unas pupilas perdidas,
una noche tan muerta como el reloj,
unas paredes susurran historias,
un perfume barato,
unas manchas de humedad.
una estrella apagada en el corazón,
un sol que no amanece,
una copa de licor,
un cielo amargo,
una luna que muere sobre el colchón.
el dios que recita es un traidor,
espera ese milagro hace tres siglos,
plegarias al borde de un abismo que no eligió.
un silencio que grita sin compasión,
una corona de espinas;
sangran sus sienes.
Un mundo sin puertas por donde escapar,
de espaldas la hipocresía le da la extremaunción.
del baño a la cocina bostezando días;
el espejismo de un mar,
caracolas negras,
un jardín de invierno,
un manzano podrido,
maquilla su rostro
enmascara su dolor.
vidas muertas por obligación,
guarda palabras que nunca se dijeron
bien al costado de la confesión.
una carta que exige el alquiler,
un celular que escupe siempre la misma melodía,
un diablo que apuesta a ganador.
en su ventana un nido de gorrión,
un canto que canta la canción de las aceras...
Noelia se le ríe de frente
