Nunca en la historia Venezuela había sido bombardeada por una potencia extranjera.
Nunca. Y,sin embargo,ocurrió.
Bajo el mando de Donald Trump,el territorio venezolano fue atacado,se sembró el terror desde el cielo y hubo muertos. Venezolanos.
Gente común. Pueblo.
Frente a ese hecho —grave, histórico,imperdonable— lo mínimo que se espera de cualquier dirigente político que se diga “demócrata” o “patriota” es una condena clara,sin matices.
Pero no fue eso lo que ocurrió.
Al contrario: la oposición venezolana celebró el ataque,lo justificó y hasta lo presentó como un acto heroico.
•María Corina Machado fue más lejos aún: no sólo no lo condenó,sino que lo consideró digno de un Premio Nobel.
Y,en un gesto tan grotesco como revelador,decidió “regalarle” el suyo a Donald Trump.
Ese acto no es simbólico ni anecdótico.
Es profundamente político.
Es la confesión abierta de una forma de pensar: para esta derecha,la soberanía vale menos que el poder,y la vida del pueblo vale menos que la ambición de llegar al gobierno.
•Que nadie se confunda.
•Así se comporta el fascismo,-o la ultraderecha-, como se les denomina en la actualidad.
•Esto va de un odio visceral hacia quienes les arrebataron sus privilegios,desde Chávez hasta en la actualidad,.
•Esto va de algo mucho más profundo aún:
el derecho de un pueblo a no ser bombardeado,a no ser intervenido,a no ser tratado como un territorio disponible para las potencias imperiales y sus aliados locales.
Cuando se aplaude una agresión extranjera contra el propio país,se cruza una línea que ya no es política:
es moral.
La oposición venezolana que celebra misiles,drones o “operaciones quirúrgicas” no es una oposición democrática.
Es una fuerza subordinada,dispuesta a entregar el país con tal de administrar sus ruinas.
No quieren una Venezuela libre: quieren una Venezuela tutelada.
No buscan soberanía popular: buscan padrinos poderosos.
El argumento es viejo y conocido: “es por la libertad”, “es para salir de la dictadura”,“es un mal necesario”.
Con ese mismo discurso se justificaron invasiones, golpes de Estado y masacres en toda América Latina.
Siempre en nombre de la democracia,siempre con sangre ajena.
La historia no absuelve a los colaboracionistas,y tampoco lo hará esta vez.
•Un Premio Nobel de la Paz entregado a quien ordena bombardeos no es una paradoja: es una obscenidad.
Es la negación misma de la palabra “paz”. Y es,además,una bofetada a las víctimas,a los muertos,a los que perdieron familiares,casas o simplemente el derecho a vivir sin miedo.
Defender la soberanía no significa defender gobiernos.
Significa defender pueblos.
Significa decir,sin ambigüedades,que ninguna potencia extranjera tiene derecho a decidir con bombas el destino de Venezuela.
Significa afirmar que los conflictos internos se resuelven por los propios venezolanos,no por presidentes extranjeros con agendas imperiales.
•La derecha venezolana ha mostrado su verdadero rostro: uno que sonríe cuando caen bombas si eso le acerca al poder.
•Frente a eso,no hay neutralidad posible.
•O se está del lado de la soberanía y de la vida,o se está del lado de la sumisión y la muerte.
Yo elijo sin dudarlo.
Ⓜ️arcelo Rubéns Balboa ✍️
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