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martes, 14 de noviembre de 2017

✔V. I. Lenin ✔EL SOCIALISMO Y LA GUERRA (La actitud del P. O. S. D. R. ante la guerra) ☭

   ✔V. I. Lenin

✔EL SOCIALISMO Y LA GUERRA (La actitud del P. O. S. D. R. ante la guerra) Escrito: En julio-agosto de 1915[1]. Primera publicación: En forma de libro a fines de 1915 por la Redacción del periódico Sotsial-Demokrat, Ginebra. Fuente: V. I. Lenin, Tres artículos de Lenin sobre la guerra y la paz. Pekín: Ediciones en Lenguas Extranjeras, 1976. 

✔ PRÓLOGO A LA PRIMERA EDICIÓN (PUBLICADA EN EL EXTRANJERO)

✔PRÓLOGO A LA SEGUNDA EDICIÓN I:

✔LOS PRINCIPIOS DEL SOCIALISMO Y LA GUERRA DE 1914-1915

La actitud de los socialistas ante la guerra |  Tipos históricos te guerras modernas |  Diferencia entre guerra ofensiva y guerra defensiva |  La guerra actual es una guerra imperialista |  La guerra entre los más grandes esclavistas por el mantenimiento y fortalecimiento de la esclavitud |  "La guerra es la prolongación de la política por otros medios" (a saber: por la violencia) |  El ejemplo de Bélgica |  ¿Por qué combate Rusia? |  ¿Que es el socialchovinismo? |  El manifiesto de Basilea |  Las falsas referencias a Marx y a Engels |  La bancarrota de la II Internacional |  El socialchovinismo es el oportunismo más acabado |  La unidad con los oportunistas es la alianza de los obreros con "su" burguesía nacional y la escisión de la clase obrera revolucionaria internacional |  El "kautskismo" |  La consigna de los marxistas es la consigna de la socialdemocracia revolucionaria |  El ejemplo de la fraternización en las trincheras |  Importancia de la organización ilegal |  Sobre la derrota del "propio" gobierno en la guerra imperialista |  Sobre el pacifismo y la consigna de la paz |  Sobre el derecho de las naciones a la autodeterminación II:

✔LAS CLASES Y LOS PARTIDOS EN RUSIA

La burguesía y la guerra |  La clase obrera y la guerra |  La fracción obrera socialdemócrata de Rusia en la Duma del Estado y la guerra III:

✔LA RECONSTRUCCION DE LA INTERNACIONAL El método de los socialchovinistas y del "centro" |  La situación en la oposición |  El Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia y la III Internacional IV:

✔HISTORIA DE LA ESCISION Y SITUACION ACTUAL DE LA SOCIALDEMOCRACIA EN RUSIA Los "economistas" y la vieja Iskra (1894-1903) |  El menchevismo y el bolchevismo (1903-1908) |  El marxismo y el liquidacionismo (1908-1914) |  Marxismo y socialchovinismo (1914-1915) |  La situación actual en la socialdemocracia rusa |  Las tareas de nuestro Partido

✔NOTAS PRÓLOGO A LA PRIMERA EDICIÓN  (PUBLICADA EN EL EXTRANJERO)

La guerra dura ya un año. Nuestro Partido fijó su actitud ante ella, en su comienzo mismo, en el manifiesto del Comité Central, redactado en setiembre de 1914 y publicado (después de ser distribuido a los miembros del Comité Central y a los representantes responsables de nuestro Partido en Rusia, y de recibir su conformidad) el 1 de noviembre de 1914 en el núm. 33 de Sotsial-Demokrat, órgano del Comité Central de nuestro Partido*. Más tarde, en el número 40 (29 de marzo de 1915), aparecieron las resoluciones de la Conferencia de Berna**, que of recen una exposición más precisa de nuestros principios y de nuestra táctica. En el momento actual, el estado de ánimo revolucionario de las masas crece evidentemente en Rusia. Sintomas del mismo fenómeno se observan por doquier en otros países, pese a que las aspiraciones revolucionarias del proletariado se ven ahogadas por la mayoráa de los partidos socialdemócratas oficiales, que se han puesto del lado de sus gobiernos y de su burguesía. En virtud de tal estado de cosas, es muy necesaria la publicación de un folleto que haga un balance de la táctica socialdemócrata respecto de la guerra. Reeditamos integramente los documentos del Partido antes citados, acompañándolos de breves explicaciones en las que tratamos de tomar en cuenta los principales argumentos que, en favor de la táctica burguesa y la táctica proletaria, han sido expuestos en las publicaciones y en las reuniones del Partido.

✔PROLOGO A LA SEGUNDA EDICION

El presente folleto fue escrito en el verano de 1915, en la vispera de la Conferencia de Zimmerwald. Apareció también en alemán y francés, y ha sido reimpreso en noruego en su totalidad en el órgano de la Juventud Socialdemócrata Noruega. La edición alemana del folleto fue introducida clandestinamente en Alemania -- en Berlín, Leipzig, Bremen y otras ciudades --, y difundida ilegalmente por los partidarios de la izquierda de Zimmerwald y por el grupo de Karl Liebknecht. La edición francesa, impresa clandestinamente en París, fue difundida allí por los zimmenvaldianos franceses. De la edición rusa llegaron al país muy contados ejemplares, y en Moscú fue copiada a mano por los obreros. Ahora reimprimimos íntegramente este folleto, a título de documento. El lector debe recordar siempre que fue escrito en agosto de 1915. Hay que recordarlo sobre todo en los pasajes en que se habla de Rusia: Rusia era todavía la Rusia zarista, la Rusia de los Románov. . . Editado en forma de libro en 1918.

✔EL SOCIALISMO Y LA GUERRA (La actitud del P. O. S. D. R. ante la guerra) CAPITULO I LOS PRINCIPIOS DEL SQCIALISMO Y LA GUERRA DE 1914-1915

La actitud de los socialistas ante la guerra Los socialistas han condenado siempre las guerras entre los pueblos como algo bárbaro y feroz. Pero nuestra actitud ante la guerra es distinta, por principio, de la que asumen los pacifistas burgueses (partidarios y propagandistas de la paz) y los anarquistas. Nos distinguimos de los primeros en que comprendemos el lazo inevitable que une las guerras con la lucha de clases en el interior del país, y en que comprendemos que no se puede suprimir las guerras sin suprimir antes las clases y sin instaurar el socialismo; también en que reconocemos plenamente la legitimidad, el carácter progresista y la ne cesidad de las guerras civiles, es decir, de las guerras de la clase oprimida contra la clase opresora, de los esclavos contra los esclavistas, de los campesinos siervos contra los terratenientes y de los obreros asalariados contra la burguesía. Nosotros, los marxistas, diferimos tanto de los pacifistas como de los anarquistas en que reconocemos la necesidad de estudiar históricamente (desde el punto de vista del materialismo dialéctico de Marx) cada guerra en particular. La historia ha conocido muchas guerras que, pese a los horrores, las ferocidades, las calamidades y los sufrimientos que toda guerra acarrea inevitablemente, fueron progresistas, es decir, útiles para el progreso de la humanidad, contribuyendo a destruir instituciones particularmente nocivas y reaccionarias (como, por ejemplo, la autocracia o la servidumbre), y las formas más bárbaras del despotismo en Europa (la turca y la rusa). Por esta razón, hay que examinar las peculiaridades históricas de la guerra actual. Tipos históricos de guerras modernas La Gran Revolucion Francesa inauguro una nueva época en la historia de la humanidad. Desde entonces hasta la Comuna de Paris, es decir, desde 1789 a 1871, las guerras de liberación nacional, de carácter progresista burgués, constituían uno de los tipos de guerra. Dicho en otros términos: el contenido principal y la significación histórica de estas guerras eran el derrocamiento del absolutismo y del régimen feudal, su quebrantamiento y la supresión del yugo nacional extranjero. Eran, por ello, guerras progresistas, y todos los demócratas honrados y revolucionarios, asé como todos los socialistas, simpatizaban siempre, en esas guerras con el triunfo del país (es decir, de la burguesía) que contribuía a derrumbar o a minar los pilares más peligrosos del régimen feudal, del absolutismo y de la opresión ejercida sobre otros pueblos. Así, por ejemplo, en las guerras revolucionarias de Francia hubo un elemento de saqueo y de conquista de tierras ajenas por los franceses, sin embargo, ello no cambia en nada la significación histórica fundamental de esas guerras, que demolían y que brantaban el régimen feudal y el absolutismo de toda la vieja Europa, de la Europa feudal. Durante la guerra franco-prusiana, Alemania expolió a Francia, pero ello no altera la significación histórica fundamental de esta guerra, que liberó a decenas de millones de alemanes del desmembramiento feudal y de la opresión de dos despotas: el zar ruso y Napoleón III. Diferencia entre guerra ofensiva y guerra defensiva La época de 1789 a 1871 ha dejado huellas profundas y recuerdos revolucionarios. Antes de que fueran destruidos el régimen feudal, el absolutismo y el yugo nacional extranjero, no cabía hablar siquiera del desarrollo de la lucha proletaria por el socialismo. Cuando los socialistas hablaban del carácter legítimo de la guerra "defensiva", refiriéndose a las guerras de esa época, siempre tenían en cuenta precisamente esos fines, que se reducían a la revolución contra el régimen medieval y la servidumbre. Los socialistas entendieron siempre por guerra "defensiva" una guerra "justa " en este sentido (expresión empleada en cierta ocasión por W. Liebknecht). Sólo en ese sentido, los socialistas admitían y siguen admitiendo el carácter legítimo, progresista y justo de la "defensa de la patria" o de una guerra "defensiva". Si, por ejemplo, mañana Marruecos declarase la guerra a Francia, la India a Inglaterra, Persia o China a Rusia, etcétera, esas guerras serían guerras "justas", "defensivas", independientemente de quien atacara primero, y todo socialista simpatizaría con la victoria de los Estados oprimidos, dependientes, menoscabados en sus derechos, sobre las "grandes" potencias opresoras, esclavistas y expoliadoras. Pero imaginese que un propietario de cien esclavos hace la guerra a otro que posee doscientos por llegar a una distribución más "equitativa" de los esclavos. Es evidente que emplear en este caso el concepto de guerra "defensiva" o de "defensa de la patria" sería falsificar la historia y, en la práctica, equivaldría pura y simplemente a un engano de la gente sencilla, de los pequeños burgueses y de los ignorantes por hábiles esclavistas. Pues bien, precisamente así engaña hoy la burguesía imperialista a los pueblos, valiéndose de la ideologia "nacional" y de la idea de defensa de la patria, en la guerra actual que los esclavistas libran entre si para consolidar y reforzar la esclavitud. La guerra actual es una guerra imperialista Casi todo el mundo reconoce que la guerra actual es una guerra imperialista, pero en la mayor parte de los casos se tergiversa esta idea, ya sea aplicándola a una de las partes o bien dando a entender que, pese a todo, esta guerra podría tener un carácter burgués progresista, de liberación nacional. El imperialismo es la fase superior del desarrollo del capitalismo, fase a la que sólo ha llegado en el siglo XX. El capitalismo comenzó a sentirse limitado dentro del marco de los viejos Estados nacionales, sin la formación de los cuales no habría podido derrocar al feudalismo. El capitalismo ha llevado la concentración a tal punto, que ramas enteras de la industria se encuentran en manos de asociaciones patronales, trusts, corporaciones de capitalistas multimillonarios, y casi todo el globo terrestre esta repartido entre estos "potentados del capital", bien en forma de colonias o bien envolviendo a los países extranjeros en las tupidas redes de la explotación financiera. La libertad de comercio y la libre competencia han sido sustituidas por la tendencia al monopolio, a la conquista de tierras para realizar en ellas inversiones de capital y lle varse sus materias primas, etc. De liberador de naciones, como lo fue en su lucha contra el feudalismo, el capitalismo se ha convertido, en su fase imperialista, en el más grande opresor de naciones. El capitalismo, progresista en otros tiempos, se ha vuelto reaccionario; ha desarrollado las fuerzas productivas a tal extremo, que a la humanidad no le queda otro camino que pasar al socialismo, o bien sufrir durante años, e incluso durante decenios, la lucha armada de las "grandes" potencias por el mantenimiento artificial del capitalismo mediante las colonias, los monopolios, los privilegios y todo género de la opresión nacional. La guerra entre los más grandes esclavistas por el mantenimiento y fortalecimiento de la esclavitud A fin de mostrar con claridad la significación del imperialismo, citamos a continuación datos precisos sobre el reparto del mundo entre las llamadas "grandes" potencias (es decir,las que han tenido éxito en el gran saqueo).

《Ver cuadro abajo en las NOTAS》✔Este cuadro nos permite ver cómo los pueblos que de 1789 a 1871 lucharon, en la mayoría de los casos al frente de los otros, por la libertad, se han convertido en nuestra época, después de 1876 y gracias a un capitalismo altamente desarrollado y "pasado de maduro", en los opresores y explotadores de la mayoría de la población y de las naciones del globo. Entre 1876 y 1914, seis "grandes" potencias se apoderaron de 25 millones de kilometros cuadrados, ¡es decir, una superficie dos veces y media más grande que la de toda Europa! Seis potencias subyugan a una población de más de quinientos millones (523) de habitantes en las colonias. Por cada cuatro habitantes de las "grandes" potencias hay cinco habitantes de "sus" colonias. Y todo el mundo sabe que las colonias han sido con quistadas a sangre y fuego, que sus pobladores son tratados barbaramente y explotados de mil maneras (mediante la exportación de capitales, concesiones, etc., el engaño en la venta de mercancías, el sometimiento a las "autoridades" de la nación "dominante", etc., y con otras cosas por el estilo). La burguesía anglo-francesa engaña a los pueblos al decir que hace la guerra en aras de la libertad de los pueblos y de Bélgica, cuando en realidad la hace para conservar los inmensos territorios coloniales de los que se ha apoderado. Los imperialistas alemanes evacuarian de inmediato Bélgica y otros países si los ingleses y franceses se repartiesen "amistosamente" con ellos sus colonias. Lo peculiar de la situación actual consiste en que la suerte de las colonias se decide con la guerra que se libra en el continente. Desde el punto de vista de la justicia burguesa y de la libertad nacional (o del derecho de las naciones a la existencia), Alemania tendría sin duda alguna razón contra Inglaterra y Francia, ya que ha sido "defraudada" en el reparto de las colonias, y sus enemigos oprimen a muchísimas más naciones que ella; en cuanto a su aliada, Austria, los eslavos por ella oprimidos gozan sin duda de más libertad que en la Rusia zarista, verdadera "carcel de pueblos". Pero la propia Alemania no lucha por liberar a los pueblos, sino por sojuzgarlos. Y no corresponde a los socialistas ayudar a un bandido más joven y más vigoroso (Alemania) a desvalijar a otros bandidos más viejos y más cebados. Lo que deben hacer los socialistas es aprovechar la guerra que se hacen los bandidos para derrocar a todos ellos. Para esto, es preciso ante todo que los socialistas digan al pueblo la verdad, a saber, que esta guerra es, en un triple sentido, una guerra entre esclavistas para reforzar la esclavitud. En primer lugar, es una guerra que tiende a consolidar la esclavitud de las colonias mediante un reparto mas "equitativo" y una explotación ulterior mas "coordinada" de las mismas; en segundo lugar, es una guerra que persigue el reforzamiento del yugo que pesa sobre las naciones extrañas en el seno mismo de las "grandes" potencias, pues tanto Austria como Rusia (y esta mucho mas y mucho peor que aquélla) sólo se mantienen gracias a ese yugo que refuerzan con la guerra; en tercer lugar, es una guerra con vistas a intensificar y prolongar la esclavitud asalariada, pues el proletariado está dividido y aplastado, mientras que los capitalistas salen ganando, enriqueciéndose con la guerra, avivando los prejuicios nacionales e intensificando la reacción, que ha levantado la cabeza en todos los países, aun en los más libres y republicanos. "La guerra es la prolongación de la política por otros medios" (a saber: por la violencia)[2] Esta famosa sentencia pertenece a Clausewitz, uno de los más profundos escritores sobre temas militares. Los marxistas siempre han considerado esta tesis, con toda razón, como la base teórica de las ideas sobre la significación de cada guerra en particular. Justamente desde este punto de vista examinaron siempre Marx y Engels las diferentes guerras. Apliquese esta tesis a la guerra actual. Se verá que durante decenios, casi desde hace medio siglo, los gobiernos y las clases dominantes de Inglaterra, Francia, Alemania, Italia, Austria y Rusia practicaron una política de saqueo de las colonias, de opresión de otras naciones y de aplastamiento del movimiento obrero. Y esta política precisamente, y sólo ésta, es la que se prolonga en la guerra actual. En especial, tanto en Austria como en Rusia, la politica de tiempos de paz, al igual que la de tiempos de guerra, ha consistido en esclavizar a las naciones y no en liberarlas. Por el contrario, en China, en Persia, en la India y otros países dependientes vemos en los últimos decenios la política del despertar de decenas y centenas de millones de hombres a la vida nacional, una política que tiende a liberarlos del yugo de las "grandes" potencias reaccionarias. Sobre este terreno histórico concreto, una guerra puede tener también hoy un carácter progresista burgués, puede ser una guerra de liberación nacional. Basta considerar la guerra actual como una prolongación de la política de las "grandes" potencias y de las clases fundamentales de las mismas para ver de inmediato el carácter antihistórico, la falsedad y la hipocresía de la opinión según la cual puede justificarse, en la guerra actual, la idea de la "defensa de la patria". El ejemplo de Bélgica Los socialchovinistas de la Triple (hoy Cuádruple) Entente (en Rusia, Plejánov y Cía.) gustan sobre todo de invocar el ejemplo de Bélgica. Pero este ejemplo se vuelve contra ellos. Los imperialistas alemanes han violado desvergonzadamente la neutralidad de Bélgica, como han hecho siempre y por doquier los Estados beligerantes que, cuando les conviene, pisotean todos los tratados y todas las obligaciones. Admitamos que todos los Estados que tienen interés en respetar los tratados internacionales hubieran declarado la guerra a Alemania para exigir que este país evacuase a Bélgica y le pagara una indemnización. En este caso, la simpatía de los socialistas estaría, como es natural, del lado de los enemigos de Alemania. Ahora bien, la cuestión estriba precisamente en que la "Triple (y Cuádruple) Entente" no hace la guerra por Bélgica. Esto lo sabe muy bien todo el mundo, y solo los hipócritas lo disimulan. Inglaterra saquea las colonias de Alemania y Turquía; Rusia hace lo propio con Galitzia y Turquía; Francia procura conseguir la Alsacia-Lorena e incluso la orilla izquierda del Rin; con Italia se ha firmado un tratado para repartir el botín (Albania y el Asia menor), y con Bulgaria y Rumania se regatea también por el reparto del botín. En la guerra que hoy libran los gobiernos actuales ¡no se puede ayudar a Bélgica más que ayudando a estrangular a Austria o a Turquía, etc.! ¿¿A qué viene aquí la "defensa de la patria"?? Justamente en esto reside el carácter peculiar de la guerra imperialista, guerra entre gobiernos burgueses reaccionarios, que se han sobrevivido históricamente, destinada a sojuzgar a otras naciones. Quien justifica la participación en esta guerra, contribuye a perpetuar la opresión imperialista de las naciones. Quien preconiza la explotación de las dificultades actuales de los gobiernos para luchar en favor de la revolución social, defiende la libertad real de todas las naciones sin excepción, que sólo puede ser alcanzada con el socialismo. ¿Por qué combate Rusia? En Rusia, el imperialismo capitalista de novísimo tipo se ha revelado plenamente en la política del zarismo con respecto a Persia, Manchuria y Mongolia; pero lo que predomina, en general, en Rusia, es el imperialismo militar y feudal. En ninguna parte del mundo está tan oprimida la mayoría de la po blación como en Rusia: los gran rusos sólo constituyen el 43% de la población, es decir, menos de la mitad, y el resto de los habitantes, por no ser rusos, carecen de derechos. De los 170 millones de habitantes que tiene Rusia, cerca de 100 millones están oprimidos y carecen de derechos. El zarismo hace la guerra para apoderarse de Galitzia y estrangular definitivamente la libertad de los ucranianos, para apoderarse de Armenia, de Constantinopla, etc. El zarismo ve en la guerra un medio para distraer la atención del descontento que aumenta en el interior del país y aplastar el movimiento revolucionario que va en ascenso. Hoy por cada dos gran rusos hay en Rusia de dos a tres "alógenos" privados de derechos. El zarismo pretende, por medio de la guerra, aumentar el número de naciones oprimidas, intensificar su opresión y, de este modo, minar la lucha por la libertad que libran los gran rusos mismos. La posibilidad de oprimir y desvalijar a otros pueblos agrava el estancamiento económico, pues en vez de desarrollarse las fuerzas productivas, se busca la fuente de los ingresos en la explotación semifeudal de los pueblos "alógenos". Por tanto, por parte de Rusia, esta guerra tiene un carácter sumamente reaccionario y opuesto a toda libertad.
☞¿Que es el socialchovinismo?
El socialchovinismo es la sustentación de la idea de "defensa de la patria" en la guerra actual. De esta posición derivan, como consecuencia, la renuncia a la lucha de clases, la votación de los créditos de guerra, etc. Los socialchovinistas aplican, de hecho, una política antiproletaria, burguesa, pues lo que propugnan en realidad no es la "defensa de la patria" en el sentido de la lucha contra el yugo extranjero, sino el "derecho" de tales o cuales "grandes" potencias a saquear las colonias y oprimir a otros pueblos. Los socialchovinistas repiten el engaño burgués de que la guerra se hace en defensa de la libertad y de la existencia de las naciones, con lo cual se ponen del lado de la burguesía contra el proletariado. Entre los socialchovinistas figuran tanto los que justifican y exaltan a los gobiernos y a la burguesía de uno de los grupos de potencias beligerantes como los que, a semejanza de Kautsky, reconocen a los socialistas de todas las potencias beligerantes el mismo derecho a "defender la patria". El socialchovinismo, que defiende de hecho los privilegios, las ventajas, el saqueo y la violencia de "su" burguesía imperialista (o de toda burguesía en general), constituye una traición absoluta a todas las ideas socialistas y a la resolución del Congreso Socialista Internacional de Basilea. El manifiesto de Basilea El manifiesto sobre la guerra, aprobado por unanimidad en Basilea en 1912, tenía en cuenta precisamente la guerra entre Inglaterra y Alemania, con sus aliados actuales, que estallo en 1914. El manifiesto declara abiertamente que ningún interés popular puede justificar una guerra semejante, que se libra en áras de los "beneficios de los capitalistas y por conveniencias dinásticas", sobre la base de la política imperialista, expoliadora, de las grandes potencias. El manifiesto declara en forma expresa que la guerra es peligrosa "para los gobiernos" (para todos sin excepción), hace notar que sienten el temor a la "revolución proletaria" y señala con toda precisión el ejemplo de la Comuna de 1871 y el de octubre-diciembre de 1905, es decir, el ejemplo de la revolución y de la guerra civil. Así, pues, el manifiesto de Basilea establecía, justamente para la guerra actual, la táctica de la lucha revolucionaria de los trabajadores contra sus gobiernos en escala internacional, la táctica de la revolución proletaria. El manifiesto de Basilea repite las palabras de la resolución de Stuttgart de que en caso de estallar la guerra, los socialistas deben aprovechar la "crisis económica y política" creada por ella para "precipitar el hundimiento del capitalismo", es decir, aprovechar en beneficio de la revolución socialista las dificultades que la guerra causa a los gobiernos, así como la indignación de las masas. La política de los socialchovinistas, que justifican la guerra desde el punto de vista burgués sobre los movimientos de liberación, que admiten la "defensa de la patria", que votan en favor de los créditos de guerra y participan en los ministerios, etcétera, es una traición abierta al socialismo, que sólo puede explicarse, como veremos más adelante, por el triunfo del oportunismo y de la política obrera nacional-liberal en el seno de la mayoría de los partidos europeos. Las falsas referencias a Marx y a Engels Los socialchovinistas rusos (con Plejánov a la cabeza) se remiten a la táctica de Marx con respecto a la guerra de 1870; los alemanes (por el estilo de Lensch, David y Cía.) invocan la declaración de Engels en 1891, sobre el deber de los socialistas alemanes de defender la patria en caso de guerra contra Rusia y Francia coaligadas; finalmente, los socialchovinistas del tipo de Kautsky, deseosos de transigir con el chovinismo internacional y de legitimarlo, se remiten al hecho de que Marx y Engels, aun condenando como condenaban la guerra, se pusieron constantemente, desde 1854-1855 hasta 1870-1871 y en 1876-1877, de parte de tal o cual Estado beligerante, una vez que la guerra, pese a todo, había estallado. Todas estas referencias constituyen una indignante desna turalización de las ideas de Marx y Engels para complacer a la burguesía y a los oportunistas, de la misma manera que los escritos de los anarquistas Guillaume y Cía. tergiversan las ideas de Marx y Engels para justificar el anarquismo. La guerra de 1870-1871 fue, por parte de Alemania, una guerra históricamente progresista hasta la derrota de Napoleón III, pues él, de acuerdo con el zar, había oprimido a Alemania durante largos años, manteniendo en ella el fraccionamiento feudal. Pero en cuanto la guerra se trasformó en un saqueo de Francia (con la anexión de Alsacia-Lorena), Marx y Engels condenaron resueltamente a los alemanes. E incluso al comienzo mismo de la guerra, Marx y Engels aprobaron la negativa de Bebel y Liebknecht a votar los créditos y aconsejaron a los socialdemócratas no mezclarse con la burguesía, sino defender los intereses independientes, de clase, del proletariado. Extender esta apreciación sobre una guerra progresista burguesa y de liberación nacional a la guerra imperialista actual, es mofarse de la verdad. Lo mismo puede decirse -- y con mayor razón -- de la guerra de 1854-1855 y de todas las guerras del siglo XIX, cuando no existían ni el imperialismo actual, ni las condiciones objetivas ya maduras para el socialismo, ni partidos socialistas de masas en todos los países beligerantes es decir, en una época en que no se daban precisamente las condiciones en que se basaba el manifiesto de Basilea para trazar la tactica de la "revolucion proletaria" en relación con la guerra entre las grandes potencias. Quienes invocan hoy la actitud de Marx ante las guerras de la época de la burguesía progresista y olvidan las palabras de Marx, de que "los obreros no tienen patria" -- palabras que se refieren precisamente a la época de la burguesía reaccionaria y caduca, a la época de la revolución socialista --, tergiversan desvergonzadamente a Marx y sustituyen el punto de vista socialista por un punto de vista burgués. La bancarrota de la II Internacional Los socialistas del mundo entero declararon solemnemente en 1912, en Basilea, que consideraban la guerra europea que se avecinaba como una empresa "criminal" y archirreaccionaria de todos los gobiernos, que debía precipitar el hundimiento del capitalismo engendrando inevitablemente la revolución contra él. Llegó la guerra y estalló la crisis. En vez de aplicar una táctica revolucionaria, la mayoría de los partidos social-demócratas aplicó una táctica reaccionaria, poniéndose del lado de sus gobiernos y de su burguesía. Esta traición al socialismo marca la bancarrota de la II Internacional (1889-1914), y nosotros debemos tener una clara idea de qué es lo que ha provocado esta bancarrota, qué ha engendrado el socialchovinismo y qué le ha dado fuerza. El socialchovinismo es el oportunismo más acabado Durante toda la época de la II Internacional se libró en todas partes una lucha en el seno de los partidos socialdemócratas entre el ala revolucionaria y el ala oportunista. En varios países (Inglaterra, Italia, Holanda y Bulgaria) se llegó, con este motivo, a la escisión. Ningún marxista dudaba de que el oportunismo expresa la política burguesa en el movimiento obrero, los intereses de la pequeña burguesía y de la alianza de una ínfima porción de obreros aburguesados con "su" burguesía, contra los intereses de las masas proletarias, oprimidas. Las condiciones objetivas de fines del siglo XIX reforzaron especialmente el oportunismo, trasformando la utilización de la legalidad burguesa en servilismo ante ella, creando una pequeña capa burocrática y aristocrática de la clase obrera e incorporando a las filas de los partidos socialdemócratas a muchos "compañeros de ruta" pequeñoburgueses. La guerra aceleró este desarrollo, convirtiendo el oportunismo en socialchovinismo, y la alianza secreta de los oportunistas con la burguesía en una alianza abierta. Además, las autoridades militares han declarado en todas partes el estado de guerra y amordazado a las masas obreras, cuyos viejos jefes se han pasado, casi en su totalidad, al campo de la burguesía. La base económica del oportunismo y del socialchovinismo es la misma: los intereses de una capa ínfima de obreros privilegiados y de la pequeña burguesía, que defienden su situación excepcional y su "derecho" a recibir unas migajas de los beneficios que obtiene "su" burguesía nacional del saqueo de otras naciones, de las ventajas que le da su situación de gran potencia, etc. El contenido ideológico y político del oportunismo y del socialchovinismo es el mismo: la colaboración de las clases en vez de la lucha entre ellas, la renuncia a los medios revolucionarios de lucha y la ayuda a "su" gobierno en su difícil situación, en lugar de aprovechar sus dificultades en favor de la revolución. Si consideramos todos los países europeos en su conjunto, sin detenernos en personalidades aisladas (aunque se trate de las más prestigiosas), veremos que precisamente la corriente oportunista ha sido el principal sostén del socialchovinismo, y que del campo revolucionario se alza, casi en todas partes, una protesta más o menos consecuente contra esa corriente. Y si examinamos, por ejemplo, la manera cómo se agruparon las diversas corrientes en el Congreso Socialista Internacional de Stuttgart, en 1907, veremos que el marxismo internacional se pronunció contra el imperialismo, mientras que el oportunismo internacional se manifestó ya entonces en su favor. La unidad con los oportunistas es la alianza de los obreros con "su" burguesía nacional y la escisión de la clase obrera revolucionaria internacional En el pasado, antes de la guerra, el oportunismo fue considerado a menudo como un componente legítimo, aunque "divisionista" y "extremista", del Partido Socialdemócrata. La guerra ha demostrado que esto ya no será posible en el futuro. El oportunismo "ha llegado a su plena madurez" y desempeñado hasta el fin su papel de emisario de la burguesía en el movimiento obrero. La unidad con los oportunistas se ha vuelto pura hipocresía, de la que vemos un ejemplo en el Partido Socialdemócrata Alemán. En todas las grandes ocasiones (como por ejemplo en la votación del 4 de agosto), los oportunistas presentan su ultimátum y logran imponerlo gracias a sus múltiples vínculos con la burguesía, al hecho de tener la mayoría en las direcciones de los sindicatos, etc. Hoy, la unidad con los oportunistas significa de hecho la subordinación de la clase obrera a "su" burguesía nacional y la alianza con ella para oprimir a otras naciones y luchar por los privile gios de toda gran potencia, lo cual representa la escisión del proletariado revolucionario de todos los países. Por dura que sea, en algunos casos, la lucha contra los oportunistas, que dominan en muchas organizaciones, y sean cuales fueren en los distintos países las peculiaridades que adopte el proceso de depuración de los partidos obreros para desembarazarse de los oportunistas, este proceso es inevitable y fecundo. El socialismo reformista agoniza; el socialismo que renace "será revolucionario, intransigente e insurreccional", según la acertada expresión del socialista francés Paul Golay El "kautskismo" Kautsky, la más alta autoridad de la II Internacional, es el ejemplo más típico y claro de cómo el reconocimiento verbal del marxismo ha llevado en la práctica a trasformarlo en "struvismo" o en "brentanismo"[3]. Plejánov nos of rece otro ejemplo de ello. Mediante sofismas evidentes, se extirpa del marxismo su espíritu vivo y revolucionario, y se admite en él todo, excepto los medios revolucionarios de lucha y la propaganda y preparación de los mismos, así como la educación de las masas en ese sentido. Despreciando todo principio, Kautsky "concilia" la idea fundamental del socialchovinismo, la aceptación de la defensa de la pa¿ria en la guerra actual, con concesiones diplomáticas y ostensibles a la izquierda, tales como la abstención en la votación de los créditos de guerra, la actitud verbal en favor de la oposición, etc. Kautsky, que en 1909 escribió todo un libro sobre la inminencia de una época de revoluciones y sobre las relaciones entre la guerra y la revolución ¡ Kautsky, que en 1912 firmó el manifiesto de Basilea sobre la utilización revolucionaria de la guerra que se avecinaba, ahora justifica y exalta el socialchovinismo por todos los medios y, como Plejánov, se une a la burguesía para ridiculizar toda idea de revolución, toda iniciativa en el sentido de una lucha revolucionaria directa. La clase obrera no puede cumplir su misión revolucionaria universal sin librar una guerra implacable contra esa actitud de renegados, contra esa falta de principios, contra esa actitud servil hacia el oportunismo y contra ese increíble envilecimiento teórico del marxismo. El kautskismo no es fruto del azar, sino el producto social de las contradicciones de la II Internacional, de la combinación de la fidelidad verbal al marxismo con la sumisión, de hecho, al oportunismo. Esta falsedad esencial del "kautskismo" se manifiesta de distintas formas en diferentes países. En Holanda, Roland Holst, a la vez que rechaza la idea de la defensa de la patria, aboga por la unidad con el partido de los oportunistas. En Rusia, Trotski, que también rechaza esa idea, defiende asimis mo la unidad con el grupo oportunista y chovinista de Nasha Zariá. En Rumania, Rakovski declara la guerra al oportunismo por considerarlo culpable de la bancarrota de la II Internacional, pero al mismo tiempo está dispuesto a admitir la legitimidad de la idea de la defensa de la patria. Todas estas no son más que manifestaciones del mal que los marxistas holandeses (Gorter y Pannekoek) han llamado el "radicalismo pasivo" y que se reduce a la suplantación del marxismo revolucionario por un eclecticismo en teoría, y por el servilismo o la impotencia ante el oportunismo en la práctica. La consigna de los marxistas es la consigna de la socialdemocracia revolucionaria Es indudable que la guerra ha creado la más grave de las crisis y acentuado increíblemente las calamidades de las masas. El carácter reaccionario de esta guerra, las mentiras desvergonzadas de la burguesía de todos los países, que disimula sus objetivos de rapiña con una ideología "nacional", suscitan ineludiblemente, en la situación revolucionaria objetiva que se ha creado, un espíritu revolucionario entre las masas. Nuestro deber es ayudar a que las masas adquieran conciencia de ese espíritu, profundizarlo y darle forma. Esta tarea sólo la expresa certeramente la consigna de la trasformación de la guerra imperialista en guerra civil, y toda lucha consecuente de clase durante la guerra, toda táctica de "acciones de masas", aplicada en serio, conduce de modo inevitable a dicha trasformación. No podemos saber si un fuerte movimiento revolucionario estallará con motivo de la primera o de la segunda guerra imperialista de las grandes potencias, o si estallará en el curso de esta guerra o después de ella, pero de todos modos nuestro deber ineludible es trabajar de un modo sistemático y firme en esa dirección. El manifiesto de Basilea se refiere directamente al ejemplo de la Comuna de París, es decir, a la trasformación de una guerra entre gobiernos en guerra civil. Hace medio siglo el proletariado era demasiado débil; las condiciones objetivas del socialismo no estaban aún maduras; entre los movimientos revolucionarios de todos los países beligerantes no podía haber coordinación ni cooperación; el entusiasmo de una parte de los obreros de París por la "ideología nacional" (la tradición de 1792) fue manifestación de su debilidad pequeñoburguesa, como señaló Marx en su oportunidad, y fue una de las causas del fracaso de la Comuna. Medio siglo después de ésta han desaparecido las condiciones que debilitaban entonces a la revolución, y hoy sería imperdonable en un socialista admitir la renuncia a actuar precisamente en el espíritu de los comuneros de París. El ejemplo de la fraternización en las trincheras Los periódicos burgueses de todos los países beligerantes han citado ejemplos de fraternización entre los soldados de las naciones en guerra, incluso en las trincheras mismas. Y los decretos draconianos dictados por las autoridades militares (de Alemania y de Inglaterra) contra dicha fraternización demuestran que los gobiernos y la burguesía le conceden una gran importancia. Si pudieron producirse casos de fraternización, pese al dominio total del oportunismo en la dirección de los partidos socialdemócratas de la Europa occidental y pese al apoyo que el socialchovinismo recibe de toda la prensa socialdemócrata y de todas las autoridades de la II Internacional, ello viene a demostrar hasta qué punto sería posible acortar la duración de la guerra criminal, reaccionaria y esclavista que se hace en la actualidad y organizar el movimiento revolucionario internacional, si se realizara un trabajo sistemático en este sentido, aunque sólo fuera por los socialistas de izquierda de los países beligerantes. Importancia de la organización ilegal Los anarquistas más notables de todo el mundo se han deshonrado en esta guerra no menos que los oportunistas por su socialchovinismo (en el espíritu de Plejánov o de Kautsky). Uno de los resultados útiles de esta contienda será, indudablemente, acabar, a la vez, con el oportunismo y el anarquismo. Sin renunciar en ningún caso, y cualesquiera sean las circunstancias, a aprovechar la menor posibilidad legal para organizar las masas y propagar el socialismo, los partidos socialdemócratas deben romper con toda actitud servil ante la legalidad. "Disparad vosotros primero, señores burgueses"[4], escribía Engels, aludiendo precisamente a la guerra civil y a nuestra necesidad de violar la legalidad burguesa después que la burguesía la haya violado. La crisis ha demostrado que la burguesía la viola en todos los países, incluso en los más libres, y que no se puede llevar a las masas a la revolución sin crear una organización clandestina que propague, discuta, aprecie y prepare los medios revolucionarios de lucha. Así, en Alemania, todo lo que se hace de honesto por los socialistas, se hace contra el vil oportunismo y el hipócrita "kautskismo", y se hace precisamente en la clandestinidad. En Inglaterra envían a presidio a los que distribuyen llamamientos impresos invitando al pueblo a no presentarse a filas. Considerar que el repudio de los métodos ilegales de propaganda y la mofa de ellos en la prensa legal es compatible con la pertenencia al partido socialdemócrata, es traicionar al socialismo. Sobre la derrota del "propio" gobierno en la guerra imperialista Tanto los partidarios de la victoria de su propio gobierno en la guerra actual, como los defensores de la consigna de "ni victoria ni derrota", adoptan igualmente el punto de vista del socialchovinismo. En una guerra reaccionaria, la clase revolucionaria no puede dejar de desear la derrota de su gobierno; no puede dejar de ver que existe una relación entre los reveses militares de este gobierno y las facilidades que éstos crean para su derrocamiento. Sólo el burgués que piense que la guerra iniciada por los gobiernos terminará indefectiblemente como una guerra entre gobiernos, y que además así lo desea, encuentra "ridícula" o "absurda" la idea de que los socialistas de todas las naciones beligerantes expresen el deseo de que todos "sus" gobiernos sean derrotados. Por el contrario, justamente esa posición respondería al pensamiento más íntimo de todo obrero conciente y se situaría en el marco de nuestra actividad encaminada a la trasformación de la guerra imperialista en guerra civil. Es indudable que la importante labor de agitación contra la guerra, efectuada por una parte de los socialistas ingleses, alemanes y rusos, "debilitó la potencia militar" de sus respectivos gobiernos, pero tal agitación fue un mérito de los socialistas. Estos deben explicar a las masas que para ellas no hay salvación fuera del derrocamiento revolucionario de "sus" gobiernos y que las dificultades con que tropiezan estos gobiernos en la guerra actual deben ser aprovechadas con ese fin. Sobre el pacifismo y la concigna de la paz El estado de ánimo de las masas en favor de la paz expresa con frecuencia un comienzo de protesta, de indignación y de toma de conciencia del carácter reaccionario de la guerra. Aprovechar ese estado de ánimo es un deber de todos los socialdemócratas. Ellos participarán con el mayor entusiasmo en todo movimiento y en toda manifestación en ese sentido, pero no enganarán al pueblo dejándole creer que sin un movimiento revolucionario se puede alcanzar una paz sin anexiones, sin opresión de las naciones y sin saqueos, una paz sin gérmenes de nuevas guerras entre los gobiernos de hoy y las clases dominantes en la actualidad. Semejante engaño sólo haría el juego a la diplomacia secreta de los gobiernos beligerantes y a sus planes contrarrevolucionarios. Quien desee una paz firme y democrática, debe pronunciarse en favor de la guerra civil contra los gobiernos y la burguesía. Sobre el derecho de las naciones a la autodeterminación El medio empleado con más amplitud en la guerra actual por la burguesía para engañar al pueblo es el de ocultar los fines de rapiña con la ideología de la "liberación nacional". Los ingleses prometen la libertad a Bélgica, los alemanes, a Polonia, etc. Pero en realidad, como ya hemos visto, se trata de una guerra entre los opresores de la mayoría de las naciones del mundo para afianzar y extender su opresión. Los socialistas no pueden alcanzar su elevado objetivo sin luchar contra toda opresión de las naciones. Por ello deben exigir absolutamente que los partidos socialdemócratas de los países opresores (sobre todo de las llamadas "grandes" potencias) reconozcan y defiendan el derecho de las naciones oprimidas a la autodeterminación, y justamente en el sentido político de esta palabra, es decir, el derecho a la separación política. El socialista de una gran potencia o de una nación poseedora de colonias, que no defiende este derecho, es un chovinista. La defensa de este derecho no solamente no estimula la formación de pequeños Estados, sino que, por el contrario, conduce a que se constituyan, del modo más libre, más deciclido y por lo tanto más amplio y universal, grandes Estados o federaciones de Estados que son más ventajosos para las masas y más adecuados para el desarrollo económico. A su vez, los socialistas de las naciones oprimidas deben luchar absolutamente por la unidad plena (incluida la unidad orgánica) de los obreros de las naciones oprimidas y opresoras. La idea de una separación jurídica entre una y otra nación (la llamada "autonomía cultural nacional" propugnada por Bauer y Renner) es una idea reaccionaria. El imperialismo es la época de la opresión creciente de las naciones del mundo entero por un puñado de "grandes" potencias, razón por la cual la lucha por la revolución socialista internacional contra el imperialismo es imposible sin el reconocimiento del derecho de las naciones a la autodeterminación. "Un pueblo que oprime a otros pueblos no puede ser libre" (Marx y Engels). Un proletariado que acepte que su nación ejerza la menor violencia sobre otras naciones no puede ser socialista.

✔CAPITULO II LAS CLASES Y LOS PARTIDOS EN RUSIA

La burguesía y la guerra Hay un aspecto en el que el gobierno ruso no ha quedado a la zaga de sus cofrades europeos: como ellos, ha sabido engañar a "su" pueblo en una escala grandiosa. También en Rusia se ha puesto en juego un inmenso y monstruoso aparato de falsedades y argucias para inocular el chovinismo a las masas, para dar la impresión de que el gobierno zarista libra una guerra "justa", que defiende desinteresadamente a sus "hermanos eslavos", etc. La clase de los terratenientes y las capas superiores de la burguesía comercial e industrial apoyan enérgicamente la política belicista del gobierno del zar. Esperan, con toda razón, inmensos beneficios materiales y privilegios del reparto de la herencia turca y austríaca. En toda una serie de sus congresos han saboreado ya por anticipado los beneficios que afluirían a sus bolsillos si triunfase el ejército zarista. Además, los reaccionarios comprenden muy bien que si hay algo que todavía puede aplazar la caída de la monarquía de los Románov y detener una nueva revolución en Rusia es una guerra exterior victoriosa para el zar. Amplias capas de la burguesía urbana "media", de la intelectualidad burguesa, de las profesiones liberales, etc., estaban también contaminadas -- por lo menos al principio de la guerra -- por el chovinismo. El partido de la burguesía liberal de Rusia -- los kadetes -- apoyó íntegra e incondicionalmente al gobierno zarista. En materia de política exterior, hace ya tiempo que los kadetes son un partido gubernamental. El paneslavismo, mediante el cual la diplomacia zarista realizó más de una vez sus grandiosos fraudes políticos, se ha convertido en la ideología oficial de los kadetes. El liberalismo ruso ha degenerado en nacional -liberalismo. Rivaliza en "patriotismo" con las centurias negras, vota siempre de buen grado por el militarismo, la hegemonía naval, etc. En el campo del liberalismo ruso se observa, aproximadamente, el mismo fenómeno que en Alemania en la década del 70, cuando el liberalismo "librepensador" se desintegró y dio nacimiento al partido nacional-liberal. La burguesía liberal rusa ha emprendido definitivamente el camino de la contrarrevolución. El punto de vista del P.O.S.D.R. en esta cuestión se ha confirmado en su plenitud. La realidad echó por tierra la idea de nuestros oportunistas, según la cual el liberalismo ruso es aún la fuerza motriz de la revolución en Rusia. La camarilla gobernante ha logrado también, con ayuda de la prensa burguesa, del clero, etc., provocar un estado de ánimo chovinista entre los campesinos. Pero a medida que los soldados vayan volviendo del campo de batalla, el estado de ánimo en el campo cambiará, indudablemente, y no a favor de la monarquía zarista. Los partidos democrático-burgueses que tienen puntos de contacto con los campesinos tampoco han resistido la ola de chovinismo. El partido de los trudoviques se negó en la Duma del Estado a votar por los créditos de guerra. Pero por boca de su jefe Kerenski dio a conocer una declaración "patriótica" que hace perfectamente el juego a la monarquía. Toda la prensa legal de los "populistas" ha seguido, en general, los pasos de los liberales. Incluso el ala izquierda de la democracia burguesa, el llamado partido socialista-revolucionario, afiliado al Buró Socialista Internacional, ha seguido esta corriente. El señor Rubánovich, representante de este partido en el B.S.I., se manifiesta abiertamente como un socialchovinista. La mitad de los delegados de este partido en la conferencia de los socialistas de la "Entente", celebrada en Londres, votó una resolución chovinista (la otra mitad se abstuvo). En la prensa ilegal de los socialistas-revolucionarios (en el periódico Nóvosti [5] y otros) predominan los chovinistas. Los revolucionarios "salidos de un medio burgués", es decir, los revolucionarios burgueses que no están ligados a la clase obrera, han sufrido un terrible descalabro en esta guerra. La triste suerte de Kropotkin, Búrtziev y Rubanóvich es suma mentesignificativa. La clase obrera y la guerra El proletariado es la única clase en Rusia a la que no se ha logrado inocular el virus del chovinismo. Algunos excesos cometidos al comienzo de la guerra no afectaron sino a las capas más atrasadas de la clase obrera. La participación de los obreros en los escandalosos actos de Moscú contra los alemanes ha sido muy exagerada. En general, la clase obrera en Rusia se ha mostrado inmune al chovinismo. Esto se explica por la situación revolucionaria existente en el país y por las condiciones generales de vida del proletariado ruso. Los años de 1912 a 1914 marcaron el comienzo de un nuevo y grandioso auge revolucionario en Rusia. Nuevamente fuimos testigos de un vasto movimiento huelguístico, sin precedentes en el mundo. Según los cálculos más modestos, las huelgas revolucionarias de masas abarcaron en 1913 a un millón y medio de participantes, para pasar en 1914 los dos millones y aproximarse al nivel de 1905. En vísperas de la guerra, en Petersburgo los acontecimientos llevaron ya a los primeros combates de barricadas. El Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia, partido ilegal, ha cumplido su deber ante la Internacional. La bandera del internacionalismo no tembló en sus manos. Nuestro Partido ha roto orgánicamente, desde hace ya tiempo, con los grupos y elementos oportunistas. Los grilletes del oportunismo y del "legalismo a toda costa" no ataron de pies y manos a nuestro Partido. Y esta circunstancia le permitió cumplir su deber re volucionario, de la misma manera que la escisión con el partido oportunista de Bissolati ayudó también a los camaradas italianos. La situación general de nuestro país es hostil al florecimiento del oportunismo "socialista" entre las masas obreras. En Rusia vemos toda una serie de matices del oportunismo y del reformismo entre los intelectuales, en la pequeña burguesía, etc. Pero ello sólo cuenta con una ínfima minoría de partidarios en las capas obreras políticamente activas. El sector de obreros y empleados privilegiados es muy débil en nuestro país. El fetichismo de la legalidad no ha podido surgir entre nosotros. Los liquidadores (el partido de los oportunistas, dirigido por Axelrod, Potrésov, Cherevanin, Máslov y otros) no contaban con ningún apoyo serio, antes de la guerra, entre las masas obreras. A la IV Duma del Estado fueron elegidos seis diputados obteros, todos adversarios del liquidacionismo. La tirada de la prensa obrera legal de Petrogrado y Moscú, así como las colectas de fondos para ella, demostraron irrefutablemente que las cuatro quintas partes de los obreros concientes están contra el oportunismo y la corriente liquidacionista. Al comenzar la guerra, el gobierno zarista detuvo y deportó a miles y miles de obreros avanzados, miembros de nuestro P.O.S.D.R. ilegal. Este hecho, unido a la declaración del estado de guerra en el país y a la clausura de nuestros periódicos etc., logró frenar nuestro mivimiento. Sin embargo, la actividad revolucionaria clandestina de nuestro Partido continúa a pesar de todo. En Petrogrado, el Comité de nuestro Partido publica un periódico ilegal, Proletarski Golosfi.[6] Los artículos del órgano central Sotsial-Demokrat, que se edita en el extranjero, se reimprimen en Petrogrado y se envían a las provincias. Se publican proclamas ilegales que se difunden incluso en los cuarteles. Fuera de la ciudad, en lugares apartados, se celebran reuniones obreras clandestinas. Ultimamente, estallaron en Petrogrado grandes huelgas de obreros metalúrgicos. Con este motivo, nuestro Comité de Petrogrado lanzó varios manifiestos dirigidos a los obreros. La fracción obrera socialdemócrata de Rusia en la Duma del Estado y la guerra En 1913 se produjo una escisión entre los diputados social-demócratas de la Duma del Estado. De un lado quedaron siete partidarios del oportunismo, dirigidos por Chjeídze, que habían sido elegidos por siete provincias no proletarias, donde el número de obreros era de 214.000. De otro lado quedaron seis diputados, todos ellos de la curia obrera, elegidos en los centros más industriales de Rusia, que contaban en total con 1.008.000 obreros. La cuestión principal de divergencia era esta: táctica del marxismo revolucionario o táctica del reformismo oportunista. En la práctica, la divergencia se manifestaba, sobre todo, en la actividad extra parlamentaria en el seno de las masas. Esta actividad debía desplegarse en Rusia clandestinamente, si los que la llevaban a cabo querían mantenerse en un plano revolucionario. La fracción de Chjeídze siguió siendo la aliada más fiel de los liquidadores, que rechazaban el trabajo clandestino, y los defendía en todas las charlas con los obreros, en todas las reuniones. De ahí la escisión. Los seis diputados formaron la fracción O.S.D.R. Un año de trabajo demostró de modo irrefutable que con ella precisamente estaba la inmensa mayoría de los obreros rusos. Al comenzar la guerra, la divergencia alcanzó gran relieve. La fracción de Chjeídze se limitó al terreno estrictamente parlamentario. No votó en favor de los créditos, porque si hubiera procedido de otro modo habría suscitado una tempestad de indignación contra ella entre los obreros. (Hemos visto que en Rusia ni siquiera los trudoviques, pequeñoburgueses, han votado en pro de los créditos.) Pero tampoco alzó su protesta contra el socialchovinismo. De otro modo procedió la fracción O.S.D.R., que expresaba la línea política de nuestro Partido. Llevó la protesta contra la guerra a lo más profundo de la clase obrera y extendió la propaganda contra el imperialismo a las amplias masas de proletarios rusos. Y los obreros acogieron con gran simpatía a esta fracción, lo que asustó al gobierno y le obligó, violando flagrantemente sus propias leyes, a detener a nuestros camaradas diputados y condenarlos a deportación perpetua a Siberia. Ya en su primer comunicado oficial sobre la detención de nuestros camara das, el gobierno zarista escribía: "Algunos miembros de las sociedades socialdemócratas, que se han planteado como fin de su actividad quebrantar la potencia militar de Rusia realizando una agitación contra la guerra, por medio de proclamas clandestinas y de una propaganda oral, han adoptado a este respecto una posición muy especial." Al famoso llamamiento de Vandetvelde pidiendo que se suspendiera "temporalmente" la lucha contra el zarismo -- ahora se sabe por las declaraciones del emisario del zar en Bélgica, príncipe Kudashiev, que Vandervelde no redactó él solo dicho llamamiento, sino en colaboración con el mencionado enviado zatista --, sólo nuestro Partido dio una tespuesta negativa, pot boca de su Comité Central. El centro dirigente de los liquidadores se mostró de acuerdo con Vandervelde y declató oficialmente en la ptensa que "con su actividad no se opondría a la guerra ". El gobierno zarista acusó, ante todo, a nuestros camatadas diputados de haber difundido entre los obreros esta respuesta negativa a Vandervelde. Durante el ptoceso, el procutador zarista, señor Nenarókomov, puso de ejemplo a nuestros camatadas los socialistas alemanes y franceses. "Los socialdemócratas alemanes -- dijo -- han votado los créditos de guerra y se han mostrado amigos del gobierno. Así procedieron los socialdemócratas alemanes, mientras que los tristes caballeros de la socialdemocracia rusa no han actuado así [. . .]. Los socialistas de Bélgica y Francia, como un solo hombre, olvidaron sus discordias con otras clases, sus querellas de partidos, y se colocaron sin vacilación bajo la bandera." Sin embargo, los miembros de la fracción obtera socialdemócrata de Rusia, que se subordinaron a las directivas del Comité Central del Partido, no obraron de ese modo. . . En el proceso se desplegó el imponente cuadro del amplio trabajo ilegal de agitación contra la guerra, realizado por nuestro Partido entre las masas proletarias. Como es natural, el tribunal zarista no logró, ni con mucho, "descubrir" toda la actividad de nuestros camaradas en este dominio. Pero lo que se reveló demostró cuánto se había hecho en el breve lapso de unos meses. Durante el juicio se dio lectura a los manifiestos clandestinos de nuestros grupos y comités contra la guerra y en favor de una táctica internacionalista. Los obreros concientes de toda Rusia estaban en relación con los miembros de la fracción obrera socialdemócrata de Rusia, que se esforzaba, en la medida de sus posibilidades, por ayudarlos a enjuiciar la guerra desde el punto de vista del marxismo. El camarada Muránov, diputado de los obreros de la provincia de Járkov, declaró ante el tribunal: "Comprendiendo que el pueblo no me había enviado a la Duma del Estado para apoltronarme en mi escaño, iba a las localidades para conocer el estado de ánimo de la clase obrera." Muránov reconoció también en el juicio que había asumido las funciones de agitador ilegal de nuestro Partido y organizado un comité obrero en los Urales, en la fábrica de Verjneisetsk, y en otros lugares. El proceso demostró que, desde el comienzo de la guerra, los miembros de la fracción O.S.D.R. había recorrido, con fines de propaganda, casi toda Rusia, que Muránov, Petrovski, Badáiev y otros habían organizado numerosas asambleas obreras en las cuales se adoptaron resoluciones contra la guetra, etc. El gobierno zarista amenazó a los acusados con la pena de muerte. Esto hizo que no todos se mostraran en el curso mismo del proceso tan valientes como el camarada Muránov. Trataron de dificultar a los procuradores 2aristas su condena. De ello se aprovechan hoy, indignamente, los socialchovinistas rusos para velar el fondo de la cuestión, a saber: ¿cuál es el parlamentarismo que necesita la clase obrera? Aceptan el parlamentarismo Sudekum y Heine, Sembat y Vaillant, Bissolati y Mussolini, Chjeídze y Plejánov. También lo aceptan nuestros camaradas de la fracción obrera socialdemócrata de Rusia, así como los camaradas búlgaros e italianos que han roto con los chovinistas Pero hay parlamentarismo y parlamentarismo. Unos utilizan la tribuna parlamentaria para hacer méritos ante sus gobiernos, o, en el mejor de los casos, para lavarse las manos, como la fracción de Chjeídze. Otros utilizan el parlamentarismo para ser revolucionarios hasta el fin, para cumplir su deber como socialistas e internacionalistas, incluso en las circunstancias más difíciles. La actividad parlamentaria de los unos conduce a los sillones ministeriales; la de los otros conduce a la cárcel, a la deportación, al presidio. Los unos sirven a la burguesía; los otros, al proletariado. Los unos son socialimperialistas, los otros marxistas revolucionarios.

✔CAPITULO III LA RECONSTRUCCION DE LA INTERNACIONAL ¿Cómo reconstruir la Internacional? Antes digamos algunas palabras sobre cómo no debe ser reconstruida. El método de los socialchovinistas y del "centro" ¡Oh, los socialchovinistas de todos los países son grandes "internacionalistas"! Desde que estalló la guerra están abrumados de preocupación por la Internacional. Por un lado, afirman que los rumores acerca de la bancarrota de la Internacional son "exagerados". Pues en realidad no ha pasado nada extraordinario. Escuchen a Kautsky: la Internacional es, simplemente, "un instrumento de tiempos de paz", y es natural que, en tiempos de guerra, no haya estado a la altura de las circunstancias. Por otro lado, los socialchovinistas de todos los países han encontrado un medio muy sencillo -- y lo que es más importante, un medio internacional -- para salir de la situación creada. Ese medio no es complicado: basta esperar el final de la guerra. Y mientras llega su fin, los so cialistas de todos los países deben defender su "patria" y apoyar a "sus" gobiernos. Una vez acabada la guerra, se "amnistiarán" unos a otros, reconocerán que todos tenían razón, que en tiempos de paz vivimos como hermanos, pero que en tiempos de guerra -- y sobre la base concreta de tal o cual resolución -- exhortamos a los obreros alemanes a exterminar a sus hermanos franceses y viceversa. En este punto están igualmente de acuerdo: Kautsky, Plejánov, Víctor Adler y Heine. Víctor Adler escribe: "Cuando hayamos pasado estos tiempos difíciles, nuestro primer deber será no reprocharnos mutuamente cada menudencia." Kautsky afirma: "Hasta ahora, en ninguna parte se alzaron voces de socialistas serios que puedan hacernos temer" por la suerte de la Internacional. Plejánov dice: "Es desagradable estrechar la mano (de los socialdemócratas alemanes), tinta en sangre de inocentes asesinados." Pero de inmediato propone una "amnistía": "Será muy conveniente en este caso -- escribe -- someter el corazón a la cabeza. En nombre de su gran causa, la Internacional deberá tomar en cuenta incluso las lamentaciones tardías." En Sozialistische Monatshefte, Heine califica de "viril y orgullosa" la conducta de Vandervelde, y la pone de ejemplo a los izquierdistas alemanes. En una palabra, cuando la guerra haya terminado, habrá que nombrar una comisión formada por Kautsky y Plejánov, Vandervelde y Adler, y en un abrir y cerrar de ojos redactarán una resolución "unánime" en un espíritu de amnistía mutua. La controversia se esfumará felizmente. En vez de ayudar a los obreros a comprender lo que ha pasado, se los engañará con una aparente "unidad" en el papel. La unión de los socialchovinistas y de los hipócritas de todos los países será bautizada con el nombre de reconstrucción de la Internacional. No hay por qué ocultarlo: el peligro de semejante "reconstrucción" es muy grande. Los socialchovinistas de todos los países están igualmente interesados en ella. Ninguno quiere que las propias masas obreras de sus países se orienten en esta cuestión: socialismo o nacionalismo. Todos se hallan interesados por igual en disimular mutuamente sus pecados. Ninguno de ellos puede proponer otra cosa que no sea la que propone Kautsky, el virtuoso de la hipocresía "internacionalista". Sin embargo, este peligro no se comprende de la manera debida. En el curso de un año de guerra hemos presenciado varias tentativas de restablecimiento de las relaciones internacionales. No hablemos de las conferencias de Londres y de Viena a las que asistieron determinados chovinistas con el propósito de ayudar a los Estados Mayores Generales y a la burguesía de "sus" patrias. Nos referimos a las conferencias de Lugano y de Copenhague, a la Conferencia Internacional de Mujeres y a la Conferencia Internacional de la Juventud[7]. Estas reuniones estuvieron animadas por los mejores deseos, pero no vieron en absoluto el peligro señalado. No trazaron la línea de combate de los internacionalistas. No mostraron al proletariado el peligro al que lo exponía el método socialchovinista de "reconstrucción" de la Internacional. En el mejor de los casos, se limitaron a repetir las viejas resoluciones, sin indicar a los obreros que, si no luchan contra los socialchovinistas, la causa del socialismo es una causa desesperada. En el mejor de los casos, no hicieron más que marcar el paso sin moverse del sitio. La situación en la oposición No cabe la menor duda de que la situación en la oposición socialdemócrata alemana reviste el mayor interés para todos los internacionalistas. La socialdemocracia alemana oficial, que era el partido más fuerte, el partido dirigente, en el seno de la II Internacional, asestó el golpe más sensible a la organización internacional de los obreros. Pero también en la socialdemocracia alemana resultó más poderosa la oposición. Es el primero de los grandes partidos europeos en el que alzaron su vigorosa voz de protesta los camaradas que permanecen fieles a la bandera del socialismo. Hemos leído con alegría las revistas Lichtstrahlen y Die Internationale. Y con mayor alegría aún nos hemos enterado de la difusión en Alemania de llamamientos revolucionarios ilegales, como por ejemplo el titulado "El enemigo principal está dentro del propio país". Esto demuestra que el espíritu del socialismo vive entre los obreros alemanes, que en Alemania hay todavía hombres capaces de defender el marxismo revolucionario. En el seno de la socialdemocracia alemana se ha perfilado con el mayor relieve la escisión del socialismo contemporáneo. Aquí vemos con toda nitidez tres tendencias: los oportunistas chovinistas, que en ninguna parte han llegado a tal degradación y apostasía como en Alemania; el "centro" kautskista, que demostró una incapacidad absoluta para desempeñar otro papel que no sea el de lacayo de los oportunistas, y la izquierda, que representa a los únicos socialdemócratas de Alemania. Como es natural, lo que más nos interesa es la situación en la izquierda alemana. En ella vemos a nuestros camaradas que son la esperanza de todos los elementos internacionalistas. ¿Cuál es, pues, esta situación? La revista Die Internationale tenía toda la razón al afirmar que en la izquierda alemana todo se halla todavía en un proceso de fermentación, que deben producirse aún grandes reagrupamientos y que en el seno de ella hay elementos más decididos y menos decididos. Nosotros, los internacionalistas rusos, no pretendemos, de ninguna manera, inmiscuirnos en los asuntos internos de nuestros camaradas de la izquierda alemana. Comprendemos que sólo ellos son verdaderamente competentes para definir sus métodos de lucha contra los oportunistas, de acuerdo con las condiciones de lugar y tiempo. Sólo estimamos que tenemos el derecho y el deber de expresar con franqueza nuestra opinión sobre la situación. Estamos convencidos de que el autor del artículo editorial de la revista Die Internationale tenía toda la razón al afirmar que el "centro" kautskista causa más daño al marxismo que el socialchovinismo descarado. Quienes velan ahora las divergencias y predican a los obreros, bajo una apariencia de marxismo, lo mismo que predica el kautskismo, adormecen a los obreros y son más nocivos que los Sudekum y los Heine, los cuales plantean el problema de frente y obligan a los obreros a analizarlo. La fronda contra las "instancias superiores", que Kautsky y Haase se permiten en los últimos tiempos, no debe engañar a nadie. Las divergencias entre ellos y los Scheidemann no son divergencias de principio. Los unos consideran que Hindenburg y Mackensen han vencido ya y que ahora pueden permitirse el lujo de protestar contra las anexiones. Los otros estiman que Hindenburg y Mackensen no han vencido aún, y que por lo tanto hay que "mantenerse firmes hasta el fin". El kautskismo sólo lucha en apariencia contra las "instancias superiores", precisamente con el propósito de esfumar, después de la guerra, a los ojos de los obreros, la discusión sobre una base de principios y escamotear el asunto con una amplia resolución -- la mil y tantas -- redactada en un estilo vagamente izquierdista, en lo que son verdaderos maestros los diplomáticos de la II Internacional. Es perfectamente comprensible que, en su difícil lucha con tra las "instancias superiores", la oposición alemana deba aprovechar también esta fronda sin principios del kautskismo. Ahora bien, para todo internacionalista, la piedra de toque debe seguir siendo la actitud negativa hacia el neokautskismo. Sólo es verdadero internacionalista quien combate el kauts kismo y comprende que el "centro" sigue siendo, desde el punto de vista de los principios, incluso después del aparente viraje de sus jefes, el aliado de los chovinistas y de los oportunistas. Nuestra actitud hacia los elementos vacilantes de la Internacional tiene, en general, una inmensa importancia. Estos elementos -- en su mayoría socialistas de matiz pacifista -- existen tanto en los países neutrales como en algunos países beligerantes (por ejemplo, en Inglaterra, el Partido Laborista Independiente). Estos elementos pueden ser nuestros compañeros de ruta. Es indispensable un acercamiento a ellos, contra los socialchovinistas. Pero no hay que olvidar que son únicamente compañeros de ruta y que en lo principal, en lo esencial, cuando se trate de reconstruir la Internacional, no estarán con nosotros, sino contra nosotros, y seguirán a Kautsky, Scheidemann, Vandervelde y Sembat. En las conferencias internacionales no podemos limitar nuestro programa a lo que es aceptable para estos elementos, pues de otro modo nosotros mismos seríamos prisioneros de esos pacifistas vacilantes. Así sucedió, por ejemplo, en la Conferencia Internacional de Mujeres, celebrada en Berna. En ella, la delegación alemana, que sostenia el punto de vista de la camarada Clara Zetkin, desempeñó de hecho el papel de "centro". La conferencia de mujeres sólo dijo lo que era aceptable para las delegadas del partido oportunista holandés de Troelstra y para las del I.L.P. (Partido Laborista Independiente)[8]. Este último -- no lo olvidemos -- votó a favor de la resolución de Vandervelde en la conferencia de chovinistas de la "Entente", que tuvo lugar en Londres. Respetamos altamente al I.L.P. por su valiente lucha contra el gobierno inglés durante la guerra. Pero sabemos que este partido no se ha situado ni se sitúa hoy en el terreno del marxismo. Y consideramos que la tarea principal de la oposición socialdemócrata es, en el momento actual, alzar la bandera del marxismo revolucionario, decir a los obreros con firmeza y precisión qué pensamos acerca de las guerras imperialistas y lanzar la consigna de acciones revolucionarias de masas, o sea, la consigna de la trasformación de la época de las guerras imperialistas en el comienzo de una época de guerras civiles. A pesar de todo, en muchos países hay elementos socialde mócratas revolucionarios. Los hay en Alemania, en Rusia, en Escandinavia (la influyente tendencia que representa el ca marada Hoglund), en los Balcanes (el partido de los "tesnia kí" búlgaros), en Italia, en Inglaterra (una parte del Partido Socialista Británico), en Francia (el propio Vaillant reconoció en L'Humanité que había recibido cartas de protesta de los internacionalistas, pero no publicó íntegramente ninguna de ellas), en Holanda (los tribunistas[9]), etc. Y la tarea del día consiste en unir a estos elementos marxistas -- por poco numerosos que sean al principio --, en recordar en su nombre las hoy olvidadas palabras del verdadero socialismo y exhortar a los obreros de todos los países a que rompan con los chovinistas y se agrupen bajo la vieja bandera del marxismo. Las conferencias en torno a los llamados programas de "acción" se limitaban hasta ahora a proclamar más o menos integramente un programa de pacifismo a secas. El marxismo no es pacifismo. Es indispensable luchar por el cese más rápido de la guerra. Pero la reivindicación de la "paz" sólo adquiere un sentido proletario cuando se llama a la lucha revolucionaria. Sin una serie de revoluciones, la pretendida paz democrática no es más que una utopía pequeñoburguesa. El único programa verdadero de acción sería un programa marxista que dé a las masas una respuesta completa y clara sobre lo que ha pasado, que explique qué es el imperialismo y cómo se debe luchar contra él, que declare abiertamente que el oportunismo ha llevado la II Internacional a la bancarrota y que llame abiertamente a fundar una Internacional marxista sin los oportunistas y contra ellos. Sólo un programa así, que demuestre que tenemos fe en nosotros mismos y en el marxismo, y que declaramos al oportunismo una guerra a vida o muerte, podrá asegurarnos, tarde o temprano, la simpatía de las masas proletarias de verdad. El Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia y la III Internacional El P.O.S.D.R. se separó, hace ya tiempo, de sus oportunistas. Ahora los oportunistas rusos se han vuelto, además, chovinistas. Esto no hace más que reafirmarnos en la opinión de que la escisión con ellos era necesaria por el bien del socialismo. Estamos convencidos de que las divergencias actuales entre los socialdemócratas y los socialchovinistas no son menores, en modo alguno, que las que existían entre socialistas y anarquistas al separarse los socialdemócratas de los segundos. El oportunista Monitor tiene razón cuando dice, en preussische Jahrbücher, que la unidad actual es ventajosa para los oportunistas y para la burguesía, ya que obliga a los elementos de izquierda a someterse a los chovinistas e impide que los obreros vean claro en las disputas y creen su propio partido realmente obrero y verdaderamente socialista. Tenemos la profunda convicción de que, en el estado actual de cosas, la escisión con los oportunistas y los chovinistas es el primer deber de un revolucionario, de la misma manera que la escisión con los amarillos, los antisemitas, los sindicatos obreros liberales, etc., era necesaria para educar con mayor rapidez a los obreros atrasados y atraerlos a las filas del partido socialdemócrata. A nuestro juicio, la III Internacional debiera fundarse precisamente sobre esta base revolucionaria. Para nuestro Partido no existe el problema de si es oportuno o no romper con los socialchovinistas. Este problema ya lo ha resuelto de manera irrevocable. Para él sólo existe ahora la cuestión de realizar esa ruptura en un futuro inmediato, a escala internacional. Se comprende muy bien que para crear una organización marxista internacional es indispensable que en los distintos países exista la disposición a crear partidos marxistas independientes. Alemania, país del movimiento obrero más antiguo y poderoso, tiene una importancia decisiva. El futuro inmediato dirá si ya han madurado las condiciones para crear la nueva Internacional marxista. Si es así, nuestro Partido ingresará con alegría en esa III Internacional, depurada del oportunismo y del chovinismo. Si no es así, ello querrá decir que esa depuración exige todavía una evolución más o menos larga. Y entonces nuestro Partido formará la oposición extrema en el seno de la antigua Internacional, hasta que se cree en los diferentes países la base para una asociación internacional obrera que se sitúe en el terreno del marxismo revolucionario. No sabemos ni podemos saber cómo se desarrollarán las cosas en los próximos años sobre el plano internacional. Pero lo que sabemos a ciencia cierta, y estamos firmemente conven cidos de ello, es que nuestro Partido, en nuestro país, entre nuestro proletariado, trabajará sin descanso en esa dirección y, con toda su actividad cotidiana, creará la sección rusa de la Internacional marxista. En Rusia no faltan tampoco socialchovinistas declarados ni grupos del "centro". Esa gente luchará contra la creación de una Internacional marxista. Sabemos que Plejánov está en la misma posición de principio que Südekum al que, desde ahora, ya tiende la mano. Sabemos que el llamado "Comité de Organización", dirigido por Axelrod, predica el kautskismo sobre el terreno ruso. Escudándose en la unidad de la clase obrera, esa gente preconiza la unidad con los oportunistas y, por conducto de ellos, con la burguesía. Pero todo lo que sabemos acerca del movimiento obrero actual en Rusia nos permite abrigar la plena seguridad de que el proletariado conciente de Rusia seguirá estando, como hasta ahora, con nuestro Partido.

✔CAPITULO IV HISTORIA DE LA ESCISION Y SITUACION ACTUAL DE LA SOCIALDEMOCRACIA EN RUSIA

La táctica del P.O.S.D.R con respecto a la guerra, que hemos expuesto anteriormente, es el fruto inevitable del desarrollo de la socialdemocracia en Rusia en el curso de treinta años. No se puede comprender bien esta táctica, como tampoco la situación actual de la socialdemocracia en nuestro país, sin reflexionar sobre la historia de nuestro Partido. Por ello, debemos recordar ahora al lector los hechos fundamentales de esa historia. La socialdemocracia surgió, como corriente ideológica, en 1883, cuando el grupo "Emancipación del Trabajo" expuso por primera vez en forma sistemática, en el extranjero, las ideas socialdemócratas aplicadas a Rusia. Hasta el comienzo de la década del 90, la socialdemocracia siguió siendo en Rusia una corriente ideológica, sin nexos con el movimiento obrero de masas. A principios de la década mencionada, el ascenso social, la efervescencia y el movimiento huelguístico de los obreros hicieron de la socialdemocracia una fuerza política activa, ligada indisolublemente a la lucha (tanto económica como política) de la clase obrera. Y de esa misma época arranca la escisión de la socialdemocracia en "economistas" e "iskristas". Los "economistas" y la vieja Iskra (1894-1903) El "economismo" fue una corriente oportunista en el seno de la socialdemoctacia rusa. Su esencia política se reducía al programa siguiente: "A los obreros, la lucha económica; a los liberales, la lucha política". Su principal apoyo teórico fue el llamado "marxismo legal" o "struvismo", que "admitía" un "marxismo" vaciado por completo de todo espíritu revolucionario y adaptado a las necesidades de la burguesía liberal. Arguyendo el estado atrasado de las masas obreras rusas, y deseosos de "ir con las masas", los "economistas" limitaban las tareas y el alcance del movimiento obrero a la lucha económica y al apoyo político del liberalismo, sin plantearse tareas políticas independientes, ni tarea revolucionaria alguna. La vieja Iskra (1900-1903) luchó victoriosamente contra el "economismo" en nombre de los principios de la socialdemocracia revolucionaria. Toda la flor del proletariado conciente cstaba al lado de Iskra. Años antes de la revolución, la social democracia presentó el programa más consecuente e intransigente. Y la lucha de clases y la acción de las masas en el curso de la revolución de 1905 confirmaron ese programa. Los "economistas" se adaptaban al atraso de las masas. Iskra educaba a la vanguardia obrera capaz de llevar a las masas hacia adelante. Los argumentos actuales de los socialchovinistas (sobre la necesidad de contar con las masas, sobre el carácter progresista del imperialismo, sobre las "ilusiones" de los revolucionarios, etc.) fueron ya utilizados todos por los economistas. La Rusia socialdemócrata conoció hace veinte años una revisión oportunista del marxismo en el espíritu del "struvismo". El menchevismo y el bolchevismo (1903-1908) La época de la revolución democrático-burguesa provoco en la socialdemocracia una nueva lucha de tendencias que fue una prolongación directa de la anterior. El "economismo" se trasformó en "menchevismo", y la defensa de la táctica revolucionaria de la vieja Iskra dio origen al "bolchevismo". En los turbulentos años de 1905 a 1907, el menchevismo era una corriente oportunista, apoyada por los burgueses liberales, que llevaba las tendencias de la burguesía liberal al movimiento obrero. Adaptar la lucha de la clase obrera al liberalismo: esta y no otra era la esencia del menchevismo. Por el contrario, el bolchevismo planteaba como tarea de los obreros socialdemócratas incorporar 106 campesinos democráticos a la lucha revolucionaria, pese a las vacilaciones y traiciones del liberalismo. Y las masas obreras, como lo reconocieron más de una vez los propios mencheviques, siguieron a los bolcheviques, durante la revolución, en todas las acciones importantes. La revolución de 1905 comprobó, robusteció, profundizó y templó la táctica socialdemócrata intransigentemente revolucionaria en Rusia. La intervención abierta de las clases y de los partidos puso de manifiesto, reiteradas veces, los nexos que unían el oportunismo socialdemócrata (el "menchevismo") con el liberalismo. El marxismo y el liquidacionismo (1908-1914) La época contrarrevolucionaria puso otra vez a la orden del día, y en forma absolutamente nueva, el problema de la táctica oportunista y la táctica revolucionaria de la socialdemocracia. Del cauce principal del menchevismo salió, pese a las protestas de sus mejores representantes, la corriente liquidacionista, es decir, la renuncia a la lucha por una nueva revolución en Rusia, el abandono de la organización y de la actividad ilegales, las burlas despectivas a propósito de la "clandestinidad", de la consigna de la república, etc. El grupo de publicistas legales de la revista Nasha Zariá (señores Potrésov, Cherevanin, etc.) constituyó un núcleo independiente del viejo partido socialdemócrata, núcleo al que la burguesía liberal rusa, deseosa de apartar a los obreros de la lucha revolucionaria, sostenía, ensalzaba y mimaba de mil maneras. Este grupo de oportunistas fue expulsado del Partido por la Conferencia del P.O.S.D.R. de Enero de 1912, que reconstruyó el partído pese a la feroz resistencia de toda una serie de grupos y grupitos del extranjero. Durante más de dos años (desde comienzos de 1912 hasta mediados de 1914) se desarrolló una lucha tenaz entre los dos partidos socialdemócratas: el Comité Central, elegido en enero de 1912, y el "Comité de Organización", que no reconocía la Conferencia de Enero y qucría reconstruir el Partido de otro modo, manteniendo la unidad con el grupo de Nasha Zariá. Una porfiada lucha se entabló entre los dos diarios obreros (Pravda y Luch [10], y sus sucesores) y las dos fracciones socialdemócratas en la IV Duma del Estado (la "fracción obrera socialdemócrata de Rusia" de los pravdistas o marxistas, y la "fracción socialdemócrata" de los liquidadores, con Chjeídze a la cabeza). Defendiendo la fidelidad a los legados revolucionarios del Partido, apoyando el auge del movimiento obrero que se iniciaba en esa época (sobre todo después de la primavera de 1912), combinando la organización legal y la ilegal, la prensa y la agitación, los "pravdistas" unieron en torno suyo a la inmensa mayoria de la clase obrera conciente, mientras que los liquidadores, que actuaban como fuerza politica sólo por medio del grupo de Nasha Zariá, se apoyaban en el pródigo respaldo de los elementos liberales burgueses. Las aportaciones de fondos hechas abiertamente por los grupos obreros a los periódicos de ambos partidos, que eran en aquella época la forma de cotización de los socialdemócratas al Partido, tomando en cuenta las condiciones del país (la única forma legal posible, y que todos podían controlar libremente), confirmaron con claridad que la fuente de la fuerza y de la influencia de los "pravdistas" (marxistas) era proletaria, mientras que la de los liquidadores (y de su "Comité de Organización") era liberal burguesa. Veamos a continuación unos breves datos sobre estas aportaciones, de las que informa en detalle el libro Marxismo y liquidacionismo [11], y, en forma abreviada, el periódico socialdemócrata alemán Leipziger Volkszeitung [12] del 21 de julio de 1914. Número y cantidades de las aportaciones a los diarios socialdemócratas de Petersburgo -- marxistas (pravdistas) y liquidadores -- del 1 de enero al 13 de mayo de 1914: ✔PRAVDISTAS LIQUIDADORES Núm. de aportaciones Total en rublos Núm. de aportaciones Total en rublos De grupos obreros   .   .   .   .   .   . De grupos no obreros .   .   .   .   .   . 2.873     713 18.934    2.650 671   453 5.296   6.760

Así, pues, nuestto Partido agrupó en 1914 a las cuatro quintas partes de los obreros concientes de Rusia en torno a la táctica socialdemócrata revolucionaria. Durante todo el año 1913, el número de aportaciones hechas por los grupos obreros fue de 2.181 para los pravdistas y de 661 para los liquidadores. Desde el primero de enero de 1913 al 13 de mayo de 1914 se obtuvieron los totales siguientes: 5.054 aportaciones de grupos obreros para los "pravdistas" (es decir, para nuestro Partido) y 1.332, o sea, el 20,8% para los liquidadores. Marxismo y socialchovinismo (1914-1915) La gran guerra europea de 1914-1915 ha permitido a todos los socialdemócratas europeos, entre ellos los rusos, comprobar su táctica en función de una crisis de proporciones mundiales. El carácter reaccionario, expoliador y esclavista de la guerra es infinitamente más evidente del lado del zarismo que del lado de los demás gobiernos. ¡Y sin embargo, el grupo fundamental de los liquidadores (el único que, fuera de nosotros y gracias a sus relaciones con los liberales, ejerce una influencia importante en Rusia) ha virado hacia el socialchovinismo! Como poseía desde hace bastante tiempo el monopolio de la legalidad, este grupo de Nasha Zariá predicó a las masas la "no resistencia a la guerra", hizo votos por la victoria de la Triple (hoy Cuádruple) Entente y acusó al imperialismo germano de cometer "pecados supernumerarios", etc. Plejánov, que desde 1903 había dado múltiples pruebas de su extrema incoherencia política y de su paso a las posiciones oportunistas, adoptó en forma aún más tajante esa misma actitud, lo que le valió ser ensalzado por toda la prensa burguesa de Rusia. Plejánov descendió hasta el punto de declarar que la guerra que libraba el zarismo era una guerra justa, ¡¡y en los periódicos gubernamentales de Italia llegó a publicar una entrevista en la que invitaba a este país a entrar en la guerra!! La justeza de nuestra apreciación sobre la corriente liquidacionista y sobre la expulsión del principal grupo de liquidadores de las filas de nuestro Partido, se ha visto, de este modo, plenamente confirmada. El programa real de los liquidadores y el verdadero significado de su orientación no consisten hoy simplemente en el oportunismo en general, sino en la defensa de los privilegios y de las ventajas que la gran potencia concede a los terratenientes y a la burguesía gran rusos. Es la orientación de la política obrera nacional-liberal. Se trata de la alianza de una parte de los pequeños burgueses radicales y de una ínfima fracción de obreros privilegiados con "su" burguesía nacional y contra la masa del proletariado. La situación actual en la socialdemocracia rusa Como ya hemos dicho, ni los liquidadores, ni toda una serie de grupos del extranjero (Plejánov, Alexinski, Trotski, etc.), ni los llamados socialdemócratas "nacionales" (es decir, no gran rusos) reconocieron nuestra Conferencia de Enero de 1912. Entre las innumerables injurias que nos prodigaron, la que repetían con más frecuencia era la que nos acusaba de "usurpación" y de "escisionismo". Nuestra respuesta a ella era citar cifras exactas y susceptibles de ser comprobadas objetivamente, que demostraban que nuestro Partido agrupaba a las cuatro quintas partes de los obreros concientes de Rusia. Y esto no era poco, tomando en cuenta las dificultades del trabajo ilegal en una época de contrarrevolución. Si la "unidad" era posible en Rusia sobre la base de la táctica socialdemócrata, sin excluir al grupo de Nasha Zariá, ¿por qué no la realizaban nuestros numerosos adversarios, al menos entre ellos? Desde enero de 1912 han pasado tres años y medio, y durante este período nuestros adversarios no pudieron crear, pese a todos sus deseos, un partido socialdemócrata dirigido contra nosotros. Este hecho es la mejor defensa de nuestro Partido. Toda la historia de los grupos socialdemócratas que luchan contra nuestro Partido es una historia de desmoronamiento y disgregación. En marzo de 1912, todos sin excepción se "unificaron" para colmarnos de injurias. Pero ya en agosto de ese mismo año, en que se constituyó contra nosotros el llamado "bloque de agosto", comenzó la disgregación entre ellos. Una parte de los grupos se separó, pero no pudieron crear un partido ni un Comité Central. Formaron únicamente un Comité de Organización "para restablecer la unidad". Pero en realidad este C.O. resultó un frágil biombo del grupo liquidacionista en Rusia. Durante todo el período de inmenso auge del movimiento obrero en Rusia y de las huelgas de masas de 1912-1914, el único grupo de todo el bloque de agosto que trabajó entre las masas fue el grupo de Nasha Zariá, cuya fuerza estribaba en sus relaciones con los liberales. Y a principios de 1914, del "bloque de agosto" se retiraron formalmente los socialdemócratas letones (los socialdemócratas polacos no formaban parte de él), mientras que Trotski, uno de los jefes del bloque, lo abandonó, aunque no formalmente, y creó una vez más su grupo aparte. En julio de 1914, en la Conferencia de Bruselas, en la que participaron el Comité Ejecutivo del Buró Socialista Internacional, Kautsky y Vandervelde, se creó contra nosotros el llamado "bloque de Bruselas", en el que no entraron los letones y del que se separaron de inmediato los socialdemócratas polacos, la oposición. Después de estallar la guerra, este bloque se desintegró. Nasha Zariá, Plejánov, Alexinski y el jefe de los socialdemócratas del Cáucaso, An[13], se han convertido en socialchovinistas declarados, que hacen votos por que Alemania sea derrotada. El Comité de Organización y el Bund han asumido la defensa de los socialchovinistas y de los principios del socialchovinismo. La fracción de Chjeídze, aunque votó contra los créditos de guerra (en Rusia, incluso los demócratas burgueses, los trudoviques, han votado contra ellos), sigue siendo una fiel aliada de Nasha Zariá. Nuestros furiosos socialchovinistas, Plejánov, Alexinski y Cía., están totalmente satisfechos con la fracción de Chjeídze. En París se ha fundado el periódico Nashe Slovo (antes Golos ), con el concurso, sobre todo, de Mártov y Trotski, que desean conjugar la defensa platónica del internacionalismo con la reivindicación absoluta de la unidad con Nasha Zariá, el Comité de Organización o la fracción de Chjeídze. Después de 250 números, este periódico se ha visto obligado a reconocer su propia desintegración: una parte de su Redacción se inclina hacia nuestro Partido; Mártov permanece fiel al Comité de Organización, que censura públicamente a Nashe Slovo por su "anarquismo" (de la misma manera que los oportunistas en Alemania, David y Cía., Internationale Korrespondenz [14], Legien y Cía., acusan de anarquismo al camarada Liebknecht) Trotski anuncia su ruptura con el Comité de Organización, pero desea marchar junto con la fracción de Chjeídze. Veamos ahora el programa y la táctica de la fracción de Chjeídze, expuestos por uno de sus jefes. En el número 5 de 1915 de Sovremienni Mir [15], revista que sigue la orientación de Plejánov y de Alexinski, escribe Chjenkeli: "Decir que la socialdemocracia alemana se hallaba en condiciones de impedir que su país en trara en la guerra y que no lo ha hecho, significaría desear ocultamente que no sólo ella, sino también su patria, lancen su último suspiro en las barricadas, o mirar los objetos que nos rodean a través del telescopio anarquista ."*** En estas brevas líneas se expresa toda la esencia del socialchovinismo: la justificación por principio de la idea de la "defensa de la patria" en la guerra actual y las burlas -- con permiso de los censores militares -- a costa de la propaganda en favor de la revolución y de su preparación. El problema no consiste en absoluto en saber si la socialdemocracia alemana se hallaba en condiciones de impedir que su país entrara en la guerra, ni tampoco en saber si los revolucionarios pueden garantizar, en general, el triunfo de la revolución. El problema es saber si debemos proceder como socialistas o "agonizar" efectivamente en los brazos de la burguesía imperialista. Las tareas de nuestro Partido La socialdemocracia de Rusia surgió antes de la revolución democrático-burguesa (1905) en nuestro país y se fortaleció en la época de la revolución y de la contrarrevolución. El atraso de Rusia explica la extraordinaria abundancia de corrientes y matices del oportunismo pequeñoburgués entre nosotros, en tanto que la influencia del marxismo en Europa, así como la solidez de los partidos socialdemócratas legales antes de la guerra, hicieron de nuestros ejemplares liberales casi admiradores de la teoría y de la socialdemocracia "razonables" "europeas" (no revolucionarias), "marxistas" "legales". La clase obrera en Rusia no podía constituir su partido más que en una lucha resuelta, durante treinta años, contra todas las variedades del oportunismo. La experiencia de la guerra mundial, que ha traído la vergonzosa bancarrota del oportunismo europeo y reforzado la alianza de nuestros nacional-liberales con el liquidacionismo socialchovinista, nos reafirma aún más en el convencimiento de que nuestro Partido debe continuar en el futuro la misma vía consecuentemente revolucionaria. 

NOTAS

☞* Véase "La guerra y la socialdemocracia de Rusia", Obras Completas de V. I. Lenin, t. XXI. 
☞**Véase "La Conferencia de las secciones del P.O.S.D.R. en el extranjero", Obras Completas de V. I. Lenin, t. XXI. 

☞***S. M., núm. 5, 1915, . Trotski ha declarado recientemente que considera su deber realzar la autoridad de la fracción de Chjeídze en la Internacional. Es indudable que Chjenkeli, por su parte, se dedicará con la misma energia a realzar, en la Internacional la autoridad de Trotski. . .

✔[1] El folleto El socialismo y la guerra fue publicado, en alemán, en septiembre de 1915, y distribuido a los delegsdos a la Conferencia de Zimmerwald de los socialistas; se editó en francés en 1916.

✔[2] Véase Clausewitz, Sobre la guerra, t. I, art. I, cap. I, sec. XXIV.

✔[3] El "brentanismo" es una "doctrina liberal burguesa que admito una lucha de 'clase' no revolucionaria del proletariado" (véase V. I. Lenin, La revolución proletaria y el renegado Kautsky, Ediciones en Lenguas Extranjeras, Pekín, 1972, ), que debe su nombre a L. Brentano, economista burgués alemán, partidario del llamado "socialismo de Estado", quien pretendía demostrar que se podía realizar la igualdad social dentro del capitalismo mediante reformas y conciliaciones de intereses de los capitalistas y obreros. Con un vocabulario marxista como rótulo, L. Brentano y sus seguidores trataron de subordinar el movimiento obrero a los intereses de la burguesía. [pág. 24]

✔[4] Véase F. Engels, El socialismo en Alemania (C. Marx y F. Engels, Obras Completas, t. XXII).

✔[5] Nóvosti, diario del partido socialrevolucionario, publicado en París de agosto de 1914 a mayo de 1915.

✔[6] Proletarski Golos (Voz Proletaria ), órgano ilegal del Comieé de Petersburgo del P.O.S.D.R.; se publicó de febrero de 1915 a diciembre de 1916, en total cuatro números. En su primer núnmero se insertó el Manifiesto del Comité Central del P.O.S.D.R. "La guerra y la social democracia de Rusia".

✔[7] La Conferencia Socialista Internacional de la Juventud sobre la actitud ante la guerra se celebró del 4 al 6 de abril de 1915 en Berna (Suiza). Asistieron representantes de las organizaciones juveniles de o países: Rusia, Noruega, Holanda, Suiza, Bulgaria, Alemania, Polonia, Italia, Dinamarca y Suecia. La Conferencia decidió celebrar cada año el Día Internacional de la Juventud, eligió un Buró Internacional de la Juventud Socialista, y organizó, de acuerdo con la resolución de la Conferencia, la revista Jugend-Intetnationale (La Internacional de la Juventud ), en cuyo trabajo tomaron parte Lenin y K. Liebknecht.

✔[8] El Partido Laborista Independiente (I.L.P. -- Independent Labour Party) fue fundado en 1893. Lo encabezaban James Keir Hardie, R. MacDonald y otros. El Partido Laborista Independiente era de hecho "independiente del socialismo, pero dependiente del liberalismo" (véase V. I. Lenin, Obras Completas, t. XVIII). Durante la Primera Guerra Mundial, el Partido Laborista Independiente publicó al comienzo un manifiesto contra la guerra (el 13 de agosto de 1914). Después, en febrero de 1915, en la Conferencia de los Socialistas de los países de la Entente, celebrada en Londres, los independentistas se adhirieron a la resolución socialchovinista aprobada en la Conferencia. A partir de entonces, los lideres del Partido Laborista Independiente, encubriéndose con frases pacifistas, mantuvieron una posición socialchovinista. En 1919, después de la fundación de la Internacional Comunista, los lideres del Partido Laborista Independiente, bajo la presión de los miembros de la izquierda del Partido, aprobaron una resolución para retirarse de la II Internacional. En 1921, los independentistas se adhirieron a la llamada segunda y media internacional, y en 1923 se reintegraron a la II Internacional.

✔[9] Los tribunistas eran miembros de la fracción izquierdista del Partido Obrero Socialdemócrata Holandés, unidos en torno del periódico Tribuna. En 1909 fueron expulsados del P.O.S.D.H. y formaron un partido independiente (el Partido Socialdemócrata Holandés). Los tribunistas fueron el ala izquierda del movimiento obrero holandes, pero no un partido revolucionario consecuente. En 1918 tomaron parte en el trabajo de fundación del Partido Comunista de Holanda. Tribuna, periodico del ala izquierda del P.O.S.D.H., fundado en 1907 en Amsterdam. Desde 1909 fue órgano del P.O.S.D.H. y desde 1918, órgano del Partido Comunista de Holanda.

✔[10] Luch (El Rayo ), diario legal de los liquidadores mencheviques; se publico en Petersburgo de septiembre de 1912 a julio de 1913 y su Sostenimiento "dependia del dinero de amigos ricos burgueses" (Lenin).

✔[11] "Marxismo y liquidacionismo. Recopilación de articulos sobre los problemas fundamentales del movimiento obrero contemporaneo. Parte II" publicada en julio de 1914 por la Editorial del Partido Pribói. Esta recopilación comprendia artículos de Lenin contra el liquidacionismo de los cuales "La clase obrera y la prensa obrera" y "Respuesta de los obreros a la formación de la fracción obrera socialdemocrata rusa en la Duma del Estado" contaban con datos detallados acerca de las aportaciones. (Véase V. I. Lenin, Obras Completas, t. XX)

✔[12] Leipziger Volkszeitung. (La Gaceta Popular de Leipzig ), organo de la izquierda socialdemócrata alemana, publicado diariamente desde 1894 hasta 1933, en cuya redacción participaron durante muchos años F. Mehring y R. Luxemburg. De 1917 a 1922, el periódico fue órgano de los "independientes" alemanes, y a partir de 1922, órgano de la de recha socialdemócrata.

✔[13] An: N. N. Zhordania, jefe de los mencheviques del Caucaso.

✔[14] Internationale Korrespondenz, semanario socialchovinista alemán dedicado a los problemas de la política internacional y del movimiento obrero, publicado en Berlín desde 1914 hasta 1917.

✔[15] Sovremienni Mir (Mundo Contemporaneo ), revista mensual literaria, científica y política; se publicó en Petersburgo desde 1906 hasta 1918. Tomaban parte directa en la revista los mencheviques, incluido Plejanov. En el periodo del bloque con el grupo de mencheviques defensores del Partido, encabezado por Plejánov, y a principios de 1914, colaboraron en la revista los bolcheviques. En marzo de 1914 se publicó en Sovremienni Mir el artículo de Lenin "Una nueva destrucción del socialismo". Durante la Primera Guerra Mundial la revista pasó a ser una publicación de los socialchovinistas.

lunes, 13 de noviembre de 2017

✔EL PARTIDO BOLSHEVIQUE EN LA LUCHA POR EL CORONAMIENTO DE LA EDIFICACIÓN DE LA SOCIEDAD SOCIALISTA E IMPLANTACIÓN DE LA NUEVA CONSTITUCIÓN (1935-1937)☭

✔XII EL PARTIDO BOLSHEVIQUE EN LA LUCHA POR EL CORONAMIENTO DE LA EDIFICACIÓN DE LA SOCIEDAD SOCIALISTA E IMPLANTACIÓN DE LA NUEVA CONSTITUCIÓN (1935-1937)☭

✔1. La situación internacional en los años 1935 a 1937. - Amortiguamiento temporal de la crisis económica. - Comienza una nueva crisis económica. - La ocupación de Abisinia por Italia. - La intervención germano-italiana en España. - Invasión de la China central por los japoneses. - Comienza la segunda guerra imperialista. La crisis económica, que se había iniciado en los países capitalistas en la segunda mitad del año 1929, prosiguió hasta fines de 1933. A partir de esta fecha, el descenso de la industria se contuvo, la crisis se estancó, y, algún tiempo después, la industria comenzó a reanimarse algo, experimentó un cierto auge. Pero, no era el auge que precede a un proceso de florecimiento industrial sobre una base nueva y más alta. La industria mundial capitalista no logró recobrar ni siquiera el nivel del año 1929; hacia mediados de 1937, sólo había logrado remontarse hasta el 95 ó 96 por 100 de aquel nivel. Y en la segunda mitad de 1937, se iniciaba ya una nueva crisis económica, que afectaba, sobre todo, a los Estados Unidos. A fines de 1937, la cifra de obreros parados en los Estados Unidos volvía a elevarse hasta 10 millones de hombres. En Inglaterra, comenzaba a crecer también rápidamente el número de obreros parados. Por tanto, cuando aún no habían tenido tiempo de reponerse de los golpes de la reciente crisis económica, los países capitalistas veíanse obligados a hacer frente a una nueva crisis. Esta circunstancia acentuó todavía más las contradicciones existentes entre los países imperialistas, así como las contradicciones entre la burguesía y el proletariado. En relación con esto, recrudecieron más y más los intentos de los Estados agresores de resarcirse de las pérdidas ocasionadas por la crisis económica dentro del país a costa de otros países mal defendidos. En estas tentativas se unió a los dos conocidos Estados agresores, Alemania y el Japón, un tercer Estado: Italia. En 1935, la Italia fascista se lanzó sobre Abisinia y la esclavizó. La agredió, sin tener el menor fundamento ni el menor pretexto desde el punto de vista del "Derecho internacional", sin declaración de guerra, de un modo furtivo, como es ahora moda entre los fascistas. Este golpe no iba dirigido solamente contra Abisinia, sino también contra Inglaterra, contra sus comunicaciones marítimas entre Europa y la India, con el Asia. Los intentos de Inglaterra para impedir que Italia se adueñase de Abisinia no dieron resultado. Para tener las manos libres, Italia salió más tarde de la Sociedad de las Naciones y comenzó a armarse intensivamente. De este modo, se formó un nuevo foco de guerra en las rutas marítimas más cortas entre Europa y Asia. La Alemania fascista rompió con un acto unilateral el tratado de paz de Versalles y se propuso ejecutar el plan de revisar por la fuerza las fronteras de los Estados europeos. Los fascistas alemanes no ocultaban que su mira era someter a su imperio a los Estados vecinos o, por lo menos, apoderarse de los territorios de estos Estados habitados por alemanes. Según este plan, se procedería primeramente a la ocupación de Austria, luego se descargaría el golpe contra Checoslovaquia, en seguida tal vez contra Polonia, donde existe también todo un territorio poblado por alemanes y fronterizo de Alemania; más adelantes..., más adelante, "ya se vería". En el verano de 1935, comenzó la intervención armada de Alemania e Italia contra la República española. Con el pretexto de ayudar a los fascistas españoles, Italia y Alemania pudieron ir situando por debajo de cuerda sus unidades militares en el territorio de España, a retaguardia de Francia, y sus escuadras, en las aguas españolas, en la zona de las Islas Baleares y de Gibraltar, en el Sur, en la zona del Océano Atlántico, en el Oeste y en la del golfo de Vizcaya, en el Norte. A comienzos de 1938, los fascistas alemanes ocuparon Austria, clavando su zarpa en la región central del Danubio y extendiéndose por el Sur de Europa hasta las cercanías del Mar Adriático. Al desplegar su intervención contra España, los fascistas germano-italianos aseguraban a todo el mundo que ellos sólo luchaban contra los "rojos" españoles y que no perseguían ningún otro objetivo. Pero esto no era más que un burdo y torpe subterfugio, bueno para engañar a los tontos. En realidad, el golpe iba dirigido contra Inglaterra y contra Francia, pues los fascistas interceptaban las comunicaciones marítimas de estos países con sus formidables posesiones coloniales de Africa y Asia. Por lo que se refiere a la ocupación de Austria, no había ni el menor asidero para encuadrarla dentro del marco de la lucha contra el tratado de Versalles, dentro del marco de la defensa de los intereses "nacionales" de Alemania y de su aspiración de recobrar los territorios perdidos con motivo de la primera guerra imperialista. Austria no formaba parte de Alemania, ni antes de la guerra ni después de ella. La anexión por la fuerza de Austria por Alemania no es más que un acto descaradamente imperialista de ocupación de un territorio extranjero. Este acto revela, indudablemente, la aspiración de la Alemania fascista a conseguir una posición dominante en el continente de la Europa occidental. Era un golpe asestado, en primer lugar, a los intereses de Francia e Inglaterra. De este modo, se formaron nuevos focos de guerra en el Sur de Europa, en la zona de Austria y del Adriático, y en la punta extrema del Occidente europeo, en la zona de España y de los mares que bañan la península ibérica. En 1937, los militaristas fascistas japoneses se apoderaron de Pekín, invadieron la China central y ocuparon Shanghai. La invasión de la China central por las tropas japonesas se llevó a cabo, lo mismo que la de Manchuria unos años atrás, con arreglo al método japonés, es decir, subrepticiamente, por medio de embrollos de ratero, pretextando diversos "incidentes locales" provocados por los mismos japoneses, violando de hecho todas y cada una de las "normas internacionales", tratados, convenios, etc. La ocupación de Tientsin y de Shanghai ponía en manos de los japoneses la llave del comercio con China, con su inmenso mercado. Esto quiere decir que, mientras tenga en sus manos Shanghai y Tientsin, el Japón podrá en cualquier momento desalojar de la China central a Inglaterra y a los Estados Unidos, que tienen inversiones gigantescas en aquel territorio. Claro está que la heroica lucha del pueblo chino y de su ejército contra los invasores japoneses, el formidable movimiento nacional de China, las gigantescas reservas de hombres y de territorio de este país y, finalmente, la decisión del Gobierno nacional chino de mantener la lucha de liberación de China hasta el final, hasta arrojar al último invasor al otro lado de las fronteras del país, son otros tantos testimonios indudables de que los imperialistas japoneses no han podido ni podrán adueñarse de China. Pero tampoco puede desconocerse, por otra parte, que el Japón sigue teniendo en sus manos las llaves del comercio con China y que su guerra contra este país es, en el fondo, un golpe muy serio asestado contra los intereses de Inglaterra y de los Estados Unidos. De este modo, se ha formado en el Océano Pacíficon, en la zona de China, un foco más de guerra. Todos estos hechos atestiguan que la segunda guerra imperialista ha comenzado ya, en realidad. Ha comenzado solapadamente, sin declaración de guerra. Los Estados y los pueblos han ido deslizándose casi insensiblemente dentro de la órbita de la segunda guerra imperialista. Han desencadenado la guerra en los diversos confines del mundo de los tres Estados agresores: los círculos gobernantes fascistas de Alemania, Italia y el Japón. La guerra se extiende a lo largo de un inmenso territorio, desde Gibraltar hasta Shanghai. Ha conseguido arrastrar ya a su campo de acción a más de 500 millones de seres. Esta guerra va dirigida, en último resultado, contra los intereses capitalistas de Inglaterra, Francia y los Estados Unidos, ya que tiene por finalidad el reparto del mundo y de las zonas de influencia en provecho de los países agresores y a costa de los llamados Estados democráticos. El rasgo característico de la segunda guerra imperialista consiste, por el momento, en que, mientras las potencias agresoras mantienen y desarrollan las guerras, las otras potencias, las potencias "democráticas" contra las que van expresamente dirigidas, hacen como si esta guerra no fuese con ellas, se lavan las manos, retroceden, hacen protestas de su amor por la paz, lanzan invectivas contra los agresores fascistas y... les van cediendo poco a poco sus posiciones, aunque asegurando a cada nueva cesión que se disponen a resistir. Como se ve, esta guerra presenta un carácter bastante extraño y unilateral. Pero esto no obsta para que sea una guerra furiosa, una guerra descaradamente anexionista, que descarga sus golpes sobre las espaldas de los pueblos débilmente defendidos de Abisinia, España y China. Sería falso pretender explicarse este carácter unilateral de la guerra por la debilidad militar o económica de los Estados "democráticos". Es evidente que estos Estados son más fuertes que los Estados fascistas. El carácter singular de la guerra mundial desencadenada tiene su explicación en la ausencia de un frente único de los Estados "democráticos" contra las potencias fascistas. Es cierto que los llamados Estados "democráticos" no aprueban los "excesos" de los Estados fascistas y temen que éstos se fortalezcan. Pero temen aún más al movimiento obrero de Europa y al movimiento de liberación nacional de Asia y entienden que el fascismo es un "buen antídoto" contra todos estos movimiento "peligrosos". Por eso, los círculos gobernantes de los Estados "democráticos" y, principalmente, los círculos conservadores gobernantes de Inglaterra, se limitan a la política de exhortar a los caudillos fascistas desbocados para que "no vayan demasiado lejos", dándoles al mismo tiempo a entender que "comprenden perfectamente" su política reaccionario-policíaca contra el movimiento obrero y de liberación nacional y en el fondo simpatizan con ella. Los círculos gobernantes de Inglaterra mantienen aquí, poco más o menos, la misma política que mantenía bajo el zarismo la burguesía monárquico-liberal rusa, la cual, aun temiendo los "excesos" de la política zarista, temía aún más al pueblo, por cuya razón adoptó la política de persuadir al zar, y, por tanto, la política de confabularse con el zar contra el pueblo. Como es sabido, la burguesía monárquico-liberal rusa pagó muy cara esta política de doblez. Es de esperar que los círculos gobernantes de Inglaterra y sus amigos de Francia y los Estados Unidos obtengan también su merecido histórico. Es evidente que ante el cambio operado en los asuntos internacionales, la U.R.S.S. no podía pasar por alto estos acontecimientos tan graves. Toda guerra, por pequeña que sea, iniciada por los agresores, representa un peligro para los países amantes de la paz; y la segunda guerra imperialista, que tan "insensiblemente" ha ido abatiéndose sobre los pueblos y que abarca ya a más de 500 millones de seres, no puede menos de representar un peligro gravísimo para todos los pueblos, y, en primer lugar, para la U.R.S.S. Testimonio elocuente de este es el "bloque anticomunista" establecido entre Alemania, Italia y el Japón. Por eso, la Unión Soviética, aun persistiendo en su política de paz, ha seguido reforzando la capacidad defensiva de sus fronteras y la combatividad del Ejército Rojo y de la Flota Roja. A fines de 1934, la U.R.S.S. entró en la Sociedad de las Naciones, sabiendo que, a pesar de su debilidad, este organismo podía servir de tribuna para desenmascarar a los agresores y de instrumento, aunque débil, de paz para frenar el desencadenamiento de la guerra. La U.R.S.S. entendía que, en los tiempos que corrían, no se debía desdeñar ni siquiera una organización internacional tan débil como la Sociedad de las Naciones. En mayo de 1935, se concertó entre Francia y la U.R.S.S. un pacto de asistencia mutua contra un posible ataque de los agresores. Simultáneamente, se concertó un tratado análogo con Checoeslovaquia. En marzo de 1936, la U.R.S.S. firmó un pacto de ayuda mutua con la República popular de Mongolia. En agosto de 1937, se firmó un pacto de no agresión entre la U.R.S.S. y la República China.

✔2. Prosigue el auge de la industria y de la agricultura en la U.R.S.S. - El segundo Plan quinquenal se cumple antes de plazo. - Reconstrucción de la agricultura y remate de la colectivización. - La importancia de los cuadros. - El movimiento stajanovista. - Aumenta el bienestar del pueblo. - Auge de la cultura popular. - La fuerza de la Revolución Soviética. Mientras en los países capitalistas se desencadenaba, a los tres años de crisis económica de 1930-1933, una nueva crisis, en la U.R.S.S. la industria prosiguió imperturbable su marcha ascendente durante todo este periodo. La industria capitalista mundial apenas había alcanzando, a mediados de 1937, en conjunto, el 95 ó 96 por 100 de nivel del año 1929, y en la segunda mitad del año 1937 entraba en la etapa de una nueva crisis económica; en cambio, la industria de la U.R.S.S., prosiguiendo su marcha ascendente, llegó a fines del año 1937 al 428 por 100 de su nivel de 1929, y, en comparación con el nivel de antes de la guerra, su aumento era de más de siete veces. Estos éxitos eran la consecuencia directa de la política de reconstrucción mantenida por el Partido y por el Gobierno con toda tenacidad. Como resultado de estos éxitos, el segundo Plan quinquenal, en lo tocante a la industria, se cumplió antes de plazo. El segundo Plan quinquenal quedó cumplido el 1 de abril de 1937, es decir, en 4 años y tres meses. Fue éste un triunfo formidable del socialismo. Casi el mismo cuadro de progreso presentaba la agricultura. La superficie de siembra de todos los cultivos aumentó de 105 millones de hectáreas, en 1913 (periodo de anteguerra), a 135 millones de hectáreas, en 1937. La producción de cereales aumentó de 78.424.000 toneladas, en 1913, a 111.384.000, en 1937; la producción de algodón en bruto aumentó de 720.000 a 2.522.520 toneladas; la producción de lino (fibra) aumentó de 311.220 a 507.780; la producción de la remolacha azucarera, de 10.712.520 a 21.474.180; la producción de los cultivos oleaginosos aumentó de 2.113.020 toneladas a 5.012.280. Conviene advertir que en 1937, solamente los coljoses (sin contar los sovjoses) lanzaron al mercado más de 27 millones y medio de toneladas de trigo, o sea 6 millones y medio de toneladas más que los terratenientes, los kulaks y los campesinos juntos en 1913. Sólo una rama de la economía rural, la ganadería, se hallaba en un nivel inferior al de antes de la guerra y seguía avanzando lentamente. Por lo que se refiere a la colectivización de la agricultura, ésta podía darse ya por terminada. En 1937, estaban incorporados a los coljoses 18 millones y medio de explotaciones campesinas, lo que representaba el 93 por 100 de las explotaciones campesinas de todo el país; y la superficie de siembra de cereales de los coljoses representaba el 99 por 100 de la superficie total de cereales sembrados por los campesinos. Los frutos de la reconstrucción de la agricultura y de su dotación intensiva con tractores y maquinaria agrícola estaban a la vista. El coronamiento de la obra de reconstrucción de la industria y de la agricultura hizo que la Economía nacional se viese abundantemente dotada de una técnica de primera clase. La industria y la agricultura, el transporte y el ejército recibieron una cantidad enorme de elementos técnico nuevos, de nuevas máquinas y herramientas, tractores y maquinaria agrícola, locomotoras y barcos, piezas de artillería y tanques, aviones y buques de guerra. Era necesario poner en marcha decenas y cientos de miles de cuadros instruidos, capaces de dominar toda esta técnica y sacar de ella el máximo rendimiento. Sin esto, sin disponer de una cantidad suficiente de hombres que dominasen la técnica, ésta corría el riesgo de convertirse en un montón de metales inertes e improductivo. Era éste un peligro grave, fruto del hecho de que los cuadros capaces de dominar la técnica no se desarrollaban con la misma celeridad e incluso quedaban muy rezagados con respecto al desarrollo de la técnica. La cosa se complicaba por la circunstancia de que una parte considerable de los activistas no comprendía este peligro y creía que la técnica cumpliría si cometido "por sí sola". Así como antes se había menospreciado la técnica, adoptando una actitud desdeñosa hacia ella, ahora se exageraba su importancia y se la convertía en un fetiche. No se comprendía que la técnica sin hombres que la dominen es una cosa muerta. No se comprendía que, sin hombres que dominen la técnica, ésta no puede dar un alto rendimiento. El problema de los cuadros, capaces de dominar la técnica, adquiría, por tanto, una importancia primordial. Era necesario desviar la atención de los activistas de la exaltación desmedida de la técnica y del menosprecio de la importancia de los cuadros, dirigiéndola a la asimilación de la técnica, al dominio de la técnica, al esfuerzo intensivo por forjar numerosos cuadros capaces de dominar la técnica y de sacarle el máximo rendimiento. Y así como antes, en el periodo de reconstrucción, cuando el país padecía hambre de técnica, el Partido había lanzado la consigna de "la técnica, en el periodo de reconstrucción, lo decide todo", ahora, cuando la técnica abundaba y el periodo de reconstrucción estaba terminado, en lo fundamental, y el país padecía una aguda penuria de cuadros, el Partido tenía que lanzar una nueva consigna, encaminada a concentrar la atención ya no en la técnica, sino en los hombres, en los cuadros capaces de aprovechar íntegramente la técnica. A este respecto, tuvo gran importancia el discurso pronunciado por el camarada Stalin, en mayo de 1935, ante la promoción de mandos salidos de las Academias del Ejército Rojo: "Antes -dijo el camarada Stalin-, decíamos que la "técnica lo decide todo". Esta consigna nos ha ayudado en el sentido de que hemos liquidado el hambre de técnica y hemos creado una base técnica amplísima en todas las ramas de la actividad para fortalecer a nuestros hombres con una técnica de primer orden. Esto está muy bien. Pero dista mucho de ser suficiente. Para poner en movimiento la técnica y sacarle todo el rendimiento, hacen falta hombres que la dominen, hacen falta cuadros capaces de asimilar y aprovechar esta técnica de acuerdo con todas las reglas del arte. La técnica sin hombres que la dominen es una cosa muerta. La técnica con hombres al frente que la dominen puede y debe hacer milagros. Si nuestras fábricas y empresas industriales de primer orden, si nuestros sovjoses y coljoses, y nuestro Ejército Rojo contaran con una cantidad suficiente de cuadros capaces de dominar la técnica, nuestro país obtendría un rendimiento tres o cuatro veces mayor que el que actualmente obtiene. Por eso, actualmente, hay que hacer hincapié en la cuestión de los hombres, de los cuadros, del personal que domina la técnica. Por eso, la vieja consigna de "la técnica lo decide todo" consigna que era un reflejo de un periodo ya sobrepasado, en el que padecíamos hambre de técnica, debe ser sustituida actualmente por una nueva consigna, por la consigna de "los cuadros lo deciden todo". Esto es ahora lo fundamental... Es necesario que se acabe de comprender que de todos los valiosos capitales que existen en el mundo, el capital más precioso y decisivo lo constituyen los hombres, los cuadros. Es necesario que se comprenda que, en nuestras actuales condiciones, "los cuadros lo deciden todo". Si contamos con buenos y numerosos cuadros en la industria, en la agricultura, en los transportes, en el Ejército, nuestro país será invencible. Si carecemos de ellos, cojearemos de los dos pies". Por tanto, la rápida formación de cuadros técnicos y la rápida asimilación de la nueva técnica, con el fin de seguir desarrollando la productividad del trabajo, había pasado a ser una tarea de primer orden. El ejemplo más esplendoroso del desarrollo de nuevos cuadros, de la asimilación de la nueva técnica por los hombres soviéticos y de la marcha ascendente de la productividad del trabajo fue el movimiento stajanovista. Este movimiento nació y tomó incremento en la cuenca del Donetz, en la industria carbonífera, de donde se extendió a otras ramas industriales, al transporte y, más tarde, a la agricultura. Este movimiento recibió el nombre de movimiento stajanovista por haber sido su iniciador el minero del pozo "Irmino Central" (cuenca del Donetz), Alexei Stajanov. Ya antes de Stajanov, había batido todos los records establecidos en la extracción de hulla el minero Nikita Isotov. El ejemplo de Stajanov, que el 31 de agosto de 1935 arrancó en un solo turno 102 toneladas de carbón, sobrepasando 14 veces las normas usuales, inició un movimiento de masas de los obreros y los coljosianos por la elevación de las normas de rendimiento, por un nuevo auge de la productividad del trabajo. Busyguin, en la industria del automóvil; Smetanin, en la industria del calzado; Krivonós, en el transporte; Musinski, en la industria forestal; Eudoquia y María Vinogradova, en la industria textil; María Demchenko, Marina Gnatenko, Pasha Angelina, Polagutin, Kolesov, Borin y Kovardak, en la agricultura; tales son los nombres de los obreros y coljosianos que rompieron la marcha en el movimiento stajanovista. Tras ellos marcharon otros destacamentos enteros de stajanovistas, sobrepasando la productividad del trabajo de sus predecesores. En el desarrollo del movimiento stajanovista, tuvieron una importancia inmensa la primera Conferencia stajanovista de toda la U.R.S.S., celebrada en el Kremlin en noviembre de 1935, y el discurso pronunciado en ella por el camarada Stalin. "El movimiento stajanovista -dijo el camarada Stalin en su discurso- refleja el nuevo auge de la emulación socialista, una etapa nueva más alta de la emulación socialista... Antes, hace unos tres años, durante su primera etapa, la emulación socialista no implicaba forzosamente una técnica nueva. Además, en aquel momento apenas teníamos propiamente hablando, una técnica nueva. En cambio, la etapa actual de la emulación socialista, el movimiento stajanovista, se halla forzosamente vinculado a la nueva técnica. El movimiento stajanovista no se concebiría sin una técnica nueva, superior. Tenéis ante vosotros hombres como los camaradas Stajanov, Busyguin, Smetanin, Krivonós, las Vinogradova y muchos otros, hombres nuevos, obreros y obreras, que se han hecho plenamente dueños de la técnica en su ramo, que la han dominado e impulsado. Hace tres años, no había o casi no había entre nosotros hombres semejantes... La importancia del movimiento stajanovista está en que es un movimiento que destruye las antiguas normas técnicas por insuficientes; en que, en cierto número de casos, sobrepasa la productividad de trabajo en los país capitalistas más avanzados, abriendo de este modo la posibilidad práctica de seguir consolidando el socialismo en nuestro país, la posibilidad de transformar nuestro país en el país más próspero". Caracterizando el método de trabajo de los stajanovistas y poniendo de manifiesto la enorme importancia del movimiento stajonovista para el porvenir del País Soviético, el camarada Stalin añadía: "Observad a los camaradas stajanovistas. ¿Quiénes son estos hombres? Son, principalmente, obreros y obreras jóvenes o de edad mediana, hombres preparados desde el punto de vista cultural y técnico, modelos de precisión y de exactitud en el trabajo, que saben apreciar el factor tiempo en el trabajo y han aprendido a contar, no solamente por minutos, sino por segundos. La mayoría de ellos ha aprobado el llamado mínimo de conocimientos técnicos y continúa completando su instrucción técnica. Están exentos del conservadurismo y de la rutina de algunos ingenieros, técnicos y dirigentes de la Economía. Marchan audazmente hacia delante, destruyendo las normas técnicas anticuadas y creando otras nuevas, más avanzadas. Introducen enmiendas en las previsiones de capacidad de las empresas o en los planes económicos establecidos por los dirigentes de nuestra industria. A menudo, completan y corrigen a los ingenieros y técnicos. Frecuentemente, los instruyen y los empujan hacia delante, pues son hombres que dominan plenamente la técnica de su ramo y saben hacer que la técnica rinda el máximum de lo que se la puede hacer rendir. Hoy, los stajanovistas son todavía poco numerosos. Pero, ¿quién puede dudar de que mañana serán diez veces más? ¿No es claro que los stajanovistas son innovadores en nuestra industria, que el movimiento stajanovista representa el porvenir de nuestra industria, que encierra el germen del futuro auge cultural y técnico de la clase obrera, que nos abre el único camino por el cual se pueden obtener los índices superiores de la productividad del trabajo, necesarios para el paso del socialismo al comunismo y para la supresión del antagonismo entre el trabajo intelectual y el trabajo físico?". La difusión arrolladora del movimiento stajanovista y la ejecución del segundo Plan quinquenal antes del plazo señalado crearon las condiciones necesarias para un nuevo auge del bienestar y del desarrollo cultural de los trabajadores. El salario real de los obreros y empleados experimentó, durante el segundo Plan quinquenal, un aumento de más de dos veces. El fondo de salarios creció de 34.000 millones, en 1933, a 81.000 millones, en 1937. El fondo de seguros sociales del Estado aumentó de 4.600 millones de rublos, en 1933, a 5.600 millones, en 1937. Solamente en un año, en 1937, se invirtió en seguros sociales para los obreros y empleados, en mejorar las condiciones de vida y las necesidades culturales de los trabajadores, en sanatorios, balnearios, casas de descanso y asistencia médica, cerca de 10.000 millones de rublos. En el campo, se afianzó definitivamente el régimen coljosiano. A ello contribuyeron considerablemente el Estatuto del artel agrícola, aprobado en el II Congreso de coljosianos de choque celebrado en febrero de 1935, y la adjudicación a los coljoses, en disfrute perpetuo, de todas las tierras cultivadas por ellos. Gracias al afianzamiento del régimen coljosiano, desaparecieron del campo la pobreza y la inseguridad. Mientras que, tres años antes, cada coljosiano recibía dos kilos de trigo por jornada de trabajo, ahora la mayoría de los coljosianos, en las regiones cerealistas, comenzó a recibir de cinco a doce kilos de trigo por jornada de trabajo, y muchos de ellos hasta veinte, aparte de otros productos y de los ingresos en dinero. Aparecieron millones de hogares coljosianos que percibían, en las regiones cerealistas, de 8.000 a 24.000 kilos de trigo, y decenas de miles de rublos al año en las regiones algodoneras, lineras, remolacheras, ganaderas, vitícolas, fruteras y hortícolas. Los coljoses comenzaron a llevar una vida próspera. Los hogares coljosianos comenzaron a preocuparse fundamentalmente de construir graneros y almacenes, ya que los viejos locales destinados a almacenar los productos, en tiempos en que se hacían las pocas reservas para un año, no llenaban ni la décima parte de las nuevas necesidades de los coljosianos. En 1936, al crecer el bienestar de las masas populares, el Gobierno dictó una ley, prohibiendo los abortos. Al mismo tiempo, se trazaba un vasto plan de construcción de casas de maternidad, casas-cuna, cocinas infantiles y jardines de infancia. En 1936, se destinaron a estas atenciones 2.174 millones de rublos, contra 875 millones, en 1935. Se dictó una ley especial, asignando una ayuda considerable a las familias numerosas. En 1937, se invirtieron más de mil millones de rublos en subsidios concedidos con arreglo a esta ley. Como resultado de la implantación de la escolaridad obligatoria y de la construcción de nuevas escuelas, surgió un potente florecimiento cultural entre las masas populares. Por todo el país se desarrolló un grandioso plan de construcción de escuelas. El número de alumnos de las escuelas primarias y medias aumentó de 8 millones, en 1914, a 28 millones, en 1936-37. El número de alumnos de las Escuelas superiores aumentó de 112.000, en 1914, a 542.000, en 1936-37. Fue ésta una verdadera revolución cultural. En el rápido mejoramiento de la situación material y el desarrollo cultural de las masas populares se revelaban la fuerza, la potencia y el carácter invencible de la Revolución soviética. Las revoluciones anteriores habían fracasado siempre, porque aun dando al pueblo la libertad, no habían podido ofrecerle, al mismo tiempo, un mejoramiento sensible de su situación material y cultural. Esta era su falla más importante. La Revolución soviética se distingue de todas las demás revoluciones en que, además de librar al pueblo del zarismo y del capitalismo, vino a mejorar radicalmente su situación material y cultural. En esto reside su fuerza invencible. "Nuestra Revolución proletaria -dijo el camarada Stalin, en su discurso ante la primera Conferencia de stajanovistas de toda la U.R.S.S.- es la única revolución del mundo que ha podido mostrar al pueblo, no sólo sus resultados políticos, sino también resultados materiales. De todas las revoluciones obreras, no conocemos más que una que haya conquistado, mal que bien, el Poder: es la Comuna de París. Pero no duró mucho tiempo. Es cierto que intentó romper las cadenas del capitalismo, pero no pudo lograrlo, y mucho menos consiguió mostrar al pueblo los resultados materiales de la revolución. Nuestra Revolución es la única, que no sólo ha roto las cadenas del capitalismo y ha dado la libertad al pueblo, sino que ha conseguido, además, dar al pueblo las condiciones materiales para una vida desahogada. En esto reside la fuerza invencible de nuestra Revolución".

✔3. El VIII Congreso de los Soviets. - Es aprobada la nueva constitución de la U.R.S.S. En febrero de 1935, el VII Congreso de los Soviets de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas tomó el acuerdo de cambiar la Constitución de la U.R.S.S. que había sido aprobada en 1924. La necesidad de cambiar la Constitución de la U.R.S.S. respondía a los inmensos cambios operados en la vida del país de los Soviets desde 1924, es decir, desde la fecha en que había sido aprobada la primera Constitución de la Unión Soviética, hasta los momentos actuales. Durante estos años, había cambiado radicalmente la correlación de las fuerzas de clase de la U.R.S.S.: se había creado una nueva industria socialista, habían sido destruidos los kulaks, había triunfado el régimen coljosiano, se había consolidado la propiedad socialista sobre los medios de producción en toda la Economía nacional, como base de la sociedad soviética. El triunfo del socialismo permitía acentuar la democratización del sistema electoral, implantando el sufragio universal, igual, directo y secreto. Una comisión especial, presidida por el camarada Stalin, fue encargada de elaborar el proyecto de una nueva Constitución de la U.R.S.S. El proyecto fue sometido a la discusión de todo el pueblo, durante el plazo de cinco meses y medio. Este proyecto de Constitución fue discutido en el VIII Congreso extraordinario de los Soviets. El VIII Congreso de los Soviets, convocado para aprobar o rechazar el proyecto de nueva Constitución de la U.R.S.S., se reunió en noviembre de 1936. En el informe pronunciado ante este Congreso de los Soviets sobre el proyecto de nueva Constitución, el camarada Stalin expuso los cambios fundamentales que se habían operado en el país de los Soviets desde los tiempos en que había sido aprobada la Constitución de 1924. La Constitución de 1924 había sido redactada en el primer periodo de la NEP. Por aquel entonces, el Poder Soviético consentía aún el desarrollo del capitalismo paralelamente con el del socialismo. Por aquel entonces, el Poder Soviético contaba con que, en el curso de la emulación entre los dos sistemas -el sistema capitalista y el sistema socialista-, se organizaría y aseguraría el triunfo del socialismo sobre el capitalismo en el terreno económico. Por aquel entonces, aun no estaba decidido el problema de "quién vencerá a quién". La industria, basada en una técnica vieja y pobre, no había alcanzado siquiera el nivel de antes de la guerra. Y aun era menos halagüeño el cuadro que ofrecía, por aquel entonces, la agricultura. Los sovjoses y los coljoses eran a modo de islotes sueltos en medio del inmenso océano de las explotaciones campesinas individuales. La lucha contra los kulaks no perseguía aún su liquidación, sino solamente su limitación. En el terreno de la circulación de mercancías, el sector socialista sólo representaba, aproximadamente, un 50 por ciento. En 1936, la U.R.S.S. presentaba ya un panorama distinto. La Economía de la U.R.S.S. había cambiado radicalmente. Por esta época, habían sido totalmente liquidados los elementos capitalistas, y el sistema socialista había triunfado en todas las ramas de la Economía nacional. La potente industria socialista rebasaba en siete veces la producción de antes de la guerra y había desalojado completamente a la industria privada. En la agricultura, había triunfado, con los coljoses y los sovjoses, la producción socialista mayor del mundo, una producción mecanizada y equipada con arreglo a la nueva técnica. Los kulaks habían sido totalmente liquidados como clase, y el sector individual no desempeñaba ya ningún papel importante en la Economía del país. Toda la circulación de mercancías estaba concentrada en manos del Estado y de las cooperativas. La explotación del hombre por el hombre había sido destruida para siempre. La propiedad social, socialista, sobre los medios de producción se había consolidado, como la base inquebrantable del nuevo régimen socialista, en todas las ramas de la Economía nacional. En la nueva sociedad, la sociedad socialista, había desaparecido para siempre las crisis, la miseria, el paro forzoso y la ruina. Se habían creado las condiciones necesarias para una vida desahogada y culta de todos los miembros de la sociedad soviética. Congruentemente con esto -decía el camarada Stalin, en su informe-, había cambiado también la contextura de clase de la población de la U.R.S.S. La clase de los terratenientes y la gran burguesía imperialista de los viejos tiempos habían sido liquidadas ya durante el periodo de la guerra civil. Durante los años de la edificación socialista, habían sido suprimidos todos los elementos explotadores: los capitalistas, los comerciantes, los kulaks y los especuladores. Quedaban solamente algunos vestigios insignificantes de las clase explotadoras suprimidas, cuya total liquidación era cuestión de muy poco tiempo. Los trabajadores de la U.R.S.S. -los obreros, los campesinos, los intelectuales- habían cambiado profundamente durante los años de la edificación socialista. La clase obrera había dejado de ser una clase explotada, privada de los medios de producción, como lo es bajo el capitalismo. Había destruido el capitalismo, arrebatado a los capitalistas los medios de producción, para convertirlos en propiedad social. Había dejado de ser un proletariado, en el sentido estricto y antiguo de esta palabra. El proletariado de la U.R.S.S., en cuyas manos se halla el Poder del Estado, se ha convertido en una clase totalmente nueva. Se ha convertido en una clase obrera emancipada de la explotación, que ha destruido el sistema de la Economía capitalista e instaurado la propiedad socialista sobre los medios de producción; es decir, en una clase obrera como jamás la había conocido la historia de la Humanidad. No menos profundos eran los cambios que se habían operado en la situación de los campesinos de la U.R.S.S. En los viejos tiempos, más de dos decenas de millones de explotaciones campesinas pequeñas y medias, sueltas y desperdigadas, trabajaban mortecinamente sus parcelas. Cultivaban la tierra, valiéndose de una técnica atrasada; eran explotadas por los terratenientes, por los kulaks, por los comerciantes, por los especuladores, por los usureros, etc. Ahora, ha surgido en la U.R.S.S. un tipo completamente nuevo de campesino: ya no hay terratenientes ni kulaks, comerciantes ni usureros que puedan explotarle. La inmensa mayoría de las explotaciones campesinas ha entrado en los coljoses, basados, no en la propiedad privada sobre los medios de producción, sino en la propiedad colectiva y en el régimen de trabajo colectivo. Es éste un nuevo tipo de campesinos, libre de toda explotación. Este tipo de campesino no lo había conocido tampoco, hasta ahora, la historia de la Humanidad. Han cambiado también los intelectuales de la U.R.S.S. Son ya, en masa, intelectuales totalmente nuevos. En su mayoría, han salido del seno de los obreros y de los campesinos. No sirven ya, como los antiguos intelectuales, al capitalismo, sino al socialismo. El intelectual ha pasado a ser miembro con plenitud de derechos de la sociedad socialista. Estos intelectuales construyen la nueva sociedad, la sociedad socialista, del brazo de los obreros y campesinos. Son un tipo nuevo de intelectuales, puestos al servicio del pueblo y emancipados de toda explotación. Este tipo de intelectuales no lo había conocido tampoco la historia de la Humanidad. De este modo, se van borrando las fronteras de clase entre los trabajadores de la U.R.S.S., va desapareciendo el antiguo exclusivismo de clase. Ceden y se borran las contradicciones económicas y políticas entre los obreros, los campesinos y los intelectuales. Se ha creado la base para la unidad moral y política de la sociedad. Estos profundos cambios operados en la vida de la U.R.S.S., estos éxitos decisivos del socialismo en la U.R.S.S. encontraron su expresión en la nueva Constitución de la Unión Soviética. Con arreglo a esta Constitución, la sociedad soviética está formada por dos clases hermanas, los obreros y los campesinos, entre las cuales existen aún ciertas diferencias de clase. La Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas es un Estado Socialista de obreros y campesinos. La base política de la U.R.S.S. la constituyen los Soviets de diputados de los trabajadores que han crecido y se han robustecido, como resultado del derrocamiento del Poder de los terratenientes y capitalistas y de la conquista de la dictadura del proletariado. En la U.R.S.S., todo el Poder pertenece a los trabajadores de la ciudad y del campo, representados por los Soviets de diputados de los trabajadores. El órgano superior del Poder del Estado, en la U.R.S.S., es el Soviet Supremo de la U.R.S.S. El Soviet Supremo de la U.R.S.S., formado por dos Cámaras iguales en derechos, el Soviet de la Unión y el Soviet de las Nacionalidades, es elegido por los ciudadanos de la U.R.S.S., por un plazo de cuatro años, sobre la base del sufragio universal, igual, directo y secreto. Las elecciones al Soviet Supremo de la U.R.S.S., así como a todos los Soviets de diputados de los trabajadores, se hacen por sufragio universal. Esto quiere decir que todos los ciudadanos de la U.R.S.S. que hayan cumplido los 18 años, cualquiera que sea su raza y nacionalidad, si credo religioso, su grado de instrucción, su residencia, su origen social, su situación económica y su conducta en el pasado, tienen derecho a participar en las elecciones a diputados y a ser elegidos, con excepción de los alienados y de las personas privadas de sus derechos electorales por sentencia judicial. Las elecciones a diputado se hacen por sufragio igual. Esto quiere decir que cada ciudadano tiene un solo voto y que todos los ciudadanos toman parte en las elecciones sobre bases iguales. Las elecciones a diputados son directas. Esto quiere decir que las elecciones a todos los Soviets de diputados de los trabajadores, desde los Soviets rurales y urbanos hasta el Soviet Supremo de la U.R.S.S., son efectuadas por los ciudadanos por vía directa, es decir, votando directamente a los diputados. El Soviet Supremo de la U.R.S.S. elige, en sesión conjunta de ambas Cámaras, a la Comisión Permanente del Soviet Supremo y al Consejo de Comisarios del Pueblo de la U.R.S.S. La base económica de la Unión Soviética la constituyen el sistema socialista de Economía y la propiedad socialista sobre los medios de producción. En la U.R.S.S., se aplica el principio del socialismo: "De cada uno, según su capacidad, a cada uno, según su trabajo". Se garantiza a todos los ciudadanos de la U.R.S.S. el derecho al trabajo, el derecho al descanso, el derecho a la instrucción, el derecho al aseguramiento material en su vejez en caso de enfermedad o de incapacitación para el trabajo. La mujer disfruta de derechos iguales al hombre en todos los dominios de la vida. La igualdad de derechos de todos los ciudadanos de la U.R.S.S., independientemente de su nacionalidad y raza, es ley intangible. Se reconoce a todos los ciudadanos la libertad de conciencia y también la libertad de propaganda antirreligiosa. La Constitución garantiza -en interés de la consolidación de la sociedad socialista- la libertad de palabra, de prensa, de reunión y de mítines, el derecho de agruparse en organizaciones sociales, la inviolabilidad de la personalidad, la inviolabilidad del domicilio y del secreto de la correspondencia y el derecho de asilo para los ciudadanos extranjeros perseguidos por defender los intereses de los trabajadores, por sus actividades científicas o por la lucha en pro de la liberación nacional. Al mismo tiempo, la nueva Constitución impone a todos los ciudadanos de la U.R.S.S. serios deberes: cumplir las leyes, acatar la disciplina en el trabajo, cumplir honradamente sus deberes sociales, respetar las reglas de convivencia de la sociedad socialista, salvaguardar y fortalecer la propiedad social, socialista, y defender la patria socialista. "La defensa de la Patria es deber sagrado de todos los ciudadanos de la U.R.S.S.". Hablando del derecho de los ciudadanos a agruparse en diferentes organizaciones, la Constitución estampa en uno de sus artículos las palabras siguientes: "Los ciudadanos más activos y conscientes de la clase obrera y de las otras capas de trabajadores se agrupan en el Partido Comunista (bolshevique) de la U.R.S.S., que es el destacamento de vanguardia de los trabajadores en su lucha por el afianzamiento y desarrollo del régimen socialista y el núcleo dirigente de todas las organizaciones de trabajadores, tanto sociales como del Estado". El VIII Congreso de los Soviets aprobó y sancionó por unanimidad el proyecto de nueva Constitución de la U.R.S.S. El país de los Soviets obtuvo así una nueva Constitución, la Constitución del triunfo del socialismo y de la democracia obrera y campesina. De este modo, la Constitución vino a consagrar el hecho de alcance histórico-universal de que la U.R.S.S. ha entrado en una nueva etapa de desarrollo, en la etapa de coronamiento de la edificación de la sociedad socialista y de transición gradual hacia la sociedad comunista, en la que el principio a que se acomodará la dirección de la vida social será el principio comunista: "De cada uno, según su capacidad, a cada uno, según sus necesidades". 4. Aplastamiento de los restos de los espías, saboteadores y traidores a la patria, bujarinistas-trotskistas. - Preparación de las elecciones al Soviet Supremo de la U.R.S.S. - El Partido pone rumbo hacia el desarrollo de la democracia interna. - Las elecciones al Soviet Supremo de la U.R.S.S. El año de 1937 aportó nuevos datos sobre los monstruos de las bandas bujarinistas-trotskistas. El proceso judicial contra Piatakov, Radek y otros, el proceso contra Tujachevski, Yakir y otros, y, finalmente, el proceso contra Bujarin, Rykov, Krestinski, Rosengoltz y demás encartados, pusieron de manifiesto que los bujarinistas y los trotskistas eran, hacía ya mucho tiempo, una banda común de enemigos del pueblo, en la forma de "bloque derechista-trotskista". Los citados procesos pusieron de relieve que estos detritus del género humano, en unión de los enemigos del pueblo -Trotski, Zinoviev y Kamenev-, estaban ya confabulados contra Lenin, contra el Partido y contra el Estado Soviético, desde los primeros días de la Revolución Socialista de Octubre. Los actos de provocación encaminados a la ruptura de la paz de Brest-Litovsk, a comienzos de 1918; el complot contra Lenin y la confabulación con los socialrevolucionarios de "izquierda" para detener y asesinar a Lenin, Stalin, Sverdlov, en la primavera de 1918; el criminal atentado contra Lenin, del que salió herido, en el verano de 1918; la sublevación de los socialrevolucionarios de "izquierda", en el verano del mismo año; el recrudecimiento intencionado de las discrepancias dentro del Partido, en 1921, con el fin de quebrantar y derrocar desde dentro la dirección de Lenin; los intentos de derribar la dirección del Partido durante la enfermedad y después de la muerte de Lenin; la delación de secretos de Estado y el suministro de informes de espionaje a los servicios de espionaje extranjeros; el infame asesinato de Kirov; actos de sabotaje y de diversionismo, explosiones; los infames asesinatos de Menzhinski, Kuibyshev y Gorki: éstos y otros semejantes fueron los crímenes que se perpetraron en el transcurso de veinte años con intervención o bajo la dirección de Trotski, Zinoviev, Kamenev, Bujarin, Rykov y sus satélites, obedeciendo a órdenes de los servicios de espionaje de la burguesía extranjera. Los citados procesos pusieron en claro que los monstruos trotskistas-bujarinistas, al cumplir las órdenes de sus amos, los servicios de espionaje de la burguesía extranjera, se proponían como objetivo destruir el Partido y el Estado Soviético, socavar la defensa del país, facilitar la intervención armada extranjera, preparar la derrota del Ejército Rojo y la desmembración de la U.R.S.S., entregando la Provincia Marítima soviética a los japoneses, la Bielorrusia soviética a los polacos y la Ucrania soviética a los alemanes, la destrucción de las conquistas de los obreros y coljosianos y la restauración de la esclavitud capitalista en la U.R.S.S. Estos pigmeos guardias blancos, cuya fuerza sólo podía compararse a la de un insignificante mosquito, se creían, al parecer -¡da risa decirlo!-, los amos del país y se imaginaban que podían, en realidad, descuartizar y vender al mejor postor Ucrania, Bielorrusia y la Provincia Marítima. Estos mosquitos contrarrevolucionarios se olvidaron que el amo del país de los Soviets es el Pueblo Soviético y que los señores rykov, bujarin, zinoviev y kamenev no eran más que simples servidores temporales del Estado, a quienes éste podía barrer en cualquier momento de sus oficinas, como basura inservible. Estos insignificantes lacayos de los fascistas se olvidaron que al Pueblo Soviético le bastaba con mover un dedo para que no quedase ni rastros de ellos. El Tribunal soviético condenó al fusilamiento a los monstruos bujarinistas-trotskistas. El Comisariado del Pueblo de Asuntos Interiores se encargó de ejecutar la sentencia. El Pueblo Soviético aprobó el aplastamiento de la banda bujarinista-trotskista y pasó a los asuntos de la orden del día. El asunto que figuraba en la orden del día era la preparación para celebrar de un modo organizado las elecciones al Soviet Supremo de la U.R.S.S. El Partido desplegó en toda la línea una labor preparatoria con vistas a las elecciones. El Partido entendía que la implantación de la nueva Constitución de la U.R.S.S. significaba un viraje en la vida política del país. Y que este viraje consistía en llevar a cabo la democratización completa del sistema electoral, en pasar de las elecciones restringidas a las elecciones por sufragio universal, de las elecciones no plenamente iguales a las elecciones por sufragio igual, de las elecciones de varios grados a las elecciones directas, de las elecciones con voto abierto a las elecciones con voto secreto. Antes de regir la nueva Constitución, se hallaban sujetos a restricciones en sus derechos electorales los servidores del culto, los antiguos guardias blancos, los antiguos kulaks y cuentos no rindiesen un trabajo útil para la sociedad; la nueva Constitución anuló todas las limitaciones puestas a los derechos electorales de estas categorías de ciudadanos, decretando que las elecciones a diputados se harían por sufragio universal. Antes, las elecciones a diputados tenían carácter desigual, pues regían diferentes normas electorales para la población urbana y para la rural; ahora, había desaparecido la necesidad de limitar la igualdad en las elecciones, y todos los ciudadanos tenían derecho a participar en las elecciones sobre un plano de igualdad. Antes, las elecciones a los órganos medios y superiores del Poder Soviético eran elecciones de varios grados; ahora, según la nueva Constitución, las elecciones a todos los Soviets, desde los Soviets rurales y urbanos hasta el Soviet Supremo, habían de efectuarse por vía directa, es decir, que cada ciudadano elegía directamente al diputado. Antes, las elecciones a diputados de los Soviets se efectuaban emitiendo abiertamente el voto y por listas; ahora, la votación, en las elecciones a diputados, tenía que ser secreta, y no por listas, sino por candidaturas separadas, presentadas en cada distrito electoral. Esto representaba, indudablemente, un viraje en la vida política del país. El nuevo sistema electoral tenía necesariamente que conducir, como, en efecto, condujo, a intensificar la actividad política de las masas, a reforzar el control de éstas sobre los órganos del Poder Soviético, a acentuar la responsabilidad de los órganos del Poder Soviético ante el pueblo. Para poder salir bien pertrechado al encuentro de este viraje, el Partido tenía que ponerse a la cabeza de él y asegurar plenamente su papel dirigente en las próximas elecciones. Pero para esto era necesario que las propias organizaciones del Partido se convirtiesen, en su actuación práctica, en organizaciones plenamente democráticas, que implantasen íntegramente, en su vida interna, las bases del centralismo democrático, como lo exigen los estatutos del Partido, que todos los órganos del Partido fuesen designados por elección, que dentro del Partido se desarrollase en toda su extensión la crítica y la autocrítica, que la responsabilidad de las organizaciones del Partido ante la masa de éste fuese completa y que la propia masa del Partido desplegase toda su actividad. Del informe que el camarada Zhdanov hizo, a fines de febrero de 1937, en el Pleno del Comité Central sobre el problema de la preparación de las organizaciones del Partido para las elecciones al Soviet Supremo de la U.R.S.S., resultó que había toda una serie de organizaciones que, en su actuación práctica, faltaban abiertamente a los estatutos del Partido y a las bases del centralismo democrático, que suplantaban el principio electivo por el sistema de la cooptación, la votación por candidaturas separadas por la votación por listas, el sufragio secreto por el voto abierto, etc. Era evidente que organizaciones que actuaban así no podían cumplir con su misión en las elecciones al Soviet Supremo. Por tanto, era necesario, ante todo, acabar con semejantes prácticas antidemocráticas en las organizaciones del Partido y reconstruir la actuación de éste sobre la base de la plena democracia. Acerca de esto, el Pleno del Comité Central, después de oír el informe del camarada Zhdanov, dispuso: ☞"a) Reconstruir el trabajo del Partido sobre la base de la aplicación plena e incondicional de los principios del democratismo dentro del Partido, con arreglo a sus estatutos. ☞b) Acabar con la práctica de la cooptación para designar los miembros de los Comités del Partido y restablecer, de acuerdo con sus estatutos, el carácter electivo de los órganos dirigentes de las organizaciones del Partido. ☞c) Prohibir, en las elecciones para designar los órganos del Partido, el voto por listas y efectuar la elección por candidatura separada, garantizando a todos los miembros del partido derecho ilimitado de recusar a los candidatos y criticarlos. ☞d) Implantar, en las elecciones de los órganos del Partido, el sistema de votación secreta de los candidatos. ☞e) Celebrar elecciones para designar los órganos del Partido en todas las organizaciones de éste, desde los Comités de Partido de las organizaciones primarias hasta los Comités territoriales y provinciales y los Comités Centrales de los Partidos Comunistas nacionales, señalando como plazo máximo para terminar estas elecciones el 20 de mayo. ☞f) Obligar a todas las organizaciones del Partido a acatar rigurosamente, de acuerdo con sus estatutos, los plazos señalados para las elecciones de sus órganos: en las organizaciones primarias, una vez al año; en las organizaciones de distrito y de ciudad, una vez al año; en las organizaciones territoriales, provinciales y de Repúblicas, una vez cada año y medio. ☞g) Asegurar, en las organizaciones primarias del Partido, la estricta observancia del régimen de elecciones de los Comités del Partido en asambleas generales de fábricas, sin permitir la suplantación de éstas por conferencias. ☞h) Acabar con la práctica establecida en una serie de organizaciones primarias del Partido de prescindir de hecho de las asambleas generales, suplantándolas por reuniones en las secciones de las fábricas y por conferencias". Así comenzó la preparación del Partido para las elecciones que se avecinaban. Esta disposición del Comité Central tuvo una importancia política inmensa. Su importancia no estribaba solamente en que daba comienzo a la campaña electoral del Partido para las elecciones al Soviet Supremo de la U.R.S.S., sino, sobre todo, en que ayudaba a las organizaciones del Partido a reorganizarse, a poner rumbo hacia la democracia interna y marchar, plenamente pertrechadas, hacia las elecciones del Soviet Supremo. Desplegando la campaña electoral, el Partido decidió tomar como idea cardinal de su política electoral la idea de un bloque electoral entre los comunistas y los sin partido. El Partido fue a las elecciones, formando un bloque con los sin partido, aliado a los sin partido, decidiendo presentar candidaturas comunes con éstos en los distritos electorales. Esto era algo sin precedentes y absolutamente irrealizable en la práctica en las campañas electorales de los países burgueses. En cambio, el bloque de los comunistas con los sin partido constituía un fenómeno absolutamente lógico en el País Soviético, donde ya no existen clases enemigas y donde la unidad política y moral de todas las capas del pueblo constituye un hecho indiscutible. El 7 de diciembre de 1937, el Comité Central del Partido dirigió una proclama a todos los electores. En ella, se decía: "El 12 de diciembre de 1937, los trabajadores de la Unión Soviética, con arreglo a nuestra Constitución socialista, elegirán los diputados al Soviet Supremo de la U.R.S.S. El Partido bolshevique va a las elecciones formando un bloque, una alianza con los obreros, campesinos, empleados e intelectuales sin partido... El Partido bolshevique no se aisla de los sin partido, sino que, por el contrario, va a las elecciones en bloque, aliados con ellos, formando un bloque con los sindicatos de obreros y empleados, con las Juventudes Comunistas y demás organizaciones y asociaciones de los sin partido. Por tanto, los candidatos a diputados serán comunes para los comunistas y para los sin partido; todo diputado sin partido será también diputado de los comunistas, lo mismo que todo diputado comunista lo será de los sin partido". La proclama del Comité Central terminaba con el siguiente llamamiento a los electores: "El Comité Central del Partido Comunista (bolshevique) de la U.R.S.S. llama a todos los comunistas y simpatizantes a votar por los candidatos sin partido con la misma unanimidad con que deben votar por los candidatos comunistas. El Comité Central del Partido Comunista (bolshevique) de la U.R.S.S. llama a todos los electores sin partido a votar por los candidatos comunistas con la misma unanimidad con que votaron por los candidatos sin partido. El Comité Central del Partido Comunista (bolshevique) de la U.R.S.S. llama a todos los electores a acudir como un solo hombre a las urnas, el 12 de diciembre de 1937, para elegir los diputados al Soviet de la Unión y al Soviet de las Nacionalidades. No debe haber un solo elector que no ejercite su honroso derecho de elegir diputados al órgano supremo del Estado Soviético. No debe haber ni un solo ciudadano activo que no considere como su deber de ciudadanía contribuir a que todos los electores, sin excepción, participen en las elecciones al Soviet Supremo. El 12 de diciembre de 1937 será un día de grandiosa fiesta, en que los trabajadores de todos los pueblos de la U.R.S.S. se unirán en torno a la bandera de Lenin y Stalin". El 11 de diciembre de 1937, la víspera del día de las elecciones, el camarada Stalin habló en su distrito electoral, tocando en su discurso el problema de las condiciones que debían reunir los hombres elegidos por el pueblo como diputados del Soviet Supremo de la U.R.S.S. "Los electores, el pueblo -dijo el camarada Stalin- deben exigir de sus diputados que estén a la altura de su misión; que, en su trabajo, no desciendan al nivel de los filisteos políticos; que permanezcan en sus puestos de hombres políticos de tipo leninista; que sean hombres políticos tan lúcidos y tan preciosos como lo era el propio Lenin. Que sean tan intrépidos en el combate, tan implacables con los enemigos del pueblo, como lo era el propio Lenin. Que sean refractarios a todo pánico; a toda sombra de pánico, cuando las cosas empiezan a complicarse y en el horizonte se divisa algún peligro. Que sean, como lo era el mismo Lenin, refractarios a toda sombra de pánico. Que, cuando se trate de resolver problemas complejos, que necesitan la orientación en todos sus aspectos y tener en cuenta todas las ventajas y todas las desventajas, se muestren tan prudentes, tan ponderados y reflexivos, como el propio Lenin. Que sean siempre tan veraces y tan honrados, como era Lenin. Que amen a su pueblo, como lo amaba Lenin". El 12 de diciembre se celebraron las elecciones al Soviet Supremo de la U.R.S.S. Las elecciones se desarrollaron en medio de un inmenso entusiasmo. No eran simples elecciones, sino una gran fiesta, el triunfo del pueblo soviético, una afirmación de la amistad fraternal de los pueblos de la U.R.S.S. De los 94 millones de electores que componen el censo, tomaron parte en las elecciones más de 91 millones, o sea el 96,8 por ciento. De ellos, votaron por el bloque de los comunistas y los sin partido 89.884.000 electores; es decir, el 98,6 por ciento. Solamente 632.000 personas, o sea menos del uno por ciento, votaron en contra de los candidatos del bloque de los comunistas y los sin partido. Fueron elegidos todos los candidatos del bloque, sin excepción. De este modo, 90 millones de hombres refrendaban con su voto unánime el triunfo del socialismo en la U.R.S.S. Fue una gran victoria del bloque de los comunistas y los sin partido. Fue un triunfo del Partido bolshevique. La unidad política y moral del Pueblo Soviético, de la que hablara el camarada Molotov en su histórico discurso del XX aniversario de la Revolución de Octubre, obtuvo en estas elecciones una brillante afirmación. 

"𝓑𝓾𝓮𝓷𝓸𝓼 𝓭í𝓪𝓼 𝓟𝓻𝓲𝓶𝓪𝓿𝓮𝓻𝓪"

He abierto mis ventanas
me lleno de tu brisa cálida,
del perfume de tu alma,
de tu libertad,
de tu canto de mirlo,
de tu danza,
de tu vuelo,
alas de mariposas entre
nubes viajeras,
sol en un cielo que recita la poesía
amanecida desde tus pupilas verdes,
mi corazón respira tu esencia.

Cultivo retratos en tu piel,
florece la obra en mi mente,
plasmarla es blasfemar contra la belleza,guardo mis pinceles en mi cofre,morada de mi flor que aroma la memoria,roja ella,mi única riqueza,
mi reloj detenido,
mi vida eterna.

He abierto mis ventanas,
mi casa recién pintada por tu pulso invita a mi libertad a ser libre,
me declaro culpable de no tener ganas de huir,
de traspasar la luz que me lleva hacia cualquier mundo,
hoy,me siento pleno aquí,
de frente al mar,
en el puerto de tu sonrisa.

Oír tu clamor,
bandera de mi patria,
abrazar el cielo de Montevideo,
caer rendido ante tu magia
moderando el dosel del alba.

He abierto mis ventanas,
tiré las llaves hacia donde no pueda encontrarlas,
no hay cerrojos,y,sin embargo,
me quedo,
he abierto mis ventanas,
mis puertas,
mi locura en plena cordura...

buenos días,Primavera.

Ⓜ️arcelo Rubéns Balboa✍