En Uruguay no existen murgas de derecha.
La murga,como forma cultural,nace del conflicto,de la crítica,de la sátira política y social.
Es una expresión popular que históricamente ha sido una voz incómoda para el poder. Siempre.
No importa quién gobierne.
Su función no es aplaudir gobiernos sino desnudar contradicciones.
Por eso resulta tan revelador el enojo de ciertos sectores del Frente Amplio cuando las murgas critican al actual gobierno.
No se trata de una reacción ideológica: es una reacción institucional.
No les molesta que se critique al poder; les molesta que se critique al poder que ellos integran.
Y ahí aparece el verdadero problema:
una parte importante del frenteamplismo dejó de responder a una concepción de izquierda y pasó a responder a una estructura de poder llamada Frente Amplio.
La defensa ya no es de principios,sino de cargos,de aparatos,de alianzas,de gobernabilidad.
Se sustituyó la ideología por la lealtad partidaria.
Las murgas,en cambio,no funcionan así.
No le rinden cuentas a comités centrales ni a bancadas parlamentarias.
Le rinden cuentas a la calle,al barrio,al público popular que reconoce cuando un gobierno empieza a comportarse como aquello que decía combatir.
Cuando una murga cuestiona políticas de ajuste,renuncias programáticas,pactos con el capital financiero,militarización,extractivismo o subordinación a los grandes grupos económicos,no está hablando desde la derecha.
Está hablando desde la izquierda.
Desde la izquierda real,no desde la izquierda electoral.
La confusión de muchos frenteamplistas es brutal: creen que toda crítica al Frente Amplio es automáticamente una crítica desde la derecha.
Pero la historia de la izquierda latinoamericana demuestra exactamente lo contrario:
los procesos de derechización más peligrosos no llegan con la derecha en el poder,sino cuando gobiernos que se dicen de izquierda administran el capitalismo y desmovilizan al pueblo.
Eso es exactamente lo que las murgas están señalando.
No están diciendo “vuelvan los blancos o los colorados”.
Están diciendo: esto no es un gobierno de izquierda como prometieron.
Están marcando que el Frente Amplio gobierna cada vez más como una socialdemocracia domesticada,cuando no directamente como una gerencia del sistema.
Y ahí entra el MPP,hoy columna vertebral del gobierno.
Un movimiento que nació con retórica radical,pero que en el ejercicio del poder se convirtió en el principal garante de la moderación,del pacto con el empresariado,del freno a cualquier transformación estructural.
En términos históricos,
no es exagerado llamarlo el sepulturero del proyecto de izquierda transformadora.
No porque haya traicionado un partido,sino porque ha sepultado una perspectiva:
la de un gobierno que gobierna contra los intereses del capital y no en equilibrio con ellos.
Las murgas hacen lo que siempre hicieron: poner el dedo en la llaga.
Cuando denuncian tibiezas,renuncias,censuras, hipocresía,están ejerciendo una función profundamente democrática y profundamente de izquierda.
Por eso irritan tanto.
Porque rompen el relato.
El relato dice que el Frente Amplio sigue siendo “la izquierda”.
La murga dice: no alcanza con llamarse izquierda si se gobierna como otra cosa.
La murga no se derechizó.
No se vendió.
No cambió de bando.
El que se desplazó fue el gobierno,alejándose de los parámetros históricos de lo que significa un gobierno popular,obrero y transformador.
Y cuando una murga canta eso en un tablado,lo que hace no es sabotear a la izquierda: la está defendiendo de su propia degradación.
Ese es su papel histórico.
Y por eso seguirá siendo incómoda,aunque a algunos les arda.
Ⓜ️arcelo Rubéns Balboa ✍️