Entrada ¨Lagrimas¨
🔹️"El arte,el artista y otras cuestiones"
🔹️Marcelo Rubéns Balboa《Artista plástico,Montevideo,Uruguay🇺🇾》 En la actualidad,estamos inmersos en un mundo alocadamente globalizado,don...
martes, 12 de mayo de 2020
🅰️rte 🎨🅾️bra: 🅿️ensativa inocencia"
martes, 28 de abril de 2020
🌔 '𝓐 𝓵𝓪 𝓝𝓸𝓬𝓱𝓮' 🌒
a la noche...
Con su luna que le presta sus alas,
con sus estrellas que le regalan su brillo.
A la noche...
Cuando acechan las sombras
con sus susurros de años,
cuando alardea el placer,
cuando el vaso de licor se vacía,
cuando se embriga con el aroma de la flor.
A la noche...
Cuando los ángeles y demonios libran esa batalla donde muere y nace la poesía.
A la noche...
Cuando en un solo instante de dicha y descontrol nace la obra sobre un lienzo de meses en blanco.
A la noche...
Cuando palpita el corazón en la bruma,
cuando se encienden las sienes y las llamas queman,
cuando las cenizas caen en un cenicero repleto de consumidos besos.
A la noche...
Cuando el infinito cabe en un solo sueño,o se debate con la fiera,
cuando el mirar del cielo es morir y nacer.
¿A donde vuela el poeta?...
A la noche en pleno desvelo.
Ⓜ️arcelo Rubéns Balboa✍
jueves, 16 de abril de 2020
🔹Fidel Castro y el carácter socialista de la Revolución Cubana 🇨🇺
🔹Fidel Castro pronuncia discurso en la despedida de las víctimas de bombardeo contra los aeropuertos cubanos. Fecha: 1️⃣6️⃣/0️⃣4️⃣/1️⃣9️⃣6️⃣1️⃣.
con los hombres y las mujeres del pueblo”.
humildes,con los humildes y para los humildes.
el crimen,el imperialismo
no puede detener la marcha victoriosa de los pueblos. Girón,VietNam,Laos,Cambodia,
Guinea-Bissau,Mozambique, Angola y otros ejemplos similares,son pruebas irrebatibles de esta verdad”.
sobre todas las formas de esclavitud,explotación,discriminación e injusticia entre los hombres”.
el único camino de los pueblos,de los oprimidos,de los explotados,de los saqueados; el socialismo es la única alternativa! Y hoy, cuando lo quieren cuestionar los, enemigos,debemos defenderlo nosotros más que nunca”.
martes, 14 de abril de 2020
⛓La esclavitud voluntaria⛓
Juan y Pedro llegaron a la edad en que es preciso trabajar para poder vivir.
Hijos de trabajadores,
no tuvieron oportunidad de adquirir una regular cultura que los emancipase de la cadena del salario.
Pero Juan era animoso.
Había leído en los periódicos cómo hombres que habían nacido en cuna humilde habían llegado,por medio del trabajo y del ahorro,a ser los reyes de las finanzas,y a dominar,con la fuerza del dinero,no sólo los mercados,sino las naciones mismas.
Había leído mil anécdotas de los Vanderbilt,de los Rockefeller,
de los Rothschild,de los Carnegie,de todos aquellos que,según la Prensa y hasta según los libros de lectura de las escuelas con que se embrutece á la niñez contemporánea,
están al frente de las finanzas mundiales,no por otra cosa sino -¡vil mentira!- por su dedicación al trabajo y su devoción por el ahorro.
Juan se entregó al trabajo con verdadero ardor.
Trabajó un año,y se encontró tan pobre como el primer día.
A la vuelta de otro año se encontró en las mismas circunstancias,y siguió trabajando más,sin desmayar,sin desesperar.
Pasaron cinco años y se encontró con que,a fuerza de sacrificios,había logrado reunir algunas monedas,no muchas.
Para ahorrarlas necesitó disminuir los gastos de su alimentación,con lo que debilitó sus fuerzas; vistió andrajos,con los que el calor y el frío lo atormentaron,debilitando igualmente su organismo; habitó miserables casuchas,
cuya insalubridad aportó a su organismo su contingente debilitante.
Pero Juan siguió ahorrando, ahorrando dinero a expensas de su salud.
Por cada centavo que lograba guardar,perdía una parte de su fuerza.
Para no pagar renta a propietario alguno compró un lote y fabricó una casita. Después se casó con una muchacha.
El Registro Civil y el cura le arrancaron una buena parte de sus ahorros,obtenidos a costa de tantos sacrificios.
Pasaron algunos años más:
el trabajo no era constante,las deudas comenzaron a afligir al pobre Juan.
Un día se enfermó uno de sus hijitos; el médico no quiso asistir al enfermito porque no se le ofrecía dinero; en el dispensario público atendieron tan mal a la criatura que ésta murió.
Juan,sin embargo,
no se daba por vencido.
Recordaba sus lecturas sobre las famosas virtudes del ahorro y otras patrañas por el estilo. Tenía que ser rico porque trabajaba y ahorraba.
¿No habían hecho lo mismo Rockefeller,Carnegie y muchos más,ante cuyos millones suelta la baba la humanidad inconsciente?
Entretanto los artículos de primera necesidad iban subiendo en precio de manera poco tranquilizadora.
La ración alimenticia se disminuía hasta su extremo límite en el hogar del inocente Juan,y,a pesar de todo,
las deudas aumentaban y ya no podía ahorrar un solo cobre.
Para colmo de desdichas,
el dueño de la negociación en que Juan comenzó a trabajar decidió emplear trabajadores por menos costo,y nuestro héroe,y muchos más,se vieron de la noche a la mañana despedidos del trabajo, ocupando sus lugares nuevos esclavos que,como los anteriores,soñaban con riquezas amasadas a fuerza de trabajo y de ahorro.
Juan tuvo que empeñar su casa, esperando todavía poner a flote la barca de sus ilusiones,que se hundía,se hundía sin remedio.
No pudo pagar la deuda,y tuvo que dejar en las manos de los prestamistas el producto de su sacrificio,el pequeño bien amasado con su sangre.
Obstinado,Juan quiso todavía trabajar y ahorrar,pero en vano.
Las privaciones a que se sujetó por el ansia de ahorrar,el trabajo pesado que había ejecutado en los mejores años de su vida le habían destruido el vigor. En todas partes donde solicitaba trabajo se le decía que no había ocupación para él.
Era una máquina de producir dinero para los amos;
pero demasiado gastada ya.
Las máquinas viejas son visitas con desprecio.
Y,entretanto,la familia de Juan padecía hambre.
En la negra casucha no había fuego,no había abrigos para combatir el frío,las criaturas pedían pan con verdadera furia.
Juan salía todas las mañanas en busca de trabajo; pero ¿quién había de alquilar sus brazos viejos?
Y después de recorrer
la ciudad y los campos,
llegaba al hogar,donde lo esperaban,contristados y hambrientos,los suyos,su mujer,sus hijos,los seres queridos,para quienes soñó las riquezas de Rockefeller,
la fortuna de Carnegie.
Una tarde Juan se detuvo a contemplar el paso de ricos automóviles ocupados por personas regordetas,en cuyos rostros podía adivinarse la satisfacción de llevar una vida sin preocupaciones.
Las mujeres charlaban alegremente,y los hombres, almibarados e insignificantes,
las atendían con frases melifluas que habrían hecho bostezar de fastidio a otras mujeres que no hubieran sido aquellas burguesas.
Hacía frío; Juan tembló pensando en los suyos,que le esperaban en la negra casucha,verdadera
mansión del infortunio.
Cómo habrían de tiritar
de frío en aquel instante;
cómo debían sufrir las torturas indescriptibles del hambre;
qué amargas deberían ser las lágrimas que derramasen en aquellos momentos.
El desfile elegantísimo continuaba.
Era la hora de exhibición de los ricos,de los que,según el pobre Juan.
Habían sabido trabajar
y ahorrar como los Rothschild,como los Carnegie,como los Rockefeller.
En un lujoso carruaje venía un gran señor.
Su porte era magnífico.
Tenía canas,pero su rostro estaba joven.
Juan se llevó la mano a los ojos para limpiarlos,temiendo ser víctima de una ilusión.
No,no le engañaban sus viejos y opacos ojos: aquel gran señor era Pedro,su camarada de la infancia.
Cuánto ha de haber trabajado y ahorrado,pensó Juan,para que haya podido salir de la miseria y llegar a tanta altura y ganar tanta distinción.
¡Ah,pobre Juan!: no había podido olvidar los imbéciles relatos de los grandes vampiros de la humanidad; no había podido olvidar lo que leyó en los libros de las escuelas,
en que tan concienzudamente
se embrutece al pueblo.
Pedro no había trabajado.
Hombre sin escrúpulos y dotado de gran malicia,había podido apercibirse de que lo que se llama honradez no es fuente de riquezas,y se echó a engañar a sus semejantes.
Apenas reunido algún fondito,instaló un taller y alquiló manos baratas;
de ese modo fue subiendo. Ensanchó sus negocios y alquiló más manos,y más,y más,y se convirtió en millonario y en gran señor,gracias a los innumerables Juanes,que toman a pies juntillas los consejos de la burguesía.
Juan continuó presenciando el brillante desfile de haraganes y haraganas.
En la esquina próxima un hombre dirigía la palabra al público.
Escaso auditorio tenía,en verdad,aquel orador.
¿Quién era? ¿Qué predicaba? Juan fue a escuchar.
– Compañeros,decía el hombre,ha llegado el momento de reflexionar.
Los capitalistas son unos ladrones.
Sólo por medio de malas artes se puede llegar a millonario.
Los pobres nos deslomamos trabajando,y cuando ya no podemos trabajar,nos despiden los burgueses como dejan sin amparo al caballo envejecido en el servicio.
¡Tomemos las armas para conquistar nuestro bienestar y el de nuestras familias!
Juan lanzó una mirada despreciativa al orador,escupió al suelo con coraje y se marchó a la casucha negra,donde lo esperaban afligidos,con hambre y con frío,los seres queridos.
No podía morir en él la idea de que el ahorro y la laboriosidad hacen la riqueza del hombre virtuoso. Ni ante el infortunio inmerecido de los suyos pudo reaccionar el alma de aquel miserable,educado para esclavo.
✅Ricardo Flores Magón (16 de septiembre de 1873 – 21 de noviembre de 1922) periodista, escritor, político y anarquista mexicano.
viernes, 27 de marzo de 2020
✍ Las dos plumas 1✍
Detrás de la vidriera de un escaparate,la pluma de oro y la de acero esperaban quién las comprase. La pluma de oro descansaba indolente en un rico estuche que aumentaba sus encantos; la pluma de acero confirmaba su modestia en el fondo de una cajita de cartón.
Los transeúntes,pobres y ricos, viejos y jóvenes,pasaban y repasaban por el escaparate lanzando miradas codiciosas sobre la pluma de oro;ni una mirada para la de acero.
El sol quebraba sus rayos sobre la pluma de oro,que brillaba con destellos de ascua en su lecho de felpa; pero era impotente para imprimir siquiera una débil nota de belleza a la obscura pluma proletaria. Viendo con lástima a su hermana pobre,la pluma rica dijo:
—¡Pobre sarnosa!,aprende a ser admirada.
Acostumbrada la pluma proletaria a las grandes luchas de los verdaderos ideales,creyó oportuno no contestar aquella necedad.
Envalentonada la pluma burguesa por el silencio de la pluma humilde,dijo:
—¿Qué no darías,¡mugrosa!,por parecerte a mí,por ser una pluma de oro?— Y brilló en su felpa como una estrella en el raso del cielo.
La pluma proletaria no pudo reprimir una sonrisa,que, montando en cólera a la pluma burguesa,la hizo prorrumpir en desatinos parecidos a estos:
—Tu sonrisa es la sonrisa de la impotencia. Me das lástima. ¿Qué darías por firmar,como yo, órdenes bancarias por millones y millones de dólares?
Yo ocupo un puesto de honor en los escritorios de caoba y de cedro.
El elegante escritor palaciego firma sus artículos conmigo;el ministro autoriza,por medio de mí,documentos de importancia suma para la nación; el presidente calza sus decretos con una firma que sólo yo debo trazar;la guerra no es declarada sin que una mano augusta me tome entre sus dedos y me haga fijar en el papel su firma soberana;la paz no se pacta con tiñosas plumas de acero: deben ser de oro,y con pluma de oro traza el joven aristócrata sus frases de amor a la dama de gran tono.
La paciencia tiene sus límites hasta en una pluma de acero;así que la pluma modesta,desde el fondo de su cajita de cartón,alzó su voz limpia,sincera,y grande, para decir:
—Entre todas las cosas,la pluma es grande porque ella hace posible que el pensamiento de un gran cerebro se liberte de la cárcel del cráneo,para ir a sacudir otros cerebros que dormitan encerrados en otros cráneos y hacerles dar la hospitalidad, franquearle la entrada,como se debe abrir las puertas y proporcionarle alojamiento a todo aquel que trae luz,esperanza,fuerza…
Pero tú, ¡pluma vanidosa!,eres la deshonra de nuestra especie;yo quebraría mis puntos mejor que prestarme a trazar la firma que debe calzar una orden bancaria por miles de millones de dólares, pues una orden tal es el resultado de un pacto habido entre bandidos. Mi lugar no es el escritorio de caoba;pero prefiero la mesa de pino,sobre la cual el literato del pueblo traza las frases robustas que anuncian al mundo una era de libertad y de justicia. Soy la pluma de la plebe, y como ella,fuerte y sincera.
No me toca el ministro para calzar documentos que sancionan la explotación y la tiranía,ni el presidente me empuña para autorizar las leyes que ordenan la esclavitud y el tormento de los humildes,ni ordeno guerras criminales,ni pacto paces humillantes.
Pero cuando el pensador me toca entre sus dedos creadores;cuando el poeta y el sabio me tocan con sus manos fecundas y el anarquista me hace estampar en las blancas cuartillas sus pensamientos blancos como es la idea casta, siento que mis moléculas tiemblan de emoción,de una emoción pura,fuerte,sana,y eso es mi placer,porque,humilde como soy,yo muevo el mundo del talento,de la sinceridad,del honor. Mi fuerza es inmensa,mi influencia es gigantesca;cuando el escritor proletario me toma entre sus manos,el tirano tiembla,se sobrecoge el clérigo, palidece el burgués;pero la libertad sonríe con sonrisa de aurora; el oprimido sueña con un mundo mejor,y la mano valiente acaricia nerviosa el arma vengadora y redentora.
En mi cajita de cartón me siento grande y noble.Tan humilde como me ves,muevo pueblos, derribo tronos,desquicio catedrales, humillo dioses; soy luz para las tinieblas del cerebro; soy clarín que convoca a generala a los humildes para convertirlos en soberbios,y sueno a somatén para reunir a los bravos en la trinchera y convocar a los HOMBRES a la barricada.
Tú sirves para calzar el decreto del tirano; yo,para calzar la proclama del rebelde.
Tú oprimes; yo liberto.
El estrépito del motor de un automóvil,que paró frente a la tienda,impidió que se escuchase el resto del simpático discurso de la pluma proletaria.



