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sábado, 3 de enero de 2026

💥Cuando el imperio secuestra la soberanía: Venezuela como advertencia❗🇻🇪❗

 
Ante el secuestro del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro,se abren múltiples signos de interrogación que el tiempo,y la lucha de los pueblos,se encargarán de responder.

Pero más allá de los detalles coyunturales,
de los vericuetos jurídicos o de los relatos mediáticos cuidadosamente construidos, 
hay una certeza que no admite ambigüedades: el imperialismo norteamericano ha vuelto a actuar como lo que es desde hace más de un siglo,una verdadera asociación para delinquir a escala global.
No se trata de un hecho aislado ni de un “exceso” puntual. 
Es un patrón histórico. 
Estados Unidos no reconoce gobiernos,reconoce intereses. 
Cuando un país decide salirse del libreto impuesto —control de recursos,alineamiento geopolítico,subordinación económica— el castigo llega tarde o temprano. 
A veces en forma de sanciones criminales, otras mediante golpes “blandos”, lawfare,asfixia financiera o, directamente,mediante la coerción y la captura política. Venezuela,una vez más,se convierte en el laboratorio y en el mensaje disciplinador.
Hoy es Venezuela. 
Mañana puede ser cualquiera de los países de nuestra Patria Grande. Ninguna nación que aspire a una mínima soberanía está a salvo mientras el imperialismo conserve la capacidad de actuar impunemente,violando el derecho internacional,pisoteando la autodeterminación de los pueblos y arrogándose el papel de juez,jurado y verdugo del mundo. 
Quien crea que esto no lo afecta porque vive en otro país,porque su gobierno es “amigo” de Washington o porque repite obedientemente el discurso dominante,padece una peligrosa ilusión.
Lo más grave no es solo la acción imperial,sino el silencio cómplice —o el aplauso descarado— de sectores políticos, mediáticos y académicos de nuestra región. 
Ese cipayismo contemporáneo,que se disfraza de institucionalismo o defensa de la “democracia”,termina justificando cualquier atropello siempre que venga con sello del Norte. 
Así se normaliza la barbarie,se invierte la carga de la prueba y se criminaliza a los pueblos que resisten.

No se trata aquí de idealizar gobiernos ni de negar contradicciones internas. 
Se trata de algo mucho más profundo y urgente: defender el principio elemental de que ningún imperio tiene derecho a decidir el destino de nuestros países. 
Cuando se acepta la detención,la persecución o el derrocamiento de un dirigente por imposición extranjera,se está aceptando también la colonización política de toda la región.

La historia latinoamericana es clara y brutal con quienes olvidan sus lecciones. Divididos fuimos sometidos; organizados y conscientes logramos,al menos por momentos,torcer el rumbo. 
Por eso,hoy más que nunca,los pueblos dignos deben condenar enfáticamente esta nueva aberración imperial. 
No mañana,no con tibieza,no con cálculos electorales: ahora y con claridad.

La disyuntiva es sencilla, aunque incómoda: o nos unimos en la defensa irrestricta de la soberanía y la autodeterminación,o repetimos la historia de saqueo,humillación y dependencia. Venezuela no es un caso aislado. 
Es una advertencia. 
Y frente a las advertencias de la historia,la neutralidad no existe.

(...)

❗Aplaudir la intervención militar norteamericana es de cipayo❗

Hay palabras que no envejecen porque nombran realidades persistentes. Cipayo es una de ellas. 
No designa simplemente a quien piensa distinto,sino a quien se coloca voluntariamente del lado del poder extranjero cuando ese poder despliega su fuerza sobre pueblos ajenos. 
Aplaudir la intervención militar norteamericana —en cualquiera de sus formas,excusas o disfraces— no es un gesto ingenuo ni una postura “pragmática”: es una toma de partido clara a favor del imperialismo y en contra de la autodeterminación de los pueblos.

La historia latinoamericana es una larga lista de “intervenciones necesarias” que dejaron tras de sí países devastados,sociedades fracturadas y generaciones enteras marcadas por la violencia. 
Guatemala en 1954,República Dominicana en 1965,Chile en 1973,Panamá en 1989,por mencionar solo algunos casos de nuestra región. 
En todos ellos,Estados Unidos actuó no para “defender la democracia” ni los “derechos humanos”, sino para proteger intereses geopolíticos y económicos concretos: recursos naturales,control territorial,alineamiento ideológico. Quien hoy aplaude esas acciones,o sus equivalentes contemporáneos en Medio Oriente,África o Europa del Este,o no conoce la historia o la conoce demasiado bien y decide justificarla.

El discurso es siempre el mismo: se invoca una amenaza,se demoniza a un gobierno,se simplifica un conflicto complejo y se presenta la guerra como una solución moral. 
Pero la guerra imperial nunca trae libertad; trae bases militares,endeudamiento,gobiernos títeres y una dependencia aún más profunda. 
Los misiles no distinguen entre “buenos” y “malos”: caen sobre hospitales, escuelas y barrios obreros. 
Sin embargo,desde la comodidad de las pantallas,hay quienes celebran los bombardeos como si fueran goles,repitiendo el relato del Departamento de Estado como si fuera verdad revelada.

Aplaudir la intervención militar norteamericana también implica un desprecio profundo por la soberanía. 
Significa aceptar que ciertos países —los del Norte global— tienen derecho a decidir quién gobierna,cómo se gobierna y hasta quién vive o muere en el Sur. 
Es una lógica colonial reciclada,sostenida por una élite local que aspira a ser aceptada por el amo,aunque sea a costa de su propio pueblo. 
Ese es el núcleo del cipayismo: la renuncia a la dignidad política a cambio de migajas simbólicas.
No se trata de defender gobiernos ni de idealizar procesos políticos. 
La crítica a cualquier Estado es legítima y necesaria. 
Pero una cosa es la crítica desde la solidaridad entre pueblos y otra muy distinta es pedir,justificar o festejar la intervención armada de una potencia imperial. 
Quien reclama marines,drones o sanciones como solución a los problemas internos de un país ha abandonado toda perspectiva emancipadora. 
Ha cambiado la lucha por la justicia por la fe en la bota extranjera.

En tiempos de confusión ideológica,conviene recordar una verdad elemental: ningún imperio bombardea por altruismo. 
La intervención militar norteamericana no es un error ocasional del sistema; es una herramienta estructural de dominación. 
Aplaudirla no es neutralidad ni lucidez política. 
Es,lisa y llanamente,ser cipayo.

(...)

❓Interrogantes ante un secuestro que sacude certezas❓

El supuesto secuestro exprés de Nicolás Maduro deja una estela de interrogantes que, por ahora,no encuentran respuestas concluyentes. Más allá de las versiones que circulan,de los silencios oficiales y del ruido mediático,hay una pregunta central que atraviesa cualquier análisis serio: ¿cómo es posible que un país que se declara bajo amenaza permanente,con hipótesis de conflicto abiertas y un discurso de alerta constante frente al imperialismo,no haya estado en máxima vigilancia las 24 horas del día?

No se trata de una duda menor ni de una especulación malintencionada. 

Si Venezuela ha sostenido —con razón histórica— que es blanco de agresiones,sabotajes y operaciones encubiertas,resulta inevitable preguntarse por el funcionamiento real de sus sistemas de defensa. 
¿Dónde estaban los dispositivos de seguridad? 
¿Por qué no actuaron las fuerzas armadas ni los mecanismos de protección del Estado? 
¿Fue una falla,una omisión,una infiltración o algo más complejo que aún no se quiere —o no se puede— decir?

El hecho,tal como se lo presenta,tensiona el relato de fortaleza y control que suele acompañar a los Estados bajo asedio. 
Y esa tensión no debe ser leída automáticamente como una condena,sino como un llamado a pensar con mayor profundidad las contradicciones que surgen cuando la amenaza es permanente,pero la respuesta no parece estar a la altura de esa gravedad. 
La historia enseña que los golpes más duros al poder no siempre vienen de afuera con estruendo,sino que muchas veces se filtran por grietas internas,por excesos de confianza o por estructuras que se erosionan con el tiempo.

También es necesario advertir sobre la utilización política del acontecimiento. 
El imperialismo —cuando actúa— no solo busca capturar cuerpos o neutralizar dirigentes,sino sembrar confusión, desmoralización y desconfianza. 
En ese sentido,un secuestro exprés no es solo un hecho de fuerza: es una operación simbólica destinada a demostrar vulnerabilidad, 
a enviar un mensaje disciplinador tanto hacia adentro como hacia afuera.

🔸Sin embargo,sería un error apresurarse a conclusiones definitivas. 
🔸En contextos de alta tensión geopolítica,
la información suele llegar fragmentada,manipulada o directamente falseada. 
El tiempo,como tantas veces,será el encargado de ordenar los hechos,de separar la operación real del montaje,la torpeza del plan deliberado,la traición de la simple falla humana.

🔸Lo que sí queda claro es que este episodio —sea cual sea su desenlace y su verdad final— obliga a repensar los discursos automáticos. 
La defensa de la soberanía no puede reducirse a consignas ni a declaraciones altisonantes; requiere coherencia,preparación efectiva y una vigilancia acorde a las amenazas que se denuncian. 
Cuando eso no ocurre,las preguntas se multiplican y la credibilidad se resiente.

🔸Por ahora,lo único responsable es sostener la duda crítica,rechazar las lecturas simplistas y no regalarle al enemigo la verdad antes de tiempo. 

La historia latinoamericana está plagada de episodios que solo se comprendieron años después. 
Este,probablemente,será uno de ellos.

Ⓜ️arcelo Rubéns Balboa ✍️

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