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martes, 21 de noviembre de 2017

'La Historia me absolverá' (Cuarta parte)

La movilización final de hombres que vinieron a esta provincia desde los más remotos pueblos de toda la Isla, se llevó a cabo con admirable precisión y absoluto secreto. Es cierto igualmente que el ataque se realizó con magnífica coordinación. Comenzó simultáneamente a las 5:15 a.m., tanto en Bayamo como en Santiago de Cuba, y, uno a uno, con exactitud de minutos y segundos prevista de antemano, fueron cayendo los edificios que rodean el campamento. Sin embargo, en aras de la estricta verdad, aun cuando disminuya nuestro mérito, voy a revelar por primera vez también otro hecho que fue fatal: la mitad del grueso de nuestras fuerzas y la mejor armada, por un error lamentable se extravió a la entrada de la ciudad y nos faltó en el momento decisivo. Abel Santamaría, con veintiún hombres, había ocupado el Hospital Civil; iban también con él para atender a los heridos un médico y dos compañeras nuestras. Raúl Castro, con diez hombres, ocupó el Palacio de Justicia; y a mí me correspondió atacar el campamento con el resto, noventa y cinco hombres. Llegué con un primer grupo de cuarenta y cinco, precedido por una vanguardia de ocho que forzó la posta tres. Fue aquí precisamente donde se inició el combate, al encontrarse mi automóvil con una patrulla de recorrido exterior armada de ametralladoras. El grupo de reserva, que tenía casi todas las armas largas, pues las cortas iban a la vanguardia, tomó por una calle equivocada y se desvió por completo dentro de una ciudad que no conocían. Debo aclarar que no albergo la menor duda sobre el valor de esos hombres, que al verse extraviados sufrieron gran angustia y desesperación. Debido al tipo de acción que se estaba desarrollando y al idéntico color de los uniformes en ambas partes combatientes, no era fácil restablecer el contacto. Muchos de ellos, detenidos más tarde, recibieron la muerte con verdadero heroísmo.

Todo el mundo tenía instrucciones muy precisas de ser, ante todo, humanos en la lucha. Nunca un grupo de hombres armados fue más generoso con el adversario. Se hicieron desde los primeros momentos numerosos prisioneros, cerca de veinte en firme; y hubo un instante, al principio, en que tres hombres nuestros, de los que habían tomado la posta: Ramiro Valdés, José Suárez y Jesús Montané, lograron penetrar en una barraca y detuvieron durante un tipo a cerca de cincuenta soldados. Estos prisioneros declararon ante el tribunal, y todos sin excepción han reconocido que se les trató con absoluto respeto, sin tener que sufrir ni siquiera una palabra vejaminosa. Sobre este aspecto sí tengo que agradecerle algo, de corazón, al señor fiscal: que en el juicio donde se juzgó a mis compañeros, al hacer su informe, tuvo la justicia de reconocer como un hecho indudable el altísimo espíritu de caballerosidad que mantuvimos en la lucha.

La disciplina por parte del Ejército fue bastante mala. Vencieron en último término por el número, que les daba una superioridad de quince a uno, y por la protección que les brindaban las defensas de la fortaleza. Nuestros hombres tiraban mucho mejor y ellos mismos lo reconocieron. El valor humano fue igualmente alto de parte y parte.

Considerando las causas del fracaso táctico, aparte del lamentable error mencionado, estimo que fue una falta nuestra dividir la unidad de comandos que habíamos entrenado cuidadosamente. De nuestros mejores hombres y más audaces jefes, había veintisiete en Bayamo, veintiuno en el Hospital Civil y diez en el Palacio de Justicia; de haber hecho otra distribución, el resultado pudo haber sido distinto. El choque con la patrulla (totalmente casual, pues veinte segundos antes o veinte segundos después no habría estado en ese punto) dio tiempo a que se movilizara el campamento, que de otro modo habría caído en nuestras manos sin disparar un tiro, pues ya la posta estaba en nuestro poder. Por otra parte, salvo los fusiles calibre 22 que estaban bien provistos, el parque de nuestro lado era escasísimo. De haber tenido nosotros granadas de mano, no hubieran podido resistir quince minutos.

Cuando me convencí de que todos los esfuerzos eran ya inútiles para tomar la fortaleza, comencé a retirar nuestros hombres en grupos de ocho y de diez. La retirada fue protegida por seis francotiradores que, al mando de Pedro Miret y de Fidel Labrador, le bloquearon heroicamente el paso al Ejército. Nuestras pérdidas en la lucha habían sido insignificantes; el noventa y cinco por ciento de nuestros muertos fueron producto de la crueldad y la inhumanidad cuando aquélla hubo cesado. El grupo del Hospital Civil no tuvo más que una baja; el resto fue copado al situarse las tropas frente a la única salida del edificio, y sólo depusieron las armas cuando no les quedaba una bala. Con ellos estaba Abel Santamaría, el más generoso, querido e intrépido de nuestros jóvenes, cuya gloriosa resistencia lo inmortaliza ante al historia de Cuba. Ya veremos la suerte que corrieron y cómo quiso escarmentar Batista la rebeldía y heroísmo de nuestra juventud.

Nuestros planes eran proseguir la lucha en las montañas caso de fracasar el ataque al regimiento. Pude reunir otra vez, en Siboney, la tercera parte de nuestras fuerzas; pero ya muchos estaban desalentados. Unos veinte decidieron presentarse; ya veremos también lo que ocurrió con ellos. El resto, dieciocho hombres, con las armas y el parque que quedaban, me siguieron a las montañas. El terreno era totalmente desconocido para nosotros. Durante una semana ocupamos la parte alta de la cordillera de la Gran Piedra y el Ejército ocupó la base. Ni nosotros podíamos bajar ni ellos se decidieron a subir. No fueron, pues, las armas; fueron el hambre y la sed quienes vencieron la última resistencia. Tuve que ir disminuyendo los hombres en pequeños grupos; algunos consiguieron filtrarse entre las líneas del Ejército, otros fueron presentados por monseñor Pérez Serantes. Cuando sólo quedaban conmigo dos compañeros: José Suárez y Oscar Alcalde, totalmente extenuados los tres, al amanecer del sábado 1º de agosto, una fuerza del mando del teniente Sarría nos sorprendió durmiendo. Ya la matanza de prisioneros había cesado por la tremenda reacción que provocó en la ciudadanía, y este oficial, hombre de honor, impidió que algunos matones nos asesinasen en el campo con las manos atadas.

No necesito desmentir aquí las estúpidas sandeces que, para mancillar mi nombre, inventaron los Ugalde Carrillo y su comparsa, creyendo encubrir su cobardía, su incapacidad y sus crímenes. Los hechos están sobradamente claros.

Mi propósito no es entretener al tribunal con narraciones épicas. Todo cuanto he dicho es necesario para la comprensión más exacta de lo que diré después.

Quiero hacer constar dos cosas importantes para que se juzgue serenamente nuestra actitud. Primero: pudimos haber facilitado la toma del regimiento deteniendo simplemente a todos los altos oficiales en sus residencias, posibilidad que fue rechazada, por la consideración muy humana de evitar escenas de tragedia y de lucha en las casas de las familias. Segundo: se acordó no tomar ninguna estación de radio hasta tanto no se tuviese asegurado el campamento. Esta actitud nuestra, pocas veces vista por su gallardía y grandeza, le ahorró a la ciudadanía un río de sangre. Yo pude haber ocupado, con sólo diez hombres, una estación de radio y haber lanzado al pueblo a la lucha. De su ánimo no era posible dudar: tenía el último discurso de Eduardo Chibás en la CMQ, grabado con sus propias palabras, poemas patrióticos e himnos de guerra capaces de estremecer al más indiferente, con mayor razón cuando se está escuchando el fragor del combate, y no quise hacer uso de ellos, a pesar de lo desesperado de nuestra situación.

Se ha repetido con mucho énfasis por el gobierno que l pueblo no secundó el movimiento. Nunca había oído una afirmación tan ingenua y, al propio tiempo, tan llena de mala fe. Pretenden evidenciar con ello la sumisión y cobardía del pueblo; poco falta para que digan que respalda a la dictadura, y no saben cuánto ofenden con ello a los bravos orientales. Santiago de Cuba creyó que era una lucha entre soldados, y no tuvo conocimiento de lo que ocurría hasta muchas horas después. ¿Quién duda del valor, el civismo y el coraje sin límites del rebelde y patriótico pueblo de Santiago de Cuba? Si el Moncada hubiera caído en nuestras manos, ¡hasta las mujeres de Santiago de Cuba habrían empuñado las armas! ¡Muchos fusiles se los cargaron a los combatientes las enfermeras del Hospital Civil! Ellas también pelearon. Eso no lo olvidaremos jamás.

No fue nunca nuestra intención luchar con los soldados del regimiento, sino apoderarnos por sorpresa del control y de las armas, llamar al pueblo, reunir después a los militares e invitarlos a abandonar la odiosa bandera de la tiranía y abrazar la de la libertad, defender los grandes intereses de la nación y no los mezquinos intereses de un grupito; virar las armas y disparar contra los enemigos del pueblo, y no contra el pueblo, donde están sus hijos y sus padres; luchar junto a él, como hermanos que son, y no frente a él, como enemigos que quieren que sean; ir unidos en pos del único ideal hermosos y digno de ofrendarle la vida, que es la grandeza y felicidad de la patria. A los que dudan que muchos soldados se hubieran sumado a nosotros, yo les pregunto: ¿Qué cubano no ama la gloria? ¿Qué alma no se enciende en un amanecer de libertad?

El cuerpo de la Marina no combatió contra nosotros, y se hubiera sumado sin duda después. Se sabe que ese sector de las Fuerzas Armadas es el menos adicto a la tiranía y que existe entre sus miembros un índice muy elevado de conciencia cívica. Pero en cuanto al resto del Ejército nacional, ¿hubiera combatido contra el pueblo sublevado? Yo afirmo que no. El soldado es un hombre de carne y hueso, que piensa, que observa y que siente. Es susceptible a la influencia de las opiniones, creencias, simpatías y antipatías del pueblo. Si se le pregunta su opinión dirá que no puede decirla; pero eso no significa que carezca de opinión. Le afectan exactamente los mismos problemas que a los demás ciudadanos conciernen: subsistencia, alquiler, la educación de los hijos, el porvenir de éstos, etcétera. Cada familiar es un punto de contacto inevitable entre él y el pueblo y la situación presente y futura de la sociedad en que vive. Es necio pensar que porque un soldado reciba un sueldo del Estado, bastante módico, haya resuelto las preocupaciones vitales que le imponen sus necesidades, deberes y sentimientos como miembro de una familia y de una colectividad social.

Ha sido necesaria esta breve explicación porque es el fundamento de un hecho en que muy pocos han pensado hasta el presente: el soldado siente un profundo respeto por el sentimiento de la mayoría del pueblo. Durante el régimen de Machado, en la misma medida en que crecía la antipatía popular, decrecía visiblemente la fidelidad del Ejército, a extremos que un grupo de mujeres estuvo a punto de sublevar el campamento de Columbia. Pero más claramente prueba de esto un hecho reciente: mientras el régimen de Grau San Martín mantenía en el pueblo su máxima popularidad, proliferaron en el Ejército, alentadas por ex militares sin escrúpulos y civiles ambiciosos, infinidad de conspiraciones, y ninguna de ellas encontró eco en la masa de los militares.

El 10 de marzo tiene lugar en el momento en que había descendido hasta el mínimo el prestigio del gobierno civil, circunstancia que aprovecharon Batista y su camarilla. ¿Por qué no lo hicieron después del 1º de junio? Sencillamente porque si esperan que la mayoría de la nación expresase sus sentimientos en las urnas, ninguna conspiración hubiera encontrado eco en la tropa.

Puede hacerse, por tanto, una segunda afirmación: el Ejército jamás se ha sublevado contra un régimen de mayoría popular. Estas verdades son históricas, y si Batista se empeña en permanecer a toda costa en el poder contra la voluntad absolutamente mayoritaria de Cuba, su fin será más trágico que el de Gerardo Machado.

Puedo expresar mi concepto en lo que a las Fuerzas Armadas se refiere, porque hablé de ellas y las defendía cuando todos callaban, y no lo hice para conspirar ni por interés de ningún género, porque estábamos en plena normalidad constitucional, sino por meros sentimientos de humanidad y deber cívico. Era en aquel tiempo el periódico Alerta uno de los más leídos por la posición que mantenía entonces en la política nacional, y desde sus páginas realicé una memorable campaña contra el sistema de trabajos forzados a que estaban sometidos los soldados en las fincas privadas de los altos personajes civiles y militares, aportando datos, fotografías, películas y pruebas de todas clases con las que me presenté también ante los tribunales denunciando el hecho el día 3 de marzo de 1952. Muchas veces dije en esos escritos que era de elemental justicia aumentarles el sueldo a los hombres que prestaban sus servicios en las Fuerzas Armadas. Quiero saber de uno más que haya levantado su voz en aquella ocasión para protestar contra tal injusticia. No fue por cierto Batista y compañía, que vivía muy bien protegido en su finca de recreo con toda clase de garantías, mientras yo corría mil riesgos sin guardaespaldas ni armas.

Conforme lo defendí entonces, ahora, cuando todos callan otra vez, le digo que se dejó engañar miserablemente, y a la mancha, el engaño y la vergüenza del 10 de marzo, ha añadido la mancha y la vergüenza, mil veces más grande, de los crímenes espantosos e injustificables de Santiago de Cuba. Desde ese momento el uniforme del Ejército está horriblemente salpicado de sangre, y si en aquella ocasión dije ante el pueblo y denuncié ante los tribunales que había militares trabajando como esclavos en las fincas privadas, hoy amargamente digo que hay militares manchados hasta el pelo con la sangre de muchos jóvenes cubanos torturados y asesinados. Y digo también que si es para servir a la República, defender a la nación, respetar al pueblo y proteger al ciudadano, es justo que un soldado gane por lo menos cien pesos; pesos es para matar y asesinar, para oprimir al pueblo, traicionar la nación y defender los intereses de un grupito, no merece que la República se gaste ni un centavo en ejército, y el campamento de Columbia debe convertirse en una escuela e instalar allí, en vez de soldados, diez mil niños huérfanos.

Como quiero ser justo antes de todo, no puedo considerar a todos los militares solidarios de esos crímenes, esas manchas y esas vergüenzas que son obras de unos cuantos traidores y malvados, pero todo militar de honor y dignidad que ame su carrera y quiera su constitución, está en el deber de exigir y luchar para que esas manchas sean lavadas, esos engaños sean vengados y esas culpas sean castigadas si no quieren que ser militar sea para siempre una infamia en vez de un orgullo.

Claro que el 10 de marzo no tuvo más remedio que sacar a los soldados de las fincas privadas, pero fue para ponerlos a trabajar de reporteros, choferes, criados y guardaespaldas de toda la fauna de politiqueros que integran el partido de la dictadura. Cualquier jerarca de cuarta o quinta categoría se cree con derecho a que un militar le maneje el automóvil y le cuida las espaldas, cual si estuviesen temiendo constantemente un merecido puntapié.

Si existía en realidad un propósito reivindicador, ¿por qué no se les confiscaron todas las fincas y los millones a los que como Genovevo Pérez Dámera hicieron su fortuna esquilmando a los soldados, haciéndolos trabajar como esclavos y desfalcando los fondos de las Fuerzas Armadas? Pero no: Genovevo y los demás tendrán soldados cuidándolos en sus fincas porque en el fondo todos los generales del 10 de marzo están aspirando a hacer lo mismo y no pueden sentar semejante precedente.

(...)

'La Historia me absolverá' (Tercera parte)

Os recuerdo que vuestras leyes de procedimiento establecen que el juicio será "oral y público"; sin embargo, se ha impedido por completo al pueblo la entrada en esta sesión. Sólo han dejado pasar dos letrados y seis periodistas, en cuyos periódicos la censura no permitirá publicar una palabra. Veo que tengo por único público, en la sala y en los pasillos, cerca de cien soldados y oficiales. ¡Gracias por la seria y amable atención que me están prestando! ¡Ojalá tuviera delante de mí todo el Ejército! Yo sé que algún día arderá en deseos de lavar la mancha terrible de vergüenza y de sangre que han lanzado sobre el uniforme militar las ambiciones de un grupito desalmado. Entonces ¡ay de los que cabalgan hoy cómodamente sobre sus nobles guerreras... si es que el pueblo no los ha desmontado mucho antes!

Por último, debo decir que no se dejó pasar a mi celda en la prisión ningún tratado de derecho penal. Sólo puedo disponer de este minúsculo código que me acaba de prestar un letrado, el valiente defensor de mis compañeros: doctor Baudilio Castellanos. De igual modo se prohibió que llegaran a mis manos los libros de Martí; parece que la censura de la prisión los consideró demasiado subversivos. ¿O será porque yo dije que Martí era el autor intelectual del 26 de Julio? Se impidió, además, que trajese a este juicio ninguna obra de consulta sobre cualquier otra materia. ¡No importa en absoluto! Traigo en el corazón las doctrinas del Maestro y en el pensamiento las nobles ideas de todos los hombres que han defendido la libertad de los pueblos.

Sólo una cosa voy a pedirle al tribunal; espero que me la conceda en compensación de tanto exceso y desafuero como ha tenido que sufrir este acusado sin amparo alguno de las leyes: que se respete mi derecho a expresarme con entera libertad. Sin ello no podrán llenarse ni las meras apariencias de justicia y el último eslabón sería, más que ningún otro, de ignominia y cobardía.

Confieso que algo me ha decepcionado. Pensé que el señor fiscal vendría con una acusación terrible, dispuesto a justificar hasta la saciedad la pretensión y los motivos por los cuales en nombre del derecho y de la justicia —y ¿de qué derecho y de qué justicia? —se me debe condenar a veintiséis años de prisión. Pero no. Se ha limitado exclusivamente a leer el artículo 148 del Código de Defensa Social, por el cual, más circunstancias agravantes, solicita para mí la respetable cantidad de veintiséis años de prisión. Dos minutos me parece muy poco tiempo para pedir y justificar que un hombre se pase a la sombra más de un cuarto de siglo. ¿Está por ventura el señor fiscal disgustado con el tribunal? Porque, según observo, su laconismo en este caso se da de narices con aquella solemnidad con que los señores magistrados declararon, un tanto orgullosos, que éste era un proceso de suma importancia, y yo he visto a los señores fiscales hablar diez veces más en un simple caso de drogas heroicas para solicitar que un ciudadano sea condenado a seis meses de prisión. El señor fiscal no ha pronunciado una sola palabra para respaldar su petición. Soy justo..., comprendo que es difícil, para un fiscal que juró ser fiel a la Constitución de la República, venir aquí en nombre de un gobierno inconstitucional, factual, estatuario, de ninguna legalidad y menos moralidad, a pedir que un joven cubano, abogado como él, quizás... tan decente como él, sea enviado por veintiséis años a la cárcel. Pero el señor fiscal es un hombre de talento y yo he visto personas con menos talento que él escribir largos mamotretos en defensa de esta situación. ¿Cómo, pues, creer que carezca de razones para defenderlo, aunque sea durante quince minutos, por mucha repugnancia que esto le inspire a cualquier persona decente? Es indudable que en el fondo de esto hay una gran conjura.

Señores magistrados: ¿Por qué tanto interés en que me calle? ¿Por qué, inclusive, se suspende todo género de razonamientos para no presentar ningún blanco contra el cual pueda yo dirigir el ataque de mis argumentos? ¿Es que se carece por completo de base jurídica, moral y política para hacer un planteamiento serio de la cuestión? ¿Es que se teme tanto a la verdad? ¿Es que se quiere que yo hable también dos minutos y no toque aquí los puntos que tienen a ciertas gentes sin dormir desde el 26 de julio’ Al circunscribirse la petición fiscal a la simple lectura de cinco líneas de un artículo del Código de Defensa Social, pudiera pensarse que yo me circunscriba a lo mismo y dé vueltas y más vueltas alrededor de ellas, como un esclavo en torno a una piedra de molino. Pero no aceptaré de ningún modo esa mordaza, porque en este juicio se está debatiendo algo más que la simple libertad de un individuo: se discute sobre cuestiones fundamentales de principios, se juzga sobre el derecho de los hombres a ser libres, se debate sobre las bases mismas de nuestra existencia como nación civilizada y democrática. Cuando concluya, no quiero tener que reprocharme a mí mismo haber dejado principio por defender, verdad es decir, ni crimen sin denunciar.

El famoso articulejo del señor fiscal no merece ni un minuto de réplica. Me limitaré, por el momento, a librar contra él una breve escaramuza jurídica, porque quiero tener limpio de minucias el campo para cuando llegue la hora de tocar el degüello contra toda la mentira, falsedad, hipocresía, convencionalismos y cobardía moral sin límites en que se basa esa burda comedia que, desde el 10 de marzo y aun antes del 10 de marzo, se llama en Cuba Justicia.

Es un principio elemental de derecho penal que el hecho imputado tiene que ajustarse exactamente al tipo de delito prescrito por la ley. Si no hay ley exactamente aplicable al punto controvertido, no hay delito.

El artículo en cuestión dice textualmente: "Se impondrá una sanción de privación de libertad de tres a diez años al autor de un hecho dirigido a promover un alzamiento de gentes armadas contra los Poderes Constitucionales del Estado. La sanción será de privación de libertad de cinco a veinte años si se llevase a efecto la insurrección."

¿En qué país está viviendo el señor fiscal? ¿Quién le ha dicho que nosotros hemos promovido alzamiento contra los Poderes Constitucionales del Estado? Dos cosas resaltan a la vista. En primer lugar, la dictadura que oprime a la nación no es un poder constitucional, sino inconstitucional; se engendró contra la Constitución, por encima de la Constitución, violando la Constitución legítima de la República. Constitución legítima es aquella que emana directamente del pueblo soberano. Este punto lo demostraré plenamente más adelante, frente a todas las gazmoñerías que han inventado los cobardes y traidores para justificar lo injustificable. En segundo lugar, el artículo habla de Poderes, es decir, plural, no singular, porque está considerado el caso de una república regida por un Poder Legislativo, un Poder Ejecutivo y un Poder Judicial que se equilibran y contrapesan unos a otros. Nosotros hemos promovido rebelión contra un poder único, ilegítimo, que ha usurpado y reunido en uno solo los Poderes Legislativos y Ejecutivo de la nación, destruyendo todo el sistema que precisamente trataba de proteger el artículo del Código que estamos analizando. En cuanto a la independencia del Poder Judicial después del 10 de marzo, ni hablo siquiera, porque no estoy para bromas... Por mucho que se estire, se encoja o se remiende, ni una sola coma del artículo 148 es aplicable a los hechos del 26 de Julio. Dejémoslo tranquilo, esperando la oportunidad en que pueda aplicarse a los que sí promovieron alzamiento contra los Poderes Constitucionales del Estado. Más tarde volveré sobre el Código para refrescarle la memoria al señor fiscal sobre ciertas circunstancias que lamentablemente se le han olvidado.

Os advierto que acabo de empezar. Si en vuestras almas queda un latido de amor a la patria, de amor a la humanidad, de amor a la justicia, escucharme con atención. Sé que me obligarán al silencio durante muchos años; sé que tratarán de ocultar la verdad por todos los medios posibles; sé que contra mí se alzará la conjura del olvido. Pero mi voz no se ahogará por eso: cobra fuerzas en mi pecho mientras más solo me siento y quiero darle en mi corazón todo el calor que le niegan las almas cobardes.

Escuché al dictador el lunes 27 de julio, desde un bohío de las montañas, cuando todavía quedábamos dieciocho hombres sobre las armas. No sabrán de amarguras e indignaciones en la vida los que no hayan pasado por momentos semejantes. Al par que rodaban por tierra las esperanzas tanto tiempo acariciadas de liberar a nuestro pueblo, veíamos al déspota erguirse sobre él, más ruin y soberbio que nuca. El chorro de mentiras y calumnias que vertió en su lenguaje torpe, odioso y repugnante, sólo puede compararse con el chorro enorme de sangre joven y limpia que desde la noche antes estaba derramando, con su conocimiento, consentimiento, complicidad y aplauso, la más desalmada turba de asesinos que pueda concebirse jamás. Haber creído durante un solo minuto lo que dijo es suficiente falta para que un hombre de conciencia viva arrepentido y avergonzado toda la vida. No tenía ni siquiera, en aquellos momentos, la esperanza de marcarle sobre la frente miserable la verdad que lo estigmatice por el resto de sus días y el resto de los tiempos, porque sobre nosotros se cerraba ya el cerco de más de mil hombres, con armas de mayor alcance y potencia, cuya consigna terminante era regresar con nuestros cadáveres. Hoy, que ya la verdad empieza a conocerse y que termino con estas palabras que estoy pronunciando la misión que me impuse, cumplida a cabalidad, puedo morir tranquilo y feliz, por lo cual no escatimaré fustazos de ninguna clase sobre los enfurecidos asesinos.

Es necesario que me detengan a considerar un poco los hechos. Se dijo por el mismo gobierno que el ataque fue realizado con tanta precisión y perfección que evidenciaba la presencia de expertos militares en la elaboración del plan. ¡Nada más absurdo! El plan fue trazado por un grupo de jóvenes ninguno de los cuales tenía experiencia militar; y voy a revelar sus nombres, menos dos de ellos que no están ni muertos mi presos: Abel Santamaría, José Luis Tasende, Renato Guitart Rosell, Pedro Miret, Jesús Montané y el que les habla. La mitad han muerto, y en justo tributo a su memoria puedo decir que no eran expertos militares, pero tenían patriotismo suficiente para darles, en igualdad de condiciones, una soberana paliza a todos los generales del 10 de marzo juntos, que no son ni militares ni patriotas. Más difícil fue organizar, entrenar y movilizar hombres y armas bajo un régimen represivo que gasta millones de pesos en espionaje, soborno y delación, tareas que aquellos jóvenes y otros muchos realizaron con seriedad, discreción y constancia verdaderamente increíbles; y más meritorio todavía será siempre darle a un ideal todo lo que se tiene y, además, la vida.

(...)

'La Historia me absolverá' (Segunda parte)

La segunda sesión fue el martes 22 de septiembre. Acababan de prestar declaración apenas diez personas y ya había logrado poner en claro los asesinatos cometidos en la zona de Manzanillo, estableciendo específicamente y haciéndola constar en acta, la responsabilidad directa del capitán jefe de aquel puesto militar. Faltaban por declarar todavía trescientas personas. ¿Qué sería cuando, con una cantidad abrumadora de datos y pruebas reunidos, procediera a interrogar, delante del tribunal, a los propios militares responsables de aquellos hechos? ¿Podía permitir el gobierno que yo realizara tal cosa en presencia del público numeroso que asistía a las sesiones, los reporteros de prensa, letrados de toda la Isla y los líderes de los partidos de oposición a quienes estúpidamente habían sentado en el banco de los acusados para que ahora pudieran escuchar bien de cerca todo cuanto allí se ventilara? ¡Primero dinamitaban la Audiencia, con todos sus magistrados, que permitirlo!

Idearon sustraerme del juicio y procedieron a ellos manu militari. El viernes 25 de septiembre por la noche, víspera de la tercera sesión, se presentaron en mi celda dos médicos sesión, se presentaron en mi celda dos médicos del penal; estaban visiblemente apenados: "Venimos a hacerte un reconocimiento" —me dijeron. "¿Y quién se preocupa tanto por mi salud?" —les pregunté. Realmente, desde que los ví había comprendido el propósito. Ellos no pudieron ser más caballeros y me explicaron la verdad: esa misma tarde había estado en la prisión el coronel Chaviano y les dijo que yo "le estaba haciendo en el juicio un daño terrible al gobierno", que tenían que firmar un certificado donde se hiciera constar que estaba enfermo y no podía, por tanto, seguir asistiendo a las sesiones. Me expresaron además los médicos que ellos, por su parte, estaban dispuestos a renunciar a sus cargos y exponerse a las persecuciones, que ponían el asunto en mis manos para que yo decidiera. Para mí era duro pedirles a aquellos hombres que se inmolaran sin consideraciones, pero tampoco podía consentir, por ningún concepto, que se llevaran a cabo tales propósitos. Para dejarlo a sus propias conciencias, me limité a contestarles: "Ustedes sabrán cuál es su deber; yo sé bien cuál es el mío."

Ellos, después que se retiraron, firmaron el certificado; sé que lo hicieron porque creían de buena fe que era el único modo de salvarme al vida, que veían en sumo peligro. No me comprometí a guardar silencio sobre este diálogo; sólo estoy comprometido con la verdad, y si decirla en este caso pudieran lesionar el interés material de esos buenos profesionales, dejo limpio de toda duda su honor, que vale mucho más. Aquella misma noche, redacté una carta para este tribunal, denunciando el plan que se tramaba, solicitando la visita de dos médicos forenses para que certificaran mi perfecto estado de salud y expresándoles que si, para salvar mi vida, tenían que permitir semejante artimaña, prefería perderla mil veces. Para dar a entender que estaba resuelto a luchar solo contra tanta bajeza, añadí a mi escrito aquel pensamiento del Maestro: "Un principio justo desde el fondo de una cueva puede más que un ejército". Ésa fue la carta que, como sabe el tribunal, presentó la doctora Melba Hernández, en la sesión tercera del juicio oral del 26 de septiembre. Pude hacerla llegar a ella, a pesar de la implacable vigilancia que sobre mí pesaba. Con motivo de dicha carta, por supuesto, se tomaron inmediatas represalias: incomunicaron a la doctora Hernández, y a mí, como ya lo estaba, me confinaron al más apartado lugar de la cárcel. A partir de entonces, todos los acusados eran registrados minuciosamente, de pies a cabeza, antes de salir para el juicio.

Vinieron los médicos forenses el día 27 y certificaron que, en efecto, estaba perfectamente bien de salud. Sin embargo, pese a las reiteradas órdenes del tribunal, no se me volvió a traer a ninguna sesión del juicio. Agréguese a esto que todos los días eran distribuidos, por personas desconocidas, cientos de panfletos apócrifos donde se hablaba de rescatarme de la prisión, coartada estúpida para eliminarme físicamente con pretexto de evasión. Fracasados estos propósitos por la denuncia oportuna de amigos y alertas y descubierta la falsedad del certificado médico, n les quedó otro recurso, para impedir mi asistencia al juicio, que el desacato abierto y descarado...

Caso insólito el que se estaba produciendo, señores magistrados: un régimen que tenía miedo de presentar a un acusado ante los tribunales; un régimen de terror y de sangre, que se espantaba ante la convicción moral de un hombre indefenso, desarmado, incomunicado y calumniado. Así, después de haberme privado de todo, me privaban por último del juicio donde era el principal acusado. Téngase en cuenta que esto se hacía estando en plena vigencia la suspensión de garantías y funcionando con todo rigor la Ley de Orden Público y la censura de radio y prensa. ¡Qué crímenes tan horrendos habrá cometido este régimen que tanto temía la voz de un acusado!

Debo hacer hincapié en actitud insolente e irrespetuosa que con respecto a vosotros han mantenido en todo momento los jefes militares. Cuantas veces este tribunal ordenó que cesara la inhumana incomunicación que pesaban sobre mí, cuantas veces ordenó que se respetasen mis derechos más elementales, cuantas veces demandó que se me presentara a juicio, jamás fue obedecido; una por una, se desacataron todas sus órdenes. Peor todavía: en la misma presencia del tribunal, en la primera y segunda sesión, se me puso al lado una guardia perentoria para que me impidiera en absoluto hablar con nadie, ni aun en los momentos de receso, dando a entender que, no ya en la prisión, sino hasta en la misma Audiencia y en vuestra presencia, no hacían el menor caso de vuestras disposiciones. Pensaba plantear este problema en la sesión siguiente como cuestión de elemental honor para el tribunal, pero... ya no volví más. Y si a cambio de tanta irrespetuosidad nos traen aquí para que vosotros nos enviéis a la cárcel, en nombre de una legalidad que únicamente ellos y exclusivamente ellos están violando desde el 10 de marzo, harto triste es el papel que os quieren imponer. No se ha cumplido ciertamente en este caso ni una sola vez la máxima latina: cedant arma togae. Ruego tengáis muy en cuenta esta circunstancia.

Más, todas las medidas resultaron completamente inútiles, porque mis bravos compañeros, con civismo sin precedentes, cumplieron cabalmente su deber.

"Sí, vinimos a combatir por la libertad de Cuba y no nos arrepentimos de haberlo hecho", decían uno por uno cuando eran llamados a declarar, e inmediatamente, con impresionante hombría, dirigiéndose al tribunal, denunciaban los crímenes horribles que se habían cometido en los cuerpos de nuestros hermanos. Aunque ausente, pude seguir el proceso desde mi celda en todos sus detalles, gracias a la población penal de la prisión de Boniato que, pese a todas las amenazas de severos castigos, se valieron de ingeniosos medios para poner en mis manos recortes de periódicos e informaciones de toda clase. Vengaron así los abusos e inmoralidades del director Taboada y del teniente supervisor Rosabal, que los hacen trabajar de sol a sol, construyendo palacetes privados, y encima los matan de hambre malversando los fondos de subsistencia.

A medida que se desarrolló el juicio, los papeles se invirtieron: los que iban a acusar salieron acusados, y los acusados se convirtieron en acusadores. No se juzgó allí a los revolucionarios, se juzgó para siempre a un señor que se llama Batista... ¡Monstrum horrendum!... No importa que los valientes y dignos jóvenes hayan sido condenados, si mañana el pueblo condenará al dictador y a sus crueles esbirros. A Isla de Pinos se les envió, en cuyas circulares mora todavía el espectro de Castells y no se ha apagado aún el grito de tantos y tantos asesinados; allí han ido a purgar, en amargo cautiverio, su amor a la libertad, secuestrados de la sociedad, arrancados de sus hogares y desterrados de la patria. ¿No creéis, como dije, que en tales circunstancias es ingrato y difícil a este abogado cumplir su misión?

Como resultado de tantas maquinaciones turbias e ilegales, por voluntad de los que mandan y debilidad de los que juzgan, heme aquí en este cuartico del Hospital Civil, adonde se me ha traído para ser juzgado en sigilo, de modo que no se me oiga, que mi voz se apague y nadie se entere de las cosas que voy a decir. ¿Para qué se quiere ese imponente Palacio de Justicia, donde los señores magistrados se encontrarán, sin duda, mucho más cómodos? No es conveniente, os lo advierto, que se imparta justicia desde el cuarto de un hospital rodeado de centinelas con bayonetas calada, porque pudiera pensar la ciudadanía que nuestra justicia está enferma... y está presa.

(...)

'La Historia me absolverá'

La Historia me absolverá


Fidel Castro Ruz 

(Primera parte) 

 


Señores magistrados:

Nunca un abogado ha tenido que ejercer su oficio en tan difíciles condiciones: nunca contra un acusado se había cometido tal cúmulo de abrumadoras irregularidades. Uno y otro, son en este caso la misma persona. Como abogado, no ha podido ni tan siquiera ver el sumario y, como acusado, hace hoy setenta y seis días que está encerrado en una celda solitaria, total y absolutamente incomunicado, por encima de todas las prescripciones humanas y legales.

Quien está hablando aborrece con toda su alma la vanidad pueril y no están ni su ánimo ni su temperamento para poses de tribuno ni sensacionalismo de ninguna índole. Si he tenido que asumir mi propia defensa ante este tribunal se debe a dos motivos. Uno: porque prácticamente se me privó de ella por completo; otro: porque sólo quien haya sido herido tan hondo, y haya visto tan desamparada la patria y envilecida la justicia, puede hablar en una ocasión como ésta con palabras que sean sangre del corazón y entrañas de la verdad.

No faltaron compañeros generosos que quisieran defenderme, y el Colegio de Abogados de La Habana designó para que me representara en esta causa a un competente y valeroso letrado: el doctor Jorge Pagliery, decano del Colegio de esta ciudad. No lo dejaron, sin embargo, desempeñar su misión: las puertas de la prisión estaban cerradas para él cuantas veces intentaba verme; sólo al cabo de mes y medio, debido a que intervino la Audiencia, se le concedieron diez minutos para entrevistarse conmigo en presencia de un sargento del Servicio de Inteligencia Militar. Se supone que un abogado deba conversar privadamente con su defendido, salvo que se trata de un prisionero de guerra cubano en manos de un implacable despotismo que no reconozca reglas legales ni humanas. Ni el doctor Pagliery ni yo estuvimos dispuestos a tolerar esta sucia fiscalización de nuestras armas para el juicio oral. ¿Querían acaso saber de antemano con qué medios iban a ser reducidas a polvo las fabulosas mentiras que habían elaborado en torno a los hechos del cuartel Moncada y sacarse a relucir las terribles verdades que deseaban ocultar a toda costa? Fue entonces cuando se decidió que, haciendo uso de mi condición de abogado, asumiese yo mismo mi propia defensa.

Esta decisión, oída y trasmitida por el sargento del SIM, provocó inusitados temores; parece que algún duendecillo burlón se complacía diciéndoles que por culpa mía los planes iban a salir muy mal; y vosotros sabéis de sobra, señores magistrados, cuántas presiones se han ejercido para que se me despojase también de este derecho consagrado en Cuba por una larga tradición. El tribunal no pudo acceder a tales pretensiones porque era ya dejar a un acusado en el colmo de la indefensión. Ese acusado, que está ejerciendo ahora ese derecho, por ninguna razón del mundo callará lo que debe decir. Y estimo que hay que explicar, primero que nada, y qué se debió la feroz incomunicación a que fui sometido; cuál es el propósito al reducirme al silencio; por qué se fraguaron planes; qué hechos gravísimos se le quieren ocultar al pueblo; cuál es el secreto de todas las cosas extrañas que han ocurrido en este proceso. Es lo que me propongo hacer con entera claridad.

Vosotros habéis calificado este juicio públicamente como el más trascendental de la historia republicana, y así lo habéis creído sinceramente, no debisteis permitir que os lo mancharan con un fardo de burlas a vuestra autoridad. La primer sesión del juicio fue el 21 de septiembre. Entre un centenar de ametralladoras y bayonetas que invadían escandalosamente la sala de justicia, más de cien personas se sentaron en el banquillo de los acusados. Una gran mayoría era ajena a los hechos y guardaba prisión preventiva hacía muchos días, después de sufrir toda clase de vejámenes y maltratos en los calabozos de los cuerpos represivos; pero el resto de los acusados, que era el menor número, estaban gallardamente firmes, dispuestos a confirmar con orgullo su participación en la batalla por la libertad, dar un ejemplo de abnegación sin precedentes y librar de las garras de la cárcel a aquel grupo de personas que con toda mala fe habían sido incluidas en el proceso. Los que habían combatido una vez volvían a enfrentarse. Otra vez la causa justa del lado nuestro; iba a librarse contra la infamia el combate terrible de la verdad. ¡Y ciertamente que no esperaba el régimen la catástrofe moral que se avecinaba!

¿Cómo mantener todas su falsas acusaciones? ¿Cómo impedir que se supiera lo que en realidad había ocurrido, cuando tal número de jóvenes había ocurrido, cuando tal número de jóvenes estaban dispuestos a correr todos los riesgos: cárcel, tortura y muerte, si era preciso, por denunciarlo ante el tribunal?

En aquella primera sesión se me llamó a declarar y fui sometido a interrogatorio durante dos horas, contestando las preguntas del señor fiscal y los veinte abogados de la defensa. Puede probar con cifras exactas y datos irrebatibles las cantidades de dinero invertido, la forma en que se habían obtenido y las armas que logramos reunir. No tenía nada que ocultar, porque en realidad todo había sido logrado con sacrificios sin precedentes en nuestras contiendas republicanas. Hablé de los propósitos que nos inspiraban en la lucha y del comportamiento humano y generoso que en todo momento mantuvimos con nuestros adversarios. Si pude cumplir mi cometido demostrando la no participación, ni directa ni indirecta, de todos los acusados falsamente comprometidos en la causa, se lo debo a la total adhesión y respaldo de mis heroicos compañeros, pues dije que ellos no se avergonzarían ni se arrepentirían de su condición de revolucionarios y de patriotas por el hecho de tener que sufrir las consecuencias. No se me permitió nunca hablar con ellos en la prisión y, sin embargo, pensábamos hacer exactamente lo mismo. Es que, cuando los hombres llevan en la mente un mismo ideal, nada puede incomunicarlos, ni las paredes de una cárcel, ni la tierra de los cementerios, porque un mismo recuerdo, una misma alma, una misma idea, una misma conciencia y dignidad los alienta a todos.

Desde aquel momento comenzó a desmoronarse como castillo de naipes el edificio de mentiras infames que había levantado el gobierno en torno a los hechos, resultando de ello que el señor fiscal comprendió cuán absurdo era mantener en prisión intelectuales, solicitando de inmediato para ellas la libertas provisional.

Terminadas mis declaraciones en aquella primera sesión, yo había solicitado permiso del tribunal para abandonar el banco de los acusados y ocupar un puesto entre los abogados defensores, lo que, en efecto, me fue concedido. Comenzaba para mí entonces la misión que consideraba más importante en este juicio: destruir totalmente las cobardes calumnias que se lanzaron contra nuestros combatientes, y poner en evidencia irrebatible los crímenes espantosos y repugnantes que se habían cometido con los prisioneros, mostrando ante la faz de la nación y del mundo la infinita desgracia de este pueblo, que está sufriendo la opresión más cruel e inhumana de toda su historia.


(...)

✔V. I. Lenin ✔AL GOBIERNO ZARISTA ☭

✔V. I. Lenin

✔AL GOBIERNO ZARISTA[*]  

✔Escrita:   En la cárcel,antes del 25 de noviembre (7 de diciembre) de 1896. ✔

Primera publicación:  
☞Publicado como volante mimeografiado. Se publica de acuerdo con el texto del volante. ✔Fuente del texto: V. I. Lenin,Obras completas,Editorial Cartago,tomo II, pagina 113.            

En este año de 1896,el gobierno ruso ha publicado ya dos veces informaciones sobre la lucha de los obreros contra los fabricantes. En otros países tales informaciones no son raras,en ellas no se oculta lo que sucede y los periódicos publican libremente noticias sobre las huelgas. Pero en Rusia el gobierno teme,más que al fuego,la publicidad relativa a los reglamentos en vigor en las fábricas y a lo que acontece en ellas: ha prohibido escribir en los periódicos sobre las huelgas, ha prohibido a los inspectores del trabajo hacer públicos sus informes, dejó inclusive de examinar las causas de las huelgas en los tribunales ordinarios,cuyas audiencias son públicas. En una palabra,ha adoptado todas las medidas para mantener en un estricto secreto todo lo que está pasando en las fábricas y entre los obreros. Y de repente todas estas argucias policiales se desvanecen como pompas de jabón,y el propio gobierno se ve obligado a decir abiertamente que los obreros están en lucha contra los fabricantes. ¿Qué ha provocado este cambio? Durante el año 1895 el número de huelgas obreras ha sido particularmente grande. Sí,pero también antes hubo huelgas,y sin embargo el gobierno logró mantener el secreto, y pasaron inadvertidas para todo el conjunto de obreros. Las actuales huelgas han sido mucho más poderosas que las anteriores y se han concentrado en un solo lugar. Sí,pero antes hubo igualmente huelgas y no menos poderosas,por ejemplo en 1885 y 1886,en las provincias de Moscú y Vladímir. Pero,a pesar de todo,el gobierno aún se mostraba fuerte y nada informaba sobre la lucha de los obreros contra los fabricantes. ¿Por qué,entonces,ha roto esta vez el silencio? Porque esta vez los socialistas acudieron en ayuda de los obreros,los ayudaron a poner en claro la situación, a darla a conocer en todas partes,tanto entre los obreros como en la sociedad,a formular con claridad sus reivindicaciones,a mostrar a todos la mala fe y la violencia desenfrenada del gobierno. Éste se dio cuenta que era completamente absurdo callar cuando todo el mundo estaba al corriente de las huelgas,y también él quiso hacer como todo el mundo. Los volantes de los socialistas exigieron del gobierno una respuesta, y éste se presentó y la dio. Veamos ahora cuál es la respuesta. Al principio el gobierno trató de evitar una respuesta pública y franca. Uno de los ministros,el de Finanzas, Witte, envió una circular a los inspectores del trabajo,en la cual califica a los obreros y a los socialistas de "los peores enemigos del orden social", aconseja a los inspectores intimidar a los obreros,persuadirlos de que el gobierno prohibirá a los fabricantes hacer concesiones,mostrarles la buena disposición y los generosos propósitos de los fabricantes, decirles cuan preocupados están por los obreros y por sus necesidades,y qué "buenos sentimientos" los animan. El gobierno no dijo nada de las huelgas propiamente dichas,no dijo una sola palabra sobre sus causas ni en qué consistían los escandalosos abusos de los fabricantes y las trasgresiones de la ley,sobre qué querían obtener los obreros; en una palabra,en cuanto a las huelgas llevadas a cabo en el verano y otoño de 1895, siguió su costumbre de mentir,trató de salir del paso con las trilladas frases burocráticas sobre los actos de violencia e "ilegales" de los obreros, aun cuando ellos no cometieron violencia alguna; sólo la policía recurrió a ella. El ministro quería que la circular quedara en secreto, pero ni los mismos funcionarios a quienes la confió guardaron el secreto y la circular tomó estado público. En seguida la publicaron los socialistas. Entonces, el gobierno, viéndose ridiculizado como de costumbre por sus propios " secretos",conocidos por todo el mundo,la publicó en los periódicos. Ésta fue, como ya hemos dicho,su respuesta a las huelgas del verano y el otoño de 1895. Pero resulta que en la primavera de 1896 las huelgas se repitieron, y con mucha mayor fuerza[**]. A los rumores que ellas suscitaron se agregaron los volantes lanzados por los socialistas. El gobierno comenzó por callar cobardemente, manteniéndose a la expectativa hasta ver cómo terminaría el asunto, y después,cuando el alzamiento de los obreros se calmó,intervino,a destiempo,con su mentalidad burocrática como con una notificación policial atrasada. Pero esta vez tuvo que hablar francamente y comprometerse a fondo. Su comunicado se publicó en el núm. 158 de Pmvítielstvenni Viéstnik [***]. Pero ya no logró,como antes, difamar las huelgas obreras. Tuvo que relatar qué sucedió,cuáles fueron los abusos de los fabricantes,cuáles las reivindicaciones de los obreros; tuvo que reconocer que los obreros se portaron "decentemente". Fue así cómo los obreros quitaron al gobierno la infame costumbre de las mentiras policiales; lo forzaron a reconocer la verdad cuando se levantaron en masa,cuando recurrieron a los volantes para informar públicamente. Este es un gran progreso. Los obreros sabrán ahora cuál es el único medio de hacer públicas sus necesidades de informar a toda Rusia sobre sus luchas. Sabrán ahora que la falsía del gobierno sólo puede ser refutada por la lucha unida de los propios obreros y por su posición conciente para la obtención de sus derechos. Al informar acerca de lo sucedido,los ministros se pusieron a inventar excusas; comenzaron asegurando,en el comunicado, que las huelgas fueron provocadas sólo por 'las peculiaridades de la industria del hilado de algodón y del hilo". ¡Con que era por eso! ¿No será por las peculiaridades propias de toda la producción rusa,por los métodos del gobierno ruso, que permite a la policía perseguir y detener a obreros pacíficos que se defienden de la opresión? ¿Por qué,entonces, buenos señores ministros,los obreros se arrancaban los volantes de las manos,los leían y pedían más, si en ellos no se hablaba en absoluto del algodón ni del hilo, sino de la falta de derechos de los ciudadanos rusos, de la salvaje arbitrariedad del gobierno,servidor áe los capitalistas? No, este nuevo pretexto es peor todavía,más odioso que el que esgrime el ministro de Finanzas Witte en su circular, en la oue culpa de todo a los "instigadores". El ministro Witte razona sobre la huelga exactamente como lo hace cualquier funcionario policial que recibe alguna limosna de los fabricantes: llegaron los instigadores y surgió la huelga. Abora,después de haber visto a treinta mil obreros en huelga,todos los ministros se pusieron a reflexionar en conjunto,y llegaron a la conclusión de que las huelgas no ocurren porque hava instigadores socialistas,sino que los socialistas aparecen pornue han comenzado las huelgas,porque ha comenzado la lucha de los obreros contra los capitalistas. Los ministros aseguran ahora que los socialistas se "plegaron" después a las huelgas. Es una buena lección para el ministro de Finanzas Witte. ¡Aprenda un poquito, señor Witte! Aprenda a analizar de antemano las causas de una huelga, aprenda a prestar oídos a las reivindicaciones de los obreros y no a los informes de sus ratas policiales, a los que usted mismo no nresta fe. Los señores ministros aseguran que no son más que "individuos malintencionados" los que trataron de dar a las huelgas "un carácter político criminal",o,como ellos mismos dicen en un pasaie, "un carácter social" (los señores ministros Quisieron decir socialista, pero por crasa ignorancia o por pusilanimidad burocrática,dijeron social,lo que resultó un absurdo: socialista auiere decir que anova a los obreros en su lucha contra el capital,mientras míe social quiere decir,simplemente,que concierne a la sociedad. ¿Cómo se puede,entonces, dar a una huelga carácter social? ¡Es como si se quisiera dar a los ministros rango ministerial!). ¡Esto sí que es divertido! ¡Los socialistas dan a las huelgas carácter político! ¡Pero si fue el propio gobierno el que, adelantándose a todos los socialistas,tomó las medidas para que las huelgas tuvieran carácter políticol ¿No fue él quien comenzó a detener a pacíficos obreros,como si fueran criminales? ¿A detener y deportar? ¿No fue él quien envío a espías y provocadores a todas partes? ¿Quien se llevó a todos los que cayeron bajo sus manos? ¿Quien prometió prestar ayuda a los fabricantes para que no hicieran concesiones? ¿Quien persiguió a los obreros sólo por recaudar dinero en favor de los huelguistas? El propio gobierno,mejor que nadie,hizo comprender a los obreros que su lucha contra los fabricantes debe ser, inevitablemente,la lucha contra el gobierno. Los socialistas no tuvieron más que confirmar todo esto y publicarlo en los volantes. Eso es todo. Pero el gobierno ruso es zorro viejo en el arte de la hipocresía, y los ministros se ingeniaron para guardar silencio sobre los medios por los cuales nuestro gobierno "dio a las huelgas un carácter político"; informó a la opinión pública sobre la fecha que llevan los volantes de los socialistas,¿pero por qué no informó también las fechas de las órdenes del prefecto y demás bashibuzuks [****], relativas a la detención de pacíficos obreros,al acuartelamiento de tropas y al envío de espías y provocadores? Informó respecto de la cantidad de volantes de los socialistas; ¿por qué no informó también sobre el número de obreros y socialistas encarcelados,de familias deshechas,de deportados y recluidos sin proceso? ¿Por qué? Porque los ministros rusos, pese a su desvergüenza,se cuidan bien de hablar en público de tales hazañas de bandidos. Sobre los pacíficos obreros que se alzaron por sus derechos,que se defendieron de la arbitrariedad de los fabricantes, se lanzó toda la fuerza del poder público,con la policía y el ejército, con los gendarmes y los fiscales; contra los obreros que se mantenían con sus pocas monedas y las monedas de sus compañeros, los obreros ingleses,polacos,alemanes y austríacos,se lanzó toda la fuerza del tesoro del Estado,que prometió su apoyo a los propios fabricantes. Los obreros no se hallaban unidos. Les estaba prohibido recolectar fondos, atraer a su causa a otras ciudades y a otros obreros; eran perseguidos en todas partes y tuvieron que ceder ante la fuerza conjunta del poder de Estado. ¡Los señores ministros están jubilosos por el triunfo del gobierno! ¡Bonito triunfo! ¡Contra treinta mil obreros pacíficos,sin dinero,toda la fuerza del poder,toda la riqueza de los capitalistas! ¡Los ministros habrían procedido más inteligentemente si hubieran esperado para jactarse de semejante victoria,pues su fanfarronería recuerda la del policía que se vanagloria de haber salido de una huelga sin haber sido golpeado! Las "instigaciones" de los socialistas no han tenido éxito,anuncia solemnemente el gobierno, tranquilizando a los- capitalistas. ¡Pero claro,ninguna instigación, respondemos también nosotros, podría producir ni la centésima parte de la impresión que ha dejado sobre los obreros de San Petersburgo, sobre todos los obreros rusos,la conducta del gobierno en este asunto! Los obreros han visto con claridad cuál es la política del gobierno: silenciar las huelgas obreras y desfigurar los hechos. Han visto cómo su lucha unida logró desbaratar la mentira hipócrita de la policía. Han visto qué intereses defiende el gobierno que promete su apoyo a los fabricantes. Han comprendido quién es su verdadero enemigo,cuando contra ellos, que no infringieron la ley ni alteraron el orden,se lanzó, como contra enemigos,a las tropas y a la policía. Por más que los ministros digan que la lucha no tuvo éxito,los obreros comprueban,sin embargo,cómo se apaciguaron en todas partes los fabricantes,y saben que el gobierno está convocando a los inspectores de fábricas, para discutir qué concesiones hay que hacer a los obreros,pues ha comprendido que las concesiones son inevitables. Las huelgas de 1895 y 1896 no pasaron en vano. Prestaron enorme servicio a los obreros rusos,les mostraron cómo llevar la lucha por sus intereses. Les enseñaron a comprender la situación política y las necesidades políticas de la clase obrera. ● Unión de lucha por la emancipación de la clase obrera[*****]. Noviembre de 1896.     _________________________________________ [*] Este trabajo fue escrito como volante en la cárcel,antes del 25 de noviembre (7 de diciembre) de 1896, y luego impreso en mimeógrafo por la "Unión de lucha por la emancipación de la clase obrera" de Petersburgo. Era la respuesta a la circular enviada por S. Witte a los inspectores del trabajo y el comunicado sobre las huelgas del verano de 1896,en Petersburgo, publicado el 19 (31) de julio de ese año en el núm. 158 de Pravttielttvenni Viéstník. 
✔[**] Lenin calificó las huelgas que tuvieron lugar en mayo y junio de 1896,de "célebre guerra industrial de S. Petersburgo". Estas huelgas-que se desencadenaron a raíz de la negativa de los patronos a abonar los salarios correspondientes a los feriados decretados con motivo de la coronación de Nicolás II-,la primera de las cuales estalló en la Hilandería de Algodón Rusa (de Kalinkin),se extendieron rápidamente a las más importantes hilanderías y tejedurías de Petersburgo. El proletariado de esa ciudad se lanzó así,por primera vez,a la lucha contra sus explotadores en un amplio frente que abarcaba a más de 30.000 obreros,dirigido por la "Unión de lucha por la emancipación de la clase obrera". Esta organización publicó volantes y declaraciones exhortando a los obreros a mantenerse firmes y solidarios en la lucha por la defensa de sus derechos; imprimió y distribuyó las reivindicaciones principales de los huelguistas que exigían la jornada obrera de 10 horas, aumento de las escalas de pago y el pago de las mismas con puntualidad. Las huelgas de San Petersburgo dieron un poderoso impulso al movimiento obrero de Moscú y otras ciudades de Rusia,y obligaron al gobierno a acelerar la revisión de las leyes de fábricas y a promulgar la ley del 2 (14) de junio de 1897,que reducía la jornada de trabajo a 11 horas. Las huelgas,como Lenin escribió más tarde,"inauguraron la era del movimiento obrero,que luego fue creciendo sin cesar, y constituye el factor más poderoso de nuestra revolución".
✔[***] Pravítielstvenni Viéstnik ("El heraldo del gobierno"): diario oficial del gobierno zarista. Se publicó en S. Petersburgo de 1869 a 1917. (Ed.) ✔[****] Bashibuzuks (palabra turca que,literalmente,significa cortador de cabezas); nombre dado a ciertas tropas irregulares turcas, famosas por la brutalidad con que cumplían funciones represivas.  
✔[*****] " Unión de lucha por la emancipacion.de la clase obrera": fue organizada por Lenin en el otoño de 1895. Reunía cerca de 20 círculos obreros marxistas de Petersburgo,y su labor fue realizaba de acuerdo con los principios del centralismo y con rigurosa disciplina. Encabezaba la "Unión" un Grupo Central,dirigido por A. Vanéiey,P. Zaporozhets, G. Krzhizhanovski,N. Krúpskaia, L. Mártov,M. Silvin,V. Starkov,etc. La dirección estaba a cargo de cinco miembros del grupo,encabezados por Lenin. La "Unión" estaba dividida en grupos zonales y sus enlaces con las fábricas y talleres eran los obreros conciertes y progresistas (I. Bábushkin,V. Shelgunov y otros),que organizaban la vinculación del grupo con las fábricas; en las grandes empresas se habían creado para este fin círculos de obreros que reunían las informaciones y distribuían las publicaciones. La "Unión" comenzó, por primera vez en Rusia,a vincular en la práctica el socialismo con el movimiento obrero, pasando de la propaganda del marxismo entre los poco numerosos círculos de obreros de avanzada a la agitación política entre las amplias masas del proletariado; dirigía el movimiento obrero y coordinaba su lucha por las reivindicaciones económicas con la lucha política contra el zarismo. En noviembre de 1895 organizó la huelga en la fábrica de tejidos de lana Thornton. En el verano del año siguiente dirigió la renombrada huelga de los obreros textiles de Petersburgo,en la cual participaron más de 30.000 personas. La "Unión" difundía volantes y folletos para los obreros,y preparó la edición del periódico Rabócheie Dielo,todo ello bajo la dirección de Lenin. La influencia de la organización se extendió más allá de Petersburgo, contribuyendo a fusionar en su organización a círculos obreros de Moscú,Kíev,Ekaterinoslav y otras ciudades y regiones de Rusia. En diciembre de 1895 el gobierno zarista asestó un fuerte golpe la "Unión": en la noche del 8 al 9 (20 al 21),fueron arrestados Lenin y gran número de sus dirigentes; también confiscaron a Rabócheie Dielo,que estaba listo para su impresión. Como respuesta a la detención de Lenin y demás dirigentes se publicó un volante con reivindicaciones políticas, en el cual por primera vez se hacía pública la existencia de la "Unión de lucha". Desde la cárcel Lenin continuaba dirigiendo la organización, la asesoraba,les hacía llegar cartas y volantes cifrados,y escribió el folleto Sobre las huelgas (que no se conservó),el Proyecto y explicación del programa del Partido Socialdemócrata .
Según Lenin,la "Unión" fue el embrión de un partido revolucionario que se apoyó en el movimiento obrero y dirigió la lucha de clase del proletariado. En febrero de 1897,al salir de la cárcel y en vísperas de ser exiliados, los primeros dirigentes de la "Unión" convocaron una reunión de los "viejos" y los "jóvenes"; allí fue donde se revelaron las divergencias sobre el problema fundamental: los objetivos de la socialdemocracia en Rusia. Los "viejos" insistían en consolidar a la "Unión de lucha" como organización política dirigente de la clase obrera, en tanto que los " jóvenes" habían adoptado una posición tradeunionista,propugnaban la creación de sociedades mutualistas obreras,etc. La prolongada ausencia de los fundadores de la "Unión" confinados en Siberia,y sobre todo de Lenin,facilitó a los "jóvenes" la oportunidad de aplicar su política. Desde mediados de 1898 la "Unión de lucha" quedó en manos de los "economistas",quienes difundían en Rusia, a través del diario Rabócheie Misl,las ideas del tradeunionismo y del bernsteinismo. Sin embargo,los antiguos afiliados de la "Unión" que se habían salvado de la detención y del exilio, participaron en los preparativos y la realización del I Congreso del POSDR (1898),así como en la redacción del "Manifiesto" de la "Unión de lucha por la emancipación de la clase obrera", fundada por Lenin. La "Unión de lucha por la emancipación de la clase obrera" de Kíev fue organizada en marzo de 1897,por influencia de la "Unión" de Petersburgo. Por resolución aprobada en la Conferencia de Kíev,adoptó el mismo nombre que la "Unión" de Petersburgo,al igual que las restantes organizaciones socialdemócratas de Rusia. Reunía a los grupos ruso, polaco y un sector del Partido Socialista Polaco,y contaba con un total de 30 miembros. Mantenía vinculación directa con la organización de Petersburgo por contactos individuales, por las proclamas publicadas por aquélla, por los trabajos de Lenin sobre el programa,y por su folleto Tareas de los socialdemócratas rusos,cuyo manuscrito recibieron los dirigentes de la organización de Kíev. La actividad de esta organización se inició en 1897,con la publicación de la proclama de mayo que fue muy difundida en las ciudades del sur del país, y en particular en la propia Kíev, donde en ese mismo año se distribuyeron más de 6.500 ejemplares. Ese mismo año una comisión especial de esa organización publicó dos números de Rabóchaía Gazeta,periódico que era considerado el órgano de la socialdemocracia para toda Rusia, y que fue ratificado por el I Congreso del POSDR,como órgano oficial del partido en marzo de 1898. Las publicaciones ilegales de la "Unión" eran distribuidas preferentemente en las ciudades del sur. Además de la labor de agitación dicha organización realizaba propaganda en los círculos y reuniones obreras,y participó activamente en la preparación de la convocatoria del I Congreso del POSDR. Después de la realización de éste la "Unión" fue asaltada por la policía,la que secuestró la imprenta de Rabóchaia Gazeta (que había sido trasladada de Kíev a Ekaterinoslav) y gran cantidad de literatura ilegal; además practicó numerosas detenciones en Kíev y otras ciudades importantes. La "Unión" de Kíev desarrolló una actividad positiva en cuanto a la organización de la clase obrera de Rusia con vistas a la formación de un partido marxista revolucionario. Los integrantes de la misma que no fueron arrestados Iograron muy pronto restablecer la organización clandestina,que fue denominada "Comité de Kíev del POSDR".  ☭

lunes, 20 de noviembre de 2017

✔Lenin V. I. Lenin ✔El Marxismo y la insurrección Carta al Comité Central del POSD de Rusia☭

  ✔Lenin V. I. Lenin

✔El Marxismo y la insurrección Carta al Comité Central del POSD(b) de Rusia1

✔Escrita: El 13-14 (26-27) de septiembre de 1917. Primera publicación: En Proletárskaya,núm. 2, 1921. Fuente: Biblioteca de Textos Marxistas. 

Entre las más malignas y tal vez más difundidas tergiversaciones del marxismo por los partidos "socialistas" dominantes, se encuentra la mentira oportunista de que la preparación de la insurrección, y en general,considerar la insurrección como un arte,es "blanquismo". Bernstein,dirigente del oportunismo, se ganó ya una triste celebridad acusando al marxismo de blanquismo,y,en realidad,con su griterío acerca del blanquismo,los oportunistas de hoy no renuevan ni "enriquecen" en lo más mínimo las pobres "ideas" de Bernstein. ¡Acusar a los marxistas de blanquismo, porque conciben la insurrección como un arte! ¿Es posible una más flagrante distorsión de la verdad, cuando ningún marxista niega que fue el propio Marx quien se pronunció del modo más concreto,más claro y más irrefutable acerca de este problema diciendo precisamente que la insurrección es un arte,que hay que tratarla como tal arte,que es necesario conquistar un primer triunfo y seguir luego avanzando de triunfo en triunfo,sin interrumpir la ofensiva contra el enemigo, aprovechándose de su confusión, etc., etc.? Para poder triunfar,la insurrección debe apoyarse no en una conjuración,no en un partido, sino en la clase más avanzada. Esto en primer lugar. La insurrección debe apoyarse en el auge revolucionario del pueblo. Esto en segundo lugar. La insurrección debe apoyarse en aquel momento de viraje en la historia de la revolución ascensional en que la actividad de la vanguardia del pueblo sea mayor,en que mayores sean las vacilaciones en las filas de los enemigos y en las filas de los amigos débiles,a medias,indecisos,de la revolución. Esto en tercer lugar. Estas tres condiciones,previas al planteamiento del problema de la insurrección,son las que precisamente diferencian el marxismo del blanquismo. Pero,si se dan estas condiciones,negarse a tratar la insurrección como un arte equivale a traicionar el marxismo y a traicionar la revolución. Para demostrar que el momento actual es precisamente el momento en que el Partido está obligado a reconocer que la insurrección ha sido puesta al orden del día por la marcha objetiva de los acontecimientos y que la insurrección debe ser considerada como un arte,para demostrarlo, acaso sea lo mejor emplear el método comparativo y trazar un paralelo entre las jornadas del 3 y 4 de julio2 y las de septiembre. El 3 y 4 de julio se podía,sin faltar a la verdad, plantear el problema así: lo justo era tomar el Poder,pues,de no hacerlo, los enemigos nos acusarán igualmente de insurrectos y nos tratarán como a tales. Pero de aquí no se podía hacer la conclusión de que hubiera sido conveniente tomar el Poder en aquel entonces,pues a la sazón no existían las condiciones objetivas necesarias para que la insurrección pudiera triunfar.
✔1) No teníamos todavía con nosotros a la clase que es la vanguardia de la revolución. No contábamos todavía con la mayoría de los obreros y soldados de las capitales. Hoy tenemos ya la mayoría en ambos Soviets3. Es fruto,sólo de la historia de julio y agosto,de la experiencia de las "represalias" contra los bolcheviques y de la experiencia de la kornilovada.
✔2) No existía entonces un ascenso revolucionario de todo el pueblo. Hoy existe, después de la kornilovada. Así lo demuestra el estado de las provincias y la toma del Poder por los Soviets en muchos lugares.
✔3) Entonces,las vacilaciones no habían cobrado todavía proporciones de serio alcance político general en las filas de nuestros enemigos y en las de la pequeña burguesía indecisa. Hoy, esas vacilaciones son gigantescas: nuestro principal enemigo,el imperialismo de la Entente y el imperialismo mundial (ya que los "aliados" se encuentran a la cabeza de éste) empieza a vacilar entre la guerra hasta el triunfo final y una paz separada dirigida contra Rusia. Y nuestros demócratas pequeñoburgueses,que ya han perdido,evidentemente,la mayoría en el pueblo,vacilan también de un modo extraordinario,habiendo renunciado al bloque,es decir,a la coalición con los kadetes. 4) Por eso,en los días 3 y 4 de julio, la insurrección habría sido un error: no habríamos podido mantenernos en el Poder ni física ni políticamente. No habríamos podido mantenernos físicamente,pues aunque por momentos teníamos a Petersburgo en nuestras manos, nuestros obreros y soldados no estaban dispuestos entonces a batirse y a morir por Petersburgo: les faltaba todavía el "ensañamiento",el odio hirviente tanto contra los Kerenski,como contra los Tsereteli y los Chernov. Nuestros hombres no estaban todavía templados por las persecuciones contra los bolcheviques,en que participaron los eseristas y mencheviques. Políticamente,los días 3 y 4 de julio no habríamos podido sostenernos en el Poder,pues,antes de la kornílovada, el ejército y las provincias podían marchar y habrían marchado sobre Petersburgo. Hoy,el panorama es completamente distinto. Hoy, tenemos con nosotros a la mayoría de la clase que es la vanguardia de la revolución,la vanguardia del pueblo, la clase capaz de arrastrar detrás de sí a las masas. Tenemos con nosotros a la mayoría del pueblo, pues la dimisión de Chernov no es, ni mucho menos,el único indicio,pero sí el más claro y el más palpable,de que los campesinos no obtendrán la tierra del bloque de los eseristas (ni de los propios eseristas),y éste es el quid del carácter popular de la revolución. Estamos en la situación ventajosa de un partido que sabe firmemente cuál es su camino en medio de las más inauditas vacilaciones,tanto de todo el imperialismo como de todo el bloque de los mencheviques y eseristas. Nuestro triunfo es seguro, pues el pueblo está ya al borde de la desesperación y nosotros señalamos al pueblo entero la verdadera salida: le hemos demostrado,"en los días de la kornilovada", el valor de nuestra dirección y,después,hemos propuesto una transacción a los bloquistas, transacción que éstos han rechazado sin que por ello hayan terminado sus vacilaciones. Sería el más grande de los errores creer que la transacción propuesta por nosotros,no ha sido rechazada todavía, que la Conferencia Democrática4 puede aceptarla todavía. La transacción era una oferta hecha de partido a partidos. No podía hacerse de otro modo. Los partidos la rechazaron. La Conferencia Democrática es sólo una conferencia,y nada más. No hay que olvidar una cosa: la mayoría del pueblo revolucionario,los campesinos pobres,irritados,no tienen representación en ella. Trátase de una conferencia de la minoría del pueblo ; no se debe olvidar esta verdad evidente. Sería el más grande de los errores,el mayor de los cretinismos parlamentarios, que nosotros considerásemos la Conferencia Democrática como un parlamento,pues aun suponiendo que se hubiese proclamado parlamento permanente y soberano de la revolución,igualmente no resolvería nada: la solución está fuera de ella, está en los barrios obreros de Petersburgo y de Moscú. Contamos con todas las premisas objetivas para una insurrección triunfante. Contamos con las excepcionales ventajas de una situación en que sólo nuestro triunfo en la insurrección pondrá fin a unas vacilaciones que agotan al pueblo y que son la cosa más penosa del mundo; en que sólo nuestro triunfo en la insurrección dará inmediatamente la tierra a los campesinos; en que sólo nuestro triunfo en la insurrección hará fracasar todas esas maniobras de paz por separado,dirigidas contra la revolución, y las hará fracasar mediante la oferta franca de una paz más completa,más justa y más próxima,una paz en beneficio de la revolución. Por último,nuestro Partido es el único que,si triunfa en la insurrección,puede salvar a Petersburgo,pues si nuestra oferta de paz es rechazada y no se nos concede ni siquiera un armisticio, nos convertiremos en "defensistas", nos pondremos a la cabeza de los partidos de guerra,nos convertiremos en el partido "de guerra " más encarnizado de todos los partidos y libraremos una guerra verdaderamente revolucionaria. Despojaremos a los capitalistas de todo el pan y de todas las botas. No les dejaremos más que migajas y los calzaremos con alpargatas. Y enviaremos al frente todo el pan y todo el calzado. Y,así,salvaremos a Petersburgo. En Rusia,son todavía inmensamente grandes los recursos tanto materiales como morales con que contaría una guerra verdaderamente revolucionaria: hay un 99 por 100 de probabilidades de que los alemanes nos concederán, por lo menos, un armisticio. Y,en las condiciones actuales, obtener un armisticio equivale ya a triunfar sobre el mundo entero.

* * * Luego de haber reconocido la absoluta necesidad de la insurrección de los obreros de Petersburgo y de Moscú para salvar la revolución y para salvar a Rusia de un reparto "separado" por los imperialistas de ambas coaliciones, debemos: primero,adaptar nuestra táctica política en la Conferencia Democrática a las condiciones de la insurrección creciente; segundo, debemos demostrar que no sólo de palabra aceptamos la idea de Marx de que es necesario considerar la insurrección como un arte. Inmediatamente debemos unir en la Conferencia Democrática la minoría bolchevique,sin preocuparnos del número ni dejarnos llevar del temor de que los vacilantes continúen en el campo de los vacilantes; allí,son más útiles a la causa de la revolución que en el campo de los luchadores firmes y decididos. Debemos redactar una breve declaración de los bolcheviques, subrayando con energía la inoportunidad de los largos discursos y la inoportunidad de los "discursos" en general, la necesidad de proceder a una acción imnediata para salvar a la revolución, la absoluta necesidad de romper totalmente con la burguesía,de destituir íntegramente al actual gobierno,de romper de una manera absoluta con los imperialistas anglo-franceses,que están preparando el reparto "separado" de Rusia, la necesidad del paso inmediato de todo el Poder a manos de la democracia revolucionaria,con el proletariado revolucionario a la cabeza. Nuestra declaración deberá formular esta conclusión en la forma más breve y tajante y de acuerdo con los proyectos programáticos: paz a los pueblos,tierra a los campesinos, confiscación de las ganancias escandalosas,poner fin al escandaloso sabotaje de la producción por los capitalistas. Cuanto más breve y tajante sea la declaración,mejor. En ella deben señalarse claramente dos puntos de extraordinaria importancia: el pueblo está agotado por tantas vacilaciones, que está harto de la indecisión de los eseristas y mencheviques; y que nosotros rompemos definitivamente con esos partidos porque han traicionado a la revolución. Una cosa más: la oferta inmediata de una paz sin anexiones,la inmediata ruptura con los imperialistas aliados, con todos los imperialistas,o bien obtendremos en seguida un armisticio,o bien el paso de todo el proletariado revolucionario a la posición de la defensa,y toda la democracia revolucionaria, dirigida por él,dará comienzo a una guerra verdaderamente justa, verdaderamente revolucionaria. Después de dar lectura a esta declaración y de reclamar resoluciones y no palabras,acciones y no resoluciones escritas,debemos lanzar todo nuestro grupo a las fábricas y a los cuarteles: allí está su lugar,allí está el pulso de la vida, allí está la fuente de salvación de nuestra revolución y allí está el motor de la Conferencia Democrática. Allí debemos exponer,en discursos fogosos y apasionados,nuestro programa y plantear el problema así: o la aceptación íntegra del programa por la Conferencia, o la insurrección. No hay término medio. No es posible esperar. La revolución se hunde. Si planteamos el problema de ese modo y concentramos todo nuestro grupo en las fábricas y los cuarteles, estaremos en condiciones de determinar el momento justo para iniciar la insurreccion. Y para enfocar la insurrección al estilo marxista,es decir,como un arte,debemos,al mismo tiempo,sin perder un minuto, organizar un Estado Mayor de los destacamentos de la insurrección, distribuir las fuerzas,enviar los regimientos de confianza contra los puntos más importantes, cercar el Teatro de Alejandro y ocupar la Fortaleza de Pedro y Pablo,arrestar el Estado Mayor y al gobierno,enviar contra los cadetes militares y contra la "división salvaje",aquellas tropas dispuestas a morir antes de dejar que el enemigo se abra paso hacia los centros de la ciudad; debemos movilizar a los obreros armados, haciéndoles un llamamiento para que se lancen a una desesperada lucha final; ocupar inmediatamente el telégrafo y la telefónica, instalar nuestro Estado Mayor de la insurrección en la central telefónica y conectarlo por teléfono con todas las fábricas,todos los regimientos y todos los puntos de la lucha armada, etc. Todo esto,naturalmente,a título de ilustración,como ejemplo de que en el momento actual no se puede ser fiel al marxismo,a la revolución, sin considerar la insurrección como un arte.

✔NOTAS

☞1. "EI marxismo y la insurrección": carta que escribió Lenin al CC del Partido para preparar la insurrección armada por el Poder. El 15 (28) de septiembre de 1917,el CC del Partido discutió esta carta y la otra titulada Los bolcheviques deben tomar el Poder. (Obras Completas, t. XXVI.) Kámenev,adversario de la orientación del Partido de la revolución socialista,propuso su proyecto de resolución en contra de las directivas de Lenin sobre la insurrección armada expuestas en estas históricas cartas. J. Stalin dio respuesta al ataque traidor de Kámenev y el CC rechazó el proyecto de Kámenev. Las cartas de Lenin fueron enviadas por el CC a las más grandes organizaciones del Partido bolchevique según la proposición de Stalin. ☞2. Lenin se refiere a la manifestación del 3-4 (16-17) de julio de 1917 en Petrogrado. El 3 (16) de julio comenzaron manifestaciones espontáneas contra el gobierno provisional en el barrio Viborg. El primero en salir a la calle fue el 1.er regimiento de ametralladoras. A él se unieron otras unidades y los obreros de fábricas y talleres. La manifestación amenazaba transformarse en una acción armada contra el gobierno provisional. El Partido bolchevique estaba en ese momento en contra de una acción armada,por considerar que la crisis revolucionaria no había madurado aún y que el ejercito y el interior del país no estaban preparados todavia para apoyar el levantamiento en la capital. El CC,reunido el 3 (16) de julio a las 4 de la tarde junto con el Comité de Petrogrado y la Organización Militar del POSDR (b) resolvió abstenerse de manifestar. Idéntica resolución adoptó la II conferencia de bolcheviques de la ciudad de Petrogrado que se realizaba al mismo tiempo. Los delegados de la conferencia se encaminaron a los talleres y distritos para disuadir a las masas de la manifestación,pero ésta ya había comenzado y resultó imposible detenerla. Teniendo en cuenta el estado de ánimo de las masas, el CC junto con el Comité de Petrogrado y la Organización Militar,muy avanzada la noche del 3 (16) de julio,adoptó la resolución de participar en la manifestación para conferirle un carácter pacífico y organizado. Lenin no se encontraba en aquel entonces en Petrogrado. Después de haber sido informado de los acontecimientos llegó a Petrogrado en la mañana del 4 (17) de julio. Más de 500.000 personas tomaron parte en la manifestación del dia 4, realizada bajo la consigna de los bolcheviques "¡Todo el Poder a los soviets!" Con el consentimiento del Comité Ejecutivo Central en manos de los mencheviques y socialistas revolucionarios fueron lanzados, contra los obreros y soldados que manifestaban pacíficamente, destacamentos de junkers y oficiales que abrieron fuego sobre los manifestantes. Habían sido llamadas tropas contrarrevolucionarias del frente para sofocar el movimiento revolucionario. En la noche del 4 (17) de julio el CC de los bolcheviques tomó la resolución de suspender las manifestaciones. Ya avanzada la noche Lenin llegó a la Redacción de Pravda para revisar los materiales del número a publicarse,y media hora después de su partida la redacción fue asaltada por un destacamento de junkers y cosacos. Los mencheviques y los socialistas revolucionarios resultaron,de hecho, cómplices de la matanza. Una vez reprimida la manifestación,ellos se lanzaron, de concierto con la burguesía,contra el Partido bolchevique. Los periódicos bolcheviques Pravda, Soldátskaia Pravda y otros,fueron clausurados por el gobierno provisional. Empezaron las detenciones en masa, allanamientos y pogroms. Las tropas revolucionarias de la guarnición de Petrogrado fueron retiradas de la capital y enviadas al frente. Después de las jornadas de julio el Poder en el país pasó por completo a manos del gobierno provisional contrarrevolucionario,en el cual los soviets no fueron más que un apéndice impotente. Terminó la dualidad del Poder. Tocó a su fin el período pacífico de la revolución. Ante los bolcheviques se planteó la tarea de preparar la insurrección armada para derrocar al gobierno provisional. ☞3. Se alude a la transformación de los soviets en manos bolcheviques: de Petrogrado -- 31 de agosto (13 de septiembre) y de Moscú -- 5 (18) de septiembre de 1917. 4. La Conferencia Democrática de toda Rusia: convocada por los mencheviques y eseristas para debilitar el creciente movimiento revolucionario en el país, transcurrió del 14 al 22 de septiembre (27 de septiembre a 5 de octubre) de 1917 en Petrogrado. Asistieron a ella los representantes de los diferentes partidos pequeñoburgueses,de los soviets conciliadores,sindicatos, zemstvo,círculos comerciales e industriales y de unidades militares. La Conferencia Democrática tomó la resolución de formar el Anteparlamento (Consejo Provisional de la República). Utilizando éste,los mencheviques y eseristas trataban de desviar el país del camino revolucionario de los soviets para seguir el burgués y constitucional. El CC del Partido bolchevique insistió categóricamente en el boicot al Anteparlamento. Unicamente los capitulacionistas Kámenev y Zinoviev exigían que el proletariado rechazara su actividad preparatoria para la insurrección armada y permaneciera en el Anteparlamento. Los bolcheviques desenmascararon las acciones traidoras del Anteparlamento llamando a las masas a preparar la insurrección armada. Para una apreciación sobre el Anteparlamento véase los artículos de Lenin "Los héroes del fraude y los errores de los bolcheviques" y "Del diario de un publicista". (Obras Completas,t. XXVI.)  ☭

✔Cuando Fidel Castro cimbró con su palabra a la ONU en 1979 ¿Para qué sirven las Naciones Unidas?!

Distinguidos representantes.

Se habla con frecuencia de los derechos humanos,pero hay que hablar también de los derechos de la Humanidad. ¿Por qué unos pueblos han de andar descalzos,para que otros viajen en lujosos automóviles? ¿Por qué unos han de vivir 35 años, para que otros vivan 70? ¿Por qué unos han de ser míseramente pobres, para que otros sean exageradamente ricos? Hablo en nombre de los niños que en el mundo no tienen un pedazo de pan. Hablo en nombre de los enfermos que no tienen medicinas, hablo en nombre de aquellos a los que se les ha negado el derecho a la vida y a la dignidad humana. Unos países poseen,en fin,abundantes recursos. Otros no poseen nada. ¿Cuál es el destino de éstos? ¿Morirse de hambre? ¿Ser eternamente pobres? ¿Para qué sirve entonces la civilización? ¿Para qué sirve la conciencia del hombre? ¿Para qué sirven las Naciones Unidas? ¿Para qué sirve el mundo? No se puede hablar de paz en nombre de decenas de millones de seres humanos que mueren cada año de hambre o enfermedades curables en todo el mundo. No se puede hablar de paz en nombre de 900 millones de analfabetos. La explotación de los países pobres por los países ricos debe cesar. Sé que en muchos países pobres hay también explotadores y explotados. Me dirijo a las naciones ricas para que contribuyan. Me dirijo a los países pobres para que distribuyan. ¡Basta ya de palabras! Hacen falta hechos. ¡Basta ya de abstracciones! Hacen falta acciones concretas. ¡Basta ya de hablar de un nuevo orden económico internacional especulativo que nadie entiende! Hay que hablar de un orden real y objetivo que todos comprendan. No he venido aquí como profeta de la Revolución, no he venido a pedir o desear que el mundo se convulsione violentamente. Hemos venido a hablar de paz y colaboración entre los pueblos. Y hemos venido a advertir que si no resolvemos pacífica y sabiamente las injusticias y desigualdades actuales,el futuro será apocalíptico. El ruido de las armas, del lenguaje amenazante,de la prepotencia en la escena internacional debe cesar. Basta ya de la ilusión de que los problemas del mundo se pueden resolver con armas nucleares. Las bombas podrán matar a los hambrientos,a los enfermos, a los ignorantes, pero no pueden matar el hambre,las enfermedades, la ignorancia. No pueden tampoco matar la justa rebeldía de los pueblos. Y,en el holocausto, morirán también los ricos,que son los que más tienen que perder en este mundo. Digamos adiós a las armas y consagrémonos civilizadamente a los problemas más agobiantes de nuestra era,esa es la responsabilidad y el deber más sagrado de todos los estadistas del mundo. Esa es, además. la premisa indispensable de la supervivencia humana.

Muchas gracias.

Fidel Castro Ruz 《12 de octubre de 1979