No camina:
avanza con la historia sobre los hombros.
Cada arruga es una batalla ganada al olvido,
cada silencio,un juramento que no se rompió.
Fue joven cuando el mundo ardía,cuando la noche fascista creció al amparo del oro y la traición.
Entonces tomó el fusil no como arma,
sino como continuidad de la idea.
En el Volga aprendió
que la patria es el pueblo
y que la libertad no se mendiga.
Stalingrado no fue un lugar:
fue una decisión.
Y él estuvo allí,
cuando el invierno se volvió rojo
y el miedo cambió de bando.
No defendió fronteras,
defendió el porvenir.
No luchó por dioses ni coronas,
sino por el pan compartido,
por la fábrica del obrero,
por la tierra sin amos.
Cayó su escuadra,
pero no su causa.
Porque el bolchevique sabe
que morir es posible,
rendirse jamás.
Hoy lo llaman viejo,
como si el tiempo derrotara a la verdad.
Pero su victoria camina en los pueblos,
en cada mano que se organiza,
en cada conciencia que despierta
contra la explotación.
Él sabe —y sonríe—
que la historia no absuelve a los traidores.
Que el fascismo siempre vuelve cuando el capital lo necesita,y que siempre habrá
un pueblo dispuesto a enfrentarlo.
Viejo bolchevique:
tu fusil ahora es memoria,
tu trinchera,la conciencia.
Y mientras exista injusticia,
mientras haya un solo explotado en pie,
tu bandera no habrá caído.
Porque tú no perteneces al pasado.
Eres advertencia,eres ejemplo,eres futuro.
Ⓜ️arcelo Rubéns Balboa ✍️