el triunfo de la revolución proletaria en los países capitalistas es interés vital de los trabajadores de la U.R.S.S. Tal era la posición del Partido ante el problema del triunfo del socialismo en el País Soviético. El Comité Central exigió que esta posición se sometiese a la consideración de la XIV Conferencia del Partido, próxima a celebrarse, para que fuese aprobada y sancionada como posición del Partido, como ley del Partido, obligatoria para todos sus miembros. Esta posición del Partido produjo un efecto desconcertante en los elementos de la oposición. Los desconcertó, sobre todo, el hecho de que el Partido diese a esta posición un carácter práctico, concreto; la enlazase al plan práctico de la industrialización socialista del país y exigiese que se le diera forma de una ley del Partido, la forma de una resolución de la XIV Conferencia del Partido, obligatoria para todos los afiliados a éste. Los trotskistas se levantaron en contra de esta posición del Partido, oponiéndole la "teoría de la revolución permanente", teoría menshevique, que sólo queriendo escarnecer al marxismo se podía presentar como una teoría marxista y que negaba la posibilidad del triunfo del socialismo en la U.R.S.S. Los bujarinistas no se decidieron a enfrentarse abiertamente con la posición del Partido. Pero, por debajo de cuerda, empezaron a oponerle su propia "teoría" de la evolución pacífica de la burguesía hacia el socialismo, completándola con la "nueva" consigna de "¡Enriqueceos!". Es decir que, según los bujarinistas, el triunfo del socialismo no representaba la liquidación de la burguesía, sino que, por el contrario, venía a fomentarla y enriquecerla. Zinoviev y Kamenev se decidieron por mantener, durante algún tiempo, al afirmación de que en la U.R.S.S. era imposible que triunfase el socialismo, por el atraso técnico-económico de este país; pero luego viéronse obligados a agazaparse. La XIV Conferencia del Partido (celebrada en abril de 1925) condenó todas estas "teorías" capituladoras de los secuaces descarados y encubiertos de la oposición y afirmó la posición del Partido sobre el triunfo del socialismo en la U.R.S.S., votando una resolución congruente con esto. Zinoviev y Kamenev, viéndose acosados, optaron por votar a favor de este resolución. Pero al Partido no se le ocultaba que esto no era más que un ardid para demorar su lucha contra él y para "dar la batalla al Partido" en si XIV Congreso. Entretanto, reunieron a los adeptos con que contaban en Leningrado y formaron la llamada "nueva oposición". En diciembre de 1925 se celebró el XIV Congreso del Partido. Este Congreso discurrió en una atmósfera de gran tensión dentro del Partido. En todo el tiempo que éste llevaba de existencia no se había dado todavía el caso de que la delegación de un centro importantísimo del Partido como Leningrado se confabulase para actuar toda ella en contra de su Comité Central. Tomaron parte en el Congreso 665 delegados con voz y voto y 641 sin derecho a voto, representando a 643.000 afiliados y 445.000 aspirantes, es decir, a una cifra algo menor que en el anterior Congreso. Este descenso era el resultado de la depuración parcial llevada a efecto en las células de las Escuelas superiores y de los organismos administrativos que se había revelado como infestados por elementos enemigos del Partido. El informe político del Comité Central corrió a cargo del camarada Stalin. Esta trazó un cuadro nítido del desarrollo de la potencia política y económica de la Unión Soviética. Gracias a la superioridad del sistema de la Economía soviética, tanto la industria como la agricultura había sido restauradas en un plazo relativamente breve y se acercaban de nuevo al nivel de antes de la guerra. Pero, a pesar de esto éxitos, el camarada Stalin preconizaba la necesidad de no contentarse con lo conseguido, y que los éxitos alcanzados no podían destruir el hecho de que el País Soviético seguía siendo un país atrasado, un país agrario. Las dos terceras partes de la producción eran agrícolas y sólo una tercera parte procedía de la industria. Ante el Partido se planteaba en toda su envergadura -decía el camarada Stalin- el problema de transformar el País Soviético en un país industrial, económicamente independiente de los países capitalistas. Y esto podía y debía hacerse. La tarea central del Partido era luchar por la industrialización socialistas del país, luchar por el triunfo del socialismo. "Transformar nuestro país de un país agrario en un país industrial, capaz de producir con sus propios medios las máquinas y herramienta necesarias: en esto consiste la esencia, el fundamento de nuestra línea general" -indicaba el camarada Stalin. La industrialización del país garantizaría su independencia económica, reforzaría su capacidad defensiva y crearía las condiciones necesarias para el triunfo del socialismo en la U.R.S.S. Contra la línea general del Partido se levantaron los zinovievistas. El zonovievista Sokolnikov opuso al plan de industrialización socialista de Stalin, el plan burgués que se cotizaba entre los tiburones del capitalismo. Este plan consistía en que la U.R.S.S. siguiese siendo un país agrario que produjese, fundamentalmente, materias primas y artículos alimenticios, exportando estos artículos e importando la maquinaria que no producía ni debía, según ellos, producir. Dentro de las condiciones existentes en 1925, este plan tenía todo el carácter de un plan de esclavización económica de la U.R.S.S. por los países extranjeros industrialmente desarrollados, de un plan destinado a afianzar el atraso industrial de la U.R.S.S. en provecho de los tiburones imperialistas de los países del capitalismo. Aceptar este plan habría significado convertir el País Soviético en un país agrario impotente, en un apéndice agrícola del mundo capitalista, entregarlo como un país débil e inerme a merced del cerco capitalista y, en última instancia, sepultar la causa del socialismo en la U.R.S.S. El Congreso estigmatizó el "plan" económico de los zinovievistas, como un plan de esclavización de la U.R.S.S. De nada le sirvieron a la "nueva oposición" salidas como la de afirmar (falseando a Lenin) que la industria del Estado Soviético no era, según ella, una industria socialista, ni el declarar (falseando también a Lenin) que el campesino medio no podía, según ella, ser aliado de la clase obrera en la edificación del socialismo. El Congreso estigmatizó como antileninistas, estas salidas de la "nueva oposición". El camarada Stalin desenmascaró el fondo trotskista-menshevique de la "nueva oposición". Puso de manifiesto que Zinoviev y Kamenev no hacían más que repetir las cantilenas de los enemigos del Partido, contra los que en su tiempo habían luchado incansablemente Lenin. No cabía duda que los zinovievistas no eran más que trotskistas mal disfrazados. El camarada Stalin subrayó que la tarea más importante del Partido consistía en lograr una alianza sólida entre la clase obrera y los campesinos medios para la obra de la edificación del socialismo. Y señaló dos desviaciones que existían, por aquel entonces, en el Partido, respecto al problema campesino y que representaban un peligro para esta alianza. La primera desviación consistía en menospreciar y rebajar la importancia del peligro de los kulaks; la segunda era el pánico, el terror a los kulaks y el menosprecio de la importancia de los campesinos medios. Contestando a la pregunta de cuál de las dos desviaciones era la peor, el camarada Stalin decía: "Ambas, la primera y la segunda desviación son peores. Y si estas desviaciones ganasen terreno, serían capaces de descomponer y dar al traste con nuestro Partido. Dentro de nuestro Partido hay, por fortuna, fuerzas suficientes para cortar de cuajo la primera y la segunda desviación". Y, en efecto, al Partido aplastó y cortó de cuajo la desviación de "izquierda" y la de derecha. Haciendo el balance de los debates mantenidos en torno a la edificación económica, el XIV Congreso del Partido rechazó unánimemente los planes capituladores de los elementos de la oposición y estampó en su memorable acuerdo estas palabras: "En el terreno de la edificación económica, el Congreso parte del criterio de que nuestro país, el país de la dictadura del proletariado, cuenta "con todos los elementos necesarios para construir una sociedad socialista completa" (Lenin). El Congreso entiende que la lucha por el triunfo de la edificación del socialismo en la U.R.S.S. es la misión fundamental de nuestro Partido". El XIV Congreso aprobó los nuevos estatutos del Partido. A partir del XIV Congreso, el Partido bolshevique comenzó a llamarse Partido Comunista (bolshevique) de la U.R.S.S. P.C. (b) de la U.R.S.S. Los zinivievistas derrotados en el Congreso, no se sometieron a la disciplina del Partido. Comenzaron a luchar contra los acuerdos del XIV Congreso. Inmediatamente después de celebrarse éste, Zinoviev organizó una asamblea del Comité provincial de las Juventudes Comunistas de Leningrado, en cuyos dirigentes habían inculcado él, Salutski, Bakaiev, Evdokimov, Kuklin, Safarov y otros falsarios, el odio contra el Comité Central leninista del Partido. En esta asamblea, el Comité provincial de las Juventudes Comunistas de Leningrado tomó el acuerdo, inaudito en la historia de las Juventudes Comunistas Leninistas de la U.R.S.S., de rebelarse contra los acuerdos del XIV Congreso del Partido. Pero los dirigentes zinovievistas de las Juventudes Comunistas de Leningrado no reflejaban, en modo alguno, el estado de espíritu de las masas de jóvenes comunistas de aquella capital. No costó, pues, gran trabajo aplastarlos, y pronto la organización juvenil de Leningrado volvió a ocupar el lugar que le correspondía dentro de las Juventudes Comunistas. Al terminar el XIV Congreso, salió para Leningrado un grupo de delegados compuesto por los camaradas Molotov, Kirov, Voroshilov, Kalinin, Andreev y otros. Era necesario explicar a los miembros de la organización del Partido en aquella capital el carácter criminal, antibolshevique de la posición mantenida en el Congreso por la delegación de Leningrado, que había obtenido sus actas por medio del engaño. Las asambleas en que se dio cuenta del Congreso fueron bastante agitadas. Se convocó con carácter de urgencia una nueva Conferencia de la organización del Partido en Leningrado. La aplastante mayoría de los afiliados al Partido en Leningrado (más de 97 por 100) refrendó plenamente los acuerdos del XIV Congreso del Partido y condenó la "nueva oposición" zinovievista antibolshevique. La "nueva oposición" era ya por entonces un grupo de generales sin ejército. Los bolsheviques de Leningrado siguieron militando en las primeras filas del Partido de Lenin-Stalin. Resumiendo los resultados de la labor del XIV Congreso del Partido, el camarada Stalin escribía: "La significación histórica del XIV Congreso del P.C. (b) de la U.R.S.S. consiste en que ha sabido poner al desnudo hasta en su raíz los errores de la nueva oposición, en que ha dado al traste con su falta de fe y sus lamentaciones, en que ha trazado clara y nítidamente el camino para seguir luchando por el socialismo, ha dado al Partido una perspectiva de triunfo y con ello ha infundido al proletariado la fe inquebrantable en el triunfo de la edificación socialista" (Stalin. "Problemas del leninismo", ed. rusa, pág. 150).

☞RESUMEN

Los años de transición a la labor pacífica de restauración de la Economía nacional son uno de los periodos de mayor responsabilidad en la historia del Partido bolshevique. En una tensa situación, el Partido supo llevar a cabo el difícil viraje de la política del comunismo de guerra a la nueva política económica. El Partido fortaleció la alianza entre los obreros y los campesinos sobre una nueva base económica. Fue fundada la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Por el camino de la nueva política económica, se lograron éxitos decisivos en punto a la restauración de la Economía nacional. El país de los Soviets recorrió con éxito la etapa de restauración en el desarrollo de la Economía nacional y comenzó a pasar a la nueva etapa, a la etapa de la industrialización del país. El paso de la guerra civil a la labor de edificación pacífica del socialismo fue acompañado, principalmente en los primeros tiempos, por grandes dificultades. Los enemigos del bolshevismo, los elementos contrarios al Partido bolshevique emboscados dentro de sus filas, mantuvieron, a lo largo de todo este periodo, una lucha desesperada contra el Partido leninista. A la cabeza de estos elementos contrarios al Partido figuraba Trotski, teniendo como lugarteniente en esta lucha a Kamenev, Zinoviev y Bujarin. Los elementos de la oposición pretendieron desarticular las filas del Partido bolshevique después de la muerte de Lenin, escindir al Partido y contagiarle su falta de fe en el triunfo del socialismo en la U.R.S.S. En el fondo, los trotskistas intentaban crear en la U.R.S.S. una organización política de la nueva burguesía, otro partido, el partido de la restauración capitalista. El Partido apretó sus filas bajo la bandera de Lenin en torno a su Comité Central leninista, en torno al camarada Stalin, e infligió una derrota, tanto a los trotskistas como a sus nuevos amigos de Leningrado, a la nueva oposición de Zinoviev y Kamenev. Después de acumular fuerzas y recursos, el Partido bolshevique condujo al país hacia una nueva etapa histórica, hacia la etapa de la industrialización socialista. ✔[1] Ala izquierda nacional-chovinista de los socialrevolucionarios ucranianos. Hasta el año 1918 publicaba su órgano central "Borotbá" ("La lucha"). ✔[2] Patrono privado, comerciante, especulador, en el primer periodo de la NEP. 

sábado, 28 de octubre de 2017

'La Tarea'

Ilustración del Camarada J.STALIN ☭

Obra + Detalle 🖌

Arte: #MarceloRubénsBalboa 🖌

'La Tarea '...

"La tarea consiste en crear un bloque revolucionario antiimperialista y en asegurar la hegemonía del proletariado en él."

J.Stalin. ☭

#EntreLápicesYLetrasClarosYOscuros

jueves, 26 de octubre de 2017

🅿️upilas de miel"

Pupilas de miel,
todo un mundo que me observa,
planeta donde no existe la maldad,
galaxia repleta de estrellas que me regalan el mejor de los destellos cuando me miran,amor desde las entrañas mismas del amor.

Pupilas de miel me 
hablan de amor,
sincera alegría,
luz blanca de alas de niño,
lo puro se manifiesta,
lo oscuro cae abatido,
su idioma,único,moviendo 
la cola se expresa.

Ay!  de este amor que quizás,
no merezca,
ay! de ese brillo que me busca
y que me encuentra,
que lo busco,más allá,
y no lo encuentro.

Pupilas de miel,
amigo fiel,
humanidad entre animales...

"humanos" odios,
"humanas" guerras,
"humanas" miserias,
"humanos" poderes,
"humanas" muertes,
"humanas" palabras 
que no dicen nada,
"humanas" respuestas que no responden nada.

Pupilas de miel,
sin odio,
pupilas de miel 
firmando siempre la paz,
pupilas de miel,
sin miseria miserable,
pupilas de miel,
llenas de vida,
pupilas de miel,
sin el poder del más poderoso,
pupilas de miel que hablan 
hasta por los codos,
pupilas de miel,
les hablo,y me responden,
sin preguntarme nada.

(...)

Pupilas de miel...
Ay! de tú mundo...
Ay! de mi mundo.

Ⓜ️arcelo Rubéns Balboa✍ 




Fotos📸: 'Ogun' mi perro. 

Lo adoptamos cuando todavía era un bebé,《según su veterinaria,apenas llegaba a un mes de vida.》
Su historia es muy especial,lo encontramos debajo del cerco que delimita mi casa,siendo tan pequeño resistió a una de las noches más frías que recuerde de septiembre,-de un invierno que se resistía a irse- ; 
de allí su nombre que 
 significa "Guerrero",por lo que luchó por su vida con la ayuda de los médicos. 


Hoy tiene 9 años y desde aquel 13 de septiembre es un integrante más de mi familia. 

sábado, 21 de octubre de 2017

'Ramera'

Una noche más,
como tantas,
sombríos caminos que estremecen
tu andar sin rumbo,
el miedo al costado,
labios pintados,
boca sin voz.

Rosal de placeres,
espinas que laceran tu cuerpo,
rosas marchitas caen sobre tu lecho,
luna sin brillo,
ardes en la hoguera de la hipocresía.

El reloj avanza como tus pasos por las calles envejecidas,
el frío en tus entrañas,
sumergido en el dolor sumiso de tu agonía,
ves morir las horas sobre los cuerpos,
rostros que pasan y no te miran.

Se alejan los dedos que ahora te señalan,
tu dignidad oculta detrás de los cúmulos cuenta el metálico brillo,
llueve la tristeza sobre tu cuerpo
que solo sin alma se queda.

Tu corazón sin latido,
monedas pobres,
la pobreza de besos ajenos,
el pecho oprimido,
las pupilas vacías compraron tus caricias,
la madrugada en harapos se ríe de tu desdicha.

Se alzan esas voces escondidas,
retumban en tus oídos las palabras malditas,
te tildan "señoras" y "señores"
desde su conciencia,
burdel barato,
se duermen entre secretos,
se lavan con "agua bendita".

Burlones deseos
desde su miopía te miran,
ramera,te llaman desde su mundo,donde observas desde esa esquina,
hablan,gritan,sin entender nada,
se acuestan en el cuarto oscuro
junto a la pesadilla cómplice de su amante de turno.

Lágrimas caen sobre aguas pasadas,
muñecas con polvo de una inocencia robada,
los juegos como borrones,pasan,
ilusiones de niña,
alas de aves que se han marchado,
como hoy,
hacia un cielo por los dioses olvidado.

Una noche más,
el mismo amanecer se despierta,
las monedas calmaran el hambre,
un día más,con mucho diablo,
sin nada,ni nadie,
tus manos se bañan,
las uñas arrancan de tu piel la miseria.

Una noche más,
dispuesta a matar sin piedad...

las pocas estrellas que te quedan.

Marcelo Rubéns Balboa✒

✔Discurso del Che en la concentración ante el Palacio Presidencial ✔26 de octubre de 1959☄

viernes, 20 de octubre de 2017

✔VIII EL PARTIDO BOLSHEVIQUE DURANTE EL PERÍODO DE LA INTERVENCIÓN MILITAR EXTRANJERA Y DE LA GUERRA CIVIL (1918-1920)☭

✔VIII EL PARTIDO BOLSHEVIQUE DURANTE EL PERÍODO DE LA INTERVENCIÓN MILITAR EXTRANJERA Y DE LA GUERRA CIVIL (1918-1920)

☞1. Comienza la intervención militar extranjera. - Primer período de la guerra civil. La firma de la paz de Brest-Litovsk y el afianzamiento del Poder Soviético, como resultado de la serie de medidas de tipo económico-revolucionario adoptadas por él,en los momentos en que la guerra seguía en si apogeo en los frentes occidentales, provocaron una alarma muy grande entre los imperialistas de la Europa occidental y, sobre todo, entre los de la Entente. Los imperialistas del campo de la Entente temían que la paz entre Alemania y Rusia aliviase la situación militar de Alemania, empeorando con ello, por lo tanto, la situación de las tropas de la Entente. Temían, además, que la firma de la paz entre Rusia y Alemania acentuase el anhelo de paz en todos los países y en todos los frentes, quebrantando de este modo la causa de la guerra, la causa de los imperialistas. Temían, finalmente, que la existencia del Poder Soviético en un territorio tan enorme como el de Rusia y los éxitos logrados por él dentro del país, después del derrocamiento del Poder de la burguesía, fuesen un ejemplo contagioso para los obreros y soldados de los países occidentales, en los que fermentaba un profundo descontento contra aquella guerra interminable y que -siguiendo el ejemplo de los rusos- podían llegar a volver las bayonetas contra sus amos y opresores. Por todas estas razones, los gobiernos de la Entente decidieron lanzarse a la intervención militar contra Rusia, con el fin de derribar el Poder Soviético e instaurar un Poder burgués que restableciese el régimen capitalista dentro del país, anulase el tratado de paz con los alemanes y rehiciese el frente de guerra contra Alemania y Austria. Los imperialistas de la Entente se embarcaron alegremente en esta tenebrosa aventura, convencidos como estaban de la inestabilidad del Poder Soviético y seguros de que, a poco que sus enemigos se esforzasen, su caída sería inevitable y rápida. Mayor era aún la alarma que los éxitos del Poder Soviético y su afianzamiento infundían en las filas de las clases derrocadas -entre los terratenientes y los capitalistas-, en las filas de los partidos derrotados -kadetes, mensheviques, socialrevolucionarios, anarquistas y nacionalistas burgueses de todas las calañas- y en las filas de los generales blancos, de la oficialidad cosaca, etc. Desde los primeros días del triunfo de la Revolución de Octubre, todos estos elementos enemigos gritaban a pleno pulmón que el Poder Soviético no podía echar raíces en Rusia, que estaba condenado a morir, que se hundiría forzosamente al cabo de una, o dos semanas, a la vuelta de un mes, o a lo sumo, de dos o tres meses. Y como el Poder Soviético, a pesar de los exorcismos de sus adversarios, seguía existiendo y afianzándose, los enemigos del Poder Soviético dentro de Rusia viéronse obligados a reconocer que el nuevo Poder era mucho más fuerte de lo que ellos habían pensado y que para derribarlo era necesario desplegar esfuerzos muy serios y desencadenar una rabiosa lucha de todas las fuerzas de la contrarrevolución. En vista de esto, decidieron desarrollar una amplia labor sediciosa y contrarrevolucionaria encaminada a agrupar las fuerzas de la contrarrevolución, a reclutar cuadros militares y a organizar la sublevación, sobre todo, en las regiones de cosacos y de kulaks. Y así, ya en la primera mitad del año 1918, se formaron de un modo definido dos grupos de fuerzas dispuestas a luchar por el derrocamiento del Poder Soviético: en el extranjero, los imperialistas de la Entente, y, dentro de Rusia, la contrarrevolución. Ninguna de estas dos fuerzas contaba con elementos suficientes para lanzarse por sí solas a conseguir el objetivo apetecido. La contrarrevolución interior disponía de algunos cuadros militares, así como también de cierta cantidad de hombres, reclutados principalmente entre los cosacos acomodados y los kulaks, con los que necesitaba contar para desencadenar la insurrección contra el Poder Soviético. Pero carecía de dinero y de armas. En cambio, los imperialistas extranjeros tenían dinero y armas, pero no podían "asignar" a la intervención la cantidad necesaria de tropas, no sólo porque las necesitaban para hacer la guerra contra Alemania y Austria, sino porque, además, estas tropas podían resultar poco seguras para la lucha contra el Poder Soviético. Las condiciones de lucha contra los Soviets imponían la unificación de ambas fuerzas antisoviéticas, las del extranjero y las del interior. Y esta unificación se llevó a cabo, en efecto, en la primera mitad del año 1918. Así fue cómo se forjó la intervención armada extranjera contra el Poder Soviético, apoyada por las sediciones contrarrevolucionarias de los enemigos de los Soviets dentro de Rusia. Con esto, terminaba la tregua y comenzaba la guerra civil en Rusia, la guerra de los obreros y campesinos de los pueblos de Rusia contra los enemigos exteriores e interiores del Poder Soviético. Los imperialistas de Inglaterra, Francia, el Japón y los Estados Unidos comenzaron su intervención militar sin previa declaración de guerra, a pesar de que esta intervención no era sino una guerra desencadenada contra Rusia, y una guerra, además, de la peor especie. Estos bandoleros "civilizados" extendieron su zarpa y desembarcaron sus tropas en el territorio ruso subrepticiamente, como unos rateros. Las tropas anglofrancesas desembarcaron en el Norte de Rusia, ocuparon Arjanguelsk y Murmansk, apoyando a la sublevación de guardias blancos organizada en este región, derribaron el Poder de los Soviets y crearon el llamado "gobierno del Norte de Rusia", gobierno faccioso de guardias blancos. Las tropas japonesas desembarcaron en Vladivostok, se apoderaron de la provincia marítima, disolvieron los Soviets y apoyaron a los guardias blancos facciosos, que después se encargaron de restaurar el régimen burgués. En el Cáucaso del Norte, los generales Kornilov, Alexeiev y Denikin, apoyados por los ingleses y los franceses, organizaron un "ejército voluntario" de guardias blancos, desencadenaron una sublevación de cosacos ricos y abrieron la campaña contra los Soviets. En la región del Don, los generales Krasnov y Mármontov, apoyados secretamente por los imperialistas alemanes (el tratado de paz entre Alemania y Rusia les impedía prestarles un apoyo franco), desencadenaron la sublevación de los cosacos del Don, ocuparon la región bañada por este río y abrieron también la campaña contra los Soviets. En la región central del Volga y en Siberia los anglofranceses intrigaron para organizar la sublevación del cuerpo de ejército checoslovaco. Este cuerpo de ejército, compuesto por prisioneros de guerra, había sido autorizado por el Gobierno Soviético para regresar a su país por Siberia y el Extremo Oriente. Por el camino, los socialrevolucionarios y los ingleses y franceses le indujeron a sublevarse contra el Poder Soviético. La sublevación de este cuerpo de ejército fue la señal para el alzamiento sedicioso de los "kulaks" del Volga y de Siberia y de los obreros de las fábricas de Votkinsk e Izhevsk influenciados por los socialrevolucionarios. En la región del Volga fue instaurado un gobierno de guardias blancos y socialrevolucionarios, con residencia en Samara. En Omsk, se estableció el gobierno de los guardias blancos de Siberia. Alemania no tomó ni podía tomar parte en esta campaña de intervención del bloque anglo-francés-japonés-norteamericano, entre otras cosas, por la sencilla razón de que se hallaba en guerra contra este bloque. Pero, a pesar de esto y de la existencia de un tratado de paz entre Alemania y Rusia, ningún bolshevique abrigaba la menor duda de que el gobierno alemán del káiser era un enemigo tan feroz del País Soviético como los intervencionistas ingleses, franceses, japoneses y norteamericanos. Y, en efecto, los imperialistas alemanes hicieron lo posible y lo imposible por aislar, quebrantar y hundir al País de los Soviets. Separaron a Ucrania de la Rusia Soviética -cierto es que a base de un "tratado" con la Rada ucraniana-, introdujeron sus tropas en Ucrania, a petición de la Rada ucraniana de los guardias blancos, y comenzaron a saquear y oprimir ferozmente al pueblo ucraniano, prohibiéndole mantener el menor el menor contacto con la Rusia Soviética. Separaron de ésta a la Transcaucasia, introdujeron en su territorio, a petición de los nacionalistas georgianos y azerbaidzhanos, tropas alemanas y turcas, empezaron a mandar como amos y señores en Tiflis y en Bakú, y ayudaron por todos los medios, aunque por debajo de cuerda, ciertamente, con armas y provisiones al general Krasnov, sublevado en el Don contra el Poder Soviético. La Rusia Soviética veíase, de este modo, aislada de las regiones que eran sus fuentes básicas de abastecimiento, de materias primas y de combustibles. La vida en la Rusia Soviética, durante este periodo, fue terriblemente dura. Escaseaba el pan. Escaseaba la carne. El hambre atenaceaba a los obreros. Los obreros de Moscú y Petrogrado recibían una ración de un octavo de libra de pan cada dos días. Había días en que no se repartía ni un pedazo de pan. Las fábricas estaban paradas o trabajaban muy poco tiempo, pues no había materias primas ni combustible. Pero la clase obrera no se amilanaba, ni se amilanaba tampoco el Partido bolshevique. Las increíbles dificultades de este periodo y la lucha desesperada contra ellas revelaron cuán inagotables son las energías que atesora la clase obrera y cuán grande e inconmensurable es la fuerza de la autoridad del Partido bolshevique. El Partido proclamó al país un campamento de guerra y reconstruyó su vida económica, política y cultural en consonancia con esto. El Gobierno Soviético declaró que "la patria socialista estaba en peligro" y llamó al pueblo a la defensa revolucionaria. Lenin lanzó la consigna de "¡Todo para el frente!", y cientos de miles de obreros y campesinos se enrolaron como voluntarios en el Ejército Rojo y se fueron al frente. Cerca de la mitad del total de afiliados al Partido y a las Juventudes Comunistas marcharon a ocupar su puesto en los frentes de lucha. El Partido puso al pueblo en pie para la guerra de salvación de la Patria contra la invasión de las tropas de los intervencionistas extranjeros y contra la sublevación de las clases explotadoras derrocadas por la revolución. El Consejo de la Defensa obrera y campesina, organizado por Lenin, dirigía el envío de hombres, víveres, equipos y armas a los frentes. El paso del sistema del voluntariado al servicio militar obligatorio llevó a las filas del Ejército Rojo a centenares de miles de hombres de refuerzo, y en poco tiempo el Ejército Rojo se convirtió en un ejército de un millón de combatientes. A pesar de la durísima situación del país y de la juventud del Ejército Rojo, que no había logrado fortalecerse todavía, las medidas de defensa adoptadas no tardaron en acarrear los primeros éxitos. El general Krasnov fue repelido de Tsaritsin, cuya toma daba por segura, y rechazado más allá del Don. Las andanzas del general Denikin quedaron localizadas dentro de una región reducida del Cáucaso Norte, y el general Kornilov fue muerto en combate contra el Ejército Rijo. Los checoslovacos y las bandas de socialrevolucionarios y guardias blancos fueron desalojados de Kazán, Simbirsk y Samara y arrojados a los Urales. La sublevación del guardia blanco Savinkov en Yaroslavl, organizada por el jefe de la Misión inglesa en Moscú, Lockhart, fue aplastada y Lockhart detenido. Los socialrevolucionarios, que habían asesinado a los camaradas Uritski y Volodarski y perpetrado el atentado criminal contra la vida de Lenin, fueron sometidos al terror rojo en respuesta al terror blanco desencadenado por ellos contra los bolsheviques, siendo aplastados en todos los puntos más a menos importantes de la Rusia central. En estos combates contra los enemigos se templó y se hizo fuerte y vigoroso el joven Ejército Rojo. Los comisarios comunistas que actuaron durante este periodo en el Ejército Rojo desempeñaron un papel decisivo en la obra de fortalecimiento del Ejército, en la obra de su educación política, en la obra de reforzamiento de su capacidad combativa y de su disciplina. Pero el Partido bolshevique comprendía que esto éxitos del Ejército Rojo no resolvían el problema, que no eran más que los éxitos iniciales. Comprendía que le aguardaban nuevos combates, aun más encarnizados, y que el país sólo podría recobrar las regiones perdidas, que eran sus fuentes de abastecimiento de materias primas y de combustible, a fuerza de una larga y dura lucha contra sus enemigos. Por eso, los bolsheviques comenzaron a prepararse intensivamente para una larga guerra y decidieron poner a toda la retaguardia al servicio del frente. El Gobierno Soviético implantó el comunismo de guerra. El Poder de los Soviets puso bajo su control, además de la gran industria, la industria pequeña y mediana, con el fin de acumular los artículos de primera necesidad para abastecer de ellos al ejército y al campo. Implantó el monopolio del comercio del trigo, prohibió el comercio privado de cereales e introdujo el sistema de la contingentación de productos agrícolas, con objeto de movilizar todo el sobrante de los productos recolectados por los campesinos, formar un stock de trigo y abastecer de víveres al Ejército y a los obreros. Finalmente, implantó el trabajo obligatorio, extensivo a todas las clases de la población. Esta incorporación de la burguesía al trabajo físico obligatorio permitía utilizar a los obreros para otros trabajos más importantes con vistas al frente, y con ella el Partido ponía en práctica el principio de "el que no trabaja, no come". Todo este sistema de medidas impuestas por las condiciones extraordinariamente difíciles en que había que organizar la defensa del país, tenía carácter provisional y se englobaba bajo el nombre de comunismo de guerra. El país se preparaba para una larga y dura guerra civil contra los enemigos exteriores e interiores del Poder Soviético. A fines del año 1918, hubo necesidad de triplicar el contingente del ejército. Este ejército exigía que se acumulasen los medios necesarios para abastecerlo. He aquí cómo se expresaba Lenin, por aquellos días: "Hemos decidido tener un ejército de un millón de hombres para la primavera; ahora, necesitamos un ejército de tres millones de hombres. Podemos tener este ejército y lo tendremos". 2. Derrota militar de Alemania. - La revolución alemana. - Fundación de la Tercera Internacional. - El VIII Congreso del Partido. Mientras el País Soviético se preparaba para nuevos combates contra los intervencionistas extranjeros, en el Occidente, en la retaguardia y en los frentes de los países beligerantes, producíanse acontecimiento decisivos. Alemania y Austria iban quedándose exhaustas entre los tormentos de la guerra y de la crisis de subsistencias. Mientras Inglaterra, Francia y los Estados Unidos movilizaban nuevos y nuevas reservas, Alemania y Austria estrujaron las últimas y exiguas reservas de que podían disponer. Tal como estaba la cosa, Alemania y Austria, agotadas hasta más no poder, tenían que ser derrotadas sin tardanza. Entretanto, iba fermentando dentro de estos países la indignación del pueblo contra aquella guerra interminable y aniquiladora y contra los gobiernos imperialistas de estos países que habían llevado al pueblo al agotamiento y al hambre. También aquí se revelaba la formidable influencia revolucionaria de la Revolución de Octubre, de actos de confraternización entre los soldados soviéticos y los soldados austro-alemanes en el frente ya antes de la paz de Brest-Litovsk y, después de ésta, la influencia de la misma cesación de la guerra contra la Rusia Soviética y de la paz concertada con ella. El ejemplo de Rusia, donde el pueblo había logrado poner fin a la guerra mediante el derrocamiento de su gobierno imperialista, no podía menos de servir de enseñanza a los obreros austro-alemanes. Y los soldados alemanes del frente oriental que habían sido desplazados al frente occidental, después de la paz de Brest, tenían forzosamente que contribuir a descomponer el ejército alemán, destacado allí con sus relatos acerca de los actos de confraternización con los soldados soviéticos y acerca del modo cómo éstos habían sabido desembarazarse de la guerra. En cuanto al ejército austriaco, había comenzado a descomponerse ya antes que el alemán, como resultado de las mismas causas. Todas estas circunstancias contribuyeron a acrecentar en las tropas alemanas el anhelo de paz, a hacer que no diesen ya pruebas de la misma combatividad de antes y a que comenzasen a retroceder ante el empuje de las tropas de la Entente; en el interior de Alemania, estalló, en noviembre de 1918, la revolución, derribando al káiser y a su gobierno. Alemania vióse obligada a reconocer su derrota y a pedir la paz a la Entente. De este modo, Alemania, potencia de primer rango, quedaba reducida de pronto a la situación de una potencia de segundo orden. Desde el punto de vista de la situación del Poder Soviético, este hecho ejerció cierta influencia negativa, ya que convertía a los Estados de la Entente, organizadores de la intervención contra el Poder Soviético, en la fuerza dominante de Europa y Asia, dándoles la posibilidad de acentuar la intervención y de organizar el bloqueo del País Soviético, apretando todavía más las mallas en torno al Poder de los Soviets. Y esto fue, en efecto, lo que ocurrió, como veremos adelante. Pero, por otra parte, tenía una importancia positiva aun más considerable, ya que venía a aliviar radicalmente la situación del país de los Soviets. En primer lugar, daba al Poder Soviético la posibilidad de anular el tratado bandidesco de paz de Brest-Litovsk, de poner fin a los pagos que le habían sido impuestos a título de indemnizaciones y de desplegar una lucha abierta, en el terreno militar y político, por liberar a Estonia, a Letonia, a Bielorrusia, Lituania, Ucrania y Transcaucasia del yugo del imperialismo alemán. En segundo lugar -y esto era lo más importante-, la existencia en el centro de Europa, en Alemania, de un régimen republicano y de Soviets de diputados obreros y soldados, tenía necesariamente que repercutir de un modo revolucionario, como en efecto repercutió, en los países de Europa, circunstancia que no podía dejar de fortalecer la situación del Poder Soviético en Rusia. Es cierto que la revolución alemana no era una revolución socialista, sino una revolución burguesa, y que los Soviets en Alemania servían de dócil instrumento al Parlamento de la burguesía, ya que su dirección estaba en manos de los socialdemócratas, que eran oportunistas de la calaña de los mensheviques rusos, circunstancia que explica, especialmente, la debilidad de aquella revolución. Cuán débil era la revolución en Alemania lo demuestra un solo hecho: el que permitiese que fuesen impunemente asesinados por los guardias blancos alemanes unos revolucionarios tan prestigiosos como Rosa Luxemburgo y Carlos Liebknecht. Pero, con todo, era una revolución; el káiser había sido derribado del trono; los obreros rompieron sus cadenas y, aunque no se hubiese conseguido otra cosa, esto tenía necesariamente que fomentar la revolución en el Occidente, no podía dejar de provocar el auge de la revolución en los países europeos. La revolución comenzó a avanzar en Europa. En Austria, venía desarrollándose el movimiento revolucionario. En Hungría, fue proclamada la República de los Soviets. La oleada revolucionaria hizo aparecer a los Partidos Comunistas en Europa. Esto creó una base real para la unificación de los Partidos Comunistas en la Tercera Internacional, en la Internacional Comunista. En marzo de 1919, en Moscú, en el primer Congreso de los Partidos Comunistas de varios países, a iniciativa de Lenin y de los bolsheviques, fue fundada la Internacional Comunista. Y aunque el bloqueo y las persecuciones de los imperialistas impidieron a muchos delegados llegar a Moscú, tomaron parte en este primer Congreso representantes de los más importantes países de Europa y América. El Congreso fue dirigido por Lenin. En su informe sobre la democracia burguesa y la dictadura del proletariado, Lenin puso de manifiesto la significación del Poder Soviético, como la auténtica democracia para los trabajadores. El Congreso aprobó el Manifiesto dirigido al proletariado internacional, en el que se hacía un llamamiento a la lucha resuelta por la dictadura del proletariado y por el triunfo de los Soviets en todos los países. En este Congreso se eligió el Comité Ejecutivo de la Comintern (C.E. de la I.C.), órgano ejecutivo de la Tercera Internacional o Internacional Comunista. Así fue fundada esta organización proletaria revolucionaria internacional de nuevo tipo, la Internacional Comunista, la Internacional marxista-leninista. En una situación formada por circunstancia contradictorias, en la que se reforzaba el bloque reaccionario de Estados de la Entente contra el Poder Soviético, de una parte, y, de otra, se acentuaba el auge revolucionario en Europa, principalmente en los países que habían salido derrotados de la guerra, circunstancia que aliviaba considerablemente la situación del País Soviético, se reunió, en marzo de 1919, el VIII Congreso del Partido bolshevique. En este Congreso tomaron parte 301 delegados con voz y voto, representando a 313.766 afiliados. Había, además, 102 delegados con voz, pero sin derecho a votar. Lenin consagró las primeras palabras de su discurso de apertura a la memoria de I. M. Sverdlov, uno de los mejores organizadores del Partido bolshevique, muerto en vísperas de la apertura del Congreso. En este Congreso fue aprobado el nuevo programa del Partido. En él se define lo que es el capitalismo y su fase culminante, el imperialismo. Se comparan los dos sistemas de Estado: el sistema de la democracia burguesa y el sistema soviético. Se señalan minuciosamente las tareas concretas del Partido en su lucha por el socialismo: llevar hasta el final la expropiación de la burguesía, organizar la Economía del país con arreglo a un plan socialista único, hacer que los sindicatos intervengan en la organización de la Economía nacional, implantar la disciplina socialista del trabajo, utilizar a los técnicos en la Economía Nacional bajo el control de los órganos soviéticos, incorporar gradualmente, y con arreglo a un plan, a los campesinos medios a la labor de la edificación socialista. El VIII Congreso aprobó la propuesta de Lenin de incluir en el programa, a la par que la definición del imperialismo como etapa culminante del capitalismo, la descripción del capitalismo industrial y del régimen de producción simple de mercancías, que figuraba en el viejo programa aprobado ya en el II Congreso del Partido. Lenin consideraba necesario que fuese tenida en cuenta, en el programa, la complejidad de la Economía rusa y se señalase la existencia, en el país, de diversas formaciones económicas, incluyendo entre ellas el régimen de pequeña propiedad de mercancías, cuyo exponente era el campesino medio. Por eso, al discutirse el programa, intervino enérgicamente contra las ideas antibolsheviques de Bujarin, que proponía eliminar de él los puntos en que se hablaba del capitalismo, de la pequeña producción de mercancías y del régimen económico del campesino medio. Las ideas de Bujarin representaban la negación menshevique-trotskista de la importancia del campesino medio para la edificación soviética. Al mismo tiempo, Bujarin esfumaba el hecho de que era el régimen de pequeña producción de mercancías de los campesinos el que engendra y fomenta el desarrollo de los elementos "kulaks". Lenin salió también al paso de las ideas antibolsheviques de Bujarin y Piatakov sobre el problema nacional. Estos manifestáronse en contra de que se incluyese en el programa el punto en que se reconoce el derecho de autodeterminación de las naciones y se pronunciaron contra la igualdad de derechos de los pueblos, bajo el pretexto de que esta consigna estorbaba, según ellos, al triunfo de la revolución proletaria y entorpecía la unificación de los proletarios de diversas nacionalidades. Lenin echó por tierra estas funestísimas concepciones absorbentes y chovinistas de Bujarin y Piatakov. En los trabajos del VIII Congreso del Partido, ocupó un lugar importante el problema de la actitud que debía adoptarse ante los campesinos medios. Como resultado del célebre decreto sobre la tierra, la aldea se convertía cada vez más en aldea de campesinos medios. Ahora, éstos formaban la mayoría dentro de la población campesina. El estado de espíritu y la conducta de los campesinos medios, vacilantes entre la burguesía y el proletariado, tenían una importancia grandísima para la suerte de la guerra civil y de la edificación socialista. El desenlace de la guerra civil dependía, en buena parte, del lado a que se inclinase el campesino medio, de la clase que supiese atraérselo, de que esta clase fuese el proletariado o la burguesía. Si los checoslovacos, los guardias blancos, los kulaks, los socialrevolucionarios y los mensheviques lograron derribar el Poder Soviético en la región del Volga, en el verano de 1918, fue porque contaron con el apoyo de una parte considerable de los campesinos medios. Y lo mismo ocurrió en las sublevaciones organizadas por los kulaks en la Rusia central. Pero, a partir de otoño de 1918, el estado de espíritu de las masas de campesinos medios comenzó a orientarse resueltamente hacia el Poder Soviético. Los campesinos veían que el triunfo de los blancos conducía a la restauración del poder de los terratenientes, con su secuela de despojos de tierras, saqueos, torturas y apaleamientos de campesinos. A este cambio operado en cuanto al modo de pensar de los campesinos contribuyó también la actuación de los Comités de campesinos pobres, que aplastó a los kulaks. En relación con esto, Lenin lanzó, en noviembre de 1918, esta consigna: "Saber llegar a un acuerdo con los campesinos medios, sin cejar ni un minuto en la lucha contra los kulaks y tomando como sólido punto de apoyo solamente a los campesinos pobres" (Lenin, t. XXIII, pág. 294, ed. rusa). Cierto es que las vacilaciones existentes entre los campesinos medios no cesaron totalmente, pero este sector de la población campesina se acercó más al Poder Soviético y comenzó a prestarle un apoyo más firme. A ello contribuyó, en buena parte, la política con respecto al campesino medio trazada en el VIII Congreso del Partido. El VIII Congreso marcó un viraje en la política del Partido con respecto a los campesinos medios. En el informe de Lenin y en los acuerdos del Congreso, se señaló la nueva línea del Partido ante este problema. El Congreso exigió que las organizaciones del Partido y todos los comunistas estableciesen una rigurosa diferencia y separación entre los campesinos medios y los kulaks, tratando de atraer a los primeros al lado de la clase obrera mediante una política de atención solícita a sus necesidades. Había que lucha con el atraso de los campesinos medios por el método de la persuasión, pero en modo alguno con medidas de coacción y de violencia. Por eso, el Congreso trazó la norma de que, al implantar medidas socialistas en el campo (al crear las comunas y los artels agrícolas), no se permitiese la coacción. Siempre que resultasen afectados los intereses vitales de los campesinos medios, era necesario llegar a un acuerdo práctico con ellos y hacerles concesiones en cuanto a la fijación de los métodos de implantación de transformaciones socialistas. El Congreso acordó aplicar una política de una alianza sólida con los campesinos medios, pero manteniendo dentro de ella el papel dirigente del proletariado. La nueva política de relaciones con los campesinos medios, preconizada por Lenin en el VIII Congreso, exigía que el proletariado se apoyase en los campesinos medios, mantuviese una sólida alianza con los campesinos medios y que luchase contra los kulaks. Hasta el VIII Congreso, el Partido había seguido, en general, la política de neutralizar a los campesinos medios. Es decir, que su objetivo era conseguir que el campesino medio no se pusiese del lado del kulak, del lado de la burguesía, en general. Pero ahora, esto ya no bastaba. El VIII Congreso pasó de la política de neutralización del campesino medio a la política de una sólida alianza con él para luchar contra la intervención de los guardias blancos y de las tropas extranjeras, así como para la construcción victoriosa del socialismo. La línea trazada por el VIII Congreso respecto a la actitud que debía seguirse con las grandes masas campesinas, con los campesinos medios, tuvo una importancia decisiva en cuanto al desenlace victorioso de la guerra civil contra la intervención extranjera y los guardias blancos que le servían de auxiliares. En el otoño de 1919, cuando tuvieron que elegir entre el Poder Soviético y Denikin, los campesinos apoyaron a los Soviets, y la dictadura proletaria derrotó a su más peligroso enemigo. En el VIII Congreso se planteó también, con caracteres especiales, el problema de la organización del Ejército Rojo. En este Congreso, se destacó la llamada "oposición militar", en la que aparecían encuadrados no pocos de los antiguos "comunistas de izquierda". Pero justamente con estos representantes del "comunismo de izquierda", ya liquidado, la "oposición militar" englobaba a militantes del Partido que jamás habían formado parte de ninguna oposición, pero que estaban descontentos con la dirección que Trotski daba al ejército. La mayoría de los delegados militares estaban marcadamente en contra de Trotski, en contra de su admiración por los técnicos militares procedentes del viejo ejército zarista, una parte de los cuales traicionó abiertamente al Poder Soviético en la guerra civil, en contra de la actitud arrogante y hostil de Trotski para con los viejos cuadros bolsheviques dentro del ejército. En el Congreso se adujeron ejemplos de la "práctica" con que Trotski había intentado fusilar a toda una serie de comunistas que ocupaban puestos responsables en el frente y que no le agradaban a él, haciendo con ello el juego al enemigo, y en que, sólo gracias a la intervención del Comité Central y a las protestas de los militantes activos del frente, se había conseguido evitar la muerte de estos camaradas. Sin embargo, aunque luchando en contra del falseamiento de la política militar del Partido por Trotski, la "oposición militar" defendía concepciones falsas respecto a una serie de problemas de la organización del Ejército. Lenin y Stalin intervinieron resueltamente en contra de la "oposición militar", que defendía las supervivencias de las guerrillas dentro del Ejército y luchaba contra la creación de un Ejército Rojo regular, contra el empleo de los técnicos militares, contra esa disciplina férrea, sin la cual no puede existir un verdadero ejército. Saliendo al paso de la "oposición militar", el camarada Stalin exigía la creación de un ejército regular, penetrado del espíritu de la más severa disciplina. "O creamos -decía el camarada Stalin- un verdadero ejército obrero-campesino, y predominantemente campesino, un ejército rigurosamente disciplinado y defenderemos la República, o pereceremos". Pero al mismo tiempo que desechaba una serie de propuestas de la "oposición militar", el Congreso asestó un golpe contra Trotski, exigiendo que se mejorase la actuación de los organismos militares centrales y se reforzase el papel de los comunistas dentro del Ejército. Como resultado de la labor de la comisión militar nombrada por el Congreso, se logró que en éste recayese un acuerdo unánime sobre el problema militar. Los acuerdos del VIII Congreso sobre el problema militar sirvieron para fortalecer al Ejército Rojo y estrechar todavía más sus lazos con el Partido. El Congreso examinó, además, el problema de la organización del Partido y de los Soviets, el problema del papel dirigente del Partido en la actuación de los Soviets. En la discusión de este problema, el Congreso hubo de rechazar la posición del grupo oportunista Sapronov-Osinski, que negaba el papel dirigente del Partido en la actuación de los Soviets. Finalmente, en relación con la enorme afluencia de nuevos afiliados, el Congreso acordó mejorar la composición social del Partido y revisar los ingresos. Era el paso hacia la primera depuración de las filas del Partido. 3. Recrudece la intervención. - Bloqueo del País Soviético. - Campaña de Kolchak y su aplastamiento. - Campaña de Denikin y su aplastamiento. - Una tregua de tres meses. - El IX Congreso del Partido. Después de derrotar a Alemania y a Austria, los Estados de la Entente decidieron lanzar grandes efectivos militares contra el País Soviético. Al retirarse las tropas alemanas, después de su derrota, de Ucrania y de Transcaucasia, vinieron a ocupar su puesto los anglofranceses, que enviaron su escuadra al Mar Negro y desembarcaron sus tropas en Odesa y en Transcaucasia. La conducta seguida por los intervencionistas de la Entente, en los territorios ocupados por ellos, era tan bestial, que llegaba a suprimir por las armas a grupos enteros de obreros y campesinos. Después de ocupar el Turquestán, el salvajismo de los invasores les llevó a apresar y conducir al Transcaspio a 26 dirigentes bolsheviques de Bakú, los camaradas Shaumián, Fioletov, Dzhaparidse, Malyguin, Asisbekov, Korganov y otros, asesinándoles bestialmente, con ayuda de los socialrevolucionarios. Algún tiempo después, los intervencionistas declararon el bloqueo de Rusia. Quedaron cortadas todas las comunicaciones marítimas y de otro género con el mundo exterior. Con ello, el País Soviético veíase cercado casi por todas partes. La Entente cifraba sus principales esperanzas, por aquel entonces, en el almirante Kolchak, puesto por ella en Siberia, en Omsk. Kolchak fue proclamado "regente supremo de Rusia". Toda la contrarrevolución rusa se hallaba bajo su mando. El frente oriental pasó a ser, por tanto, el frente principal de la guerra civil. En la primavera de 1919, Kolchak, después de reunir un formidable ejército, se acercó casi hasta el Volga. Fueron lanzadas contra él las mejores fuerzas bolsheviques; los jóvenes comunistas y los obreros fueron movilizados. En abril de 1919, el Ejército Rojo infligió a Kolchak una seria derrota. Las tropas de Kolchak no tardaron en empezar a replegarse en todo el frente. En el momento en que las operaciones ofensivas del Ejército Rojo en el frente oriental estaban en su apogeo, Trotski propuso un plan sospechoso: detenerse delante de los Urales, cesar en la persecución de los kolchakistas y lanzar las tropas desde el frente oriental al frente Sur. El C.C. del Partido, comprendiendo perfectamente bien que no era posible dejar los Urales y Siberia en manos de Kolchak, donde, con ayuda de los japoneses y de los ingleses, podría rehacerse y ponerse de nuevo en pie, rechazó aquel plan y dio instrucciones para proseguir la ofensiva. Trotski, desconforme con estas instrucciones, pidió que se le relevase de su puesto; pero el C.C. se negó a ello, obligándole, al mismo tiempo, a dejar de intervenir en la dirección de las operaciones del frente oriental. La ofensiva del Ejército Rojo contra Kolchak siguió desarrollándose con nuevo brío. El Ejército Rojo infligió a Kolchak una serie de nuevas derrotas y limpió de blancos los Urales y Siberia, donde el Ejército Rojo se hallaba apoyado por un potente movimiento de guerrilleros organizado en la retaguardia de los blancos. En el verano de 1919, los imperialistas asignaron al general Yudenich, que se hallaba a la cabeza de la contrarrevolución en el frente noroeste (en la región del Báltico, cerca de Petrogrado), la misión de distraer al Ejército Rojo del frente oriental por medio de una ataque sobre Petrogrado. La guarnición de dos de los fuertes que defendían esta capital, trabajada por la agitación contrarrevolucionaria de los oficiales blancos, se sublevó contra el Poder Soviético, y en el Estado Mayor del frente fue descubierto un complot contrarrevolucionario. El enemigo amenazaba a Petrogrado. Pero gracias a las medidas tomadas por el Poder Soviético con ayuda de los obreros y de los marinos, los fuertes amotinados fueron limpiados de blancos, las tropas de Yudenich derrotadas y su caudillo, arrojado a Estonia. La derrota de Yudenich cerca de Petrogrado facilitó la lucha contra Kolchak. A fines de 1919, su ejército quedó definitivamente deshecho. Kolchak fue detenido y fusilado en Irkutsk, en ejecución de la sentencia dictada por el Comité Revolucionario. Kolchak había sido, pues, liquidado. En Siberia, corría en boca del pueblo esta copla burlesca sobre Kolchak: "Uniforme inglés, Correaje francés, Tabaco japonés, de Omsk el amo es. El uniforme se ha gastado. El correaje se ha chafado, El tabaco se ha fumado, Y el amo de Omsk se ha acabado". En vista de que Kolchak había defraudado las esperanzas cifradas en él, los intervencionistas cambiaron su plan de agresión contra la República de los Soviets. Las tropas desembarcadas en Odesa debieron volver de nuevo a bordo de sus barcos, pues el contacto con las tropas de la República Soviética les contagiaba el espíritu revolucionario y ya comenzaban a sublevarse contra sus opresores imperialistas. Así, por ejemplo, en Odesa se sublevaron los marinos franceses, bajo la dirección de André Marty. Todo esto contribuyó a que, después de aplastado Kolchak, la Entente concentrase la tención en el general Denikin, compañero de armas de Kornilov y organizador del "ejército voluntario". Denikin operaba contra el Poder Soviético, por aquel entonces, en el sur, en la región de Kubán. La Entente pertrechó a su ejército con una gran cantidad de armas y municiones y lo puso en marcha hacia el Norte contra el Poder de los Soviets. Por tanto, el frente Sur pasaba a ser el frente principal de la guerra civil. Denikin comenzó su gran campaña contra el Poder Soviético en el verano de 1919. Trotski echó por tierra el trabajo realizado en el frente sur, y las tropas soviéticas sufrieron una derrota tras otra. A mediados de octubre, los blancos eran dueños de toda Ucrania, habían tomado Orel y se acercaban a Tula, que era el centro que abastecía al Ejército Rojo de cartuchos, fusiles y ametralladoras. Los blancos se aproximaban a Moscú. La situación de la República de los Soviets era muy apurada. El Partido dio el grito de alarma y llamó al pueblo a al resistencia. Lenin lanzó la consigna de "¡Todos a lucha contra Denikin!". Los obreros y los campesinos, respondiendo a la inspiración de los bolsheviques, pusieron en tensión todas sus fuerzas para aplastar al enemigo. Con objeto de organizar el aplastamiento de Denikin, el Comité Central del Partido envió al frente Sur a los camaradas Stalin, Voroshilov, Ordzhonikidse y Budiony. Trotski fue separado de la dirección de las operaciones del Ejército Rojo en el Sur. Antes de la llegada del camarada Stalin, el mando del frente Sur, de acuerdo con Trotski, había preparado un plan, según el cual el ataque principal contra Denikin se haría desde Tsaritsin sobre Novorosisk, a través de las estepas del Don, donde el Ejército Rojo habría tenido que marchar por un terreno completamente impracticable y atravesar regiones pobladas de cosacos, una parte considerable de los cuales se hallaba, por entonces, bajo la influencia de los guardias blancos. El camarada Stalin sometió este plan a una crítica tajante y propuso al Comité Central otro concebido por él para aplastar a Denikin, en que el ataque principal seguiría la línea Jarkov-Cuenca del Donetz-Rostov. Este plan aseguraba una marcha rápida de las tropas del Ejército Rojo contra Denikin, pues en él se preveía el paso del Ejército Rojo por regiones obreras y campesinas, es decir, por territorios en que la población simpatizaba manifiestamente con las tropas soviéticas. Además, la rica red de ferrocarriles con que contaba esta región permitía abastecer al Ejército Rojo con regularidad de todos los elementos necesarios. Finalmente, este plan ofrecía la posibilidad de liberar la Cuenca del Donetz, asegurando para el país al aprovisionamiento de combustible. El Comité Central aprobó el plan del camarada Stalin. En la segunda quincena de octubre de 1919, después de una encarnizada resistencia, Denikin fue derrotado por el Ejército Rojo en los combates decisivos que se libraron cerca de Orel y de Voronezh. Denikin comenzó a replegarse a toda prisa, y luego se dirigió precipitadamente hacia el Sur, perseguido por las tropas soviéticas. A comienzo de 1920, habían sido rescatados del poder de los blancos toda Ucrania y el Cáucaso Norte. Mientras se libraban aquellos combates decisivos en el frente Sur, los imperialistas volvieron a lanzar el cuerpo de ejército de Yudenich sobre Petrogrado, con el fin de distraer del frente Sur fuerzas del Ejército Rojo y de aliviar la situación de las tropas de Denikin. Los blancos llegaron hasta las mismas puertas de Petrogrado. El heroico proletariado de la capital formó con sus pechos una muralla para defender la primera ciudad de la revolución. Los comunistas lucharon, como siempre, en primera línea. Después de furiosos combates, los blancos fueron derrotados y arrojados de nuevo al otro lado de las fronteras de Rusia, a Estonia. También Denikin fue, pues, liquidado. Después del aplastamiento de Kolchak y Denikin, sobrevino una tregua de corta duración. Cuando los imperialistas vieron que las tropas de los guardias blancos eran destrozadas, que la intervención armada fracasaba, que el Poder Soviético se afianzaba en todo el país y que en la Europa occidental iba en aumento la indignación de los obreros ante la guerra de los intervencionistas contra la República de los Soviets, comenzaron a cambiar de actitud ante el Estado Soviético. En enero de 1920, Inglaterra, Francia e Italia decidieron levantar el bloqueo de la Rusia Soviética. Era ésta una brecha importantísima, que se abría en el muro de la intervención. Esto no quería decir, naturalmente, que el Estado Soviético pudiese dar ya por terminadas la intervención y la guerra civil. Aun había el peligro de que la Polonia imperialista se lanzase a un ataque. Los intervencionistas no habían sido expulsados aún definitivamente del Extremo Oriente, de Transcaucasia ni de Crimea. No obstante, el país de los Soviets obtenía una tregua pasajera, de la que podía aprovecharse para concentrara fuerzas mayores en la obra de la edificación económica. El Partido pudo ocuparse de los problemas relacionados con la Economía nacional. Durante la guerra civil, abandonaron la producción muchos obreros calificados, por la paralización de fábricas y talleres. Ahora, el Partido reintegraba a la producción a estos obreros calificados para que trabajasen en sus especialidades. Fueron movilizados unos cuantos millares de comunistas para la restauración de los transportes, cuya situación era muy difícil. Sin restaurar los transportes, no cabía pensar seriamente en restaurar las ramas fundamentales de la industria. Se reforzó y se mejoró también el abastecimiento. Se comenzó a trazar un plan de electrificación del país. Hallábanse bajo las armas cinco millones de combatientes del Ejército Rojo, que no era posible licenciar, puesto que subsistía el peligro de guerra. Por eso, algunas unidades del Ejército Rojo fueron convertidas en un Ejército de trabajo, utilizándoselas en el terreno de la edificación económica. El Consejo de la Defensa obrera y campesina se transformó en el Consejo del Trabajo y de la defensa (S. T. O.). Para auxiliarle, se creó la Comisión del Plan de Estado (Gosplan). Tal era la situación existente a fines de marzo de 1920, al reunirse el IX Congreso del Partido. Tomaron parte en este Congreso 554 delegados con voz y voto, representando a 611.978 afiliados al Partido. Asistieron a él, además, 162 delegados con voz, pero sin voto. El Congreso determinó las tareas económicas más urgentes del país en materia de transportes y de industria, señalando especialmente la necesidad de que los sindicatos tomasen parte en la edificación económica. Este Congreso consagró una atención especial al problema de la formación de un plan económico de conjunto, encaminado a poner de nuevo en marcha, en primer lugar, el transporte, el combustible y la metalurgia. El eje de este plan era el problema de la electrificación de toda la Economía nacional, que Lenin destacó como "un gran programa para 10 ó 20 años". Sobre estas bases había de trazarse, más tarde, el célebre plan GOELRO (plan de electrificación del país), que hoy se halla ya muy superado. El Congreso salió al paso del grupo del "centralismo democrático", grupo contrario al Partido, que se manifestaba en contra del principio de la dirección y la responsabilidad individuales en las empresas industriales y defendía el sistema de la dirección "colectiva" ilimitada y la irresponsabilidad en la industria. Llevaban la voz cantante de este grupo antibolshevique Sapronov, Osinski y V. Smirnov. En el Congreso les secundaron Rykov y Tomski. 4. Agresión de los "panis" polacos contra el País Soviético. - Salida del general Wrangel. - Fracaso del plan de los polacos. - Aplastamiento de Wrangel. - Fin de la intervención armada A pesar del aplastamiento de Kolchak y Denikin, a pesar de que el País Soviético veía ensancharse cada vez más su territorio, rescatando del poder de los blancos y de los intervencionistas la región Norte, el Turquestán, Siberia, el Don, Ucrania, etc., y a pesar de que la Entente se había visto obligada a levantar el bloqueo de Rusia, los Estados de la Entente no querían resignarse a la idea de que el Poder Soviético fuera inexpugnable y quedase vencedor. Decidieron, por tanto, llevar a cabo un nuevo intento de intervención contra el País Soviético. Esta vez, los intervencionistas movilizaron para la empresa, de una parte, a Pilsudski, nacionalista contrarrevolucionario burgués, que era, de hecho, el jefe del Estado polaco, y de otra parte, al general Wrangel, que había reunido en Crimea los restos del ejército de Denikin, amenazando desde allí la cuenca del Donetz y Ucrania. La Polonia de los "panis" (la nobleza terrateniente polaca) y Wrangel eran, según la expresión de Lenin, los dos brazos del imperialismo internacional que intentaba estrangular al País Soviético. El plan de los polacos era: ocupar la parte de la Ucrania Soviética situada a la derecha del Dnieper, anexionarse al territorio soviético de Bielorrusia, instaurar en estas regiones el Poder de los "panis" polacos, extender las fronteras del Estado polaco "de mar a mar", es decir, de Danzig a Odesa y, en pago de la ayuda que les prestaría Wrangel, ayudar a éste a destruir el Ejército Rojo y a restaurar en la Rusia Soviética el Poder de los terratenientes y capitalistas. Este plan había sido aprobado por los Estados de la Entente. Los intentos del Gobierno Soviético de entrar en negociaciones con Polonia para mantener la paz y atajar la guerra no dieron ningún resultado. Pilsudski no quería hablar de paz. Pilsudski quería la guerra. Especulaba con la idea de que los combatientes del Ejército Rojo, cansados de las campañas de Kolchak y Denikin, serían arrollados por las tropas polacas. La breve tregua tocaba a su fin. En abril de 1920, las tropas polacas irrumpieron por la frontera de la Ucrania Soviética y ocuparon la ciudad de Kiev. Al mismo tiempo, Wrangel pasó a la ofensiva y comenzó a amenazar la cuenca del Donetz. Como réplica al ataque de las tropas polacas, las tropas del Ejército Rojo desplegaron la contraofensiva en todo el frente. Después de rescatar la ciudad de Kiev y de expulsar a los "panis" polacos de Ucrania y de Bielorrusia, los combatientes rojos del frente Sur llegaron, en impetuoso avance, hasta las puertas del Lemberg, en Galitzia, mientras las tropas del frente occidental se acercaban a Varsovia. La derrota total del ejército de los "panis" polacos era inminente. Pero los manejos sospechosos de Trotski y de sus adeptos en el Estado Mayor Central del Ejército Rojo frustraron los éxitos de éste. La ofensiva de las tropas rojas del frente occidental en dirección a Varsovia se desarrolló -por culpa de Trotski y de Tujachevski- sin organización alguna: no se hizo que las tropas fortificasen las posiciones conquistadas; las unidades que marchaban a la cabeza se alejaron demasiado del resto de las fuerzas; las reservas y las municiones quedaron rezagadas en la retaguardia, con lo cual las unidades destacadas en vanguardia veíanse abandonadas, sin municiones y sin reservas; la línea del frente era interminablemente larga, pudiendo, por tanto, romperse el frente con gran facilidad. Así se explica que, cuando un pequeño grupo de tropas polacas rompió el frente occidental del Ejército Rojo por uno de sus puntos, las tropas rojas, habiendo quedado sin municiones, se vieran obligadas a retirarse. En cuanto a las tropas del frente Sur, que se hallaban a las puertas de Lemberg, donde tenían a los polacos en un aprieto, el triste "presidente del Consejo Revolucionario de Guerra", Trotski, les prohibió que tomasen la ciudad y ordenó que el ejército de caballería, es decir, la principal fuerza del frente Sur, se dirigiese a un punto lejano del frente Noreste, pretextando que se trataba de acudir en socorro del frente occidental, aunque no era difícil comprender que la única y la mejor ayuda que podía prestarse a este frente era la toma de la ciudad de Lemberg. En cambio, el retirar del frente Sur el ejército de caballería, alejándolo de Lemberg, equivalía, de hecho, a hacer extensivo al frente meridional el repliegue de las tropas del Ejército Rojo. Así fue como la orden saboteadora de Trotski impuso a las tropas del Ejército Rojo del frente Sur, con alegría de los "panis" polacos, una retirada inconcebible y absolutamente injustificable. Con esta maniobra, se acudía, efectivamente, en socorro, pero no de nuestro frente occidental, sino de los "panis" polacos y de la Entente. Algunos días después, se contuvo la ofensiva de las tropas polacas, y el Ejército Rojo comenzó a prepararse para un nuevo ataque contra los polacos. Pero Polonia, que carecía de fuerzas para proseguir la guerra y que, alarmada, esperaba el contraataque de los rojos, vióse obligada a renunciar a sus ambiciones respecto a la ocupación del territorio ucraniano situado en la orilla derecha del Dnieper y el de Bielorrusia, proponiendo al Gobierno Soviético la paz. El 20 de octubre de 1920, se firmó en Riga el tratado de paz con Polonia, por virtud del cual ésta conservaba el territorio de Galitzia y una parte de Bielorrusia. Después de concertar la paz con Polonia, la República Soviética decidió terminar con Wrangel. Este había recibido de los ingleses y los franceses nuevos envíos de armas modernísimas: carros blindados, tanques, aviones y municiones en abundancia. Disponía de unidades blancas de choque, formadas, principalmente, por oficiales. Pero no logró movilizar un contingente un poco considerable de campesinos y de cosacos en torno a los desembarcos efectuados por él en el Kubán y en el Don. No obstante, se acercó hasta la misma cuenca del Donetz, amenazando los centros carboníferos del país de los Soviets. La situación del Poder Soviético se complicaba, además, por el hecho de que el Ejército Rojo estaba ya, por aquel entonces, bastante cansado. Las tropas rojas veíanse obligadas a avanzar en condiciones extraordinariamente difíciles, atacando a las tropas de Wrangel y peleando, al mismo tiempo, contra las bandas de los anarquistas de Majnó, que ayudaban al general blanco. Pero, a pesar de que Wrangel tenía en su favor la superioridad de la técnica, a pesar de que las tropas soviéticas carecía de tanques, el Ejército Rojo arrojó a Wrangel a la península de Crimea. En noviembre de 1920, las tropas rojas tomaron las posiciones fortificadas de Perekop, irrumpieron en Crimea, aplastaron a las tropas de Wrangel y rescataron esta península de manos de los guardias blancos y de los intervencionistas. La Crimea pasó a formar parte del territorio soviético. Con el fracaso de los planos megalómanos de los polacos y el aplastamiento de Wrangel terminó el periodo de la intervención. A fines de 1920, comenzó a verse libre Transcaucasia del yugo de los nacionalistas burgueses: musavatistas en Azerbaidzhan, nacional-mensheviques en Georgia y dashnakes en Armenia. El Poder Soviético triunfó en Azerbaidzhan, Armenia y Georgia. Pero con esto no había terminado aún completamente la intervención. La intervención armada de los japoneses en el Extremo Oriente siguió hasta 1922. Además, hubo varios intentos nuevos encaminados a organizar otra intervención (tales como los del atamán Semionov y el barón de Ungern, en Oriente, y la intervención blanco-finlandesa en Carelia, en 1921). Pero los principales enemigos del País Soviético, las fuerzas fundamentales de la intervención, quedaron ya destruidas a fines de 1920. La guerra de los intervencionistas extranjeros y de los guardias blancos rusos contra el País Soviético terminó con el triunfo de los Soviets. La República Soviética supo defender su libertad y su independencia como Estado. Así terminaron la intervención armada extranjera y la guerra civil. Fue éste un triunfo histórico del Poder Soviético. 5. Cómo y por qué venció el País Soviético a las fuerzas coaligadas de la intervención anglo-franco-japonesa-polaca y de la contrarrevolución de los burgueses, terratenientes y guardias blancos dentro de Rusia. Si se toma cualquiera de los grandes periódicos europeos o americanos de la época de la intervención, se comprobará fácilmente que ningún escritor militar o civil un poco destacado, ningún conocedor de las cosas de la guerra, creía en el triunfo del Poder Soviético. Por el contrario, todos los escritores de prestigio, todos los conocedores de los asuntos de la guerra, todos los historiadores de las revoluciones de todos los países y pueblos, todos los llamados hombres de ciencia gritaban a coro que los días del Poder Soviético estaban contados, que la derrota del Poder Soviético era inevitable. Les inspiraba esta seguridad en el triunfo de los intervencionistas el hecho de que el País Soviético no contaba aún con un Ejército Rojo organizado, de que tenía que crearlo sobre la marcha, por decirlo así, mientras que los intervencionistas y los guardias blancos disponían de un ejército más o menos preparado. Se la inspiraba, asimismo, el hecho de que el Ejército Rojo no contaba con cuadros militares expertos, ya que la mayoría de los mandos se habían pasado al campo de la contrarrevolución, mientras que los intervencionistas y los guardias blancos poseían buenos cuadros militares. Se la inspiraba, además, el hecho de que el Ejército Rojo disponía de pocas y de malas armas y municiones, a consecuencia del atraso de la industria de guerra de Rusia y de la imposibilidad de recibirlas de otros países, puesto que el bloqueo la tenía acordonada, mientras que el ejército de los intervencionistas y los guardias blancos estaba abundantemente pertrechado y continuaría pertrechándose con armas, municiones y equipos de primera clase. Se la inspiraba, finalmente, el hecho de que el ejército de los intervencionistas y de los guardias blancos ocupaba, por aquel entonces, las regiones más ricas en víveres de Rusia, mientras que el Ejército Rojo carecía de estas bases y se hallaba mal abastecido. Y es cierto que en las unidades del Ejército Rojo se daban todas estas deficiencias y penurias. En este respecto, pero sólo en éste, tenían absoluta razón los señores intervencionistas. ¿Cómo, siendo así, podremos explicarnos que el Ejército Rojo, sobre el que pesaban desventajas tan considerables, derrotara al ejército de los intervencionistas y de los guardias blancos, libre de ellas? 1.- El Ejército Rojo venció, porque la política del Poder Soviético, en nombre de la cual combatía, era una política acertada, la política que correspondía a los intereses del pueblo; porque el pueblo sentía y comprendía esta política como acertada, como su política propia, y la apoyaba hasta el fin. Los bolsheviques sabían que un ejército, que lucha en nombre de una política falsa, de una política que no cuenta con el apoyo del pueblo, no puede vencer. Y eso era lo que ocurría al ejército de los intervencionistas y de los guardias blancos. Este ejército contaba con todo: con mandos antiguos y expertos, con un armamento de primera clase, con municiones, con equipos, con provisiones. Sólo le faltaba una cosa: el apoyo y la simpatía de los pueblos de Rusia, que no querían, ni podían apoyar la política contraria al pueblo de los intervencionistas y de los guardias blancos erigidos en "gobernantes". Por eso, el ejército de los intervencionistas y de los guardias blancos salió derrotado. 2.- El Ejército Rojo venció, porque era un ejército abnegado y fiel sin reservas a su pueblo, por cuya razón éste le quería y le apoyaba, como a un ejército de su propia sangre. El Ejército Rojo es hijo del pueblo, y un ejército como éste, fiel a su pueblo como el hijo fiel lo es a su madre, cuenta siempre con el apoyo del pueblo y tiene necesariamente que vencer. En cambio, el ejército que va en contra del pueblo, forzosamente tiene que salir derrotado. 3.- El Ejército Rojo venció, porque el Poder Soviético supo poner en pie toda la retaguardia, todo el país al servicio de los intereses del frente. Un ejército sin una retaguardia fuerte, que apoye por todos los medios al frente, está condenado a la derrota. Los bolsheviques sabían esto; por eso, convirtieron todo el país en un campamento de guerra, que abastecía al frente de armas, municiones, equipos, provisiones y reservas. 4.- El Ejército Rojo venció: a) porque sus combatientes comprendían los fines y las tareas de la guerra y tenían conciencia de su justeza; b) porque esta conciencia de la justeza de los fines y las tareas de la guerra fortalecían en ellos el espíritu de disciplina y de combatividad; c) porque esto hacía que las masas de combatientes del Ejército Rojo diesen a cada paso, en la lucha contra el enemigo, pruebas de una abnegación maravillosa y de un heroísmo de masas nunca visto. 5.- El Ejército Rojo venció, porque el núcleo dirigente del frente y de la retaguardia del Ejército Rojo era el Partido bolshevique, unido por su cohesión y su disciplina, fuerte por su espíritu revolucionario y por su decisión de afrontar cualquier sacrificio, con tal de que triunfase la causa común, no superado por nadie en cuanto a capacidad para organizar las masas de millones de hombres y dirigirlas certeramente en las situaciones más complicadas. "Gracias a que el Partido -dice Lenin- estaba alerta, gracias a que el Partido tenía una disciplina severísima, y a que la autoridad del Partido servía de nexo de unión entre todos los departamentos y organismos, y las consignas que daba el C.C. eran seguidas como por un solo hombre por decenas, cientos, millares y, en última instancia, por millones; gracias a que se afrontaban los sacrificios más inauditos; sólo gracias a todo esto pudo realizarse el milagro que se realizó. Sólo gracias a esto, a pesar de la doble, de la triple, de la cuádruple campaña de los imperialistas de la Entente y de los imperialistas del mundo entero, pudimos salir vencedores" (Lenin, t. XXV, pág. 96, ed. rusa). 6.- El Ejército Rojo venció: a) porque supo forjar en sus filas a jefes militares de nuevo tipo, como Frunze, Voroshilov, Budiony y otros; b) porque en sus filas luchaban héroes innatos como Kotovski, Chapaiev, Lasó, Shors, Parjomenko y tantos otros; c) porque la educación política del Ejército Rojo corría a cargo de militantes como Lenin, Stalin, Molotov, Kalinin, Sverdlov, Kaganovich, Ordzhonikidse, Kirov, Kuibyshev, Mikoián, Zhdanov, Andreev, Petrovski, Iaroslavski, Ezhov, Dzerzhinski, Schadienko, Mejlis, Jruschev, Shvernik, Shkiriatov y otros; d) porque el Ejército Rojo tenía en su seno a organizadores y agitadores tan destacados como los comisarios de guerra, que con su actuación supieron cimentar las filas de los combatientes rojos, les inculcaron el espíritu de disciplina y de intrepidez guerrera, cortaban enérgicamente -de un modo rápido e implacable- los actos de traición de algunos mandos y, por el contrario, fortalecían audaz y resueltamente la autoridad y el prestigio de aquellos mandos que, perteneciesen o no al Partido, demostraban su lealtad abnegada al Poder Soviético y revelaban su capacidad para dirigir con mano firme las unidades del Ejército Rojo. "Sin los comisarios de guerra, no tendríamos Ejército Rojo", decía Lenin. 7.- El Ejército Rojo venció, porque en la retaguardia de los ejércitos de los guardias blancos, en la retaguardia de Kolchak, Denikin, Krasnov y Wrangel, laboraban en la clandestinidad una serie de excelentes bolsheviques, con y sin carnet, que ponían en pie a los obreros y campesinos y los sublevaban contra los intervencionistas y los guardias blancos, que socavaban la retaguardia de los enemigos del Poder Soviético, facilitando con ello los avances del Ejército Rojo. De todos es sabido cómo los guerrilleros de Ucrania, de Siberia, del Extremo Oriente, del Ural, de Bielorrusia y de la región del Volga minaban la retaguardia de los guardias blancos y los intervencionistas, prestando con ello al Ejército Rojo una ayuda inestimable. 8.- El Ejército Rojo venció, porque el País Soviético no estaba solo en la lucha contra la contrarrevolución de los guardias blancos y la intervención extranjera, porque la lucha del Poder Soviético y sus éxitos despertaron la simpatía y se atrajeron la ayuda de los proletarios del mundo entero. Mientras los imperialistas intentaban estrangular a la República Soviética con la intervención y el bloqueo, los obreros de estos mismos países imperialistas estaban al lado de los Soviets y les ayudaban. Su lucha contra los capitalistas de los países enemigos de la República Soviética contribuyó a que los imperialistas se viesen obligados a desistir de la intervención. Los obreros de Inglaterra, de Francia y de otros países intervencionistas organizaban huelgas, se negaban a cargar armas y municiones para los intervencionistas y los generales blancos y creaban "Comités de acción", bajo la consigna de "¡Fuera las manos de Rusia!". "Tan pronto como la burguesía internacional -decía Lenin- levanta la mano contra nosotros, sus propios obreros le sujetan el brazo" (Obra citada, pág. 405).

✔RESUMEN Los terratenientes y capitalistas, derrotados por la Revolución de Octubre, en unión de los generales blancos se confabularon a expensas de los intereses de su patria, con los gobiernos de los países de la Entente para desencadenar una agresión militar conjunta contra al país de los Soviets y derrocar el Poder Soviético. Sobre estas bases se organizó la intervención armada de la Entente y la sublevación de los guardias blancos en la periferia de Rusia, a consecuencia de las cuales el País Soviético quedó aislado de sus centros de aprovisionamiento y de sus bases de materias primas. La derrota militar de Alemania y la liquidación de la guerra de las dos coaliciones imperialistas de Europa condujeron al fortalecimiento de la Entente y al recrudecimiento de la intervención, creando nuevas dificultades al país de los Soviets. En cambio, la revolución en Alemania y el movimiento revolucionario iniciado en los países de Europa crearon una situación internacional favorable para el Poder Soviético y aliviaron la situación del país de los Soviets. El Partido bolshevique puso en pie a los obreros y a los campesinos para la guerra de salvación de la Patria, contra los anexionistas extranjeros y los guardias blancos burgueses y terratenientes. La República Soviética y su Ejército Rojo fueron aplastando una tras otra a todas las criaturas de la Entente: Kolchak, Yudenich, Denikin, Krasnov y Wrangel, y arrojaron de Ucrania y Bielorrusia a otra más, a Pilsudski, rechazando con ello la intervención armada extranjera y limpiando de tropas intervencionistas todo el territorio soviético. Por tanto, la primera agresión armada del capital internacional contra el país del socialismo terminó con una bancarrota completa de aquel. Los partidos derrotados por la revolución, los socialrevolucionarios, los mensheviques, los anarquistas, los nacionalistas, apoyaron durante el periodo de la intervención armada a los generales blancos y a los intervencionistas, organizaron complots contrarrevolucionarios contra la República de los Soviets y actos de terrorismo contra los militantes soviéticos. Estos partidos, que antes de la Revolución de Octubre habían llegado a tener cierta influencia entre la clase obrera, durante el periodo de la guerra civil quedaron completamente desenmascarados a los ojos de las masas del pueblo como partidos contrarrevolucionarios. El periodo de la guerra civil y de la intervención armada marca el hundimiento político de estos partidos y el triunfo definitivo del Partido Comunista en el País Soviético.  ☭

  ✔Lenin EUGÈNE POTTIER ✔ (En el 25 aniversario de su muerte)  ☭

  ✔Lenin EUGÈNE POTTIER

✔ (En el 25 aniversario de su muerte)  

✔ Escrito: Enero de 1913. Publicado por primera vez: Pravda,núm. 2,3 de enero de 1913. 

En noviembre del año pasado,1912, se cumplió el vigesimoquinto aniversario de la muerte del poeta obrero francés Eugéne Pottier, autor de la célebre canción proletaria La Internacional ("Arriba, los pobres del mundo",etc.). Esta canción ha sido traducida a todos los idiomas de Europa,y no sólo de Europa. Cualquiera sea el país en que se encuentre un obrero con conciencia de clase,cualquiera sea la suerte que el destino le depare, por mucho que pueda sentirse un extraño, sin idioma,sin amigos,lejos de su país natal,puede encontrar camaradas y amigos con el familiar estribillo de La Internacional. Los obreros de todos los países adoptaron la canción del luchador de vanguardia,del poeta proletario,e hicieron de ella la canción mundial del proletariado. Los obreros de todos los países rinden hoy homenaje a Eugéne Pottier,Su esposa y su hija viven todavía,y se encuentran en la miseria, como vivió durante toda su existencia el autor de La Internacional. Nació en París el 4 de octubre de 1816. A los 14 años compuso su primera canción,que fue llamada ¡Viva la libertad! En 1848 fue un combatiente en las barricadas en la gran batalla de los obreros contra la burguesía. Pottier nació en una familia pobre y durante toda su vida siguió siendo pobre,un proletario,que se ganaba el pan como empaquetador,y luego como diseñador de telas. A partir de 1840 respondió a todos los acontecimientos importantes en la vida de Francia,con sus canciones combativas,despertando la conciencia de los rezagados, llamando a los obreros a la unidad, fustigando a la burguesía y a los gobiernos burgueses de Francia. En las jornadas de la Gran Comuna de París (1871),Pottier fue elegido miembro de ella. Obtuvo 3.352 votos de los 3.600 emitidos. Participó en toda la actividad de la Comuna,aquel primer gobierno proletario. La caída de la Comuna obligó a Pottier a huir a Inglaterra,y luego a Norteamérica. Escribió la célebre canción 'La Internacional' en junio de 1871,al día siguiente,puede decirse,de la sangrienta derrota de mayo ... La Comuna fue aplastada..., pero La Internacional de Pottier difundió las ideas de la Comuna por todo el mundo y ahora tiene más vida que nunca. En 1876,en el exilio,Pottier escribió un poema: Los obreros de Norteamérica a los obreros de Francia. Describía en él la vida de los obreros bajo el yugo del capitalismo, su miseria,su trabajo extenuante,su explotación, su firme confianza en la futura victoria de su causa. Sólo nueve años después de la Comuna volvió Pottier a Francia; en seguida adhirió al partido obrero. En 1884 apareció el primer volumen de sus poesías. El segundo,en 1887,con el título de Canciones revolucionarias. Otras canciones del poeta obrero se editaron después de su muerte. El 8 de noviembre de 1887 los obreros de París acompañaron los restos de Pottier al cementerio de Pére Lachaise,donde están enterrados los comuneros fusilados. La policía provocó una sangrienta lucha para arrebatar la bandera roja. Una enorme multitud asistía al funeral cívico. Por todas partes se elevaron gritos de "!Viva Pottier!". Pottier murió en la miseria. Pero deja un monumento más perdurable que el que realiza la mano del hombre. Fue uno de los más grandes propagandistas por medio de la canción. Cuando compuso su primera canción,los obreros socialistas,eran a lo sumo unas decenas. Decenas de millones de proletarios conocen hoy la histórica canción de Eugéne Pottier... 🎼🔴